From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America 18.1 (1998): 134-43.
Copyright © 1998, The Cervantes Society of America
NOTE

Una posible protofábula a El curioso impertinente de Cervantes


R. M. FLORES

  Nothing exists without a context . . . .
Knowledge never kills, I have preached
for twenty years to anybody who
would listen to me; but ignorance can.
John le Carré, Our Game
In memoriam C. C. Smith

La asignación de fuentes literarias y el definir la pertinencia de El curioso impertinente, justificando o atacando la interpolación de esta novelita en el sistema Don Quijote de la Mancha, han sido los caballitos de batalla de generaciones de críticos, traductores y editores, desde la edición de Diego Clemencín (t.3, 1833, págs. 89-91) hasta el presente. Las posibles semejanzas y diferencias entre la personalidad del actuante principal del Quijote (Alonso Quijana el Bueno)1 y la del personaje principal de El curioso impertinente (Anselmo el Rico) son las armas que más frecuentemente se blanden en las lides que se centran en la pertinencia temática de la novelita intercalada en relación al todo.

     1 Para el apellido de don Quijote véase Flores 1998.

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     El fulcrum de la trama es la obsesión de Anselmo en probar que su esposa Camila le es fiel, y para explicar esta “impertinente curiosidad” se ha sugerido que Anselmo es impotente, que la curiosidad de Anselmo se puede equiparar a la de don Quijote, que las relaciones entre Anselmo y su mejor amigo, Lotario, tienen elementos homosexuales, que Camila había tenido relaciones con Lotario antes de casarse con Anselmo, que Anselmo es un voyeurista, o, simplemente, que Cervantes fingió mal, “porque no se puede imaginar que haya marido tan necio, que quiera hacer tan costosa experiencia” (Don Quijote de la Mancha, capítulo 35, pág. 292).2 Aun no se ha propuesto, sin embargo, una protofábula que ponga a prueba estas teorías, o que conteste satisfactoriamente a las numerosas preguntas que El curioso impertinente despierta en el lector. Éste es el propósito de este trabajo.
     “Tempo” es, dentro de los confines teóricos de la narratología, la relación que existe entre el tiempo cronológico imaginario que la fábula cubre (tiempo de la fábula = TF) y el número de palabras que se usa para describir el evento (tiempo de la historia = TH). Cuando el tiempo de la fábula (segundos, meses, años) es infinitamente más largo que el tiempo de la historia (cero palabras = TH), el tempo resultante es una elipsis (TF >TH).3 Aquí considero que las elipsis pueden ser generativas (protofábulas), internas o continuativas. Ahora bien, toda fábula surge de una protofábula no narrada, y cualquier respuesta a toda cuestión no tocada o aclarada en el discurso tiene que buscarse en la protofábula, ya que en ella tiene sus raíces.4 El curioso impertinente es un buen ejemplo de un discurso en busca de su protofábula; y el vehículo ideal para recobrar los eventos que ocurrieron

     2 Todas mis citas son de la edición de Sabor de Cortazar y Lerner. Toda investigación sobre El curioso impertinente debe por fuerza partir de los excelentes trabajos de Barbagallo, Hahn, Immerwahr, Wardropper, Wilson y Zimic que aparecen en “Obras citadas”.
     3 El número de tempos posibles es ilimitado, pero se les ha agrupado en cinco categorías globales: (1) elipsis (el tiempo de la fábula es infinitamente más largo que el tiempo de la historia; TF >TH), (2) resumen (el tiempo de la fábula es más largo que el tiempo de la historia; TF > TH), (3) escena (el tiempo de la fábula es aproximadamente igual al tiempo de la historia; TF~~TH), (4) reducción (el tiempo de la fábula es más corto que el tiempo de la historia; TF < TH) y (5) pausa (el tiempo de la fábula es infinitamente más corto que el tiempo de la historia; TF <TH). (Bal 1985)
     4 La protofábula termina antes de la primera palabra del discurso, pero no tiene principio; la elipsis continuativa se inicia después de la última palabra del [p. 136] discurso, pero no tiene final; la elipsis interna tiene, por otra parte, tanto principio como final, ya que está circunscrita dentro del tiempo de la fábula. Las retrospecciones que ocurren en el tiempo de la historia (flashbacks) no son elementos de la protofábula, ya que son, cronológicamente hablando y ocurran donde ocurran, la “primera” palabra de la fábula. Toda fábula tiene protofábula y elipsis interna(s), pero no se proyecta necesariamente en una elipsis continuativa. El curioso impertinente tiene protofábula y un gran número de elipsis internas, pero, dado que los tres personajes principales del discurso mueren al final de la narración, es difícil, aunque no imposible, concebirle una elipsis continuativa. (Un ejemplo de elipsis continuativa a El curioso impertinente sería un discurso basado en lo que le pasó a Leonora, la traidora doncella de Camila, después de la muerte de ésta.)
     Tomemos el Quijote como piedra de toque para ilustrar los principios teóricos arriba mencionados. La inmensa mayoría de lo nunca narrado comprende elementos y eventos tan obvios (don Quijote respiraba) o tan superfluos (la cabecera de la cama de don Quijote no tocaba el muro de su cuarto) que no necesitan ser investigados; otros eventos y objetos necesitan ser considerados (narrados) con detenimiento: PROTOFÁBULA —los orígenes y casta de Alonso Quijana (Flores 1997); dos ELIPSIS INTERNAS —las cosas no narradas que don Quijote ha de haber hecho en la semana que le llevó rehacer su media celada (Primera Parte, capítulo 1) y Capítulos que se le olvidaron a Cervantes (Juan Montalvo 1895); ELIPSIS CONTINUATIVA —Historia de varios sucesos ocurridos en la aldea después de la muerte del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (José Abaurre y Mesa 1901).


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antes del tiempo de la fábula y fuera del tiempo de la historia es, por supuesto, el discurso mismo.
     La fábula de El curioso impertinente comienza in medias res, puesto que es obvio que, antes de que Anselmo, Camila y Lotario llegaran a ser “dos caballeros ricos y principales” y “una doncella principal y hermosa” (33, 258), ha de haber ocurrido una larga serie de eventos de los que nada se nos dice. Es sorprendente, por ejemplo, que a pesar de que el papel de los padres en la obra de Cervantes es crucial, en El curioso impertinente los padres de los personajes principales apenas si son mencionados en la narración. Anselmo se refiere indirectamente a sus padres en una sola ocasión. De los padres de Camila sólo se nos dice que eran “buenos padres” (33, 258). De los de Lotario no se nos dice absolutamente nada.
     Veamos, ahora, qué función sirven los padres de Camila, y lo que Anselmo no nos dice de los suyos. Camila, escribe Cervantes, era “hija de tan buenos padres y tan buena ella por sí”, que Anselmo decidió pedirla por esposa (33,258). La importancia de los adjetivos “buenos” y “buena” en este contexto es esencial y absoluta; ya que se puede deducir que, sin ellos, Anselmo no hubiera pedido la mano de Camila. Anselmo parece ser más explícito cuando dice que se


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considera afortunado de ser “hijo de tales padres como fueron” los suyos (33, 260), pero no pueden tomarse como simples coincidencias el que no explique cómo eran éstos ni el que paree padres y bienes de naturaleza y fortuna en la misma frase, ni simplemente como extraño el que le esté más agradecido a Dios por haberle dado a Lotario “por amigo y a Camila por mujer propria” que por los padres que le dio (33, 260). Lo más importante de este pasaje no es lo poco que Anselmo dice refiriéndose a sus padres, sino el adjetivo que se calla y la ambigüedad de la frase, especialmente en contraste con lo que dice de su esposa y de su amigo. Lo que Anselmo oculta, pues, con lo que dice y con lo que calla, debe tocar en cuestiones por demás delicadas: ¿cómo eran, exactamente, los padres de Anselmo? Cuando Anselmo dice “tales padres” seguido de bienes de naturaleza y de fortuna, ¿qué, exactamente, quiere decir? ¿Tales padres en riqueza, en estado social, en atractivos físicos? Ninguno de estos calificativos es sinónimo de “buenos”. ¿Por qué evita Anselmo llamar “buenos” a sus padres? ¿Cómo y cuándo murieron los padres de Anselmo? ¿Por qué son Camila y Lotario más importantes para Anselmo que “tales padres” como los suyos? ¿Qué quiere decir Anselmo con “mujer propria”? Permítaseme responder a todas estas preguntas sugiriendo una posible protofábula a la novelita intercalada.

PROTOFÁBULA

     Habíase que se había una vez un niño florentino que se encerró jugando “en un aposento [de su casa], y por los agujeros de la cerradura” (33, 268) descubrió que en el cuarto contiguo su madre y el mejor amigo de su padre se estaban besando. Con este secreto en el corazón, siguió creciendo el niño en una casa en la que la vida familiar parecía correr normal y tan felizmente como le había parecido antes. Sus padres mueren algún tiempo después sin que se sepa exactamente cuándo o cómo, y sin que se sepa si el pobre niño llegó nunca a saber si su padre había descubierto la infidelidad de su mujer y la perfidia de su amigo, y cómo había reaccionado ante esta revelación. El niño se convierte en un joven principal y rico, pero no olvida ni perdona jamás, ni la traición de su madre (la mujer de su padre), ni la canallada del hombre a quien su padre había llamado “amigo”, ni la cobardía del marido quien, quizá habiendo descubierto la traición, no les quitó la vida. El adolescente, por lo tanto, sueña y teme a la vez en un futuro en el cual él también podrá tener un buen amigo y mujer “propia”, rogándole a Dios que le dé un amigo fiel y una esposa honrada para que éstos le prueben que no


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todas las mujeres ni todos los amigos son tan desleales como los que le tocaron a su padre.

FÁBULA

     Años más tarde, Anselmo se enamora de Camila, una doncella principal y hermosa de su misma ciudad, y los dos jóvenes se casan con la bendición de los padres de la novia y los parabienes de parientes y amigos. Pero el recién casado no puede ser feliz. Una vez perdida la fe en su madre y en el mejor amigo de su padre, Anselmo no puede confiar más en el concepto del perfecto amigo ni en ninguna mujer por buena que ésta sea, o por buena que él la crea ser. Muy dentro de sí, Anselmo desea sobreponerse a su pasado como hijo traicionado y a las veleidades de sus “pasatiempos amorosos” (33, 258) como principal, rico y receloso caballero florentino, pero para ello necesita tener un buen amigo y “mujer propria” para que éstos, al probarse dignos de su confianza, de su amistad y de su amor, le hagan olvidar el pasado. Éstas parecen ser, pues, las razones por las que Anselmo le está más agradecido a Dios por haberle dado a la honesta Camila por esposa y al ejemplar Lotario por amigo que por los padres que le dio. A pesar de todas estas bendiciones, le confiesa Anselmo a su amigo, “vivo yo el más despechado y el más desabrido hombre de todo el universo mundo” (33, 260). El “deseo que me fatiga”, le dice, “es pensar si Camila, mi esposa, es tan buena y tan perfeta como yo pienso, y no puedo enterarme en esta verdad, si no es probándola” (33, 260), y le pide a su amigo que le ayude a llevar a buen término sus deseos, sin confesarle, claro está, que también lo está probando a él. Después de muchos ruegos, Lotario accede a ayudar a su amigo, pero Anselmo, para asegurarse por sus propios ojos de que lo que Lotario le cuenta es verdad, les espía en una ocasión a través de los agujeros de una cerradura. Anselmo se enfrenta, así, a otra traición; Lotario le ha estado mintiendo. Nada de lo que Lotario le ha contado a Anselmo que él le ha dicho a Camila es verdad, aunque en el transcurso de esos meses ya ha sucedido lo que era de temerse; Lotario se ha enamorado de Camila. De este hecho resulta que, cuando Anselmo recrimina a su amigo porque no ha cumplido la promesa que le hizo de requebrar a su esposa, Lotario le pida perdón y le prometa que en el futuro será fiel a su palabra, esta vez con toda intención de cumplirlo . . . y de conquistar a Camila. Lotario le declara su amor a Camila en la primera ocasión que se le presenta, entre suspiros, lágrimas y promesas. Rindiose


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Lotario, Camila se rindió. Lotario acaba, así, probándose tan desleal como el amigo del padre de Anselmo. Camila se prueba tan infiel como la madre. Y Anselmo el Rico se suicida, probándose tan cobarde como su padre.5

     Como se ve, a pesar de que los padres, o la falta de ellos, son elementos importantísimos en la obra de Cervantes, en El curioso impertinente queda a la imaginación de cada lector juzgar la importancia y el papel que los padres y la casa paterna juegan en los eventos narrados. Cierto es que, cuando Camila le escribe a Anselmo pidiéndole que regrese a su hogar porque Lotario está asediando la fortaleza, lo primero que se le ocurre hacer a Camila para escapar este peligro es irse “a entretener en casa de [sus] padres”, y si no lo hace es sólo porque Anselmo se lo prohibe y ella no quiere ir “contra el mandamiento de su esposo” (34, 272). Pero mientras que Camila sabe que puede refugiarse en la casa de sus padres y buscar su protección y consejo, Anselmo y Lotario no cuentan con este apoyo. La casa de Anselmo y, muy probablemente, la de Lotario también, habían sido las casas de sus respectivos padres, pero éstos ya habían muerto. Anselmo y Lotario viven solos y están acostumbrados a hacer su voluntad y a ser obedecidos por sus sirvientes. Los dos son “mozos de una misma edad” (33, 258), con la poca experiencia de los jóvenes, y en sus largas pláticas sólo repiten lo que han oído o leído adaptándolo a situaciones que les son totalmente nuevas e inesperadas. Sus argumentos y réplicas son recetas de cocina a las que les falta la sazón y punto que sólo la edad y la experiencia pueden dar. Es más, los poderes y protección de la casa paterna y el derecho al consejo de los padres se pierden cuando los hijos los deshonran. En El curioso impertinente, una vez que Camila y Lotario se hacen amantes y que su traición es descubierta, Camila ya no puede

     5 Las únicas preguntas a las que la protofábula no responde (porque no hay nada en el discurso que sugiera una respuesta posible) son: ¿cómo eran los padres de Lotario y cómo y cuando murieron? y ¿cuándo, por qué y cómo murieron los padres de Anselmo? Pero el siguiente pasaje es muy sugerente:

[No] quiso creer Anselmo [que el hombre que se había escapado por la ventana era el esposo de la doncella de Camila], antes, ciego de enojo, sacó la daga y quiso herir a Leonela, diciéndole que le dijese la verdad; si no, que la mataría. (35, 289)

Si esto era lo que se esperaba de un amo cuyo hogar era deshonrado por una criada, ¿qué no se podía esperar de un marido engañado que ve su hogar deshonrado por su esposa? De ahí la “cobardía” del marido que no mata a la esposa infiel (¿el padre de Anselmo?, ¿Anselmo?).


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recurrir al socorro de la casa paterna, así que se refugia en un monasterio, donde muere algún tiempo después. Anselmo le echa llave final a su deshonrado hogar, abandonando así la casa de sus padres, y huye a la casa de un amigo, donde muere esa misma noche. También Lotario huye de la casa paterna y muere lejos de Florencia.6
     La inocente curiosidad del niño, la curiosidad expectante del marido y los agujeros de una cerradura son elementos inertes de la fábula. Lo que hace impertinente la curiosidad de Anselmo, lo que hace de los ojos de la cerradura un instrumento fatídico, lo que genera y está en el meollo de la tragedia no es lo que Anselmo en sí hace, sino lo que causa su obsesión y la inhabilidad de Anselmo para sobreponerse a sus recelos y dejar atrás el pasado. El resultado de la prueba a la que Anselmo somete a Camila y a Lotario es cuestión, nada menos, que “de su vida, o de su muerte” (34, 273), y esta gravísima preocupación, generada en la protofábula, no debe considerarse “académica ni ‘impertinente’ en absoluto, sino natural, práctica y vitalmente necesaria” (Zimic, p. 32). Lotario siempre le había asegurado a Anselmo que a pesar de todos sus requiebros y regalos, Camila no le había dado ni la más mínima esperanza de aceptarlo como amante, sino todo lo contrario. Esto es precisamente lo que Anselmo cree en su corazón cuando dice que le da gracias a Dios por haberle dado a Camila por esposa y a Lotario por amigo. El deseo más recóndito de Anselmo se ha realizado. Así pues, lo que Anselmo (amigo y esposo) quiere cuando espía a Lotario y a Camila a través de los agujeros de la cerradura es gozar de ese instante, es cerciorarse con sus propios ojos de que su esposa y su mejor amigo le son y serán fieles, no que le son infieles ni, mucho menos, de cómo le son infieles. Pero los eventos de los que es testigo Anselmo convierten la inocente curiosidad del niño y la curiosidad natural del hombre en la impertinente curiosidad del individuo traicionado, causa directa ésta de la obsesión que impulsa a Anselmo a tratar de probar la maldad de la mujer de su padre y la virtud de la suya propia, cueste lo que cueste. No cabe duda, pues, de que algo ha de haber sucedido en la protofábula del discurso que despertara las malhadadas preocupaciones de Anselmo, pero, a final de cuentas, Anselmo mismo es el que genera directa e indirectamente las numerosas mentiras y traiciones que permean la fábula.

     6 Recuérdese, también, el caso de Dorotea, quien no les confiesa a sus padres la canallada de don Fernando, escapa a hurtadillas de la casa paterna y nunca regresa a ella en el tiempo de la historia (Flores 1995).


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     La protofábula a El curioso impertinente aquí propuesta resuelve, creo yo, muchas de las cuestiones que parecen no estar resueltas en el tiempo de la historia. Pero esta elipsis generativa no es ni la única protofábula posible, ni mucho menos una protofábula imaginada por Cervantes antes de escribir su discurso. No hay que olvidar que la gran sabiduría de todo genio no es escribir, o pintar, o esculpir o musicalizar lo que se sabe de antemano, sino saber observar y poder describir o reproducir fielmente lo observado para crear algo nuevo y único. Si la obra resultante sugiere y genera protofábulas que la explican y elipsis continuativas que la rejuvenecen, esto debe tomarse como una prueba más del genio de su creador.

THE UNIVERSITY OF BRITISH COLUMBIA



OBRAS CITADAS

Bal, Mieke. “Rythm”, en Narratology: Introduction to the Theory of Narrative. Toronto 1985.

Clemencín, Diego, ed. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Por Miguel de Cervantes. 6 tomos. Madrid, 1833-1839.

Barbagallo, Antonio. “Los dos amigos, El curioso impertinente y la literatura italiana”, Anales Cervantinos 32 (1994): 207-19.

Flores, R. M. “¿Cómo iban a terminar los amoríos de Dorotea y don Fernando? Primera Parte del Quijote”, Nueva Revista de Filología Hispánica 43 (1995): 455-75.

——. “¿Por qué se embarcó don Quijote en sus aventuras?”, Revista de Estudios Hispánicos 31 (1997): 249-70.

——. “¿Qué hay en los apellidos Quijada, Quesada y Quijana? Fuentes históricas, teoría narratológica y bibliografía analítica en la crítica literaria”, Bulletin Hispanique (1998). Aceptado para publicación.

Hahn, Jüergen. “El curioso impertinente and Don Quijote's Symbolic Struggle against ‘Curiositas’”, Bulletin of Hispanic Studies 49 (1972): 128-40.

Immerwahr, Raymond. “Structural Symmetry in the Episodic Narratives of Don Quijote Part One”, Comparative Literature 10 (1958): 121-35.

Le Carré, John. Our Game (1995): págs. 97 y 101.

Sabor de Cortazar, Celina e Isaías Lerner. Don Quijote de la Mancha. Por Miguel de Cervantes. 2 tomos. Buenos Aires, 1983.

Wardropper, Bruce W. “The Pertinence of El curioso impertinente”, PMLA 72 (1957): 587-600.

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Wilson, Diana de Armas. “‘Passing the Love of Women’: The Intertextuality of El curioso impertinente”, Cervantes 7 (1987): 9-28.

Zimic, Stanislav. “La vorágine de la desconfianza en la Novela del curioso impertinente (D. Quijote, I, Caps. 32-35)”, Acta Neophilologica 27 (1994): 23-47.


Fred Jehle jehle@ipfw.edu Publications of the CSA HCervantes
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