From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America
9.1 (1989): 63-74.
Copyright © 1989, The Cervantes Society of America
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ELLEN LOKOS |
L Viaje del Parnaso
FIGURA tradicionalmente en la categoría de obra menor,
y es considerado por muchos lectores como un poema desmañado y poco
atractivo, o casi indigno de la firma de Cervantes. Se culpa a las deficiencias
de Cervantes como poeta, lamentando el que no hubiera escrito en prosa esta
obrita, según muchos, sólo en potencia
interesante.1 En realidad, el
Viaje ha sido víctima de lecturas defectuosas que desvalorizaron
el texto, utilizando un criterio insuficiente para enjuiciar la complejidad
expresiva manejada por Cervantes. El desconocimiento del lenguaje cifrado
en que la obra fue compuesta y del contexto de lectura de la época
por parte de los detractores, les condenó a malentender el poema.
El concepto de competencia literaria desarrollado por Jonathan
Culler manifiesta que un poema es una articulación que cobra sentido
sólo con respecto a un sistema de convenciones asimilado por el
lector.2 La recuperación
del significado fidedigno, conforme con las intenciones del autor, requiere
del lector actual una labor de reconstrucción que nos permita vislumbrar
el verdadero hábito de lectura de la época. De acuerdo con
Roland Barthes, creemos que la tarea crítica consiste, en gran parte,
en hacer explícito el sistema latente que da paso a los efectos
literarios.3 Además, como
la interpretación literaria debe enfocarse sobre las variantes posibles
de significado generadas por la obra, no proponemos interpretar definitivamente
los símbolos del texto, sino
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describir su polivalencia. Este cambio de óptica nos revela, por el
contrario, un texto pleno de ingenio.
Gracias a la inmensa popularidad
contemporánea de los libros de
emblemas,4 Cervantes disponía
de un lenguaje pre-establecido que le facilitó, mediante uso de un
lenguaje de alusiones y relatividades, el acceso a diversas capas de
significación. El empleo de este lenguaje cifrado, espigado de fuentes
como el Emblematum liber de
Alciato5 y los Emblemas Morales
de Covarrubias,6 le
permitió a Cervantes insinuar su intención de manera muy sutil
a un público selecto, destinado a captar todo el valor expresivo de
las imágenes allí veladas. Esta técnica de declararse
a medias es típica de la emblemática y apta para el escritor
satírico, que debe dirigirse a dos tipos de lectores: los que comparten
su sensibilidad y se hallan destinados a comprender el sentido que subyace
bajo el texto, y los que leerán la obra de más superficial.
Hoy, el significado de muchas de las imágenes
empleadas por Cervantes en el Viaje nos resulta elusivo. Para el
lector culto de la época, la clave extraída de aquellos libros
no ofrecía las mismas dificultades. Los libros de emblemas eran un
repertorio de imágenes con sus significados concomitantes, que nos
proporcionan un conocimiento inestimable de los significados de la
iconografía más común de la época. A pesar de
que podemos hallar modelos para ciertas imágenes poéticas del
Viaje en determinados emblemas, es mucho más fructífero
considerar la influencia de los emblemas como hábito mental, y como
alternativa a la lectura mecánica o
rutinaria.7
La etimología clásica del
término emblema provee la analogía perfecta para
representar la técnica empleada por Cervantes al crear sus imágenes
emblemáticas y el modo de descifrarlas. El vocablo es grecismo, de
, derivado
de
, que
significaba arrojar a (alguna parte), injertar o
insertar, y éste de
,
lanzar. Pasó al latín, emblema con
el sentido de adorno en relieve, o labor de mosaico
y fue Alciato quien definitivamente lo introdujo en el uso moderno. En el
Viaje del Parnaso, Cervantes es, en efecto, un incrustador de
imágenes. El resultado de esta labor de marquetería poética
es una imagen intensa y eficaz, que le permite expresar mucho con poco, pero
siempre dentro de un reino de calculada ambigüedad. La imagen
emblemática apunta con aire paradójico a algo situado más
allá de lo que explícitamente representa.
Probemos nuestro nuevo enfoque en el análisis
detenido de un momento del poema que podríamos llamar la imagen
emblemática central, según el criterio de Northrop
Frye.8 Es un momento breve e
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intenso en que el poeta logra comprimir todos los temas y emociones,
dándonos la esencia del poema en embrión. La imagen
emblemática central del Viaje es un modelo perfecto
de la técnica cervantina de taracea de imágenes a que antes
me he referido.
Se trata nada menos que de la aparición
de Lope de Vega en el poema, como centro de un episodio muy llamativo, tanto
por el acontecimiento insólito que narra (un hombre llovido de una
nube) como por el énfasis narrativo que recibe. Cervantes-narrador
tilda la bajada de Lope (y todo el aguacero de poetas que la precede) de
milagrosa,9 aunque a la vez, insiste
en que lo que cuenta es verídico. El pleonasmo, y la contrapartida
irónica de su realidad, aumentan aun más el carácter
llamativo de este suceso peregrino:
| Por no creer esta verdad estuve |
| mil veces; pero vila con la vista, |
| que entonces clara y sin leganas tuve. |
(II, 374-76) |
La imagen de Lope de Vega bajando de una nube es ciertamente conspicua, y la atención que Cervantes le otorga basta para requerir una particular curiosidad por parte de su lector, y al mismo tiempo, esta imagen tan enigmática apenas si ha suscitado la menor curiosidad en los modernos estudiosos.
| Llovió otra nube al gran Lope de Vega |
| poeta insigne, a cuyo verso o prosa |
| ninguna le aventaja, ni aun le llega. |
(II, 388-90) |
Basado en los epítetos gran e insigne, que, como veremos, son irónicos, la mayoría de los críticos han leído estos versos simplemente como un elogio más del Fénix.10 Sin embargo, aun una lectura superficial del texto conduce a sospechar de esta interpretación demasiado fácil. Primero, la colocación de Lope en la lista de poetas no es nada honrosa. Aparece emparedado entre un joven dramaturgo pendenciero, (Antonio de Galarza) y los representantes de la poesía más vulgar y corralera: un ciego, un sastre, un zapatero y un tundidor.11 Poco después del elogio corto e insípido de Lope, Mercurio zarandea la muchedumbre de poetas para separar los buenos de los malos, con el fin de aliviar el lastre que amenaza hundir el barco. Es de notar que después de eso, Lope no vuelve a aparecer en el poema, ni participa en la batalla literaria para defender el Parnaso del ataque de los poetastros. Pisamos el reino ambiguo del símbolo y de la metáfora.
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El Monte Parnaso es una imagen tópica
que por todas partes ilustra la dificultad de adquirir destreza en el arte
poético en términos usados hoy para describir el alpinismo.
El Parnaso representa no sólo la meta o consagración
del poeta, sino también el proceso para lograrla. La imagen y su
metáfora correlativa, encierran la noción humanística
de una ascensión lenta y dificultosa por parte del joven poeta, porfiado
en dominar el arte. Si logra subir a la cumbre, es decir, hacerse por fin
un doctus poeta, su esfuerzo será recompensado por la
adquisición de la fama merecida, y se incorporará al círculo
de los consagrados. El Pinciano, tan admirado por Cervantes, definió
la poesía como un subir la áspera cuesta del Parnaso
para obtener como premio el laurel de la
fama.12 Al hacer que Lope
no suba, sino descienda al Parnaso, sin ningún
esfuerzo propio, Cervantes hace trizas el consagrado tópico e ilustra
bien la falta de credenciales intelectuales de Lope para hallarse en el sagrado
monte, aunque sin pregonarlo de modo explícito. La imagen de un Lope
que cae al Parnaso marcha acorde con la crítica recurrente
que hace Cervantes de la superficialidad de la cultura de Lope, y de su alarde
de una hueca erudición de
Polianteas.13
Ahora habría que preguntarnos ¿por
qué hace Cervantes que baje Lope precisamente de una nube?
Encontramos parte de la respuesta en un emblema de 1610, compuesto por
Sebastián de Covarrubias Orozco, autor también del Tesoro
de la lengua castellana. Al cotejar el emblema de Covarrubias con la
imagen emblemática de Cervantes, saltan a la vista unas correlaciones
muy sugerentes. La subscriptio del emblema dice:
| Los grandes montes, altos, y encumbrados |
| Son de ordinario estériles sin fruto, |
| De procelosas nubes rodeados. |
| Zelan sus cumbres con obscuro luso: |
| Tales son los señores endiosados |
| Que saben poco y con ardid astuto |
| Disimulan, cubriendo la simpleza |
| Con la veneración de su grandeza.14 |
(centuria II, emblema 18.) |
Aunque Cervantes no se inspirara directamente en el emblema de Covarrubias en el momento de crear su imagen emblemática, es claro que suponía su conocimiento por parte de los lectores. Dicho de otro modo, era una buena forma de tirar la piedra y esconder la mano. La nube equivalía en general, en la iconografía de la época, a la ignorancia.
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La analogía entre los montes estériles y los señores
endiosados, disimulando ambos su infecunda vanidad, es también
significativa. Lope pensaba en sí mismo como reencarnación
del mismo Apolo, dios de la poesía. Tales arrogancias molestaban a
Cervantes, igual que a muchos otros poetas. Al apear a Lope de una nube,
Cervantes habrá querido decir, en parte, que hay que bajarle a Lope
los humos, porque él mismo se ha puesto por las nubes, en otras palabras,
se ha endiosado. Encerrada en la imagen de la nube hay una crítica
mordaz de los que se hinchan, a base de aire, para cubrir su propia falta
de sustancia.
Esta crítica se respalda más
adelante en el Viaje con una descripción de la Vanagloria en
el capítulo seis. Las dos apariencias fantásticas se complementan:
la visión de la Vanagloria es un sueño declarado, mientras
que el episodio de los poetas llovidos es supuestamente verídico.
Los vínculos de significado entre las dos imágenes son muy
notables. Mientras que Lope baja de una nube, la Vanagloria por las
nubes sube y trepa (VI, 142). Se trata asimismo de una figura hinchada
de autoglorificación, cuyo natural sustento . . .
es aire (VI, 208-09). Javier Herrero ha aludido con acierto a la
persistencia de la imagen de una masa de aire contenida en un recipiente
hueco en el espíritu
cervantino.15 No nos olvidemos
de los malos poetas transformados en calabazas y odres en el Viaje.
La calabaza, por lo que tiene de hueco, se incorpora como signum
naturalis a la iconografía de la locura de la
época.16 Estas cortezas
vacías de contenido, llenas sólo de aire reflejan un
vacío intelectual y moral de un arte mediocre (Herrero
583). La imagen de la nube que llueve a Lope, encierra estos mismos
significados.17 La Vanagloria
es una figura gigantesca y grotesca, algo así como un monstruo
de la desnaturaleza. Su estatura es tal que cuando se puso de
pie dio con la cabeza / más allá de las
nubes . . . (VI, 119-20). La Vanagloria, como Lope,
es confiada en su fortuna: . . . no halla mal que le
suceda, / ni le teme, atrevida y arrogante, / pródiga siempre, venturosa
y leda (VI, 148-50). Hay un momento particularmente penoso en el
capítulo cuatro del Viaje en que Cervantes se encuentra sin
asiento en el monte Parnaso, (es decir, sin público reconocimiento),
y se queja de su mala fortuna, El contraste marcado entre las fortunas de
los dos ingenios, tanto en riqueza como en éxito popular, nos convence
que el paralelo entre la apariencia de Lope y de la Vanagloria no es casual;
la visión de ésta constituye un retrato vivo del Fénix.
El hecho de que Lope baje de una nube en el
poema, como un deus ex machina, tendría otra asociación
clara para el lector de 1614. Poco antes de la aparición fantástica
de don Félix, Cervantes nombra a un tal licenciado Poyo,
dramaturgo de la escuela de Lope, diciendo: no
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hay nube que a su sol claro deslumbre (II, 21). Esto querrá
decir, figurativamente, que no hay nada que oscurezca su ingenio. No obstante,
Cervantes elimina a Poyo de su lista de los defensores del Parnaso porque:
. . . como está siempre entretenido en trazas,
en quimeras e invenciones, / no ha de acudir a este marcial ruido (II,
22-24). Damián Salustio del Poyo tenía especial fama de tracista;
sus comedias utilizaban gran aparato
escénico.18 La
nube, una invención en que se bajaba y subía a los actores,
era la forma más popular de la tramoya, término general que
designaba a las máquinas teatrales. El rechazo de Poyo es un rechazo
no sólo del abuso de las tramoyas, sino también de todo tipo
de comedia que halague al vulgo. No es la primera vez que Cervantes critica
el uso de las tramoyas. En el capítulo 48 de la primera parte del
Quijote, el canónigo se queja de que las apariencias están
en las comedias para que gente ignorante se admire y venga a la
comedia.19 No andaba
equivocado Cervantes. Es cierto que hubo una relación directa entre
el uso de estas máquinas y la popularidad de una comedia con las masas.
Lope mismo, que protestaba amargamente contra la tiranía de las tramoyas
en sus escritos teóricos, se sirvió de ellas sin escrúpulo
en la práctica, porque los efectos visuales guardaban estrecha
relación con las posibilidades
monetarias.20 Cervantes
denunciaría de nuevo la situación del teatro en otro triste
testamento literario, el Prólogo a sus Ocho comedias
y ocho entremeses nuevos, nunca representados de 1615. Habla con nostalgia
de la edad de oro del teatro en tiempos de Lope de Rueda, cuando no
avia . . . tramoyas, . . . ni menos baxavan del cielo
nubes con angeles o con
almas.21 La cita documenta
que el término nube llegó a ser casi metonimia por la
tramoya. Fue altamente ingeniosa la ocurrencia de Cervantes de
bajar a Lope de una nube tramoya al escenario del
Parnaso, burlándose así de la comedia mercenaria, forraje
poético para las masas. Podemos de nuevo admirar la intensidad y eficacia
de la imagen emblemática. El debate entero sobre la comedia queda
plasmado en la imagen de la bajada de Lope. Sin ningún comentario
más explícito, Cervantes ha dado un golpe de gracia a Lope,
poniendo en evidencia que, en realidad, la comedia y el halago del vulgo
eran el único pasaporte de Lope para nada más que acercarse
al Parnaso y no ya llegar a su cumbre.
Conviene tomar en cuenta, además, un
texto burlesco de finales de 1600, época en que estallaron las
desavenencias entre Cervantes y Lope. Es un soneto todavía sin atribuir,
que anticipa de manera curiosa muchos temas presentes en el Viaje,
sobre todo la misma imagen emblemática que venimos comentando:
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| Después que viste Amor jubón de raso, |
| Valón de gorgolán y terciopelo, |
| Ha caído de arriba el dios de Delo |
| Y el interés se pudre en el Parnaso. |
| Boscán, Petrarca, Ariosto, Arcila, el Taso, |
| Comen por artificio de Janelo, |
| Y empeña en un bodego el herreruelo |
| Por dos postas de vaca Garcilaso. |
| Pegaso lleva haldas al molino, |
| Y aquellas nueve hipócritas o Musas |
| Han fundado un burdel en Lombardía. |
| Si no buscas ¡oh Lope! otro camino, |
| De ser mozo de golpe no te excusas, |
| Pues está desta suerte la Poesía.22 |
Como Rodríguez Marín ha indicado,
el primer cuarteto se mofa de Lope vestido muy a lo galán, como enamorado,
cosa que no se compadecía bien con la pobreza que es patrimonio perpetuo
de los poetas.23 La crítica
del interés alude claramente a la comedia de Lope, que no en vano,
transformó la poesía en mercadería vendible. Nótese
la alusión a Apolo, (léase Lope, poeta endiosado), caído
de arriba (quizá de una nube). Los tercetos revelan el mismo Parnaso
burlesco del Viaje en ciernes: Pegaso lleva haldas al molino, y las
Musas son unas rameras
hipócritas.24 Lo más
interesante, es que Lope queda explícitamente nombrado en el último
terceto, como el gran responsable por el triste estado de la poesía.
La alusión a mozo de golpe es claramente
obscena,25 refiriendo al mozo
de la mancebía, pero también, a la vez, a los ingenios
ineducados que buscaban la vida en los corros y juntas de gente alegre,
improvisando coplejas sobre todo pie que les
daban,26, es decir,
ganándose la tela con estos golpes poéticos. Es tentador
pensar que el soneto sea de Cervantes, como la temática y el estilo
indicarían; tendríamos aquí una especie de bosquejo
en miniatura para el poema más extenso y serio que iba a escribir
después.
Para completar el debido encuadre de esta
cuestión, es preciso recordar también un soneto satírico
dirigido a Cervantes en el año 1609, casi unánimemente atribuido
a Lope:
| Pues nunca de la Biblia digo lé |
| No sé si eres Cervantes, co- ni cú, |
| Sólo digo que es Lope Apolo, y tú |
| Frisón de su carroza, y puerco en pie. |
| Para que tu escribieses, orden fue |
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| Del cielo que mancases en Corfú |
| hablaste buey, pero dixiste mu |
| ¡O mala quixotada que te dé! |
| Honra a Lope, potrilla, ¡o guay de tí! |
| Que es sol y si se enoja, lloverá. |
| Y ese Don Quijote baladí, |
| De cul . . . en cul . . . por el mundo va, |
| Vendiendo especias y azafrán romí |
| Y al fin en muladares parará.27 |
Es muy probable, que cuando Cervantes recibió
el soneto de Lope, trabajase ya en el Viaje del Parnaso. En la
Adjunta, Cervantes cuenta la historia de haber recibido una carta
que contenía un soneto malo, desmayado, sin garbo ni agudeza
alguna, diciendo mal de Don Quijote. Seguramente, se trata del soneto
aquí citado, pleno de arrogancia, que termina diciendo que Don Quijote
parará en muladares. No es inverosímil suponer que la presencia
de Lope en el Viaje, llovido deshonorosamente de una nube, constituya
en parte, la respuesta de Cervantes al soneto brutal de Lope.
Sí replica Cervantes, con este silencio elocuente de la
película muda, lloverás . . . ¡y
cómo!
| HARVARD UNIVERSITY |
* Este ensayo
se presentó inicialmente como ponencia en la sesión de la Cervantes
Society of America en la MLA, Diciembre, 1987. Expone en forma muy abreviada
una sección de mi tesis doctoral, Models, Genres and Meanings
of the Viaje del Parnaso by Miguel de Cervantes, (1988) que
trata de las imágenes emblemáticas en el Viaje.
1
Para un breve resumen del panorama crítico, véase la
introducción de Vicente Gaos a su edición del Viaje del
Parnaso (Madrid: Castalia, 1973). Nuestras referencias al poema proceden
de esta edición. La más extensa de las ediciones comentadas,
hasta hoy, es la de Herrero García (Madrid: Consejo Superior de
Investigaciones Científicas, 1983). Véase también la
edición comentada en dos tomos de J. T. Medina (Santiago de Chile:
Imprenta Universitaria, 1925) y la docta edición de Francisco
Rodríguez Marín (Madrid: Bermejo, 1935).
2
Jonathan Culler, Literary Competence, Structuralist Poetics;
Structuralism, Linguistics and the Study of Literature (Ithaca: Cornell
UP, 1975) 113-30.
3
Roland Barthes, Critique et vfiritfi (Paris: Editions du Seuil,
1986) 57.
4
Unos seiscientos escritores produjeron más de dos mil libros de emblemas
durante los siglos dieciséis y diecisiete. Existe una versión
española de los Emblemas de Alciato de Santiago Sebastián,
con erudito prólogo de Aurora Egido acerca de la influencia de la
literatura emblemática en las letras del Siglo de Oro; contiene abundantes
referencias bibliográficas (Madrid: Akal, 1985). Sobre la
emblemática, dentro de un módulo selectivo,
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véase Rosemary Freeman, English Emblem Books (London, 1948);
Yves Giraud, ed., L'emblème a la renaissance; Actes de la
journée d'études du 10 Mai 1980 de la Société
française des seiziémistes (Paris: Société
d'édition d'enseignement supérieur, 1982); Henry Green, Andrea
Alciati and his Books of Emblems; A biographical and bibliographical study
(London: Trübner, 1872); and Shakespeare and the Emblem writers
(London, 1870); Arthur Henkel and Albrecht Schöne, eds., Emblemata;
Handbuch zur Sinnbildkunst des XVI und XVII Jahrhunderts (Stuttgart,
1967); Giancarlo Innocenti, L'Immagine Significante; Studio sull'emblematica
cinquecentesca (Padova: Liviana, 1981); John Landwehr, French, Italian,
Spanish and Portuguese Books of Devices and Emblems (Utrecht: Dekker-Gumbert,
1976); Giussepina Ledda, Contributo allo studio della letteratura emblematica
in Spagna (1549-1613) (Universitá di Pisa, 1970); Francisco Maldonado
de Guevara, Emblemática y política; la obra de Saavedra
Fajardo, Cinco salvaciones (Madrid: Ediciones Revista de Occidente,
1953) 103-50; Mario Praz, Studies in Seventeenth-Century Imagery,
2 vols. (London: Warburg, 1947); Aquilino Sánchez Pérez, La
Literatura emblemática española (Madrid: Sociedad general
española de librería, 1977); Karl-Ludwig Selig, La teoria
dell' emblema in Spagna, Convivium N. S. 3 (1955): 409-21; and
Elbert N. S. Thompson, Emblem Books, Literary Bypaths of the
Renaissance (New Haven: Yale UP, 1924) 29-68.
5
Andrea Alciati, Emblematum Liber (Augusta: E. S. Steyner, 1531).
6
Sebastián de Covarrubias Orozco, Emblemas Morales (Madrid,
1610); véase también la edición facsímil de Carmen
Bravo-Villasante (Madrid: Fundación Universitaria Española,
1978).
7
Este es el panteamiento de la cuestión ofrecido también por
Peter M. Daly en su estudio, Literature in the light of the emblem. Structural
parallels between the emblem and literature in the 16th and 17th centuries
(Toronto: Toronto UP, 1979). A pesar de que el señor Daly no trata
la literatura española, su libro merece ser consultado por la inteligencia
del enfoque. Véase también Michel Moner, Cervantès:
deux thêmes majeurs (l'amour, les Armes et les Lettres)
(Université de Toulouse, 1986). El profesor francés ha seguido
ese rumbo al utilizar los emblemas como clave para la interpretación
de otros lugares cervantinos (de La Galatea, el Quijote y el
Persiles), procedentes del libro de Covarrubias y de Hernando de Soto,
Emblemas moralizados (1599).
8
Northrop Frye, Anatomy of Criticism (Princeton: Princeton UP, 1957)
92. Frye explica que el momento emblemático central, a veces llamado
the heraldic emblematic image, is in a paradoxical and
ironic relation to both narrative and meaning. As a unit of meaning, it arrests
the narrative; as a unit of narrative, it perplexes the meaning. Me
parece que la descripción de Frye resume bastante bien la función
complicada de la imagen emblemática central.
9
¡Oh maravilla nueva! ¡Oh caso raro! / Vilo, y he de decillo,
aunque se dude / del hecho que por brújula declaro. (VP II,
358).
10
Es muy notable que el único comentario acerca de la aparición
de Lope de Vega en el Viaje que reconoce el tono de censura y burla
amarga empleado por Cervantes pertenece a José María Asensio
y Toledo hace unos ochenta y seis años. Véase al respecto,
Desavenencias entre Miguel de Cervantes y Lope de Vega,
Cervantes y sus obras (Barcelona: F. Seix, 1902) 267-91. Sobre otro
elogio irónico de Lope en la obra cervantina, véase las
observaciones atinadas de Francisco Márquez Villanueva en
Tradición y actualidad literaria en la Guarda Cuidadosa,
Fuentes literarias cervantinas (Madrid: Gredos, 1973) 105-07.
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11
Tenemos aquí, seguramente, una referencia al poeta sastre de Toledo,
Agustín Castellanos, autor de la comedia, Mientras yo podo las
viñas. Castellanos, aunque analfabeto, fue miembro de la corte
literaria de Lope de Vega. También hablaron de él Suárez
de Figueroa en El Pasajero y Plaza Universal de Todas Ciencias y Artes;
Quevedo en la Perinola; y Villegas en las Eróticas.
Véase Francisco de Borja de San Román y Fernández,
Quién fue el Sastre de Toledo,Lope de Vega,
los cómicos toledanos y el poeta sastre. Serie de documentos
inéditos de los años de 1590 a 1615 (Madrid: Impr.
Góngora, 1935) LXXXVII-CVIII.
12
Alonso López Pinciano, Philosophia antigua poética,
ed. Alfredo Carballo Picazo, 3 vols. (Madrid: C. S. 1. C., 1953) I: 148.
13
Véase A. K. Jameson, The Sources of Lope de Vega's erudition,
Hispanic Review 5, (1937): 124-39; and Alan S. Trueblood, The
Officina of Ravisius Textor in Lope de Vega's La
Dorotea, Hispanic Review 36 (1958): 131-41. Sobre el ataque
de los gramáticos a Lope por su cultura de enciclopedias, véase
José de Entrambasaguas, Una guerra literaria del Siglo de Oro.
Lope de Vega y los preceptistas aristotélicos, Estudios sobre
Lope de Vega (Madrid: C. S. I. C., 1946-7)
14
Sebastián de Covarrubias Orozco, Emblemas Morales, ed. Carmen
Bravo Villasante (Madrid: Fundación Universitaria Española,
1978) 118.
15
Javier Herrero, La Metáfora del libro en Cervantes, en
Actas del Séptimo Congreso de la Asociación Internacional
de Hispanistas celebrado en Venecia del 25 al 30 agosto 1980 (Roma: Bulzoni
Editore, 1982) 580.
16
Véase Francisco Márquez Villanueva, La locura
emblemática en la segunda parte del Quijote, en
Cervantes and the Renaissance. Papers of the Pomona College Cervantes
Symposium, November 16-18, 1978 (Easton, PA: Juan de la Cuesta, 1980)
87-112.
17
Mariano José de Larra fue el creador de una encarnación inolvidable
de la vacuidad en su figura del hombre-globo. Los caracteres
del hombre-globo son la ascensión, el deseo de gran fama,
y prestigio, y la tendencia a hincharse. Dice, en su artículo llamado
El Hombre-Globo de 1835: . . . casi todos
nuestros globos, mientras están abajo entre nosotros asombra su grandeza,
y su aparato y su fama. Pero conforme se van elevando, se les va viendo más
pequeños; a la altura apenas de Palacio, que no es grande altura,
ya se le ve tamaños de avellanas, ya el hombre-globo no es
nada: un poco de humo, una gran tela, pero vacía . . . , en
Mariano José de Larra, Antología fugaz (Madrid: Alianza,
1979) 161. La noción del hombre que es full of hot air,
persiste aún en nuestros días.
18
Esta fama se encuentra documentado en el juicio crítico de la obra
de Poyo en el Ragguaglio di Parnasso. Essequie Poetiche, etc. del
italiano Fabio Franchi. El catálogo de ingenios de Franchi constituye
una especie de vejamen de varios poetas dramáticos contemporáneos
de Lope. Dice: Poio, ch'é questo Pretino . . . dimanda,
che si diano le sue Commedie ad alcun Poeta novello scopator di frasi vecchie,
e spazzacamino di moralità matusalemme, che con perifrasi, e locuzione
sbarbate, se non può rinovar l'edificio, almeno lo resarcisca; ma
sopra tutto prega, che in nessuna commedia sua si lasci (al più) più
di dodici apparenze di nuvole, nè più di due Principi
volati da mine, nè due o trè Princcipesse precipitate da Montagne,
perchè ha la coscienza troppo gravata per li Comici, che stroppiarono
queste sue invenzioni. Véase Lope Félix de Vega Carpio,
Colección de las obras sueltas assi en prosa como en verso,
ed. Francisco Cerdá y Rico, 21 vols. (Madrid: A. Sancha, 1776-79)
21: 64 [el énfasis es mío.]
19
Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha, ed. Martín
de
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Riquer (Barcelona: Editorial juventud, 1971) 486-87.
20
José María Díez Borque, Sociedad y teatro en la
España de Lope de Vega (Barcelona: Antoni Bosch, 1978) 188.
21
Miguel de Cervantes Saavedra, Prólogo al lector, en
Comedias y entremeses, ed. Rodolfo Schevill y Adolfo Bonilla (Madrid:
1915) I: 6.
22
Publicado por Francisco Rodríguez Marín en Lope de Vega
y Camila Lucinda, Boletín de la Real Academia
Española 1 (1914): 259.
23
BRAE 1, 258.
24
El mismo Lope, años después, en una carta al duque de Sessa,
admitía que las Mussas . . . en mí no son damas,
sino rameras. Véase Lope de Vega Carpio, Epistolario,
ed. Agustín González de Amezúa, 4 vols. (Madrid: Real
Academia Española, 1935-1943) 3: 199.
25
Véase José Luis Alonso Hernández, Léxico del
marginalismo del Siglo de Oro (Salamanca: Universidad de Salamanca, 1977)
407. En el Romancero General, hay una referencia al mozo guardadamas
que en el golpe está sentado, es decir, a la entrada del
prostíbulo mismo. En germanía, golpe equivalía
a la puerta del prostíbulo. Por extensión, la expresión
mozo de golpe, se refería al muchacho que estaba encargado
de abrir y cerrar la puerta de la mancebía.
26
Miguel de Cervantes Saavedra, Rinconete y Cortadillo, ed. Francisco
Rodríguez Marín (Sevilla: 1905) 160.
27
Publicado por José María Asensio en Desavenencias entre
Miguel de Cervantes y Lope de Vega, Cervantes y sus obras.
(Barcelona: F. Seix, 1902) 280. [El énfasis es mío.]
| Fred Jehle jehle@ipfw.edu | Publications of the CSA | HCervantes |
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