From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America
19.2 (1999): 140-53.
Copyright © 1999, The Cervantes Society of America
| ARTICLE |
|
|
|
AGAPITA JURADO SANTOS |
studiar el conjunto de
los personajes femeninos1 en las obras de
Cervantes es un proyecto que llevo acariciando desde hace tiempo, pero visto
el enorme esfuerzo que supone enfrentarse a la globalidad de su obra, he
decidido empezar a estudiar algunas situaciones y personajes que presentan
una serie de elementos en común, con la conciencia de estar excluyendo
otros tan importantes como los elegidos y de ofrecer, por lo tanto, una
visión parcial, un punto de vista que pone de relieve una estrategia
eficaz de la narración: la alternancia entre el silencio y la
palabra.
El silencio suele interpretarse como ausencia
de palabras, como una interrupción en la comunicación, sin
embargo resulta evidente que el silencio es un signo fundamental en la obra
literaria, pues
1 La mayor
parte de los estudios se refieren a las mujeres del Quijote, véanse
por ejemplo: Edith Cameron, Carmen Castro, Concha Espina, José
Sánchez Rojas, Ann F. Wiltrout, Héctor P. Márquez. y
la personalísima lectura realizada por Lidia Falcón. Una
bibliografía comentada de los estudios más recientes sobre
la realización del deseo femenino, sobre todo en el Quijote
aparece en Montero Reguera.
|
|
||
| 19.2 (1999) | Silencio/Palabra: Estrategias de algunas | 141 |
|
|
||
forma parte de las instancias narrativas con una intensidad no menor que
la de las palabras2.
En esta breve presentación de un tema
tan complejo y polisémico, me voy a limitar a analizar sólo
unos aspectos, en especial el del silencio interpretado como un acto de la
voluntad3, un lenguaje usado por algunas
protagonistas cervantinas, que puede ofrecer una línea de lectura
presente, por ejemplo, en El laberinto de amor, en La gran
sultana y en el Persiles. Estas obras tienen en común el
hecho de presentar una serie de personajes femeninos que consiguen efectuar
una libre elección4, gracias
a un repertorio de estrategias cuyo punto central es la alternancia del silencio
y de la palabra, de la ocultación y de la acción.
Aurora Egido, que tanto espacio ha dedicado
al tema5, enumera una serie de funciones del
silencio en las obras de Cervantes, que podemos clasificar en apartados más
generales: retórico, moral, psicológico y
amoroso6. Lógicamente, no siempre es
posible delimitar una sola función, pero creo que resulta útil,
vistos los múltiples aspectos que ofrece el uso del silencio, tener
presentes estas categorías
2 Como
sostiene Massimo Baldini el silencio posee una intensa capacidad de
comunicación y puede desempeñar múltiples funciones:
Con il silenzio esprimiamo sentimenti, pensieri, desideri, stati d'animo
i piú vari, con esso le persone, le piú diverse
«dicono» infinite cose [Per lo piú] i vari tipi di silenzio
sono stati colti sulla base degli effetti che producono e/o delle funzioni
che realizzano (11-12).
3 En contraste
con la opinión común, que considera el silencio una acción
pasiva (Quien calla, otorga), o mejor una falta de acción,
resulta iluminante la discusión, en ámbito jurídico,
sobre si se puede considerar el silencio como respuesta interpretable o no
y el esfuerzo por hallar reglas interpretativas que realiza Maria
Sara Goretti (22).
4 Entre los
estudiosos de literatura predomina la idea de que las situaciones donde las
mujeres luchan por su libertad son, en realidad, literarias, puesto que el
control social era tan estrecho que resultaba imposible la rebelión
sin marginarse de la sociedad. Esta rigidez resulta un tema muy
discutido entre los investigadores de historia y de sociología, entre
éstos es sin duda interesante el trabajo de Mariló Vigil, cuya
hipótesis de partida es que aquellas mujeres probablemente lucharon
y opusieron una resistencia, no muy sonora, pero sí efectiva, a los
hombres de su entorno (1). Entre las medidas que más contestaron
las mujeres fueron sin duda las que las condenaban al silencio y al encierro
(32-36).
5 Cfr. por ejemplo,
Aurora Egido (Cervantes y las puertas del sueño y
El silencio de los perros y otros silencios ejemplares);
sobre el Quijote pueden verse: Alan S. Trueblood y Ricardo Aguilera.
6 Por ejemplo,
la función retórica del silencio puede proponer la
admiración, la expectación, el suspense o la inefabilidad de
la palabra; bajo el aspecto moral se presentan los temas de la virtud y de
la honra; el amor muestra el secreto y [p. 142]
la discreción en unos casos y en otros la devoción o la
adoración; cfr. Aurora Egido (Cervantes 307-330). El tipo
psicológico es el que resulta menos estudiado, se alude a él
en los momentos de introspección, pero no llegamos a comprender cómo
funciona; aquí, por falta de espacio, no puedo realizar este tipo
de análisis, aunque sería interesante profundizar este
aspecto.
|
|
||
| 142 | AGAPITA JURADO SANTOS | Cervantes |
|
|
||
para hallar un hilo conductor (o una serie de hilos) que permita interpretar este lábil lenguaje.
En El laberinto de amor la trama principal se desarrolla a partir del silencio pues, como se recordará, la comedia empieza con la declaración de un secreto: Dagoberto acusa a Rosamira de mantener un deshonrado ayuntamiento con un bajo caballero (vv. 62-63); Rosamira, que al día siguiente debería casarse con el duque Manfredo, calla, por lo que el padre, duque de Novara, la interpela:
| ¿Qué dices, hija? ¿Cómo, no respondes? |
| ¿Empáchate el temor o la vergüenza? (vv. 126-127)7 |
Ante el persistente silencio de la hija, el padre no parece dudar:
| Culpada estás; indicio es manifiesto |
| tu lengua muda, tu inclinado gesto (vv. 132-133). |
La falsa acusación es un tópico
literario presente ya en Boiardo y en el Orlando furioso, el tema
goza de una larga difusión y aparece también en numerosas leyendas
y comedias. Según Canavaggio, pueden observarse una serie de puntos
comunes8 y en el Laberinto los encontramos
todos; lógicamente la comedia presenta diferencias de contenido, entre
éstas, el hecho de que Rosamira sea acusada por el hombre que ama
y que todo surja de un engaño, tramado con su complicidad, para conseguir
decidir su propio destino: casarse con quien ella ama y no con el elegido
por los padres.
Es indudable la importancia que cobra en la
estructura de la comedia el silencio de Rosamira, un silencio interpretado
como prueba de culpabilidad; en el Orlando furioso, por ejemplo, basta
la acusación para poder realizar el duelo judicial, a nadie le interesa
lo que diga o piense la mujer, menos aún su silencio, todo se desenvuelve
sin su
7 Todas
las citas de las obras teatrales de Cervantes se refieren a la edición
de Florencio Sevilla Arroyo y Antonio Rey Hazas.
8 Jean Canavaggio
(110-112); los puntos comunes son: confusión inicial del padre o del
esposo de la acusada, encarcelamiento de la protagonista, llegada secreta
de un misterioso defensor, preparativos para el duelo judicial, entrada en
el duelo de los combatientes disfrazados.
|
|
||
| 19.2 (1999) | Silencio/Palabra: Estrategias de algunas | 143 |
|
|
||
intervención. Cervantes, en cambio, insiste a lo largo de la comedia
(cfr. vv. 526-29, 901, 990-92, 1973-76)9 en
asociar el silencio y la culpa: Rosamira es culpable porque no niega, porque
calla hasta el punto de desmayarse, no sólo porque la están
difamando.
Aparece claro que el callar se presenta como
una acción, un acto ilocutorio que, si por un lado ofrece una aparente
claridad, por otro contiene un juego laberíntico en la
base. En primer lugar observemos el aspecto jurídico de esta acción
o falta de acción, que tiene una equivalencia en la cultura o
sabiduría popular: quien calla,
otorga10; Rosamira y Dagoberto, para
engañar al espectador y al resto de los personajes, esperan que el
destinatario de este silencio lo interprete como una prueba del deshonor
de Rosamira.
El silencio cobra así forma, la del
engaño, y produce un efecto casi paradójico: permitir que Rosamira
acceda a la palabra, invitada al final por el padre (vv. 2981-83); será
su palabra la que ayude a resolver los numerosos enredos y a aclarar su gusto:
Dagoberto es mi bien (v. 2987), salvando así el honor
con un matrimonio final, aprobado por el
padre11.
Si en El laberinto de amor el silencio
muestra claramente su contenido, en otras obras resulta más
indirecto el mensaje que canaliza. Por ejemplo en La gran sultana
la trama principal se resuelve de nuevo gracias a un silencio, un silencio
distinto, interior, que muestra un lento proceso psicológico, pero
que produce el mismo resultado visto en el Laberinto; como se
recordará, cuando Catalina está a punto de casarse con el Gran
Turco, al final de la segunda jornada, aparece el padre con un tono amenazador
y Catalina responde igual
9 Cuenta
el embajador que, después de la acusación, el padre/juez
mandó traella: y el príncipe afirmó
su culpa ante ella. / Rosamira la oyó, y en su defensa / mover no
pudo o nunca quiso el labio; / por esto el duque que es culpable piensa.
(vv. 524-527); en otra ocasión dice un ciudadano que el silencio
la condena (v. 901); el duque Federico asimismo afirma: y el
ver que Rosamira, en su disculpa, / el labio no ha movido ni le mueve; /
y es muy cierta señal de tener culpa (vv. 990-992). También
Rosamira, con una especie de galimatías, explica que: quien
me deshonra ha de ser / el mismo que me ha de honrar / y esto me hace callar
/ y culpada parecer (vv. 1973-76).
10 Il
detto popolare (che avrà vita anche nelle teorie giuridiche) chi
tace, acconsente indica l'esigenza dello svelamento di
chi si nasconde nell'ombra del tacere; l'esigenza di consegnare chi tace
alla responsabilità del suo silenzio: Sara Goretti (27).
11 Según
Mariló Vigil, el valor positivo del matrimonio para la mujer puede
reflejar no ya la adhesión a los valores sociales o religiosos, sino
la consideración de que éste aparecía ante ellas
como una liberación, un ingreso en la edad adulta y una forma de
emancipación de la autoridad paterna (78).
|
|
||
| 144 | AGAPITA JURADO SANTOS | Cervantes |
|
|
||
que Rosamira, desmayándose; cuando ambos vuelven a aparecer, Catalina muestra la intención de ser mártir, pero la respuesta del padre empieza a revelar lo que la hija intenta ocultar:
| Hija, por más que me arguyas, |
| no puedo darme a entender |
| sino que has venido a ser |
| lo que eres por culpas tuyas, |
| quiero decir, por tu gusto . . . |
| ¿Qué señales de cordeles |
| descubren tus pies y brazos? . . . |
| De tu propia voluntad |
| te has rendido . . . (vv. 1969-82). |
La poética respuesta de Catalina, su tenaz resistencia hacia un matrimonio heterodoxo, su alusión al suicidio y al aparente deseo de ser mártir, esconde el verdadero problema: Catalina se ha casado ya con el Gran Turco y en ese momento está embarazada de tres meses12. Como se ve, un silencio menos evidente pues no se plantea explícitamente ninguna pregunta sobre su estado, pero el resultado es el mismo: Catalina, sabiendo oportunamente callar, adquiere la libertad de hablar al final de la comedia donde, para salvar su situación de esposa y madre del heredero, declara públicamente:
| Si, por dejar herederos, |
| este y otros desafueros |
| haces, bien podré afirmar |
| que yo te los he de dar, |
| y que han de ser los primeros, |
| pues tres faltas tengo ya |
| de la ordinaria dolencia |
| que a las mujeres les da (vv. 2794-2801). |
Ante esta situación irremediable, el
padre supondría un obstáculo que Cervantes resuelve
eliminándolo, así el autor no necesita justificar nada, presenta
un hecho y deja libre al destinatario de interpretarlo a su gusto.
Más complejo aún aparece el tema
del silencio en el Persiles. En su última novela Cervantes
concentra las múltiples posibilidades que el tema ofrece, por lo que
realizar una taxonomía resulta
12 Cuando
se despide del padre, dice que esta tarde es la fiesta (vv. 2065-69)
y es al final de dicha fiesta cuando declara su estado. Cfr. Agapita Jurado
(24-29).
|
|
||
| 19.2 (1999) | Silencio/Palabra: Estrategias de algunas | 145 |
|
|
||
complicado; en efecto Aurora Egido encuentra en la novela las funciones que
hemos presentado al principio: retórica, moral, psicológica
y amorosa; cada una con distintos
matices13.
Como bien se sabe, el núcleo central
del Persiles se basa también en un silencio: el secreto sobre
la identidad de los protagonistas y su verdadera relación, pero el
silencio atraviesa la obra con múltiples facetas; ya en la historia
de Manuel de Sosa y Leonora se muestran y explican en el texto algunos tipos,
como cuando Manuel de Sosa cuenta que Leonor:
en compañía de su madre, salió a verme a una sala, y salieron con ella la honestidad, la gallardía y el silencio.
Pasméme . . . quise hablar . . . y ni supe ni pude hacer otra cosa que callar y dar con mi silencio indicio de mi turbación (p. 100)14.
La virtud y la turbación dan claramente forma a estos silencios, pero el más importante, pues será el que decida el destino de ambos, es el secreto de Leonor; aparentemente dispuesta a aceptar lo que los padres ordenen, pero decidida a mantener el silencio, o el engaño, para poder elegir libremente su destino que, como en el caso de Marcela, no será el matrimonio, pues Leonor decide hacerse monja. Este silencio produce el mismo efecto que los anteriores, dando lugar a que Leonor acceda a la palabra y presente una situación inamovible, una decisión irrevocable. Así, el día del desposorio con Manuel de Sosa, éste llega al monasterio elegido por Leonor para asistir a la declaración de la joven, quien alzando un poco la voz le dice:
si mal no me acuerdo, os dije yo, viéndome acosada de vuestra solicitud . . . que yo no tomaría otro esposo en la tierra, sino a vos . . . Y así, porque sé que los engaños, aunque sean honrosos y provechosos, tienen un no sé qué de traición cuando se dilatan y entretienen, quiero, del que os parecerá que os he hecho, sacaros este instante. Yo, señor mío, soy casada, y en ninguna manera, siendo mi esposo vivo, puedo casarme con otro (pp. 102-103, la cursiva es mía).
También aquí desaparecen los padres, la única respuesta es la de Manuel de Sosa, que primero enmudece por la sorpresa, luego casi pierde el juicio y al final muere de dolor15. El punto de contacto de esta narración interpolada con la del marco es que el silencio se
13
Véase n. 6.
14 Las citas
del Persiles se tomarán de la edición de Juan Bautista
Avalle-Arce.
15 Sobre esta
debilidad del carácter masculino pueden verse Diana de Armas Wilson,
Ruth El Saffar y Louis Combet.
|
|
||
| 146 | AGAPITA JURADO SANTOS | Cervantes |
|
|
||
considera honroso y provechoso, no con la connotación
moral que lo calificaría negativamente como una
mentira16.
Otros silencios irán apareciendo a
continuación, pero el que aquí interesa es la lucha entre el
silencio y la palabra que se propone con el triángulo amoroso Auristela
- Persiles - Sinforosa. Cuando Auristela enferma de celos y de amor, la misma
Sinforosa se ofrece para hacerle compañía, provocando un comentario
del narrador que muestra el valor moral del silencio de Auristela:
ofrecimiento no de mucho gusto para Auristela, porque quisiera no tener tan a la vista la causa que pensaba ser de su enfermedad, de la cual no pensaba sanar, porque estaba determinada de no decillo. Que su honestidad le ataba la lengua (p.169).
A este silencio se opone la fuerza de la pasión de Sinforosa, quien rompe los márgenes del decoro precisamente con Auristela y ofrece así un contraste eficaz:
Yo, hermana mía . . . amo, quiero bien, adoro. ¿Díjelo? No, que la vergüenza y el ser quien soy, son mordazas de mi lengua. Pero, ¿tengo de morir callando? ¿Ha de sanar mi enfermedad por milagro? ¿Es, por ventura, capaz de palabras el silencio? ¿Han de tener dos recatados y vergonzosos ojos virtud y fuerza para declarar los pensamientos infinitos de un alma enamorada? (p.169)
Auristela confiesa por primera vez que ella también posee un secreto y necesita decirlo, aunque opta por la prudencia y se consuela con la idea de desvelarlo por lo menos en el testamento; el amor no vive del silencio, sin la palabra el sentimiento no cobra forma, por eso, cuanto mayor es el amor más difícil es callarlo. De ahí la interrupción de Policarpa que, cantando un soneto sobre el amor y el silencio, marca la línea de interpretación de la escena; el soneto se dirige a una mujer y la invita a hablar, porque no es valor ni es honra el no quejarte y con un imperativo elocuente: Salga . . . / la enferma voz, concede dignidad a la palabra amorosa:
| Quejándote sabrá el mundo siquiera |
| cuán grande fue de amor tu calentura, |
| pues salieron señales a la boca (p. 171). |
Empieza aquí un proceso de justificación importante, yo diría central, para introducir los episodios españoles de mujeres
16 Cfr.
Maurice Molho (Miguel de Cervantes, Les travaux 15).
|
|
||
| 19.2 (1999) | Silencio/Palabra: Estrategias de algunas | 147 |
|
|
||
transgresoras. Auristela, a pesar de los sufrimientos que las palabras de Sinforosa le infligen, no podía culparla:
su culpa era la suya, sus pensamientos los mismos que ella tenía, su intención la que a ella traía desatinada. Finalmente, no podía culparla, sin que ella primero no quedase convencida del mismo delito (p. 173).
Esta solidaridad femenina supone un cambio de acento, no se trata ya de juzgar moralmente las palabras de Sinforosa, sino de mostrar un sentimiento que es más fuerte que la razón, provocando esos yerros fáciles de perdonar (p. 193) que en el Persiles se presentan con frecuencia17. Se introduce de este modo una línea de lectura que reaparece en los amores cruzados de los pescadores Carino / Leoncia y Solercio / Silvana donde Auristela, ya con la conciencia de la importancia de la palabra, decide resolver el problema de las jóvenes con su autoridad moral18 pues, según Periandro, parece que tiene entendimiento divino (p. 213); así Auristela dice a las jóvenes desdichadas:
tú Leoncia, mueres por Carino, y tú, Selviana, por Solercio; la virginal vergüenza os tiene mudas, pero por mi lengua se romperá vuestro silencio y por mi consejo, que sin duda alguna será admitido, se igualarán vuestros deseos (p. 213).
Se trueca con un gesto de autoridad casi divina,
la palabra de una mujer, el matrimonio impuesto por los padres; en el
simbólico espacio de la iglesia y estando ya el sacerdote a
punto de darles las manos (p. 214), Auristela alza la voz para afirmar
que esto quiere el cielo: respetar el gusto de los enamorados.
Su autoridad moral afirma de nuevo la libertad de elección, de
amar19, con esta delicada oposición
a las leyes sociales.
17
Véanse, por ejemplo, p. 193, donde Auristela dice a Periandro
después de haber aludido a sus sentimientos: estos yerros
fácilmente los perdona el amor, o en la p. 252, el grupo de
Periandro, ya libre de la isla de Policarpo, justifican sus excesos porque
se trata de yerros de amor: que cuando ocupa el alma la
pasión amorosa, no hay discurso con que acierte, ni razón que
no atropelle. Por otro lado estamos ante un lugar común,
recuérdese Lope de Vega cuando afirma que yerros de amor dignos
son de perdonar.
18 La crítica
en general ha considerado Auristela/Sigismunda como un personaje
puro, de alto espesor espiritual, preocupada por establecer la
pureza de la fe. Cfr. Maurice Molho (Les travaux 59 y, en particular,
67) donde a esta alegoría de la fe Molho opone la otra verdad, la
de la razón, encarnada por Periandro.
19 Gran tema
cervantino de carácter erasmista, que el pescador Carino expone con
elocuencia: no puedo yo pensar en qué razón se consiente
que la carga que ha de durar toda la vida se la eche el hombre sobre sus
hombros, no por el suyo, sino por el gusto ajeno (212).
|
|
||
| 148 | AGAPITA JURADO SANTOS | Cervantes |
|
|
||
La falta de libertad afecta en primer lugar
a la mujer, sobre todo en la España postridentina, tal vez por eso
al llegar los peregrinos a España aumentan los casos de mujeres
rebeldes, que luchan en silencio por defender su elección
amorosa. El caso más espectacular y mejor elaborado es seguramente
el de Feliciana de la Voz, cuyo nombre es bastante significativo, pues casi
resume el título y las conclusiones de este trabajo.
Feliciana es la primera mujer con la que entran
en relación los peregrinos en España, el encuentro se produce
en medio de las tinieblas y después de introducir el secreto de un
recién nacido abandonado. Entre la maravilla general y en una rápida
sucesión de acciones Feliciana irrumpe en la escena, surge de las
sombras de la noche, esforzándose con sus gemidos a no dejar
salir la voz del pecho (p. 289) y pidiendo con ansia que la
encubran (p. 290). Se intensifica el silencio y el suspense hasta
que la misma Feliciana, a salvo ya de la venganza de su padre y hermanos,
decide hablar, descubrir faltas que [le han] de hacer perder el
crédito de honrada (p. 291). La gravedad de estas faltas parece
subrayada por la justificación con la que inicia el cuento de Feliciana,
la joven quiere mostrarse agradecida y satisfacer la curiosidad de los
peregrinos, por eso narra sus amores ilícitos con un rico caballero
pero, casi paradójicamente, habla con un sorprendente tono crítico:
[yo] me di20 por esposo al rico, y yo me le entregué por suya a hurto de mi padre y de mis hermanos, que madre no la tengo por mayor desgracia mía . . . Destas juntas y destos hurtos amorosos se acortó mi vestido y creció mi infamia, si es que se puede llamar infamia la conversación de los desposados amantes (p. 292, la cursiva es mía).
El largo silencio dura hasta el día de la boda, cuando el padre llega con su pretendiente, Luis Antonio, para casarla con él y Feliciana, intentando desesperadamente mantener aún su secreto, no puede oponerse a las fuerzas de la naturaleza, que la obligan a arrojar una criatura en el suelo (p. 294). Otra vez un embarazo que rompe el silencio21, pero en esta ocasión el padre no desaparece, por
20 En
la edición de Avalle-Arce aparece dio, pero por el texto,
resulta más coherente la dicción di presentada
por Carlos Romero Muñoz (Miguel de Cervantes, Los trabajos
454).
21 El parto
secreto es un tema que debió interesar a Cervantes puesto que aparece
además en La fuerza de la sangre, en La ilustre fregona
y en El coloquio de los perros. (Aurora Egido. El silencio de
los perros 8, 11, 23). Si, como afirma [p.
149] Baquero Goyanes el matrimonio secreto y en muchos casos la
preñez ocultada, era uno de los motivos más frecuentes
en las comedias y novelas del siglo XVII (25, 28), no es de extrañar
que Cervantes lo presente en diversas ocasiones.
|
|
||
| 19.2 (1999) | Silencio/Palabra: Estrategias de algunas | 149 |
|
|
||
el contrario se impone con una violencia22 que hallará freno con dificultad sólo en la iglesia. A esta violencia los peregrinos oponen la admiración y la lástima; decididos a ayudar a la joven a defenderse de las duras leyes del honor, han de justificar su complicidad en tan grave transgresión, por eso Auristela, sola con Periandro, introduce la preocupación por su honra:
Bien es verdad que la suya no es caída de príncipes, pero es un caso que puede servir de ejemplo a las recogidas doncellas que le quisieren dar bueno de sus vidas (p. 296).
Entra en juego el difícil y ambiguo
concepto de ejemplaridad, que aún hoy no se ha llegado a interpretar
unívocamente en las obras de Cervantes, ¿en qué consiste
la ejemplaridad del caso de Feliciana? Como en tantos otros casos prevalece
la disculpa y el final feliz y, si hasta aquí resulta
necesario justificar esta simpatía, en los episodios
paralelos23 que siguen al de Feliciana, en
el Persiles, el problema moral prácticamente desaparece.
El primero de estos episodios paralelos, en
orden de aparición, es el de Tozuelo y Clementa Cobeña. Presentado
en medio de la fiesta y la algazara popular, la aventura parece sacada de
un entremés, no sólo por el papel social de los personajes,
alcaldes, sino por el disfraz femenino de Tozuelo y el registro
bajo del lenguaje.
Lo que acomuna las dos historias es el embarazo
secreto de las protagonistas, pero en el modo de tratarlos hay
una notable diferencia, en primer lugar la ausencia de la dimensión
religiosa, casi mística que, con resonancias platónicas,
había envuelto el drama de Feliciana; en segundo lugar se desvanece
también el tema del honor y, por consiguiente, el carácter
problemático, moral, de la realización del deseo femenino.
Aquí la palabra emerge con una facilidad
sorprendente; a la sospecha de Cobeño de que el diablo haya juntado
sin las
22 Para
Molho, la dialéctica principal sobre la que se basa el Persiles
es la de la violencia y la razón o sabiduría, entendiendo por
sabiduría superior la que se refleja en las prácticas qui
ont pour fin l'élimination de la violence (Travaux 29,
35).
23 Carlos Romero
encuentra, entre las numerosas simetrías que ofrece el
Persiles, que la historia de Feliciana de la Voz (III, 3-5)
contrasta queridamente con la ya recordada de los pescadores (II) y se parece
no poco a la de Isabela Castrucho (Persiles 41). Yo
añadiría que se parece aún mucho más a la historia
de Tozuelo y Clementa Cobeña, como vamos a ver.
|
|
||
| 150 | AGAPITA JURADO SANTOS | Cervantes |
|
|
||
bendiciones de la iglesia a Tozuelo con su hija, responde una doncella labradora:
Si va a decir la verdad, señores alcaldes, tan marida es Mari Cobeña de Tozuelo, y él marido della, como lo es mi madre de mi padre, y mi padre de mi madre. Ella está encinta y no está para danzar ni bailar. Cásenlos, y váyase el diablo para malo, y a quien Dios se la dio, san Pedro se la bendiga (p. 329).
Como ocurría con Rosamira el padre llama a la hija, que no es nada muda y la invita a que deslinde todo. Cobeña no necesita otro pretexto para proclamar en público su caída:
Ni yo he sido la primera, ni seré la postrera que haya tropezado y caído en estos barrancos. Tozuelo es mi esposo y yo su esposa, y perdónenos Dios a entrambos cuando nuestros padres no quisieren (p. 330).
La respuesta del padre confirma la estructura que intento definir:
pues esto está ya hecho, bien será que el alcalde Tozuelo pase adelante, pues vosotros no le habéis querido dejar atrás (p. 330).
La mujer realiza en silencio su deseo y, cuando al silencio sigue la palabra,
la situación se presenta como irremediable y por lo tanto se acepta.
La historia interpolada se acaba con un matrimonio
irregular y con un comentario del narrador, quien parece satisfecho por lo
fácil que ha resultado resolver uno de los problemas que más
sangre estaba haciendo derramar en las comedias españolas:
diéronse las manos los donceles, acabóse el pleito, y pasó el baile adelante: que si con esta verdad se acabaran todos los pleitos, secas y solícitas estarían todas las plumas de los escribanos (p. 330).
El plano bajo se integra con el plano alto de las historias ejemplares, ofreciendo dos caras casi opuestas de un mismo problema. Lo interesante es que la solución en ambos casos es la misma: la mujer ha elegido su destino y si aquí se puede pensar que el episodio tiene poca importancia por la extracción social de los personajes o por su carácter claramente entremesil, Cervantes insiste en presentar a otra dama española, en Barcelona, que repropone la típica estructura de la comedia de capa y espada: Ambrosia Agustina, enamorada de Contarino, no duda en vestirse de hombre y salir a escondidas en busca de quien ella ha hecho señor de su persona y de su pensamiento (p. 362); con la declaración final de Ambrosia y el perdón del hermano se repite el esquema que estamos estudiando.
|
|
||
| 19.2 (1999) | Silencio/Palabra: Estrategias de algunas | 151 |
|
|
||
Para terminar, no puede olvidarse el episodio italiano de Isabela Castrucha (nacida de paso en España) donde a los elementos ya estudiados se añade la capacidad de iniciativa de la joven la cual, después de haber visto en la iglesia a Andrea Marullo, le declara su amor por carta, citando al amado en la iglesia para mostrarle su belleza. Más tarde, ante la separación se agudiza el ingenio: Isabela traza un engaño que le permite casarse con quien ella, y no el tío, ha elegido. En este caso Auristela y sus amigas no dudan en mentir para ayudarla:
Priesa se daba la hermosa Isabela Castrucha a revalidar su demonio, y priesa se daban las cuatro, ya sus amigas, a fortalecer su enfermedad, afirmando con todas las razones que podían de que verdaderamente era el demonio el que hablaba en su cuerpo. Porque se vea quién es el amor, pues hace parecer endemoniados a los amantes (p. 407).
Superado el aspecto moral, la mujer se convierte en un sujeto que, al adquirir el poder de decidir y realizar su propio deseo, elimina una de las diferencias24 sociales más importantes respecto al sexo opuesto, por eso más que mujeres varoniles, Cervantes presenta mujeres que luchan por su libertad; si ésta puede parecer una lectura anacrónica, dejo que sea el mismo Cervantes quien concluya esta breve reflexión, con las palabras aún hoy modernas de un duque y con la forma de un quiasmo, figura retórica que señala la equivalencia entre los términos:
| Di: ¿no puede acontecer |
| sin admiración que asombre, |
| que una mujer busque a un hombre, |
| como un hombre a una mujer? (El laberinto de amor, vv. 1146-4925 |
| FLORENCIA, ITALIA |
24 Sobre
la eliminación de la diferencia o de la jerarquía entre los
sexos, en un plano filosófico y psicológico, pueden verse:
Diana de Armas Wilson (78-105) y Agapita Jurado (79-81).
25 Idea que
otro caballero vuelve a repetir en Las dos doncellas (II, 231).
|
|
||
| OBRAS CITADAS | ||
|
|
Aguilera, Ricardo. Intención y silencio en el «Quijote». Madrid: Ayuso, 1972.
Armas Wilson, Diana de. Allegories of Love. Cervantes' Persiles and Sigismunda. Princeton, New Jersey: Princeton University Press, 1991.
Baldini, Massimo, ed. Le dimensioni del silenzio nella poesia, nella filosofia, nella musica, nella linguistica, nella psicoanalisi, nella pedagogia, nella musica. Roma: Città Nuova, 1988.
Baquero Goyanes, Mariano. Comedia y novela en el siglo XVII. Serta philologica F. Lázaro Carreter, II, Madrid, Cátedra, 1983: 13-29.
Cameron, Edith. Women in Don Quijote. Hispania, 09 (May 1926): 132-48.
Canavaggio, Jean. Cervantès dramaturge. Un théâtre à naître. París: Presses Universitaires de France, 1977.
Castro, Carmen. Personajes femeninos de Cervantes. Anales Cervantinos, 3 (1953): 43-85.
Cervantes, Miguel de. Les travaux de Persille et Sigismonde. Ed. y trad. Maurice Molho. París: José Corti, 1992.
. Los trabajos de Persiles y Sigismunda. Ed. Juan Bautista Avalle-Arce. Madrid: Castalia, 1992.
. Los trabajos de Persiles y Sigismunda. Ed. Carlos Romero Muñoz. Madrid: Cátedra, 1997.
. Novelas ejemplares. Ed. Harry Sieber. Madrid: Cátedra, 1989. 2 tomos.
. Teatro completo. Ed. Florencio Sevilla Arroyo y Antonio Rey Hazas. Barcelona: Planeta, 1987.
Combet, Louis. Cervantès ou les incertitudes du désir. Lyon: Presses Universitaires de Lyon, 1980.
|
|
||
| 19.2 (1999) | Silencio/Palabra: Estrategias de algunas | 153 |
|
|
||
Egido, Aurora. El silencio de los perros y otros silencios ejemplares. Voz y Letra. Revista de Literatura, 6, 1 (1995): 5-23.
. Cervantes y las puertas del sueño (estudios sobre «La Galatea», «El Quijote» y «El Persiles»). Barcelona: PPU, 1994.
El Saffar, Ruth. Voces marginales y la visión del ser cervantino. Anthropos, 98-99 (1989): 59-66.
Espina, Concha. Mujeres del Quijote, en Obras completas de Concha Espina. Madrid: FAX, 1944.
Falcón, Lidia. Amor, sexo y aventura en las mujeres del «Quijote.». Madrid-Barcelona: Vindicación feminista y Ed. Hacer, 1997.
Goretti, Maria Sara. Il problema giuridico del silenzio. Milano: A. Giuffrè, 1982.
Jurado Santos, Agapita. Tolerancia y ambigüedad en «La gran sultana» de Cervantes. Kassel: Reichenberger, 1997.
Márquez, Héctor P. La representación de los personajes femeninos en el «Quijote». Madrid: Porrúa Turanzas, 1990.
Montero Reguera, José. Mujer, erotismo y sexualidad en el Quijote. Anales Cervantinos, 32 (1994): 97-116.
Sánchez Rojas, José. Las mujeres de Cervantes. Barcelona: Montaner y Simón, 1916.
Trueblood, Alan S. El silencio en el Quijote. NRFH, 12 (1958): 160-80.
Vigil, Mariló. La vida de las mujeres en los siglos XVI y XVII. Madrid: Siglo XXI, 1986.
Wiltrout, Ann F. Las mujeres del Quijote. Anales
Cervantinos, 12 (1973): 167-72.
|
|
| Fred Jehle jehle@ipfw.edu | Publications of the CSA | HCervantes |
| URL: http://www.h-net.org/~cervantes/csa/articf99/jurado.htm | ||