From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America
11.1 (1991): 3-44.
Copyright © 1991, The Cervantes Society of America
| ARTICLE |
|
|
|
AURORA EGIDO |
l español
melancólico llegó a ser en la época de Cervantes
y Shakespeare tan tópico como lo fue el splenetic Englishman.
Ambos escritores dieron un enfoque moderno a la melancolía, concepto
de variada fortuna que desde Platón y Aristóteles navegaba
entre su consideración como enfermedad y su estimación como
don intelectual privilegiado de creación
poética1. La doctrina de los cuatro
humores y su relación con la obra cervantina ha gozado de cierta
atención por parte de la crítica. La imagen de don Quijote
melancólico y colérico se adecua a las teorías de
1 R.
Klibansky, E., Panofsky y Fritz Saxl, Saturn and Melancholy. Studies in
the History of Natural Philosophy, Religion and Art (Liechtenstein: Nendeln,
1979 [1ª ed. 1964]). Sobre el tema, Helga Hadjn, Das Mnemotechnische
Schriftun des Mitelalters (Vienna, 1936); Lawrence Babb, The Elizabethan
Malady: A Study of Melancholia in English Literature from 1580 to 1642
(Michigan: State College Press, 1951); Jean Starobinsky, Histoire du
traitement de la mélancolie des origines à 1900 (Genève:
Document Geigy, 1960); Sydney Anglo, Melancholy and Witchcraft, The
Debate between Wier, Body and Scot, Folie et déraison à
la Renaissance (Brussels: Ed. de l'Université de Bruxelles, 1976),
pp. 209-302; George M. Foster, Humoral Pathology in Spain and Spanish
America, Homenaje a Julio Caro Baroja (Madrid: 1978), pp. 357-378;
C. Angelino y E. Salvaneschi, Aristotele, La malinconia dell'uomo
do genio (Genova, 1981); A. Brilli ed., La malinconia nel Medio Evo
e nel Rinascimento (Urbino: Quattroventi, 1982); S. W. Jackson, Historia
de la melancolía y la depresión desde los tiempos
hipocráticos a la época moderna (Madrid: Turner, 1989).
|
|
||
| 4 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
Huarte de San Juan cuyo Examen de ingenios proporciona numerosos datos para la configuración psíquica del héroe y su carácter híbrido, en consonancia con la figura del sabio-loco que nutriera la leyenda de Tasso y otros melancólicos de fama2. De tal mixtura y variabilidad resulta el temperamento de este héroe que alterna su melancolía con accesos coléricos y que al final de su vida cede en su cólera para dar paso cada vez más a la melancolía, según el viejo canon clásico de las edades que marcaba la evolución de la cólera en la madurez hacia la melancolía en la vejez3. Pero no es mi propósito volver sobre los sistemas cuaternarios
2 Mauricio
de Iriarte, S. J., El Doctor Huarte de San Juan y su Examen de
Ingenios (Madrid: CSIC, 1948), pp. 311 ss.; Otis H. Green, El
ingenioso hidalgo, HR, XXV (1957): 174-93; Realidad, voluntad
y gracia en Cervantes, Ibérida. Revista Filológica
5, Junio (1961): 113-28 y El licenciado Vidriera: Its Relation
to the Viaje del Parnaso and the Examen de Ingenios of
Huarte, Linguistic and Literary Studies in Honor of Helmut
Hatzfeld, ed. de Alessandro S. Crisafulli (Washington: Catholic University,
1964), 213-220. Chester S. Halke, Don Quixote in the Light of
Huarte's Examen de Ingenios: A Reexamination An Cer.
XIX (1981), 1-13 ha señalado las deudas de Green con el trabajo de
Iriarte, estableciendo el carácter colérico-melancólico
de don Quijote que propiciara el Examen. Véase también
W. Melczer, Did Don Quixote Die of Melancholy?, Folie et
déraison a la Renaissance. Ed. de l'Université de Bruxelles,
1976, pp. 161-70. Sobre los humores, Leland A. Chambers, Idea and the
Concept of Character in don Quijote, Studia Iberica. Festschrift
für Hans Flasche (Bern und München, 1973), pp. 119-130; Leo
Spitzer, L'armonia del mondo. Storia semantica di un'idea (Bologna:
Società editrice II Mulino, 1967), pp. 85 ss. Y véase pp. 98
ss., para la relación entre los temperamentos y la armonía
del mundo. A. Redondo, La folie du cervantin licencié de
verre, Visages de la folie (1500-1650), estudios reunidos por
el mismo y A. Rochon, (Paris, Sorbonne, 1981), pp. 33 ss., relaciona la
melancolía del licenciado con lo diabólico. Sobre ello, Gill
Speak, El Licenciado Vidriera and the Glass Men of Early Modern
Europe, MLN, 1990, 850-865. Téngase en cuenta también
Harry Sieber, On Juan Huarte de San Juan and Anselmo's locura
in El curioso impertinente RHM 36 (1970-1), pp. 1-8.
Sobre Tasso, Alain Godard Le sage délirant: la folie du Tasse,
selon ses premiers biographes, Visages, pp. 15-6 y 23-32. Y
véase, para una perspectiva distinta, Carroll B. Johnson, Madness
and Lust. A Psychoanalytical Approach to Don Quixote (University of
California Press, 1983). También es útil Ricardo Royo Vilanova,
La locura de don Quixote (Zaragoza: Imprenta de Emilio Casañal,
1905). Citaré por la edición de Juan Bautista Avalle Arce,
Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha (Madrid: Alhambra, 1979),
2 vols.
3 R. Klibansky
et alt., opus cit., pp. 14 ss., señalan en la tétrada
de las edades cómo la infancia es flemática; la juventud,
sanguínea; la madurez (40 años), colérica y la vejez
(60 años), melancólica. También Huarte opinaba que en
la vejez disminuye la memoria. Véase la ed. de Huarte de San Juan,
Examen de Ingenios, por Guillermo Serés (Madrid, Cátedra,
1989), [p. 5] p. 338. Avalle Arce, en su ed.
cit. del Quijote, p. 63, n. 31, declara la cólera de don Quijote
como algo primordial, pero apunta cómo es la melancolía la
que finalmente le lleva a la muerte. Otro tanto afirma E. C. Riley,
Introducción al Quijote (Barcelona, Crítica, 1989),
p. 135, apuntando el incremento de ese estado anímico a la vuelta
de Barcelona, cada vez más consciente don Quijote de sí mismo
(Ibid., pp. 141-2 y 66). Riley señala una tesis doctoral sobre
el tema, aun inédita, de Deborah Kong, Don Quijote, Melancholy
Knight, Edinburgh, University of Edinburgh, 1980. Sobre la melancolía
en el Quijote y particularmente en el último capítulo,
Louis Combet, Cervantes ou les incertitudes du désir (Presses
Universitaires de Lyon, 1980), pp. 411-3. Daniel Eisenberg, A Study of
Don Quixote (Newark, Delaware, Juan de la Cuesta, 1987),
p. 92, ve en la melancolía la posible explicación de ese inclinarse
el héroe por los libros de caballerías e incluso sobre la mezcla
de melancolía y cólera. Véase también Edwin
Williamson, The Halfway House of Fiction. Don Quixote and Arthurian
Romance (Oxford University Press, 1984), pp. 22-3.
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 5 |
|
|
||
de los humores, los elementos y las edades, sino relacionar cuanto debe la
memoria a la melancolía para ver cómo aquélla actúa
en la mente del héroe cervantino y en el propio decurso de la obra
en cuestión.
Cervantes se afilió al carácter
positivo neoaristotélico de la melancolía, pero también
a la línea ficiana que homologó a ésta con la visión
poética4; de ahí el doble
interés del humor melancólico, por cuanto afectaba no sólo
al comportamiento, sino a las capacidades creativas del individuo. En principio,
nos interesa destacar las grandes facultades memorativas de los
melancólicos o saturnianos, como Aristóteles declara en De
memoria et reminiscentia5. Esa memoria
generará actos que van de la genialidad a la locura, pues los dos
extremos cabían en la tradición de los partícipes de
tal humor, aparte el valor positivo que le concedieron los estoicos en
relación con el desengaño. Los melancólicos no sólo
eran memoriosos, sino dados a la penitencia, al amor y al estudio desde la
Edad Media. Cervantes, una
4 R. Klibansky
et alt., p. 17, señalan cómo Aristóteles fundió
la noción médica de la melancolía con la concepción
platónica del furor poético. Los Problemata physica
atribuidos a Aristóteles inciden en ello. La anormalidad,
situacional o genérica, del talento melancólico tiene distintas
variantes que van de la genialidad a la patología. Platón ya
había clasificado al melancólico junto al enamorado, pero fue
Aristóteles quien añadió la relación
físico-psicológica. Véase particularmente Margot y Rudolf
Wittknower, Born under Saturn: The Character and Conducts of Artists,
a Documented History from Antiquity to the French Revolution (London,
Weidenfeld and Nicolson, 1963), para las teorías que se extendieron
gracias sobre todo a Marcilio Ficino, De Triplici vita libritres (Bolonia,
1501).
5 Ibid.,
p. 35 (Cf. Aristóteles, opus cit., II, 453-185 qq).
|
|
||
| 6 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
vez más, recogió las contradicciones que en torno al tema
habían desarrollado con anterioridad teólogos, médicos
y filósofos para expresar la doble paz de un humor que, como en don
Quijote, produce resultados de variado signo y que había contado con
ilustres precedentes, como el de Santa Teresa, para quien era extremo de
enfermedad peligrosa6. Cervantes, quien declara
en el prólogo al Quijote de 1605 su deseo de que la obra moviera
a risa al melancólico, parecía seguir el principio
aristotélico de similia similibus curantur, al consolar al
lector con la traza de un héroe semejante a él.
Pero vayamos por partes. El Quijote
se afilia más a la concepción médica y filosófica
de la memoria que a la tradición retórica de la misma, tal
y como la tradición la legara desde Cicerón, Quintiliano y
la Rhetorica ad Herennium. En ello reside precisamente su modernidad.
La memoria, como una de las cinco partes de la retórica tradicional,
era lugar común en la época de
6
Ibid., pp. 41 ss. Entre los tratados españoles, cabe citar
los de Pedro Mercado, Diálogos de filosofía moral (Granada,
1558); Andrés Velázquez, Libro de la melancolía
(Sevilla, 1585), y Antonio Alvarez, De la melancolía (Sevilla,
1588). Para más información, Martín Bigeard, La folie
et les fous littéraires en Espagne 1500-1650 (Paris, Centre de
Recherches Hispaniques, 1972), pp. 15-21, 64-74 y 94 ss., mi artículo
La enfermedad de amor en el Desengaño de Soto de Rojas
(1984), ahora en Silva de Andalucía. Estudios sobre poesía
barroca (Diputación de Málaga, 1990), pp. 111-42, y Josette
Riandière La Roche, La physiognomie, miroir de l'âme et
du corps: à propos d'un inédit espagnol de 1591, Le
corps dans la société espagnole des XVIe et XVIIe
siècles, ed. por A. Redondo (Paris, Pub. de la Sorbonne, 1990),
pp. 51-62. Para Michèle Gendreaux-Massaloux, Los locos de amor
en El Quijote. Psicopatología y creación cervantina,
Cervantes, su obra y su tiempo, dir. por M. Criado de Val (Madrid:
Edi-6, S. A., 1981), pp. 687-92, Cervantes pone en tela de juicio las
teorías psicopatológicas de su tiempo. Guillermo Serés,
en su prólogo y notas al Examen de Huarte ofrece amplia
información sobre el tema y en relación con el Quijote
(ed. cit., pp. 365-6). Notables diferencias separan la princeps de
la segunda edición. Su base es aristotélica-galénica
separando entre memoria receptiva y retentiva. En la edición expurgada
(Ibid., pp. 339-340), Huarte opone el entendimiento a la memoria,
concediendo gran imaginativa a los memoriosos. Sobre la melancolía
en Santa Teresa, Juan José López Ibor, Ideas de Santa
Teresa sobre la melancolía, Revista de Espiritualidad,
22 (1963), pp. 423-33, y Alison Weber, Teresa de Avila and the Rhetoric
of Femininity (Princeton: Princeton University Press, 1990), pp. 139-147.
No se olvide la guerra contra la melancolía que iniciara la
Compañía de Jesús, según Marc Fumaroli,
L'âge de l'éloquence. Rhétorique et res
literaria de la Renaissance au seuil de l'époque classique
(Genève: Droz, 1980), p. 128, n. 189. Sobre el Quijote, pp.
129 ss.
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 7 |
|
|
||
Cervantes. Los ingenios de la máquina mnemotécnica, basada en la usual compaginación de loci e imagines produjeron un sin fin de posibilidades combinatorias y favorecieron en la literatura toda clase de espacios alegóricos. Pero el autor del Quijote ya había desdeñado tales presupuestos en La Galatea y se había afiliado a una corriente marginal, iniciada en España por Luis Vives, que prefería considerar la memoria como potencia anímica, agrandando así el corto espacio que se le concedía en la retórica7. Vives, contra la escolástica tradicional, prefirió considerar a la memoria como facultad necesaria para todas las artes y no como exclusivo patrimonio retórico8. En otros países, la retórica se iba inclinando igualmente hacia los terrenos de la elocutio en detrimento de las otras partes. La memoria, como la inventio se discutía desde otros presupuestos9. La imprenta favoreció, en principio, la irrelevancia retórica de la memoria artificial y la pronunciación, siendo Erasmo un claro representante de tal
7 Véase
James J. Murphy, La retórica en la Edad Media. Historia de la
teoría de la retórica desde San Agustín hasta el
Renacimiento (México, F. C. E., 1986), pp. 23-4, 31-5, 179-81,
292, 305 y 327. Otra bibliografía en mis trabajos sobre el tema: La
configuración alegórica de El castillo interior,
Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar,
X (1982), pp. 69-93; El arte de la memoria y El
Criticón, Gracián y su época (Zaragoza,
1986), pp. 25-66; El nuevo mundo y la memoria artificial,
Insula, 488-9 (1987), 8, y La memoria y el arte narrativo del
Persiles, NRFH, XXXVIII (1990) 2, 621-41. El
Persiles significa hasta cierto punto un retroceso, por su fidelidad
a los esquemas mnemotécnicos de la retórica artificial, aunque
Cervantes los superó, aprovechándolos more
novelístico.
8 Don Abbott,
La retórica y el Renacimiento: An Overview of Spanish Theory,
en James J. Murphy ed., Renaissance Eloquence. Studies in the Theory and
Practice of Renaissance Rhetoric (Berkeley, University of California
Press, 1983), pp. 95 ss. Para Huarte, opus cit., pp. 98-9; y véase
pp. 117-8. Helmut Schanze, Problems and Trends in the History of German
Rhetoric to 1500, donde se señala cómo tras la
aparición de la imprenta, la memoria va perdiendo terreno, junto a
la actio, a favor de la inventio. Otro tanto apunta John O.
Ward, Renaissance Commentators on Ciceronian Rhetoric
(Ibid., p. 171). Véase además H. J. Lange, Aemulatio
veterum sive de optimo genere discendi (Bern and Frankfurt, 1974),
pp. 35-55.
9 Gerald Mohrmann,
Oratorical Delivery and Other Problems in Current Scholarship on English
Renaissance Rhetoric, en James J. Murphy ed., Renaissance
Eloquence, p. 6. Para Huarte, opus cit., pp. 343-5. La invención
está reñida con el seguimiento de los maestros. Para él
los ingenios inventivos son como las cabras que gustan de andar a solas
por los riscos y alturas, y asomarse a grandes profundidades
(Ibid.).
|
|
||
| 8 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
tendencia10. Claro que la memoria siguió
a pesar de todo siendo fundamental en la oratoria, lo mismo que la
imaginación, y sus secuelas en la creación literaria fueron
desbordantes. Ésta andaba claramente diferenciada del intelecto, en
Huarte y en otros preceptistas como Carvallo, según ya señalara
Ruth El Saffar, a propósito de
Cervantes11. De la una dependen las percepciones
de los sentidos; del otro, la facultad de recibir y ordenar los datos sensoriales
de la imaginativa. Don Quijote se corresponde con los ingenios inventivos
que gustan de andar por sendas intrincadas en busca de novedades, sin someterse
a la facilidad del camino trillado, como se dice en el Examen de
ingenios12. Las ilimitadas capacidades
de la imaginativa de don Quijote fueron a su vez asumidas por Sancho,
particularmente en la Segunda Parte, donde convierte sus mentiras elementales
en bien trabadas visiones y encantamientos, producto de una imaginación
creadora que ha sabido asimilar las enseñanzas de tan avezado
maestro13.
En este punto, Sancho opera al principio de
forma mimética, siguiendo el modelo aprendido, aunque también,
y como contrapartida, enseñe a don Quijote nuevas lecciones al
respecto14. Claro que Cervantes, por encima
de la imaginativa y la memoria,
10 John
O. Ward, Renaissance Commentators on Ciceronian Rhetoric,
Ibid., p. 171, y Judith Rice Henderson, Erasmus on the Art of
Letter Writing, Ibid., p. 337. Claro que Erasmo favoreció
en el aprendizaje del estudioso el arte de la memoria artificial (mi art.
El arte de la memoria . . ., p. 33).
11
Cervantes and the
Imagination, Cervantes VI,
(1986), 81-90. Para esta investigadora, la jerarquización
intelecto/imaginación de la I Parte del Quijote se desmorona
en la segunda parte junto con la oposición realidad-ficción.
El conflicto entre ambas se deshace. Además F. Martínez Bonati,
Cervantes y las regiones de la imaginación,
Dispositio 2 (1977), 27-53 y Stanislav Zimic, El engaño
a los ojos en las Bodas de Camacho, Hispania 55 (1972),
881-6.
12 Compara Huarte
a éstos con la oveja, la cual nunca sale de las pisadas del
manso (Examen, p. 345). Este autor cree deseable que se mezclen
los temperamentos libres caprunos con los oviles para que aquéllos
abran camino a éstos y así progresen las letras (p. 346).
13 R. M. Flores,
Sancho's Fabrications: A Mirror of the Development of His
Imagination, HR, XXXVIII (1970), 174-182, así lo declara.
Sancho lleva muy lejos su inventiva. Véase al respecto R. H. Terpening,
Creation and Deformation in the Episode of Dulcinea: Sancho Panza as
Author, TAH 3, 25 (1978), 4-5.
14 R. M. Flores,
Ibid., ha analizado la evolución de Sancho en este punto y
su proceso gradual de quijotización al respecto, particularmente en
el episodio de Clavileño.
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 9 |
|
|
||
valoraba como Pinciano la rara
invención15 y para lograrla, no
aplicó ni los modelos retóricos y poéticos ni los tratados
fisiológicos y psicológicos de su tiempo de forma servil, sino
que se aprovechó de las distintas funciones que la memoria ofrecía
con fines narrativos. Para ello, comenzó por dotar a su héroe
de una inventiva poco común, sin el control permanente del intelecto
a que él mismo sometiera su obra artística, pero con las ventajas
de una mente ingeniosa. La memoria para los retóricos era la
retención en la mente no sólo de la materia, sino de las palabras
y la ordenación, de ahí que don Quijote refleje en sus actos
no sólo las hazañas caballerescas, sino los aspectos elocutivos
de tales narraciones, imitándolos reiteradamente en su vida
práctica, tras un proceso de síntesis y selección de
los modelos que luego aprenderá Sancho Panza, sacando así provecho
de la memoria ajena16.
Cervantes, como Aristóteles y Huarte,
era consciente, sin embargo, del papel accidental de la memoria, de ahí
que la considere como parte subsidiaria, no autónoma. Junto a ella,
el olvido aparece no sólo como una capacidad humana, sino como
técnica constante de creación literaria, sometiendo el relato
a silencios y elipsis. Pues al margen de los tópicos olvidos propios
de la tradición oral, el olvido andaba íntimamente ligado con
la locura, como el propio Erasmo había mostrado irónicamente
en las últimas líneas de su Moria, burlándose
de la memoria obligada a los oradores antiguos. Con ello, mostraba la libertad
del autor para hacer arte de las omisiones y
silencios17.
15 Stephen
Gilman, The Novel according to Cervantes, (University of California
Press, 1989), pp. 5, 71 ss., 85 y 101.
16 Así
en la Rhetorica ad Herennium, según James J. Murphy, Sinopsis
histórica de la retórica clásica (Madrid, Gredos,
1983), pp. 124, 127 y 130. La memoria es la casa del tesoro de las ideas
suministradas por la invención y la guardiana de todas las partes
de la retórica. También Cicerón, en De inventione
(Ibid., pp. 137 y 146), insistía en que la memoria es
la captación firme y mental de argumentos y lenguaje. En cuanto
a Quintiliano, su Instituto oratoria recala en el deber de seleccionar
los modelos y lo que debería decirse. Todos coinciden en la necesidad
de cultivarla por medio de la repetición. Ejercicio en el que don
Quijote se entrena constantemente, asegurándole así el
afianzamiento memorístico.
17 Erasmo de
Rotterdam, Elogio de la locura (Barcelona, Bosch, 1976), p. 351:
Pero ya hace rato olvidándome de quien soy . . ..
Veo que estáis esperando un epílogo, pero andáis
muy errados si realmente pensáis que aún ahora me acuerdo de
lo que he dicho, luego de soltar tanto párrafo de palabras. Hay aquel
antiguo adagio: detesto al comensal que tiene buena memoria.
Yo os diré uno nuevo: Detesto al oyente que tiene buena
memoria. . . . [p. 10]
Sobre ello, Jacques Chomarat, Grammaire et rhétorique chez
Erasme (Paris: Les Belle Lettres) 1981, II, p. 982. Erasmo criticó
los procedimientos artificiales de la mnemotecnia cuando no iban
acompañados por la inteligencia (Ibid., II, p. 1066). Véase
además sobre la memoria como potencia del alma, Bernardo Pérez
de Chinchón, La lengua de Erasmo nuevamente romançada por
muy elegante estilo, ed. de Dorothy Sherman Severin, (Madrid, RFE,
1975), 16-7. Para Erasmo, la adecuación entre palabra y razón
debía ser absoluta. En esta obra se hace un encomio total del silencio
hasta identificarse parlería con locura, que los vasos vazíos
mucho retiñen (p. 43). Sobre el tema en Cervantes, mi art. en
prensa Los silencios del Persiles, Homenaje al Prof.
Andrés Murillo, University of Southern California, y
bibliografía adjunta.
|
|
||
| 10 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
La factura caballeresca de don Quijote, vale decir, la memoria de lo leído en los libros de caballerías, favoreció además el olvido de sus obligaciones (I, 76). Perdido el juicio, la memoria libresca se apodera de su fantasía y transforma las invenciones literarias en verdades de peso. Desde tales premisas, avanzará hasta el final de la obra, trastocando los espacios y los tiempos vividos por los leídos, provocando una coetaneidad ficticia en permanente sincronía con la realidad. La imaginativa del héroe opera siempre a partir de la memoria que es continuo pasto de sus invenciones. Memoria e imaginación trabajan conjuntamente a la hora de recrear las lecturas. De ambas surge su nombre y el de Rocinante y por fidelidad a sus modelos, inventa todo lo demás, incluidos la amada y el mismo amor18. Conviene tener en cuenta, sin embargo, el ya mencionado papel secundario de la memoria desde Galeno. Como decía Huarte, ésta no hace sino de arca en la que se custodian las cosas, pero es necesaria otra facultad racional que saque las figuras de la memoria y las represente al entendimiento19. La memoria era una de las cinco potencias del alma, junto con el entendimiento, la imaginativa, la reminiscencia y el sentido común20.
18 A
este propósito véase mi trabajo La invención del
amor en La Diana de Gil Polo, Dicenda, (1987), 383-397.
19
Examen, p. 351.
20 Ibid.,
p. 351. Santo Tomás, Boecio y Ficino coincidían en esa
división. Nótese cómo distingue Huarte, lo mismo que
Aristóteles, la memoria de la reminiscencia. Compárese con
De anima de San Alberto Magno, donde opone, a los consabidos cinco
sentidos exteriores, los interiores: memoria, apreciación,
imaginación, fantasía y sentido común (cf. C. S. Lewis,
La imagen del mundo [Barcelona: Bosch, 1989], p. 123). La
apreciación o vis aestimativa es el instinto. La vis
imaginativa retiene lo percibido y la vis phantastica o fantasía
separa y une lo percibido (Ibid., p. 125). Téngase en cuenta
la actuación de los phantasmata cuando se sueña despierto
(visum), como hace don Quijote. Sobre ello yo traté en mi
artículo Cervantes y las puertas del [p.
11] sueño. Sobre la tradición erasmista del ultramundo
en el episodio de la cueva de Montesinos, Studia in honorem prof.
M. de Riquer (Barcelona: Els Quaderns Crema, III (1988), 305-342.
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 11 |
|
|
||
El proceso iniciático del héroe es una constante apelación a la memoria caballeresca desde los primeros capítulos. Memoria mimética que procura convertir en imitación fiel lo leído, aunque la realidad imponga constantes alteraciones a los planes iniciales, lo que equivaldrá a una continua reinvención de cuanto don Quijote almacenaba en los desvanes de la memoria, en un proceso de adaptación constante. Así va viviendo lo que leyó tratando de reproducirlo en la medida de lo posible, hasta en las instancias lingüísticas. Desde el principio surge además la obsesión por la fama y el afán de que sus actos merezcan permanecer en la memoria futura tal y como él guarda en la suya las hazañas de otros héroes:
Dichosa edad y siglo dichoso aquel adonde saldrán a luz las famosas hazañas mías, dignas de entallarse en bronce, esculpirse en mármoles y pintarse en tablas para memoria en lo futuro (I, 84).
Así la memoria actúa desde el pasado libresco hacia un futuro
que también se pretende acabe en los libros y en el arte, provocando
una ruptura del tiempo y una aspiración a la eternidad heroica, pues
don Quijote trata por todos los medios de que su nombre se instale para siempre
en el panteón épico21.
La memoria andante de don Quijote es tan poderosa
que las imágenes que percibe y los lugares por los que transita pasan
a identificarse inmediatamente en ella con los lugares e imágenes
que guardaba en su mente. De este modo, la realidad se va acomodando a las
percepciones pasadas, sin discernimiento temporal alguno. El arte de la memoria
artificial producía toda clase de mimetismos, pero siempre como algo
que, perteneciendo al pasado, se trasladaba como tal al presente para ser
evocado, sin aberración temporal alguna. Don Quijote, a diferencia
de los
21
Véase a otro propósito Name and Fame: Shakespeare's
Coriolanus, The Renaissance Imagination Essays and Lectures
by D. J. Gordon, ed. de Stephen Orgel (Berkeley: University of California
Press, 1975), pp. 201 ss. Don Quijote muestra a cada paso que no hay
invención sin memoria. Junto a la imitación surge la burla,
como ocurre en el seguimiento del capítulo II del Orlando Furioso
de Ariosto. Véase Geoffrey Stagg, La primera salida de don Quijote:
imitación y parodia de sí mismo, Clavileño
4, 22 (1953), 4-10. Téngase en cuenta que el orador debía practicar
la imitación de los modelos y aprender en compañía de
los clásicos. Don Quijote va, claro, más lejos al llevar, como
se sabe, la imitación a la práctica vital.
|
|
||
| 12 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
memoriosos ilustres de su tiempo, acopla a la realidad su recuerdo, identificando los loci e imagines del pasado con las percepciones del momento, representándolos a lo vivo. No se trata, por tanto, de que el proceso de percepción de la realidad sufra una tergiversación posterior en la imaginativa, sino que ésta actúe sobre el presente en una permanente adulteración de lo percibido, por obra y gracia de la omnipresente memoria y del ejercicio de la fantasía. La memoria hace de filtro constante entre la percepción sensitiva y la imaginativa, obligándola a representar lo recordado y no aquello que captan los sentidos en el momento presente:
y como a nuestro aventurero todo cuanto pensaba, veía o imaginaba le parecía ser hecho y pasar al modo de lo que había leído, luego que vio la venta se le representó que era un castillo con sus cuatro torres y chapiteles de luciente plata, sin faltarle su puente levadiza y honda cava, con todos aquellos adherentes que semejantes castillos se pintan (I, 85-6).
Don Quijote certifica así cuanto en el capítulo II imagina
no sólo de lo que ve, sino de lo que oye, toca, come y bebe: castillo,
música, truchas, pan, damas y alcaide. Con ello se prueba la fusión
aristotélica entre el alma y el cuerpo y el sometimiento de los sentidos
a una vida superior intelectiva y
libre22. La falta de juicio queda suplida
por la memoria gloriosa que imita a cada instante. Y la gracia estriba en
que quienes le rodean al armarse caballero sólo ven lo que tienen
delante y no lo que bulle en la mente del protagonista (I, 91). Claro que
el ventero suplirá como puede su falta de lecturas, entrando también
en el ceremonial jocoso23.
Don Quijote, no obstante, sabe dar señales
de memoria práctica de lo inmediato. A su recuerdo acuden los consejos
del ventero en punto a prevenciones para el diario vivir. Ya en el capítulo
IV se ve un cruce interesante entre memoria y experiencia
22
Aristóteles, Del sentido y lo sensible y de la memoria y el
recuerdo, ed. de F. P. Samaranch (Madrid: Aguilar, 1982), pp. 14 y 17.
Para este autor es fundamental la asociación de ideas. La imagen o
fantasma es un diseño interior que se graba en nosotros con fuerza
y que no desaparece por la ausencia del objeto, quedando así impresas
las formas sensibles en la memoria. También señala la libertad
de evocación y la escala jerárquica de la intelección:
conocimiento sensible, imagen y memoria (Ibid., pp. 29-30).
23 Otro tanto
ocurre en la aventura de los mercaderes (I, 104), éstos entrarán
en el juego mimético, aunque don Quijote acaba apaleado. También
en el dolor opera la transformación de sus actos en hazañas
caballerescas.
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 13 |
|
|
||
que irá aumentando paulatinamente. Pues si aquélla le impulsó
a salir, ésta le devuelve a casa para proveerse de lo necesario. Pero
en punto a asuntos caballerescos, su mente actúa de forma mimética
frente a los lugares e imágenes que contempla, actuando por
analogía, aunque ésta sea totalmente forzada. Así en
la encrucijada del camino ve inmediatamente aquellas otras en las que se
vieron los caballeros andantes. Su memoria es selectiva, y de cuanto lleva
leído, elige lo que más a molde le cuadra, según la
ocasión y el caso (I, 103). El hecho de que sea su carácter
un híbrido de melancolía y cólera hace más
lógicas las variaciones de su mente, pues el entendimiento es más
propio de aquellos en quienes domina la melancolía y no la cólera.
Ésta, en cambio, presta más alas al ingenio y a la prudencia
del individuo24.
La memoria de los libros se además
remedio ordinario en el que se refugia y del que trae, por ejemplo,
la aventura de Valdovinos. Pero esa memoria, como cosa del diablo, queda
reemplazada inmediatamente por otra, la de Albindarráez, pues la memoria
ocupa lugar y unos recuerdos desplazan a otros (I, 105-8). La presencia de
Satanás en relación con los libros de caballerías es
mentada posteriormente por el ama y la sobrina como razón para su
expurgación y quema. Ahí, sin embargo, en el expolio de la
biblioteca, queda de manifiesto lo imperecedero de la obra escrita que
perdurará, a pesar de su desaparición material, en la memoria
viva de don Quijote, convertido en el mejor de los archivos caballerescos.
Él, como los buenos autores, no sigue a ningún modelo en
particular, sino que selecciona, según la ocasión y el lugar,
tratando además de emularlos en un ejemplar ejercicio de imitación
compuesta. A este propósito, se asemeja al narrador (o narradores)
que omite y calla, selecciona y no cuenta, por ejemplo, los quince días
que el héroe pasó en su casa sosegadamente.
Los auxilios de la memoria no siempre juegan
a favor de la circunstancias, como ocurre cuando no ve en sus recuerdos
caballerescos escudero alguno que llevase su asno a la aventura (I, 126).
De tales desajustes surge precisamente lo más sabroso del relato.
Paso a paso el mundo libresco, sin embargo, no le hará olvidarse de
cumplir con sus necesidades vitales, como comer o apercibirse de cuanto le
aconsejó el ventero en punto a provisiones junto a Sancho. El móvil
de la salida de éste vendrá, a su
24 Huarte,
opus cit., p. 353.
|
|
||
| 14 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
vez, marcado en el futuro por el recuerdo omnipresente de la prometida
ínsula (I, 127) y con tales esperanzas saldrá el nuevo escudero
a lo desconocido.
La de los molinos es una clara confirmación
de cómo las imágenes de la memoria se superponen de tal modo
a la realidad que ciegan la percepción en la imaginativa de los sentidos
de don Quijote. Hasta pierde el sentido de la perspectiva y ni siquiera llega
a verlos (I, 129). Parecen cumplirse así las palabras de Sabuco de
Nantes cuando dice que la imaginación es como un espejo, que
todas las figuras que vienen essas recibe y muestra, confundiéndose
en la mente la imaginación con la misma
verdad25. Ya Aristóteles había
señalado que los contenidos sensoriales de la conciencia perduran
o se reproducen en la imaginación o en la
memoria26. El sentido común debe ser
capaz de distinguir entre las imágenes nuevas y las que están
ya impresas en la memoria por anteriores experiencias y ahí es donde
reside el problema de don Quijote que carece de esa facultad sensitiva
común y además no es capaz de discriminar el tiempo, identificando,
como apuntamos, el pasado de sus lecturas con las percepciones presentes,
pues la memoria tiene como objeto el pasado y don Quijote la proyecta hacia
el futuro o la actualiza sin apenas
fisuras27.
La memoria no siempre es simultánea
a la aventura, puede ser también preparación previa a la misma,
como ocurre con el recuerdo de Diego Pérez de Vargas (I, 130-1). Su
programa caballeresco le va marcando la pauta de sus acciones. Y así
no duerme por acomodarse a lo que había leído (I,
132) y alimentándose del recuerdo, dio en sustentarse de sabrosas
memorias. Sancho, por su lado, irá aleccionándose con
la memoria caballeresca de su amo actuando en consonancia. El determinismo
de la mente de don Quijote se impone sobre la
25 Obras
de [doña Oliva] Sabuco de Nantes (Madrid: Establecimiento
Tipográfico de Ricardo Fe, 1888), p. 92: La imaginación
es un afecto muy fuerte y de grande eficacia, es general para todo, es como
un molde vacío que lo que le han echado imprime. Y así si la
imaginación es de afecto, que mata, también mata como si fuera
verdad. La imaginación obra tanto en la vigilia como en el
sueño y siempre con apariencia de verdad.
26
Aristóteles, Del sentido y lo sensible y de la memoria y el
recuerdo, pp. 17-8.
27 Ibid.,
p. 85. Para él recordar es reexperimentar y partiendo de los lugares,
obrar por analogía (Ibid., p. 96). Don Quijote en este sentido
es verdaderamente ingenioso, por su gran capacidad asociativa.
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 15 |
|
|
||
realidad y la transforma28. Hay además constantes referencias a la memoria escrita de los pasos del héroe que guardarán los archivos. Con ella se nutre la atención del lector, o se le distrae, como ocurre con la aventura del vizcaíno. La memoria caballeresca no pretende sino resolverse en una lucha permanente contra el tiempo. Pues don Quijote es consciente de que éste es devorador y consumidor de todas las cosas (I, 140) y oculta las hazañas. De ahí su obsesión permanente por la fama. El narrador, por su parte, tras la aventura del vizcaíno, informará al lector de la inmediatez y modernidad de la historia de don Quijote, aventurando que ya que no estuviese escrita, estaría en la memoria de la gente de su aldea y de las a ella circunvecinas (Ibid.). Surge así la doble memoria, oral y escrita, de las hazañas del héroe en sucesión ordenada, que acompasa el transcurrir de la historia. El propio narrador pone en marcha los oportunos trámites para informarse de su vida y milagros, haciendo así paralela su fama a la del protagonista:
Digo, pues, que por estos y otros muchos respectos es digno nuestro gallardo Quijote de continuas y memorables alabanzas, y aun a mí no se me deben negar, por el trabajo y diligencia que puse en buscar el fin desta agradable historia (I, 141).
El descubrimiento del cartapacio de Cide Hamete se convierte en hazaña del narrador que corre parejas con las que el héroe lleva a cabo para acrecentar su fama. Cervantes no sólo se preocupa de insertar numerosas voces en el marco narrativo29, sino de
28 A.
A. Parker, El concepto de la verdad en el Quijote,
RFE, 32 (1948), 287-305, señaló cómo Cervantes
era consciente de los engaños de los sentidos y lo relativo a la verdad.
No sólo don Quijote, todos los personajes falsean la realidad. Esta
es razonable, nada ambigua. Son los hombres los que la someten
diríamos a una permanente falsificación.
29 Sobre el
haz de narradores, J. J. Allen, The Narrators, The Reader and Don
Quijote, MLN, 91 (1976), 201-2 y James A. Parr, Don Quixote.
An Anatomy of Subversive Discourse (Newark, Delaware: Juan de la Cuesta,
1988), pp. 21-40. Parr señala hasta qué punto Cervantes cuestiona
el principio de autoridad, lo mismo que Ralph Flores, The Rhetoric of
Doubtful Authority. Deconstructive or Self Questioning Narrativies, St. Augustine
to Faulkner (Ithaca y Londres: Cornell University Press, 1984). El
autorretrato del autor y la cuestión de la auctoritas ya se
plantearon en la obra de Dante. Desde los Topica, XX de Cicerón,
éste fue recurso retórico que implicaba apariencia de verdad.
A Don Quijote le preocupaban, no obstante, más los héroes que
los autores, lo que desplaza tal fundamento retórico al plano de los
modelos épicos de fama.
|
|
||
| 16 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
declarar su traslado a la escritura. Memoria fiel y fija que va más
allá de las evidencias efímeras de la memoria oral que tiñe
toda la obra.
Don Quijote, como los maestros de la memoria
artificial, es capaz de sacar un discurso partiendo de una palabra. El de
la edad dorada viene así por las bellotas de los cabreros (I, 155).
Vale decir, a partir de tal evocación, surge la memoria asociativa.
El sistema se repite varias veces. La obra ofrece además las marcas
de la novela pastoril en este punto, mostrando las grandes facultades
mnemotécnicas de los pastores enamorados para recitar o cantar de
coro, como hace Antonio en ese pasaje. También del rey Artús
y de los Caballeros de la Tabla Redonda (I, 167), ocasión para ilustrarles
sobre un mundo que desconocen y en el que él se repite, recordando
de nuevo a Lanzarote o nombrando la autoridad de los caballeros que
aquilatarán la suya propia. Aquí se plantea además algo
que sólo en ocasiones se trata. Me refiero a la cultura libresca del
héroe que se enfrenta así con ventaja a personas iletradas
e ignorantes que como el propio Sancho le escuchan y cuyo territorio pertenece
únicamente al de la cultura oral. Cuando así no ocurre, el
planteamiento se ofrece desde una posición de igualdad propicia al
debate, a la contradicción (I, 170-1) y, en definitiva, al desvelamiento
de la verdad.
Don Quijote permanece fiel a muchas leyes de
la retórica y así, en el linaje de Dulcinea ensarta una serie
de personajes de fama para acabar con el de Toboso de la Mancha. Técnica
paródica, la del linaje heteróclito, de tan larga fortuna en
el Siglo de Oro: No es de los antiguos Curcios, Gayos y Cipiones romanos,
ni de los modernos Colonas y Ursinos . . . , etc. (I, 172).
La poliantea se pone así al servicio de la invención jocosa.
El peso de la memoria literaria, unido a la
fama amorosa, se plasma también en Grisóstomo, en su vida ejemplar
y en unos escritos que deberían salvarse de la quema como lo fuera
La Eneida. Don Quijote se halla entre iguales al lado del culto cabrero
Ambrosio, también atado a la fama clásica. De hecho, la tumba
de Grisóstomo se alza como memoria perpetua de amador perfecto (I,
185), al igual que aquellas que cubrieron el Valle de los Cipreses en La
Galatea. El monumento como memoria tiene aquí un ejemplo más
de entre los muchos que Cervantes cultivara en sus obras.
Paso a paso don Quijote se convierte en historia
para ser narrada (I, 186). A medida que avanza el relato, su memoria es
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 17 |
|
|
||
suplantada por la memoria ajena, como ocurre con los pastores, o con la vida misma que él va descubriendo y que se hace experiencia. Parte de la memoria para ser memoria y es un archivo permanente de historias susceptibles de ser contadas (I, 192) o tomadas como ejemplo para la ocasión. La ignorancia de Sancho, en el polo opuesto, servirá de contraste permanente a tal exhibición. Además don Quijote es consciente de los límites de la memoria humana, de su carácter efímero:
Con todo eso, te hago saber, hermano Panza replicó don Quijote, que no hay memoria a quien el tiempo no acabe, ni dolor que muerte no le consuma (I, 193).
Será el episodio de Sierra Morena el
ejemplo más rico de la Primera parte respecto a cómo opera
la máquina mnemotécnica, pues va a ser el nombre de Amadís,
hecho Beltenebrós en la Peña Pobre, vale decir, su recuerdo,
el que desate la imaginación de don Quijote para tal aventura (I,
194 y cap. XVIII). Pero antes hay otras pruebas del método. El silencio
y la quietud de la venta le harán imaginar que es un famoso castillo.
El narrador dibuja con luminosa claridad el momento: la maravillosa quietud,
el recuerdo de los libros de caballerías, todo le trae a la
imaginación una extraña locura con la que forja su nueva quimera,
aunque él la tenga por firme y valedera (I, 200). El desajuste
temporal salta una vez más a la vista, pues no discierne debidamente
que el recuerdo pertenece al pasado y además no es consciente de cuanto
ello supone. En este sentido, se ofrece un claro acoplamiento a la
psicología de Aristóteles, quien ya hablaba de Antiferón
de Oreo y otros alienados que trataban de las imágenes recordadas
como si tuviesen lugar en el presente30.
Para el estagirita, la memoria pertenecía a la facultad sensitiva
primaria con la que percibimos el tiempo, y éste en la visión
caballeresca de don Quijote, había sido abolido y mitificado, como
sabemos, viviendo en perpetua anacronía.
El episodio de Maritornes muestra bien a las
claras que el sentido interior de la memoria libresca impide a don Quijote
percibir lo que captan los sentidos exteriores y ni oye, ni huele, ni toca,
ni ve lo que hay, sino lo que imagina. La memoria proporciona
30
Aristóteles, opus cit., pp. 88-9. El tiempo tiene, según
él, una gran importancia en el recuerdo (p. 98). Cuando un hombre
recuerda actualmente no puede suponer que no lo hace, y recordar sin ser
consciente de ello (p. 100).
|
|
||
| 18 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
los referentes y la imaginación actúa more platónico, desviándose las percepciones sensoriales por la pictura creada en la imaginativa:
y, finalmente, él la pintó en su imaginación de la misma traza y modo que lo había leído en sus libros de la otra princesa (I, 201).
La oscuridad del antro hace más verosímil, si cabe, el proceso
de usurpación que además Sancho traduce inmediatamente a
encantamiento, sirviéndose del recuerdo de otras experiencias anteriores.
Don Quijote hace uso frecuente de las técnicas de la memoria artificial,
tan al uso en su tiempo, no sólo desde el silencio en el que imagina,
sino desde los términos que emplea, como cuando dice al ventero:
Recorred vuestra memoria (I, 209), clara alusión a los
espacios mnemotécnicos de los loci. El final de la aventura
mostrará, sin embargo, el reverso del engaño a los ojos y don
Quijote confesará su error al ventero: pues es ansí que
no es castillo sino venta (I, 210), mostrando rasgos de lucidez que
rompen su vivida fantasía.
El episodio de las dos manadas se dibuja desde
idénticos presupuestos. Viendo su imaginación lo que
no veía ni había (I, 217), convierte la realidad en otro
trasunto caballeresco. Pero aquí no sólo hay error de los sentidos,
sino todo un alarde de invención al crear don Quijote los caballeros,
sus nombres, sus armas y sus divisas, en una amplia localización
geográfica. Alarde erudito que deja colgado de sus palabras a Sancho,
como en el mito de las cadenillas de Hércules. Aquí la memoria
se hace también creación elocutiva y luego acción, pues
don Quijote no sólo llega a ver, sino a sentir los relinchos, los
clarines y los atambores de su magín. En el pasado de sus lecturas
(como le ocurre a Sancho con el recuerdo del refranero) siempre encuentra
explicación para todo (I, 223). Don Quijote es un consumado maestro
en la composición de lugar y en la representación a lo vivo,
tan caras a la escuela jesuítica y a Baltasar Gracián.
Sancho se convierte paso a paso en la memoria
interesada de su amo, recordándole promesas y juramentos que el otro,
aparentemente, olvida (I, cap. XIX). La memoria de los libros o de su
mención se va entretejiendo en ambos con la de la experiencia y esas
dos zonas del pasado alteran los hechos cotidianos y las expectativas futuras
de uno y otro. Don Quijote, pese a todo, no ceja y así, ante la litera,
verá unas andas y atacará una vez más con su acostumbrada
cólera. Sancho crece también en
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 19 |
|
|
||
inventiva y a partir de los datos propiciados por su amo, lo bautizará
de Caballero de la Triste Figura. Don Quijote, asombrado por el hallazgo,
lo entenderá como algo impropio del escudero y se lo atribuirá
al sabio que escribió su historia (I, 232). Por otro lado, la memoria
no se hace sólo de entes de ficción, sino de seres
históricos, pero unos y otros andan en la mente de don Quijote ubicados
en la misma zona indeterminada de los mitos, sin aparentes distingos, como
ocurre con el Cid, cuya memoria romanceril, vale decir, oral, traerá
a colación don Quijote (I,
233)31.
La memoria de Sancho se hace cada vez más
interesada, como es sabido, con la esperanza de la ínsula (I, 236),
pero mientras llega o no, él es vivo reflejo del sustrato folklórico
de que se nutre; y no sólo en materia refraneril, sino con cuentos
folklóricos, como el de las cabras (cap. XX), basado además
en las técnicas orales del olvido (I, 241). El refranero, en escala
diferente, también es patrimonio de don Quijote. Éste cada
vez se contamina más de ese bagaje que le aparta del ámbito
de los libros y le sume en la vox populi. La sabiduría proverbial
de la que también hace gala el Licenciado Vidriera tiene desde luego
sus puntos de ligazón con la locura que remite a la tradición
bufonesca32. El refrán, como el adagio
o las demás fórmulas paremiológicas, servía para
amueblar la memoria, como ya mostrara
Erasmo33. Y otro tanto puede decirse de los
cuentecillos insertados. Éstos no se reproducen al modo de las
misceláneas, sino que surgen de forma natural en el diálogo
de los protagonistas, según ya indicara
Chevalier34. En ambos casos, se confirma,
una vez más, la ruptura mimética y la incorporación
de cuantos materiales se acarrean al propio acontecer novelesco.
El error de los sentidos en don Quijote es,
desde luego, transitorio baste recordar su agudo oído y mejor
olfato en el cap. XX pero vuelve constantemente (I, 250) y se convierte
en acicate de su inmensa facultad fabuladora, como cuando traza ante
31
Véase mi artículo, Mito, géneros y estilos: el
Cid Barroco, BRAE, LX (1978-80), pp. 159-171.
32 A. Redondo,
La folie du cervantin licencié de verre, Visages,
pp. 33 ss.
33 Jacques Chomarat,
opus cit., II, p. 802. Erasmo además insertaba dichos de los
antiguos palabra por palabra en un ejercicio de marquetería del que,
como en el caso del Quijote, resultaba una nueva obra de arte
(Ibid., II, pp. 778-9).
34 Maxime Chevalier,
Literatura oral y ficción cervantina, Prohemio
5 (1974), 161-196, destaca como excepcional al respecto el de la pastora
Torralba.
|
|
||
| 20 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
Sancho la aventura posible del caballero andante (I, 255-7) sobre una
utopía futura. El valor de la imaginación es evidentemente
superior al de la memoria, aunque ésta es la estofa con la que
aquélla trabaja. Y otro tanto ocurre con la imaginada
historia que al lector se le ofrece. La oposición de la historia
fingida a la verdadera le encarna, frente al Lazarillo de Tormes,
Ginesillo de Pasamonte. Pero la fusión de los dos niveles en la mente
de don Quijote es, según dijimos, moneda corriente. La memoria, no
obstante, tiene también sus poderes fácticos y se representa
persuadiendo y forzando, como ocurre al final del discurso que dirige don
Quijote a los galeotes (I, 269).
Sabuco de Nantes declaraba en su Nueva
filosofía de la naturaleza del hombre (1587) que la soledad
hace al contrario que la buena conversación, fomentando la
melancolía. Es mala a los tristes y melancólicos y les
acarrea más daño que a los
otros35. Motivación que casa
perfectamente con el episodio de Sierra Morena. Éste, según
dijimos, se ofrece como perfecto ejercicio de mnemotecnia. El lugar buscado
y apartado resucita en don Quijote los recuerdos, según el usual
método de los lugares e imágenes de la retórica, pero
transportándolo a otro mundo que le enajena:
Así como don Quijote entró por aquellas montañas, se le alegró el corazón pareciéndole aquellos lugares acomodados para las aventuras que buscaba. Reducíansele a la memoria los maravillosos acaecimientos que en semejantes soledades y asperezas habían sucedido a caballeros andantes. Iba pensando en estas cosas, tan embebecido y trasportado en ellas que de ninguna otra se acordaba (I, 275-6).
La presencia en tal episodio del librillo de memoria lleno de material poético ofrece además el testimonio del cartapacio escrito dentro del libro del Quijote; lo mismo que la historia del Roto de la Mala Figura corre en paralelo con la del propio Caballero de la Triste Figura. Las memorias del Roto y de don Quijote se cruzan en un punto. El recuento de las unas ensarta experiencia de las otras. Allí se confirma una vez más, como en el caso de Ginés, hasta qué punto la memoria es autobiografía y
35 Sabuco
de Nantes opus cit., pp. 57-8. Sobre la colación de los
temperamentos y acciones, véase su Diálogo de la vera
medicina, pp. 332 ss. Para la memoria, p. 333.
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 21 |
|
|
||
procede contarla ab initium: Mi nombre es Cardenio; mi patria,
una ciudad de las mejores desta Andalucía; mi linaje, noble; mis padres,
ricos (I, 287). En ese discurso no falta, claro está, la memoria
amorosa. Precisamente este triste de amores coincide con don
Quijote en la evocación de Amadís, palabra tras la cual discurre
a su vez, por no poder callar en cuanto oye mentar cosas de caballerías.
Dos locos de amores cruzan sus memorias literarias y su furia. Poetas ambos
de su propia historia de enamorados furiosos y perdidos en la soledad de
los montes, como marcaban los
cánones36.
Don Quijote busca de nuevo la fama y sigue
para ello lo esencial en la mímesis poética o artística
en general: la imitación. La mención de los modelos de virtud
(Ulises y Eneas) con que adorna su discurso (I, 299) no le hacen olvidar,
sin embargo, su modelo por excelencia, Amadís de Gaula. Y en tan
acomodados lugares no tiene más remedio que aprovechar
la ocasión. Pero su mente trabaja como la de quien elige
poéticamente un caso de imitación compuesta. Y así la
elección de Amadís no le privará del recuerdo de las
locuras de Orlando que estime más convenientes. Don Quijote ofrece
así la historia de una imitación que se torna en invención
como la propia creación
literaria37. El lugar ad hoc motiva
sus resortes mnemotécnicos sobre las reglas de caballería (I,
305) y será fiel a Amadís hasta en no estampar su firma en
la carta que escribe en el cartapacio de Cardenio (I, 306).
Curiosamente tamaña fidelidad literaria
no empeora su juicio en otros puntos: Dulcinea no sabe leer ni escribir y
en doce años que la ha querido no la ha visto más que cuatro
días. Los elevados fines de su soledad y apartamiento chocan con la
prosaica certidumbre del para lo que yo lo quiero (I, 309). A
estas alturas don Quijote confirma bien a las claras que la literatura es
fingimiento e invención, pero que engaña sólo al que
lo desea. Si Filis y Amarilis traen los poetas por dar sujeto a sus
versos y porque los tengan por enamorados, a él le bastará
pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es . . . la
más alta princesa del mundo (Ibid.). La invención
del amor y de la amada
36 Jean
Krynen, Don Quijote, ejemplar poeta, An Cer. 7 (1958),
pp. 1-11.
37 Sobre la
elección de Amadís como modelo frente a la de Cardenio que
sigue al Orlando, Stephen Gilman, Cardenio furioso, Studia
in honorem prof. Martín Riquer III (Barcelona: Quaderns Crema,
1986), pp. 343-9.
|
|
||
| 22 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
encuentran aquí su evidencia en el enamorado platónico que la dibuja en su alma siguiendo su gusto:
yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada y píntola en mi imaginación como la deseo (Ibid.).
Don Quijote elige además el modelo de carácter que mejor le
viene, prefiriendo a los coléricos furores de Orlando la melancolía
de Amadís. Imitar, como sabía Erasmo, es
elegir38. Don Quijote, que participa de ambos
humores, se aviene mejor a las melancólicas locuras de Amadís
que no perdió el juicio (I, 315). Se nos ofrecen así,
en su anchura, los pasos del proceso creador: la soledad, la elección
de los modelos y la invención, para luego proceder a su disposición
y discurso, con la subsiguiente representación a lo vivo. Con salvas
a Amadís, don Quijote procederá a obrar, según su dictado:
Ea, pues, manos a la obra: venid a mi memoria cosas de Amadís
y enseñadme por dónde tengo de comenzar a imitaros (I,
316). La memoria le dictará los planes y el modo de llevarlos a
término. Pero don Quijote no se parará ahí, claro
está, sino que avanzará con su imaginativa para adaptar los
modelos a las circunstancias y encontrar así aventuras nuevas. Los
erasmistas eran en este punto contrarios a la imitación ciceroniana
y procuraban huir de la copia mimética y de la identificación
servil39. Lo curioso es que también
el cura y el barbero fingirán según sus modelos,
teatralizándolos con su invención a la hora de disfrazarse.
La memoria juguetona de Sancho correrá
por otros derroteros, con sus olvidos y trampas o sembrando el camino de
retamas para hallar la vuelta de la Sierra (I, 313), como en los relatos
folklóricos. Al final olvidará el libro de memoria
y tendrá que rascarse la cabeza para tratar de recordar lo que allí
había o de
38 J.
Chomarat, opus cit., II, pp. 823-4. El principio de adaptación
o conveniencia era el respecto fundamental.
39 Véase
E. C. Riley, Introducción al Quijote, pp. 80 ss. y Don
Quixote and the Imitation of Models, BHS, 31 (1954), 3-16. Don
Quijote trata de emular a sus modelos como lo haría un artista. Sobre
ello, Juan Bautista Avalle-Arce . . . y J. Chomarat, opus
cit., II, pp. 836-7, señala a propósito de Erasmo, la necesidad
de improvisar y avanzar respecto al modelo, adaptándolo
(decorum), según la conveniencia (aptum). Erasmo
defendía la singularidad de cada uno y por tanto, la necesidad de
imitar de modo personal y único, adaptando el modelo (Ibid.,
II, pp. 842-3).
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 23 |
|
|
||
suplantarlo a su manera (I, 320)40. En ausencia
de texto escrito, la memoria vacila y en su repetición transformadora,
da en una retahíla de disparates. Claro que Sancho tomó
muy bien de memoria cuanto le dijeron el cura y el barbero y la burla
mnemotécnica de las ramillas dispersas surte el efecto deseado,
según parece. La franja de la memoria oral ocupa singularmente todas
las acciones del escudero.
El memorioso Cardenio cumple con las condiciones
del enamorado, repitiendo de coro cartas, sonetos y ovillejos, en la mejor
tradición pastoril. La memoria de Luscinda es la que le tiene en tal
estado. En su caso, como en el de don Quijote, los estragos del amor
hereos vienen causados por la memoria omnipresente de la amada. El
mero nombre de ésta desata sus lágrimas y lo sume en un estado
de profunda enajenación y melancolía (I, 352). Dorotea, en
cambio, es el juego de la representación de una melancolía
fingida que don Quijote desea desterrar (I, 362). Así se da junto
al verdadero amor, su traza. Cardenio se disfrazará gracias al cura
y todos inventarán nuevos lances. La vida se ofrece una vez más
como invención y como representación. Dorotea fingirá
su autobiografía, vale decir, falsificará sus recuerdos. De
ahí los fallos que esa lastimada memoria (I, 370) presenta
en su relato. Tal invención tiene también su base en la novela
caballeresca, en justo paralelo con la de don Quijote. Por otra parte, la
memoria ingresa en el juego cómico gracias a Sancho y a sus accesos
y recesos memorísticos (I, 378), en connivencia con el lector
implícito que sabe de su doble juego. Sancho recuerda falsamente,
vale decir, falsifica su recuerdo cuando le interesa. Y don Quijote muestra
ante el juego y la mentira un juicio clarividente (I, cap. XXXI), ya que
éste sólo se tambalea como no le toquen en sus
caballerías (I, 378).
Conforme los personajes se muestren más
avezados en la lectura de libros caballerescos, será mayor la capacidad
de compartir las ventajas de una memoria común y el diálogo
partirá de un mismo plano. En la venta (I, cap. XXXII), todos, desde
el gran sabedor que es el cura al mismísimo ventero, mostrarán
sus conocimientos al respecto. La maleta con la Novela del curioso
impertinente se repite como archivo paralelo al del libro de
40 Sobre
el humilde analfabeto Sancho y su asimilación lenta de los conocimientos
del caballero, Alberto Sánchez, Sobre la penitencia de don Quijote
(I, 26), Actas del Primer Coloquio Internacional de la Asociación
de Cervantes, (CIAC) (Barcelona: Anthropos, 1990), pp. 29-30.
|
|
||
| 24 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
memorias de Sierra Morena. También en ésta se trasladan versos
de variado metro y un abecedario del enamorado. Ahí la letra sustituye
como memoria fija a la oralidad poética de otros momentos de la obra.
Y en cierto modo a la memoria viva que es novela en sentido moderno,
razón por la que huirá de tales extremos Cervantes en su Segunda
parte.
El autor, que conocía a Cicerón,
a Macrobio y a Luciano, refleja la relación de la memoria con el
sueño ya en esta Primera parte. Los médicos recomendaban, como
hace Blas Álvarez Miraval en su Tratrado de la firme memoria y
de el bueno y claro entendimiento evitar las largas vigilias y los
prolongados sueños, porque ofenden a la
memoria41. También ésta
sufría según ellos con los excesos de la
lectura42, aunque en el memorioso don Quijote
los efectos fuesen contrarios. El material de los sueños también
se fabrica de memorias diversas y así don Quijote soñará
estar en el reino de Micomicón con todas sus consecuencias. Capítulo
éste, el XXXV, en el que a don Quijote, colérico y
melancólico, se le reconoce además y se le admira por su flema,
tras la aventura de los odres de vino, pues Cervantes no tenía una
idea limitada de los humores, y los mezcla y destaca según conviene.
El uso de los sentidos en la captación
memorística aparece claramente expresado en el modo como Luscinda
reconoce a Cardenio (I, 452). Cervantes va trazando así una red
sutilísima entre los aspectos psicológicos y fisiológicos
de la persona, sin olvidar los que atañen a la elocución
retórica. La memoria desata relatos y ordena discursos, como el de
las armas y las letras de don Quijote o la detallada historia del cautivo.
La memoria de
41 Dr.
Blas Álvarez Miraval, Libro intitulado la conservación de
la salud del cuerpo y del alma (Salamanca: Diego Cussio, 1599). Contiene
el Tratado de la firme memoria y de el bueno y claro entendimiento, utilissimo
para todos los que pretenden salir aventajados letrados en cualquier genero
de sciencia. En él se discurre sobre la mejora de ambas facultades,
recabando en los hombres de letras una mayor atención a los cinco
sentidos anteriores. Es un elogio de la memoria con Platón, Cicerón,
Hipócrates y Galeno al fondo. Advierte que la memoria peligra con
el exceso de vigilia, la comida fría y el uso de la Venus.
Aconseja como Huarte de San Juan la lectura repetida antes de
dormir y la relación entre el temperamento y los estudios elegidos:
Cada uno según su ingenio. Véase el cap. V con
su laudes litterarum.
42 Acontece
muchas veces que los hombres estudiosos y dados al exercicio de las letras
(por estar como estan mucho tiempo o leyendo, o escribiendo inclinada la
cabeça, o por el poco exercicio que hazen) les agrave su cabeça,
gran parte de flegma viscosa, o de melancolia fria, de donde sucede que los
tales se hagan sin sentirlo ni achacarlo de ver faltos de memoria y muy
torpes (Ibid., cap. II).
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 25 |
|
|
||
los héroes-narradores se ofrece de este modo en paralelo con la de
los narradores principales del Quijote. Ésta opera constantemente
con la perfección acostumbrada. Pero de nada serviría la más
pasmosa reminiscencia sin el aliño del buen contar. La historia del
cautivo maravilla precisamente por el modo con el que se detalla. Cervantes
insiste en el método de la memoria desatada por un nombre que genera
toda una historia, como ocurre en el capítulo XLII. El poeta todo
lo saca de su cabeza (I, 524), almacén permanente de canciones
y romances, como el que sustentan los personajes de la obra.
La melancolía no sólo tiene su
lado sublime en la mente de don Quijote, sino en la de Rocinante, cuando
en la escena en la que aquél se queda atado a la ventana, da en los
recuerdos acostumbrados de Amadís o de Urganda. No en vano
Aristóteles había concedido a los animales facultad memorativa.
El rocín, sin embargo, abandona su estar melancólico
y triste con las orejas caídas al olor de una de las
caballerías cercanas y deja colgado doblemente a su amo en su papel
de triste (I, 531). Capítulos más adelante Sancho
sabrá también contemplar a Rocinante encantado, melancólico
y triste como su amo (I, 579).
Desde la creación del baciyelmo
a la recreación de la escena de Orlando Furioso en el
capítulo XLV, es fácil percibir hasta qué punto la
invención trabaja sobre la memoria de los modelos léxicos o
literarios, en consonancia con los casos de motivación etimológica
de Huarte y del Brocense43. Sin la memoria
y sin la imitación, esencia de toda poesía, no tendrían
sentido ni los juegos de Dorotea Micomicona ni la farsa que
representan ante el héroe. Todos los personajes de la venta se convierten
en inventores y en actores que tienen de espectador a don Quijote, alterando
aún más si cabe con tal máquina la continua y desvariada
imaginación de éste (I, cap. XLVII).
Claro que a veces la vida supera a la literatura
y en este caso la invención no casa con ninguno de los modelos recordados.
O así lo siente don Quijote cuando se ve enjaulado en un carro
43 Esteban
Torres, Ideas lingüísticas y literarias del doctor Huarte
de San Juan, (Pub. de la Universidad de Sevilla, 1977), p. 80, apunta
la relación que Huarte establece entre la palabra y su significado,
en consonancia con la Minerva de Sánchez de las Brozas. El
ejemplo al que alude del Traquitantos de Huarte casa perfectamente
con el del baciyelmo cervantino. El que compuso el primero era
además un caballero español que tenía cierta
imaginativa que convida al hombre a ficciones y mentiras y escribía
libros de caballerías.
|
|
||
| 26 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
tirado por bueyes. Ahí es donde se percibe su fidelidad a los modelos
y la transgresión hecha de tales principios teóricos por quienes
lo llevan enjaulado (I, 559). Pues don Quijote aspira a la grandeza tal como
él la siente, no a la vulgaridad, tal y como se la ofrecen los otros:
porque siempre los suelen llevar por los aires, con extraña
ligereza, encerrados en alguna parda y escura nube, o en algún carro
de fuego, o ya sobre algún hipogrifo o otra bestia semejante
(I, 559). Al despedirse de los habitantes de la venta-castillo, don Quijote
se siente famoso a despecho de toda envidia, como ejemplo y dechado de caballeros
andantes (I, 563-4). Él se construye así su propia fama y
además la difunde. El cura le seguirá el juego aludiendo a
los bronces duros y eternos mármoles que
guardarán la memoria de sus hazañas, a vueltas de nuevo con
los variados ejercicios de éckphrasis que la obra implica.
Como al final de La Galatea o como más tarde en el
Persiles, el libro guarda dentro de sí la voluntad de fama
creada por sus propios personajes.
Don Quijote, con su memoria de oficinas y
polianteas, ensarta las consabidas series eruditas. Tratándose de
encantadores, hablará de magos de Persia, bracmanes de la India y
ginosofistas de la Etiopia (Ibid.). El recurso de los
loci asalta a cada paso y el canónigo sabrá usar de
ellos al discutir sobre la mentira y liviandad de los libros de caballerías
para sacar a colación la serie verdadera de los héroes
históricos, ordenados topográficamente, como los cánones
mnemotécnicos mandaban:
Un Viriato tuvo Lusitania; un César, Roma; un Aníbal, Cartago; un Alejandro, Grecia; un conde Fernán González, Castilla; un Cid, Valencia; un Gonzalo Fernández, Andalucía; un Diego García de Paredes, Estremadura; un Garci Pérez de Vargas, Jérez; un Garcilaso, Toledo; un don Manuel de León, Sevilla (I, 581-2).
A ello responde don Quijote con la serie erudita desde Héctor y Aquiles a los héroes de la materia artúrica o a Suero de Quiñones (I, 585). No lo pudiera hacer mejor Ravisio Textor. Pero no nos engañemos porque, como con el Primo de la Cueva de Montesinos, Cervantes muestra la caducidad de la catena scientiarum y de los loci communes que poblaban de sintagmae y digesta sapientiae los saberes de aquel tiempo. En ese sentido, el Quijote los presenta tan caducos como los propios libros de caballerías, apuntando a una edad moderna que lentamente se iría desprendiendo
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 27 |
|
|
||
de los conocimientos
enciclopédicos44. Del diálogo
entre el canónigo y don Quijote no sólo surge la reinvención
por parte de éste del arquetipo argumental y estilístico de
los libros de caballería, sino, por boca del canónigo, que
los tales libros destierran la melancolía que tuviere
(I, 589), vale decir, sirven para lo mismo que el propio libro que el lector
tiene en sus manos, según el autor dejó expresado en el
prólogo. La imaginación deturpa la memoria, la trastoca o la
vela. Así le ocurre a don Quijote, no queriendo reconocer a los
disciplinantes. La colaboración entre ambas se hace aquí
oposición, en favor, claro, de la imaginativa (I, 601).
De vuelta a casa, Sancho hablará en
los términos propios del discurso de su señor. La memoria de
la experiencia lo ha hecho diferente. Y es ahí, al final de la Primera
parte, donde hace una síntesis mnemotécnica de todas las pasadas
aventuras, útil también para el recuerdo de los lectores del
libro:
Sélo yo de experiencia, porque de algunas he salido manteado, y de otras molido; pero con todo eso, es linda cosa esperar los sucesos atravesando montes, escudriñando selvas, pisando peñas, visitando castillos, alojando en ventas a toda discreción, sin pagar ofrecido sea al diablo el maravedí (I, 607).
Cervantes, sin embargo, no se recrea aquí en resúmenes propios de la memorial artificial como los que él mismo utilizará en el Persiles para ayuda de los lectores, sino series alusivas, como la presente, que por su configuración no parecen índices retóricos del libro, sino memoria natural del personaje que los recrea. Es curioso, sin embargo, que corra a cargo de Sancho también la otra serie memorativa que puede servir de repaso al lector del Quijote a la altura del capítulo XIII, cuando éste
dio por bien empleados los vuelos de la manta, el vomitar del brebaje, las bendiciones de las estacas, las puñadas del harriero,
44 Sobre
el triunfo y decadencia de tales presupuestos en relación con las
artes de la memoria, C. Basoli, L'influence de la Tradition
Hermétique et Cavalistique, Classical Influences on Western
Thought A.D. 1650-1870, ed. por R. R. Bolgar (Cambridge University Press,
1979), pp. 61-76. En el siglo XVII perduraron los fundamentos retóricos
que favorecían los templos, museos, y artes universales del
saber. Sobre ello, véase también Marc Fumaroli, opus cit.,
pp. 127 ss. y 144 ss.
|
|
||
| 28 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
la falta de las alforjas, el robo del gabán y toda la hambre, sed y cansancio que había pasado en servicio de su buen señor . . . (I, 279).
Quedan así recordadas las acciones al modo novelístico, sin
el mimetismo de los tratados de la memoria artificial tradicionales.
Cervantes, en fin, cierra la Primera parte
con la caja de plomo convertida en cartapacio poético que guarda los
epitafios de los académicos de Argamasilla, muestra de la memoria
perenne alcanzada por su protagonista y en busca de la cual salió
a la aventura. La riqueza y variedad de la memoria en el libro de 1605 es
inmensa. Sin dejar de tener sus ribetes retóricos, se constituye como
algo vivo, capaz de ser transformado y sufrir mutaciones gracias a la imaginativa
y a la experiencia, quedando así supeditada la memoria artificial
a la configuración de los personajes y a la acción. La memoria
es efímera y mudable, aunque aspira a perpetuarse por la fama. Vive
en la mente y también en los libros que la trasladan y en las voces
que la pregonan. Es acicate del discurso y, en definitiva, materia de la
que la invención se nutre, como almacén de sabiduría.
De ahí que la historia sacada de los archivos, vale decir de la memoria,
sea digna de perpetuarse por propiciar tanta invención y
pasatiempo (I, 608). Pero todo eso pertenece ya al pacto entre el autor
y los lectores.
En la Segunda parte, Cervantes obrará
milagros respecto a la Primera, porque la memoria de las cosas
pasadas en aquélla no sólo actuará en la mente
de don Quijote, sino en la de cuantos le rodean (II, 17-8). Sin olvidar,
desde luego, la memoria de los lectores. El primer capítulo representa
la negación del recuerdo como tríaca administrada contra la
locura del héroe45, aunque todo es
inútil, porque la memoria se aviva con fuerza en la mente de don Quijote
que la falsifica y la recrea, aspirando además a nuevas aventuras
dignas de pasar de nuevo a los
45
También el loco de Sevilla que se creía Júpiter apela
a la buena memoria (II, 23) como lo hiciera el Licenciado Vidriera. E. C.
Riley, Introducción a Cervantes, p. 215, ha señalado
la importancia de la observación, la experiencia y la inducción
a partir de 1600. La segunda parte del Quijote ofrece al respecto
ese incremento de la experiencia frente a la autoridad que también
afecta al terreno de la memoria. En el cap. I de esta segunda parte, reaparece
la retahíla de los valientes y honestos caballeros andantes que enumera
don Quijote no sólo como si de verdad hubiesen existido, sino como
si él los hubiera conocido. Su descripción de Amadís
confirma así tal falsificación, (II, 26-7). En el capítulo
II volverá a sacar a colación otra serie de héroes famosos,
mezclando la historia con la literatura.
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 29 |
|
|
||
bronces de la fama. al desdeñar la cólera en demasía de Reinaldos, parece asumir cada vez más el estado melancólico-memorioso. Paso a paso, el recuerdo de los exempla que alimentan su mente le incita a la salida, y la constatación de que anda su historia impresa ofrece nuevas perspectivas al relato46. Si la fama no es póstuma, sino que anda al compás de la vida del protagonista, éste se siente además preocupado por los hechos que de él se narran. Del lector de esta parte se asume además que ha leído la primera y se le da, por boca del Bachiller, una leve síntesis o índice de las aventuras contenidas en aquella para así recordarla en pocas líneas47. Sancho y el Bachiller ayudan al recuento, que ya no es sólo de libros de caballerías, sino de aventuras vividas. La historia está en manos de todos y es fruto de un gran juicio y un maduro entendimiento (II, 43), aunque algunos han puesto fama y dolo a la memoria del autor (II, 44) por el olvido del rucio. De este modo, hasta esa falla se convierte en sutil materia artística y es la memoria de Sancho la que justifica el robo en cuestión, achacándola a engaño del historiador o a descuido del impresor (II, 46). Como dice Carrasco, Sancho ya no habla como quien es, sino como un catedrático (II, 50) educado en la escuela de su amo. Aunque su memoria actúa en consonancia con su cultura oral, plagada de refranes y sentencias como la oída a un predicador en Cuaresma,
el cual, si mal no me acuerdo, dijo que todas las cosas presentes que los ojos están mirando se presentan, están y asisten
46 Una
de las cosas dijo a esta sazón don Quijote que más
debe de dar contento a un hombre virtuoso eminente es verse, viviendo, andar
con buen nombre por las lenguas de la gente, impreso y en estampa (II,
38). Como se ve, vida y obra escrita deben correr al unísono
en la voluntad del héroe. Don Quijote se ríe de los vaivenes
de la memoria de Sancho, tildándole de socarrón y recordar
sólo lo que conviene (II, 40).
47 En
eso respondió el bachiller hay diferentes opiniones, como
hay diferentes gustos: unos se atienen a la aventura de los molinos de viento,
que a vuestra merced le parecieron Briareos y gigantes; otros, a la de los
batanes; éste, a la descripción de los dos ejércitos,
que después parecieron ser dos manadas de carneros; aquél encarece
la del muerto que llevaban a enterrar a Segovia; uno dice que a todas se
aventaja la de la libertad de los galeotes; otros, que ninguna iguala a la
de los gigantes benitos, con la pendencia del valeroso vizcaíno
(II, 39). Junto a estos retrasos de memoria artificial transformada, hay
muchos otros que apelan a la memoria natural y a su vitalidad psíquica.
Sin olvidar lo relativo a la memoria artística, presente, por ejemplo,
en el epígrafe del cap. V: y otros sucesos dignos de felice
recordación (II, 52). Véase también cap. XL:
esta memorable historia (II, 338), etc.
|
|
||
| 30 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
en nuestra memoria mucho mejor y con más vehemencia que las cosas pasadas (II, 57).
La teoría de la memoria de Sancho que, como se dice, parece corresponder
a un capítulo apócrifo, le da además un matiz ético,
al criticar el engaño de los sentidos y la falsa moral de las apariencias.
Como señala Fothergill-Payne, no sólo la memoria y la voluntad
andan descaminadas en nuestro héroe, sino que los sentidos se muestran
impotentes y confusos ante las disfunciones de aquéllos. La
percepción auditiva es, desde luego, más precisa, como la
tradición pedía, que el permanente error de la vista. Ello
conlleva la identificación del encanto con el engaño y del
desencanto con el desengaño48. La
memoria hacía posible ver y oir lo que no estaba presente, e incluso
lo nunca visto ni oído49.
Los linajes y la caterva de los antiguos virtuosos
(II, 62-3), todo el pasado se aglomera como historia imitable que incita
a don Quijote a ir camino de la inmortalidad. Es esa memoria de los pensamientos
caballerescos la que tira de sus sentidos y le impulsa a la aventura. Los
lectores de la Primera parte tienen además ocasión de comparar,
como hace Sansón Carrasco, lo que han leído con lo que tienen
delante (II, 72). Pero con la memoria sola el relato no avanza y pronto se
hace sentir la voz de Cide Hamete que insta a que las nuevas aventuras hagan
olvidar las anteriores.
La memoria literaria va a tener un gran peso.
Desde el recuerdo de Garcilaso a los ejemplos de fama infame, la colección
de dicta et facta (I, 78)50 y los
mausoleos, todos conlleva una permanente
48 Louise
Fothergill-Payne, La percepción por la vista y la averiguación
por el oído en don Quijote, Aureum Saeculum Hispanum
Festschrift für Hans Flasche (Wiesbaden: Franz Steiner Verlag, 1983),
pp. 69-80. Aristóteles, Del sentido y lo servible
. . . , p. 36, destaca la importancia de la vista, pero sobre
todo del oído, ya que éste afirma en el cap. VI que los
pensamientos caballerescos llevan tras de sí sus cinco sentidos
(II, 65).
49
Aristóteles, Ibid., p. 88: como si uno contemplara en
un retrato o pintura una figura, por ejemplo, la de Corisco, aun cuando no
haya visto precisamente a Corisco.
50 Sobre el
tema, entre otros, Martín de Riquer, El Quijote y los
libros, PSA, CLX (1969), 5-24. También el Primo es otro
intoxicado por los libros. Cervantes mezcla la tradición escrita
de los archivos, crónicas, cartapacios y autores con la tradición
oral en la Mancha. Para los dicta et facta y el caso de Scévola
que recoge el Quijote II, 78, véase mi artículo
Emblemática y literatura en el Siglo de Oro, Ephialte.
Lecturas de Historia del Arte (Vitoria, 1990), II, pp. 144-158. Elías
L. Rivers, Quixotic Scriptures. Essays on the Textuality of Hispanic
Literature (Bloomington: Indiana University Press, 1983),
[p. 31] pp. 111ss., contrasta las dos culturas
dialogantes de don Quijote y Sancho. Libresca, la una; rústica y oral,
la otra, con la subsiguiente asimetría entre modelos clásicos
por un lado y por otro, adagios y refranes. A la oralidad y a los aspectos
librescos de la obra ha dedicado un amplio estudio Michel Moner, Cervantes
conteur. Ecrits et paroles (Madrid: Casa de Velázquez, 1989).
Junto a la abrumadora presencia de lo oral y sus registros, hay en el
Quijote toda una filosofía del libro y la escritura. Véanse
el ya clásico trabajo de Mia I. Gerhardt, Don Quijote, la vie et
les livres (Amsterdam: N. V. Noorrd-Hollandsche Uitgevers Maatschappij,
1955) y el muy reciente de James Iffland, Don Quijote dentro
de la Galaxia Gutenberg (Reflexiones sobre Cervantes y la cultura
tipográfica), Journal of Hispanic Philology, XIV, 1 (1989),
23-41. Para las referencias a Garcilaso, a la fama infame y a los
señorazos famosos en la carrera imitatoria, véase
el cap. VIII (II, 75 ss.). La palabra memoria aparece a cada paso
y con mayor frecuencia que en la Primera parte.
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 31 |
|
|
||
idea de fama e inmortalidad que contrasta con los propias aspiraciones del protagonista. Aunque toda esa cultura de señorazos famosos tiene su contrapunto cómico en Sancho. La memoria negativa también pesa (II, 82-6), sin embargo, como sombra del pasado, en este escudero que no para de hablar en romances y refranes y que dirige la acción muchas veces, convirtiéndose en inventor y autor de las nuevas aventuras de don Quijote. Éste, consciente del juego, no deja por ello de entrar en él (II, cap. X). La cultura refraneril de Sancho se va haciendo cada vez más prodigiosa y hasta se le describe como un gran memorioso (II, 107). La paremiología invade los diálogos (II, cap. XII y XIII) con sus vetas irónicas y paródigas51. Imaginación, memoria y olvido actúan nuevamente, según los esquemas habituales de la Primera parte, aunque el peso de ésta sobre la segunda se hace permanente. La memoria de una vida aparece en el autor-retrato del caballero del Verde Gabán. Todos los personajes se nutren de la memoria y son memoria. Sancho actúa como acicate de la risa frente a la melancolía de su amo. La teoría de los humores, empero, está vista en tono burlesco, como ocurre con el león flemático que vuelve a su jaula en el capítulo XVII. El poeta memorioso, en la figura del hijo de don Diego, hace reaparecer la memoria poética, siempre entreverada de remedos garcilasistas (II, 75 y 156). Pero frente a la memoria literaria, don
51 Monique
Joly, Le discours métaparémique dans Don
Quichotte, Richesse du proverbe, vol. 2. Typologie et
fonctions, estudios reunidos por F. Suard y C. Buridant (Lille, 1984),
pp. 245-259. Y véase el reciente trabajo de Pilar María Vega
Rodríguez, Consideraciones paremiológicas cervantinas,
CIAC, ed. cit., pp. 315-332. Erasmo predicó la variedad y riqueza
que el Quijote presenta y señaló que los adagios no
debían ser utilizados sin discernimiento (J. Chomarat, opus cit.,
II, pp. 765 y 780).
|
|
||
| 32 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
Quijote parece haberse afiliado cada vez más a la memoria de
circunstancias de su escudero (II, 176-7) y no quiere acordarse de las promesas
que Sancho le reclama. En esta parte, el juego práctico entre la memoria
y el olvido, tanto respecto a la ínsula, como respecto a otras
dádivas y situaciones, va a ser permanente e intercambiable entre
los protagonistas. Aparte se ha de considerar la sempiterna promesa del viaje
a Zaragoza, largamente recordada y convertida poco a poco en meta
inalcanzable.
La memoria teatral tiene un precioso ejemplo
en la danza alegórica del capítulo XX y en cuantos versos recitan
las escuadras de actores. Don Quijote se aprende algunos como un auténtico
memorilla de corral de comedias, coincidiendo así su
reminiscencia con la del narrador (I, 182), como ocurre en tantos poemas
insertos de La Galatea.
Camino de la cueva de Montesinos, la figura
del Primo va a ser la encarnación de la sabiduría inútil,
de los archivos inservibles de una memoria almacenada que se atiene a los
olvidos de Virgilio. Amontonamiento de saberes que no importan
un ardite al entendimiento ni a la memoria (II, 199). Con ello, Cervantes
desbanca de un plumazo siglos de polianteas y misceláneas que iban
a sumirse en el olvido, tal y como preconizara el erasmismo. No vamos a insistir
aquí en los pormenores de este episodio. El capítulo es clave
para el tema que nos ocupa, porque la memoria de don Quijote va a ser en
este punto asombrosa en cuanto a medidas y detalles de la cueva que prueban,
en principio, la veracidad supuesta de lo que cuenta. Además toda
la cueva se fragua con la memoria que el héroe ha ido acumulando en
los capítulos anteriores. Cervantes se sirvió de la técnica
de los loci e imagines mnotécnicas en la descripción,
pero además configuró el sueño con un doble bagaje.
De un lado, con el material romanceril y libresco del protagonista principal,
y por otro, con el recuerdo de cuanto ha ido pensando, viendo y oyendo. Los
seres que habitan la cueva viven anclados en lejanas memorias. Belerma trae
siempre el recuerdo de la renovada imagen de su amante. El pasado es su
territorio habitual. La cueva es un recinto de la memoria anclada en el
pretérito sin retorno. Tras el recuento de don Quijote, será
el propio Sancho el que le diga que ha sido Merlín o algún
otro encantador el que le ha puesto en el magín o la memoria
todo lo contado y lo que por contar le queda (II, 211). La memoria de lo
vivido y experimentado actúa también en los márgenes
del sueño, lo mismo que en toda esta Segunda parte. A partir de la
cueva de Montesinos, lo allí
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 33 |
|
|
||
ocurrido va a pesar constantemente en la vida de los protagonistas. El pasado
actúa sobre el presente y se proyecta sobre el futuro marcándolo
y modificándolo.
Paso a paso unas situaciones recuerdan a otras.
El hambre de Sancho le lleva a pensar en la abundancia de las bodas de Camacho
(II, 219). Todo remite a situaciones previamente vividas. Por otra parte,
la memoria es provechosa si se basa en modelos firmes (cap. XXIIII); de ahí
la necesidad de guardar coplas, ejemplos, dichos. La memoria folklórica
reaparece con su prodigiosa riqueza en el cuento del rebuzno y en el episodio
de Maese Pedro cuyos personajes del romancero carolingio se supone conocen
los presentes. Se establece siempre una connivencia entre la memoria del
narrador, la de los personajes y, en último término, la de
los espectadores o lectores. Pero de vez en cuando se filtra la voz de quien
maneja los hilos de los recuerdos, pues si al narrador se le olvida decir
algo (II, 226), el lector puede reconocer entonces de dónde proviene
cuanta información recibe. La memoria de los lectores cuenta
también. Así cuando se resume el episodio de los galeotes y
la historia de Ginés de Pasamonte: bien se acordará el
que hubiere leído la primera parte . . . (II, 244).
Ginesillo vive a su vez de la memoria para hacerse adivino con su retablo
y mono. Así se informaba de las cosas de las gentes y usaba de ella
para urdir el engaño.
Don Quijote sigue viviendo de sus acostumbrados
recuerdos (cap. XXVIII) y de aquellos que le ha proporcionado la experiencia.
Así cuando se acuerda del cuento del rebuzno (II, 247) o revive desde
el Ebro la aventura de la cueva de Montesinos y la evocación del Guadiana
(II, 258-9), pues unos lugares llevan a otros. Curiosamente la melancolía
hace su aparición en esta parte, convirtiéndose ahora en patrimonio
de Sancho (II, 265), como ingrediente del proceso de quijotización
que padece.
El capítulo XXXI es una incursión
en lo leído y en lo vivido. Los duques y su corte tienen ya noticia
de la Primera parte y recrean no sólo el ámbito de cuanto el
Quijote ha supuesto hasta ese momento respecto al mundo de la
caballería andante, sino respecto a la tradición cortesana
festiva, con dos bufones de
excepción52. La duquesa elogia
irónicamente la memoria de don
52 Don
Quijote jugará en esta parte a los olvidos (II, 135 y 276) y Sancho
se afiliará a la memoria de su amo, asumiéndola, como cuando
recuerda a Lanzarote (II, 272). La cuestión imitatoria sufre cambios
evidentes en toda la Segunda parte. El capítulo XXV es a este respecto
una excepción en la [p. 34] carrera imitatoria
del héroe, según Jean Villégier, De l'imitation
au mimétisme, un avatar de don Quichotte, Mélanges
a la mémoire de Jean Sarrailh II (Paris, 1966), pp. 449-52.
|
|
||
| 34 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
Quijote para que le describa a Dulcinea, pero aquí el héroe
se encuentra con que los supuestos encantamientos se la han borrado de la
idea (II, 286). Duro golpe para un enamorado platónico. El retrato
de lo ya leído es exigido por los duques pero la evidencia de la fealdad
de Dulcinea encantada lo hace imposible. La española inglesa
y el Persiles presentan con otros fines la prueba amorosa de la belleza
de la amada destruida transitoriamente. Sólo que en este caso belleza
y fealdad son trasunto de la imaginativa de don Quijote que no se resiste
frente a la duquesa a dejar de defender la hermosura de su dama.
En casa de los duques reina el mejor estilo
caballeresco hecho farsa cortesana. Las lecturas se recrean por parte de
tan renovados actores y la teatralización festiva remite siempre a
ellas. Sancho, a su vez, refranea y romancea, en permanente alarde
interpretativo. Los festejos conllevan el largo recitado de un poema sobre
el sabio Merlín, nueva prueba de memoria poética. Entre
melancólicos saraos, se prepara un luctuoso acto que lleva el sello
de la novela sentimental y cortesana. El teatro de la Trifaldi y la Dueña
Dolorida inserta la invención de la sorna caballeresca, en paralelo
con la que el autor del Quijote va trazando ante los lectores. El
ingenio y la memoria de la Dolorida ensamblando historias de caballerías
y su erudición enclavada en el remedo de los caballeros de fama son
asombrosas (II, 341). La aventura de Clavileño sintetiza finalmente,
en clave teatral, todos los conocimientos de novela cortesana y caballeresca
de los personajes puestos a representar una comedia de repente de
las llamadas particulares. Con ello, el duque invita a los protagonistas
a que den cima y cabo a esta memorable aventura (II, 347).
Sincronía en verdad perfecta en la que la fama surge en simultaneidad
con el acto que la motiva. Don Quijote, ante la imagen de Clavileño,
reaccionará debidamente, trayendo a colación el caballo de
Troya, tal y como lo leyera en Virgilio (Si mal no me acuerdo,
IIII, 349). Los presentes recordarán a su vez el mito de Faetón,
como no podía ser menos. La memoria libresca va sí tejiendo
las trazas de la farsa. Pero también los retazos folklóricos,
pues don Quijote aludirá al cuento del Licenciado Torralba al que
los diablos llevaron en volandas por el aire (II, 351).
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 35 |
|
|
||
La relación con el episodio de la cueva
es evidente y el pacto de credibilidad entre amo y criado surge precisamente
del recuerdo de aquella ocasión (II, 345-6). Además en la aventura
de Clavileño queda probado que a la fantasía de don Quijote
sólo la fuerzan los demás hasta cierto punto, siendo él
libre de manejarla a su antojo.
Los preparativos para la ínsula ofrecen
toda una lección de mnemotecnia, desde el Christus que
Sancho tiene en la memoria para ser buen
gobernador53. La burla de las técnicas
aforismáticas y demás recursos de la educación cortesana
y del derecho en general salta a la vista. Como decía Menéndez
Pelayo, Don Quijote se educa a sí mismo, educa a Sancho, y el
libro entero es una pedagogía en
acción54. El héroe se
convierte en cartilla y catón del gobierno con sus sentencias (II,
358 ss.) y Sancho en atentísimo discípulo que procuraba
conservar en la memoria sus consejos para su futuro empeño (II,
362). Don Quijote le enseña además a seleccionar refranes,
pero ante la fragilidad de tantas lecciones de las que Sancho teme olvidarse,
éste pedirá que se las den por escrito (II, 365). Así
el manual de gobierno quijotesco servirá como nuevo código
a la frágil memoria de Sancho (II, 369), aunque para usarlo necesite
intermediarios. Este personifica a contrario el dicho de Huarte sobre
los que sabiendo muchas leyes de memoria luego las usan sin entendimiento.
De nada valen los códigos sin juicio y sin imaginativa. Huarte abogaba
por leyes justas, razonadas, claras y sin dubios, proclamando la posibilidad
de corregirlas y enmendarlas, según el
uso55. La imparable memoria de Sancho respecto
a los refranes surge aquí en las irónicas palabras de don Quijote:
que yo ando recorriendo la mía, que la tengo buena, y ninguno
se
53 (I,
358). Para Huarte, Examen, pp. 466 ss., las leyes pertenecen a la
memoria, pero su aplicación requiere entendimiento en la práctica.
Para gobernar una república será necesaria la imaginativa.
54 Marcelino
Menéndez Pelayo, Cultura literaria de Miguel de Cervantes y
elaboración del Quijote, Estudios y discursos de
crítica histórica y literaria (Madrid: CSIC, 1941), I,
p. 355.
55 Huarte,
Examen, pp. 471 ss. Para él un buen ingenio puede cometer
también mil disparates (Ibid., p. 479), pues puede
llevarle a error. Es interesante para el episodio de la Ínsula cuando
habla sobre el cambio de opinión en los jueces (p. 489). También
en el ejercicio de la medicina es fundamental la práctica (pp. 493
ss.). Cervantes da abundantes datos sobre la memoria en los capítulos
dedicados a la clase militar y al oficio de rey. También es ilustrativa
para el héroe cervantino la relación de la dieta con las potencias
anímicas (cap. XV).
|
|
||
| 36 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
me ofrece (II, 366). Frase que no sólo refrenda un don Quijote
memorioso visto por sí mismo, sino la ya mencionada técnica
de la memoria artificial y sus itinerarios por los lugares inventados.
La melancolía se agranda nuevamente
con el vacío que impone a don Quijote la separación de Sancho
y así lo inquiere la duquesa (II, 371). La soledad de su cuarto le
llevará indefectiblemente al recuerdo de Amadís; y los puntos
sueltos de su media verde, a la memorial probable del Lazarillo. Pero
no sólo los lugares e imágenes, sino los sonidos aumentan sus
remembranzas, pues al oir un harpa, quedó don Quijote pasmado,
porque en aquel instante se le vinieron a la memoria las infinitas aventuras
semejantes a aquélla, de ventanas, rejas y jardines, músicas
y requiebros y desvanecimientos que en los sus desvanecidos libros de
caballerías había leído (II, 375). Memoria que
se le vuelve además evidencia al escuchar el canto de Altisidora (II,
375-7). El propio don Quijote cuando canta a la vihuela el romance amoroso
a Dulcinea, expresará las teorías del Filebo platónico
sobre la impresión imborrable de la amada en la tabla rasa del alma,
lo que equivale a la afirmación de su imperecedero
recuerdo56.
A la par, Sancho mostrará en su ínsula
el lado pragmático y moral de la memoria que significa experiencia,
como en el juicio de la caña, en el que se hace guiar por otro caso
semejante que había oído contar al cura de su lugar; momento
en el que ironiza acerca de que a no olvidársele todo aquello
de que quería acordarse, no hubiera tal memoria en toda la
ínsula (II, 384). Entre accesos de cólera y usos permanentes
del refranero por parte de Sancho, el narrador de los hechos acontecidos
no sólo apuntará en el epígrafe que se trata de
acontecimientos dignos de escritura y de memoria eterna (II,
402), sino que constatará la existencia del coronista que
tenía cuidado de poner en memoria sus
56
Véase la nota de Avalle-Arce en la ed. del Quijote por la que
citamos, II, pp. 389-90. Las artes de la memoria contaban hasta la saciedad
con tales presupuestos. Santo Tomás y antes Aristóteles
habían tratado sobre el artificio de la memoria y su fijación
por imágenes. Miguel de Vargas en su Tesoro de la memoria y del
entendimiento y arte fácil y breve para toda sabiduría
(Madrid: Imprenta Real, 1658) es un ejemplo más de tratado
mnemotécnico para sin trabajo ni cuydado alguno de la razón,
hallarse dueño siempre que gustare de los objetos que una vez
percibió, para que pueda el discurso usar dellos a su
disposición. Lo novedoso de don Quijote es que su amor por Dulcinea
no se debe a reminiscencia de percepción sensitiva alguna, sino a
pura invención, como se sabe.
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 37 |
|
|
||
hechos (II, 413)57. Sancho pondrá
en práctica los consejos que le dio don Quijote y tendrá
además la constatación de otros muchos en la carta que de él
recibe (II, 436). La memoria se convierte así en hilo de unión
entre ambos, mientras están separados. La caída de Sancho al
fondo de una sima, a la salida de su gobierno, le trae a la memoria el episodio
de la cueva de Montesinos, y también a la del lector. El narrador
no oculta el parangón de ambas situaciones, sólo que ahora
es don Quijote quien con la ayuda de terceros saca al escudero de ese abismo
(II, 470). La vuelta a la casa de los duques los devolverá de nuevo
a la farsa más o menos lograda (II, 478) y al canto de la memoria
Altisidora (II, 479-481).
A través del Quijote se perfila
la doble función, individual y colectiva, de la
memoria58. Don Quijote se convierte en el
transmisor de una serie de narraciones épicas que él interpreta
con infinitas variantes, poniendo en ello su voz, su cuerpo y cuanto sabe,
como los buenos intérpretes de la poesía oral. Y yendo tan
lejos que vive su actuación hasta mudarse en
ella59.
El Quijote es también un
pequeño arsenal de memorias pictóricas y emblemáticas
que aquí no vamos a tomar en
consideración60. Téngase en
cuenta que según la concepción aristotélica, es imposible
pensar sin una pintura o reproducción
mental61, lo que amplía las
picturae al territorio de la mente. Y en la medida que el símbolo
es también memoria, las tablas de San Jorge, San Diego Matamoros y
San Pablo producen automáticamente
57 El
secretario que le lee a don Quijote dice que lo que él le escribe
merece estar estampado y escrito con letras de oro (II, 439).
58 Paul Zumthor,
Introduction à la poésie orale (Paris: Ed. Seuil, 1983),
pp. 245 ss. y La lettre et la voix. De la littérature
médiévale (Paris: Ed. Seuil, 1987). Citaré por la
ed. española de Madrid (Cátedra, 1987) pp. 167 ss. La memoria
sólo simbólicamente es libro, pues se convierte en palabra
viva. Al Quijote se le podría aplicar el concepto de
intervocalité propuesto por zumthor, además del de
imitación.
59 En La
letra y la voz, p. 170, Zumthor desarrolla la teoría del
intérprete y aplica la del estado latente que patentara
Menéndez Pidal. Ambas pueden ser útiles a la hora de entender
el reflejo de las actuaciones de don Quijote ante quienes le contemplan.
60 Sobre ello,
véase mis artículos Emblemática y literatura en
el Siglo de Oro, p. 154, n. 17 y La memoria y el arte narrativo
del Persiles.
61
Aristóteles, Del sentido y lo sensible, pp. 87-8. La memoria
se ofrece a manera de una especie de grabado o pintura . . .
igual que cuando los hombres sellan algo con sus anillos sellados.
|
|
||
| 38 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
la lectura iconográfica de la caballería a lo divino
(II, 485). Don Quijote desata tales razonamientos con una sabiduría
que todos admiran, incluso el propio Sancho, pareciéndole que
no debía haber historia en el mundo ni suceso que no lo tuviese cifrado
en la uña y clavado en la memoria (II,
486)62.
En la Arcadia fingida o contrahecha
(II, 490) que los hidalgos y demás gentes recrean se teatralizan las
églogas de Camoens y Garcilaso. Recuerdos bucólicos y
mitológicos que apelan a una cultura cortesana y tradicional compartida
por todos. En este punto, la presencia del libro del Quijote, vale
decir, de la Primera parte, agranda la función permanente que éste
ha ido teniendo en la Segunda. Las bellas zagalas que han leído las
hazañas contenidas en la primera entrega reconocen a los protagonistas
(II, 491). Así se prepara el momento culminante en el que a través
de un sutil tabique, don Quijote oye otro capítulo de la Segunda
parte (II, 499), porque ahí también serán reconocidos
(II, 500-1) e inmediatamente situados en la memoria de lo auténtico
que no debe confundirse con las falsas imitaciones y la palidez del
apócrifo. De este momento dependerá además, como se
sabe, el cambio de itinerario que ya se había ido gestando, y el
afán de don Quijote por restaurar la verdadera memoria de sus hechos,
anulando la falsedad de Avellaneda, irá in crescendo.
Por otro lado, el capítulo LX no sólo
da nuevas señales de cómo el insomnio afecta a la fantasía,
sino del doble uso de lugares e imágenes con que la
memoria reconstruye el pasado:
Don Quijote, a quien desvelaban sus imaginaciones mucho más que la hambre, no podía pegar sus ojos; antes iba y venía con el pensamiento por mil géneros de lugares. Ya le parecía hallarse en la cueva de Montesinos; ya ver brincar y subir sobre su pollina a la convertida en labradora Dulcinea; ya que le sonaban en los oídos las palabras del sabio Merlín (II, 504-5).
62 Menudean
también las referencias a la melancolía en el episodio de los
duques ante la justa frustrada de Tosilos y don Quijote (cap. LVI; II, 478).
Y más tarde, a propósito de los agüeros:
derramósele al otro Mendoza la sal encima de la mesa y
derramósele a él la melancolía por el corazón
(II, 487). Los accesos de cólera en el gobierno de Sancho son constantes.
Tampoco don Quijote la abandona (II, 493), entreverándola con la
melancolía.
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 39 |
|
|
||
En Barcelona, don Quijote será reconocido
por las calles como el auténtico63.
Convertido en memoria ajena, discurrirá para achaques y provocación
de burlas. Sancho irá engrosando a su vez la memoria heroica y
repasará los lugares y acciones recorridos: las bodas de Camacho,
la casa de don Diego Miranda, el castillo del duque (II, 521). El narrador,
por su parte, jugará con la memoria del lector y dará en la
aventura de la cabeza vestigios de la del simio y Ginés de Pasamonte
(II, 526).
La melancolía cubre la derrota de don
Quijote por el Caballero de la Blanca Luna y don Antonio lamentará
que con la salud de don Quijote se pierdan sus gracias y las de Sancho que
cualquiera dellas puede volver a alegrar a la misma melancolía
(II, 549). Derrotado y de vuelta a casa, don Quijote aún tiene la
aparente esperanza de volver dice al nunca de mí
olvidado ejercicio de las armas (II, 555), pero el camino se le abre
con pensamientos y sucesos tristes (II, 557). La memoria, como
decía Aristóteles, corresponde al pasado, no al futuro. Del
presente sólo hay percepciones64.
Don Quijote cada vez se va alejando más en la Segunda parte del
pretérito literario para adaptarse a lo inmediato. Ese alejamiento
al final se convierte en una renuncia del futuro y de la aventura posible,
lo que le conducirá inevitablemente a la inacción y a la
muerte.
Su capacidad asociativa, sin embargo, sigue
en él intacta. La palabra albogues le trae una nueva
lección de etimología, en este caso arábiga (II, 563)
y su discurso se vuelve cada vez más sentencioso y poético
(capp. LXVII-VIII). El túmulo en casa de los duques convierte las
sabidas burlas en luctuosa comedia. Todo parece ya fabricado para el recuerdo.
El propio Sancho pide le dejen las ropas con que le han disfrazado (II, 576)
y el dolor de los martirios pasados ni le deja dormir ni hablar (II, 577).
Todo se hace reliquia.
El regreso veta las memorias caballerescas
y con ellas la ofuscación identificatoria. El mesón ya no
será castillo de cava honda (II, 588). Sancho, en cambio, presumirá
de verse en el futuro convertido en cuadro por pintor de fama (II, 589).
Tras la desautorización del apócrifo ante escribano y alcalde,
el posible
63 Ante
la vista del mar, surge el recuerdo de las lagunas de Ruidera. Por contra,
el carecer de precedentes vistos respecto a los barcos hace que Sancho piense
en cómo pudieran tener tantos pies aquellos bultos que por el
mar se movían (II, 519).
64
Aristóteles, Del sentido y lo sensible . . . , pp.
85-6.
|
|
||
| 40 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
destino pastoril se plantea también como nuevo vado a la imaginación
desde la traza de otros modelos (II, 596). Don Quijote en este aspecto ya
no se alimenta del pasado, sino de un futuro cargado de malos agüeros
que a duras penas trata de desbaratar Sancho. Con el Quijote, Cervantes
rompe la dicotomía simplificadora de Erasmo que había opuesto
a la figura del sabio melancólico y envejecido, la del necio orondo
y satisfecho65, fusionándolos y
transformándolos en esa mixtura que sus héroes implican.
La melancolía o el cielo disponen el
fin del protagonista, al que de nada sirven las imaginaciones ajenas para
amenguar su tristeza (II, 602). Melancolía y desabrimiento son el
diagnóstico de don Quijote a quien sólo le queda ya la soledad
y un sueño tras el que cobra su juicio libre y claro, sin las
sombras caliginosas de la ignorancia (II, 603). Al renunciar a su pasado
y abominar de su nombre, muere; aunque ya antes había acabado con
sus viejas memorias. Sancho tildará de locura el morir gratuitamente
a manos de la melancolía. Y don Quijote, con su arrepentimiento, se
negará a vivir de la memoria de los libros leídos que, como
decía Erasmo, le habían permitido estar en permanente
conversación con los difuntos66. La
herencia, sin embargo, borra pronto en los demás la memoria
de la pena (II, 607), mostrando así, hasta en la muerte, la
doble faz tragicómica que la memoria tiene en toda la obra.
Cervantes, más allá de la muerte
de su héroe, se ocupará de su fama con el epitafio de Sansón
Carrasco y la personificación de la pluma de Cide Hamete, constancia
y registro imperecederos que pertenecen ya a la estimación de los
lectores. El autor del Quijote ha huido de los mimetismos retóricos
de las artes de la memoria que él conocía tan bien como su
héroe, buen lector de Cicerón (II, 286), aprovechando los resortes
de lugares e imágenes tradicionales con fines novelísticos.
Con ello avanzó en el
65 Sobre
tal opinión, véase el cap. XIV de Moria (cf. Antonio
Vilanova, Erasmo y Cervantes, p. 105. Y pp. 34-7 sobre otras
analogías entre las obras de ambos autores).
66 Jacques Chomarat,
opus cit., I, 387-8 y 392. El Enquiridión o manual del caballero
cristiano, ed. de D. Alonso y prólogo de Marcel Bataillon (Madrid:
RFE, 1932), pp. 150 y 164 ss., muestra otra perspectiva de la
stultitia, censurando con los estoicos los excesos de fantasía
que implican carencia de razón. Tampoco faltan allí referencias
a los melancólicos, invidiosos, tristes y desabridos y
a los coléricos, ayrados, feroces y maldizientes (p. 168).
Allí Erasmo censuró la memoria inútil y la fe en el
juicio común de las gentes (pp. 297 y 414).
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 41 |
|
|
||
proceso de desalegorización de la novela, más proclive a los
tratamientos psicológicos que propiciaban la indagación en
el análisis de las pasiones del alma humana. El artefacto de la
alegoría se reconstruyó en buena parte en el Persiles
con propósitos bien distintos, pero el Quijote representa el
gran paso de la narrativa por desprenderse del material alegórico
y retórico, como ya lo hiciese el mismo
Erasmo67.
El Quijote demuestra además que
frente a la memoria colectiva, la memoria individual es única a
intrasferible, aunque de ella puedan beneficiarse otros, y que las vivencias
de cada ser humano le pertenecen sólo a él. Ello conlleva una
poética claramente relacionada con la búsqueda de la
invención y la huida de la imitación servil. Como decía
Giordano Bruno, hay tantas formas de ser poetas como seres humanos que practican
la poesía. El alejamiento de los modelos y de las reglas aseguraba
además el principio de la libertad
artística68. Don Quijote muestra la
lucha entre la imitación de los modelos y la búsqueda de nuevas
aventuras que lo convirtieran a sí mismo en sujeto
imitable69. En ello coincidía con
cualquier escritor de la época de Cervantes. Aunque su impulso fuese
un tanto trasnochado, pues como le dice Montesinos en el profundo de la cueva,
había venido a restaurar la ya olvidada caballería
andante (II, 208).
67 E.
C. Riley, The pensamientos escondidos and figuras morales
of Cervantes, Homenaje a William L. Fichter, ed. por A. D. Kossoff
y J. Amor y Vázquez (Madrid: Castalia, 1971), señala esa huida
de la alegoría en la narrativa cervantina que, sin embargo, aparece
en el teatro y en la poesía. Erasmo (J. Chomarat, opus cit.,
I, p. 568) criticó la exégesis alegórica y anagógica,
aunque entendía que podían servir al delectare y al
movere.
68 Giordano
Bruno, De gli Eroici Furori (Torino: Carlo Accana, 1928), pp. 34-5
y 49. La obra (1585) se adelantaba a los presupuestos de la Philosophia
Antigua Poética de López Pinciano (cf. mi art. Sin
poética hay poetas. Sobre la teoría de la égloga
en el Siglo de Oro, Criticón 30 (1985), 43-77). Así
dice Bruno: La poesia non nasce da le regole, se non per leggerissimo
accidente; ma le regole derivano da le poesie: et però tanti son geni
et specie de vere regole, quanti son geni et specie de veri poeti.
Claro que Luis Vives ya había predicado otro tanto. López Pinciano
en su ob. cit., ed. de A. Carballo Picazo, (Madrid: CSIC, 1973), I, p. 61,
dice que de la unión entre Júpiter y Mnemósine, es decir,
entre entendimiento y memoria, nacieron las Musas. Y vide para los
desajustes entre imaginación y memoria, Ibid. I, p. 64).
69 El diálogo
de Cicada y Transillo de G. Gruno (opus cit., pp. 34-5) dice que las
reglas de Aristóteles sólo sirven A chi non potesse,
come Omero, Exiodo, Orfeo et altri, poetare senza le regole d'Aristotele,
et che, per non aver propria Musa, vuolesse fer a l'amore con quella
d'Omero.
|
|
||
| 42 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
Cervantes, al configurar a su héroe, no parece sino que tuviera en cuenta la concepción aristotélico-platónica recogida en el Examen de ingenios que concebía la memoria como un lugar en el que se atesora cuanto la imaginativa percibe como el papel blanco y liso en el que ha de escrebir70. Así tuvo el héroe siempre a punto ese libro que su imaginativa había grabado en la memoria y que imponía constantemente a la realidad, por encima de toda percepción sensorial inmediata. Con la ayuda de la imaginativa, Aristóteles y Galeno ya preveían esa constante relectura que cada uno podía hacer en el libro de su propia memoria71. Ésta, a solas, era como papel exento, espacio en el que escribir y nada, en definitiva, sin los auxilios de la imaginativa. Claro que para hacer reir y procurar pasatiempo, Cervantes proveyó a su héroe de una imaginativa portentosa y la auxilió con las demás potencias para sacar gracias nunca oídas ni vistas, con la ayuda de Sancho72. Frente a los arquetipos tradicionales (Demócrito risueño y Heráclito melancólico), los héroes cervantinos no son planos ni uniformes, sino que evolucionan y cambian hasta mezclarse en sus humores, acciones y discursos73. Ambos
70
Examen, p. 363: Porque así como el escribano escribe
en el papel las cosas que quiere que no se olviden y después de escritas
las toma a leer, de la misma manera se ha de entender que la imaginación
escribe en la memoria las figuras de las cosas que conocieron los cinco sentidos
y el entendimiento y otras que ella misma fabrica. Y cuando quiere acordarse
de ellas, dice Aristóteles que las torna a mirar y contemplar.
Idea que repiten muchos otros teóricos (cf. mi artículo El
arte de la memoria y El Criticón).
71 Ibid.,
pp. 364-5 (y véase la nota de Guillermo Serés). Entendimiento
e imaginativa se sienten como contrarios. Don Quijote, suma de cólera
y melancolía, tenía por ello el garante de la prudencia y la
sabiduría (p. 365) que bien sabemos probaba de tanto en tanto.
72 Ibid.,
pp. 367 ss; sobre la risa. Son páginas fundamentales, creo, para entender
la obra que nos ocupa. Don Quijote cuadra con aquellos que dan que reir y
no ríen y son de gran imaginativa.
73 Sancho parece
corresponderse en principio con los tipos galénicos de los risueños
carentes de imaginativa descritos por Huarte, Ibid; pp. 369-371. Pero
ya sabemos hasta qué punto esto no es cierto. Huarte establece una
relación entre los caracteres y la profesión, según
se esté o no más dotado de entendimiento, memoria e imaginativa.
Sobre Demócrito ya trató Huarte en su Examen,
dibujándolo como un hombre que enloqueció de viejo y que
decía verdades como puños al igual que un sabio. Su lesión,
como la de don Quijote, residía en la imaginativa y no en el cerebro,
según ya señalara M. de Iriarte, opus cit., p. 317,
apuntando, en p. 318, los paralelismos de este modelo con el Licenciado Vidriera.
Y vide p. 326. El tópico de Demócrito risueño
y Heráclito lloroso gozaba de rica tradición. Gracián
la [p. 43] recoge en El Criticón,
ed. de M. Romera-Navarro (University of Pennsylvania, 1940), I, 178, donde
coloca los extremos de el llanto y la risa, cuyos atlantes eran
Eráclito y Demócrito, llorando siempre aquél y éste
riendo. Andremio prefiere mejor reir con Demócrito que
llorar con Heráclito (Ibid., II, 241). Alude a ellos
de nuevo en III, 57 y en II, 8 y 29. En II, 68, llama a Heráclito
filósofo llorón. Romera anota las fuentes:
Séneca, De tranquilitante animi XV, 1, para quien Demócrito
reía por identificar las acciones con locuras y Heráclito lloraba,
por creer que eran miseria. También señala a Juvenal,
Satira X, 28-35 y 47-53, emblema que glosaría Gracián
en su obra. Reminiscencias de Horacio en El Criticón, III,
233, donde sigue la Epistola II, i, 194, si foret in terris,
rideret Democritus. El Quijote desmonta la simplificación
de este lugar común, a favor de un Demócrito sabio, pero loco,
apotegomático como Vidriera y con gran imaginativa y memoria.
|
|
||
| 11.1 (1991) | La memoria y el Quijote | 43 |
|
|
||
demuestran que la poesía, vale decir, la literatura, pertenece a la
imaginativa y sin ésta, como señala Huarte, de nada sirve la
memoria74. Juntas abren camino a la elocuencia
y hacen posible la escritura
artística75.
Para Cervantes, como para Huarte, el ingenio
era algo más que la conjunción de docilidad y memoria que
Cicerón había pretendido. Contra ello ya habían reaccionado
Erasmo y sus seguidores. La imaginación, el entendimiento y sobre
todo la invención formaban el frente común anticiceroniano
contra el mimetismo de la imitación fiel a los
modelos76. La preeminencia
74 Dice
Huarte: éstos se pierden por leer libros de caballerías
en Orlando, en Boscán, en Diana de Montemayor, y otros así,
porque todas estas obras son de imaginativa. Altisidora, que hace un
despliegue de memoria e invención, llega incluso a hartar a Don quijote,
quien le sugiere que ocupada en menear los palillos, no se menearan
en su imaginación la imagen o imágenes de lo que bien quiere
(II, 583). La duquesa dice que le ocupará en alguna labor blanca,
pero Altisidora responde que con recordar las crueldades de ese
malandrín mostrenco se le borrarán de la memoria
sin otro artificio alguno (Ibid.).
75 Ibid.,
cap. IX, donde señala la importancia de ambos para la elocuencia.
Es interesante también cuanto Huarte establece sobre el temperamento
colérico y melancólico respecto a los vicios y virtudes,
notándose que Cervantes tiene de uno y otro (pp. 443 ss.). Aunque
éste se aparte evidentemente de Huarte (véanse pp. 460-1) para
ir por cuenta propia en la configuración del caprichoso
ingenio de su héroe. Para entender la riqueza conceptual del
ingenio, como base de toda invención, véase Emilio Hidalgo,
La significación del Ingenium en Juan Luis Vives,
Revista Chilena de Humanidades, Santiago de Chile, 5 (1984), 31-43.
76 Vide
Marc Fumaroli, opus cit., pp. 126-134. Y véase pp. 166 y 347.
Claro que contra los ataques a la memoria de Huarte, Montaigne y Justo Lipsio
hubo voces favorables, sobre todo a la reminiscencia que no es memoria servil
(Ibid., p. 194). La técnica escolar había usado y abusado
de las anotaciones de loci communes por medio de excerpta,
como ya aconsejara Vives y recomendara la pedagogía jesuítica.
Véase Miguel Batllori, Las [p. 44]
obras de Luis Vives en los Colegios jesuíticos del siglo XVI,
Erasmus in Hispania, Vives in Belgio, Acta Colloqui Brugensis, 23-26 IX
1985, ed. J. Ijsewijn et A. Losada, in Aedibus Peeters, Lovanii, p.
143.
|
|
||
| 44 | AURORA EGIDO | Cervantes |
|
|
||
del ingenio sobre la memoria que esa lucha conlleva afecta evidentemente
al Quijote que ocupa así un destacado lugar en ese campo.
El trayecto de toda creación literaria
tal vez sea el que va de la primera frase del Quijote a su logro final.
La invención de la novela moderna y su fama y memoria imperecederas
nacieron curiosamente con voluntad de
olvido77.
| UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA |
77 Al
margen de las múltiples interpretaciones habidas y por haber. En
un lugar de la Mancha remite a la tradición retórica
del locus que predicaban las artes de la memoria y que, sin duda,
Cervantes quiso olvidar en su invención novelesca. Al final del
Quijote, el lugar no es otro que el punto de partida al que
se regresa y del que no cabe ya separarse. Así se lo dice don Quijote
a Sancho: Déjate desas sandeces, . . . y vamos con
pie derecho a entrar a nuestro lugar, donde daremos vado a nuestras imaginaciones
. . . (II, 596). Convendría tener en cuenta además
la entrada loca de Alfonso de Palencia en su Universal vocabulario
en latín y en romance (Sevilla, 1490) y la lectura de Francisco
Ayala en Francisco Rico, Breve biblioteca de autores españoles
(Barcelona: Seis Barral, 1990), p. 137: En un lugar de la Mancha
es decir, en un pueblo cualquiera del centro de España.
|
|
Digitized with the help of a volunteer who wishes to remain anonymous |
|
| Fred Jehle jehle@ipfw.edu | Publications of the CSA | HCervantes |
| URL: http://www.h-net.org/~cervantes/csa/artics91/egido.htm | ||