From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America
19.2 (1999): 101-12.
Copyright © 1999, The Cervantes Society of America
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GUSTAVO ILLADES AGUIAR |
n la obra miscelánea
del médico Francisco de Villalobos hay diversos pasajes relativos
al amor erótico, a los celos y al suicidio de los amantes. Sus tesis
presentan correspondencias con otras de Juan Luis Vives, quien, a su vez,
dejó huella en la obra del médico navarro Huarte de San Juan.
La obra de Huarte, como es sabido, influyó en la composición
de algunos personajes cervantinos. Quiero sugerir con esto que nos hallamos
ante un ámbito discursivo cuyos múltiples procesos de
intertextualidad pueden proveernos el itinerario de unas lecturas cervantinas
remontables, por vía recta y por intercesión de Huarte y Vives,
a las páginas que Villalobos escribió a propósito del
amor y los celos, unas de las más sugerentes compuestas en España
hasta los tiempos del Quijote.
Villalobos nació en la provincia de
Zamora hacia 1474, según se desprende de algunos escritos suyos. Fue
médico del rey Fernando de Aragón a partir de 1509, y luego
de la corte de Carlos V. Publicó en Salamanca, en 1498, el Sumario
de la medicina. Con un tratado sobre las pestíferas buuas; el
Tratado históricamente es la parte más valiosa del volumen
y coloca al autor en la breve lista de los primeros que en Europa describieron
la sífilis. Escribió tratados y diálogos de
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filosofía moral y natural. También fue prosista satírico
y poeta. Hacia 1515 publicó la primera traducción al castellano
de la comedia de Plauto llamada
Anfitrión1. Un breve tratado
sobre el amor glosa in extenso la última escena de la comedia.
Se trata de las Sentencias, las cuales retoman algunas tesis sobre
el amor hereos previamente expuestas por Villalobos en el Sumario
de la medicina.
Amonestando como filósofo moral, nuestro
médico discurre en las Sentencias sobre las causas naturales
de la locura de amor. Bueno es empezar por la división que hace de
éste:
[. . .] el amor verdadero se divide en dos partes, porque hay amor virtuoso y amor vicioso [. . .] entre todos los amores viciosos, el amor del hombre á la mujer y de la mujer al hombre es el mayor y más famoso, porque es amor de cosa viva, en que el amante y el amado son conformes en una naturaleza [. . .] (Curiosidades 487-488).
Cabe ahora confrontar las ideas de Villalobos
a los dichos de dos narradores cervantinos. El de la Novela del Curioso
impertinente cuenta que Andaba Anselmo perdido de amores de una
doncella principal y hermosa (Quijote 399). De su lado, el narrador
de la Novela del celoso extremeño dice que pasando un día
por una calle, Carrizales alzó los ojos y vio a una ventana
puesta una doncella [. . .] de tan agradable rostro y tan hermosa
que, sin ser poderoso para defenderse [. . .] rindió la
flaqueza de sus muchos años a los pocos de Leonora (Novela
del celoso 179). Ambos héroes, perdido de amores uno y
rendido el otro, experimentan entonces un mismo tipo de pasión:
el amor verdadero y vicioso.
En el Capítulo IV de las
Sentencias, Villalobos apostrofa así al amante:
[. . .] te perdiste á tí mismo y [. . .] dejaste de ser hombre, y tórnaste mujer; dejaste de ser hombre suelto y libre, y háceste mujer captiva y atada; dejaste de ser todo, y tórnaste parte. [. . .] Esta contradicion tan grande y discordia tan íntima dentro del alma, es un martirio y tristeza secreta que padesce el amador, sin saber dónde le viene. De aquí [. . .] se complican dos mil desatinos, que no lo entiende el mismo que los padesce (Curiosidades 488).
1 Cuando
Villalobos tenía setenta años, según él mismo
lo refiere, publicó un volumen misceláneo con esta portada:
Libro intitulado Los Problemas de Villalobos, que tracta de
cuerpos naturales y morales, y dos diálogos de medicina, y El Tractado
de las tres grandes, y una Cancion, y la Comedia de
Amphytrion, Juan Picardo, Zamora, 1543. No obstante, la
traducción de la comedia y el tratado anexo, las Sentencias,
fueron compuestos y editados décadas atrás, tal y como lo indica
el cierre del texto: De Calatayud, en 6 de octubre de 1515
años.
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Anselmo, en efecto, deja de controlar su voluntad2 y se desdobla en Camila. Perdido de amores por ella, escucha el pasaje del Génesis bíblico con el cual Lotario lo sermonea. Así como Adán despertó, miró a Eva y dijo:
Esta es carne de mi carne y hueso de mis huesos. [. . .] Y entonces fue instituido el divino sacramento del matrimonio, con tales lazos, que sola la muerte puede desatarlos. Y tiene tanta fuerza y virtud este milagroso sacramento, que hace que dos diferentes personas sean una mesma carne; y aun hace más en los buenos casados, que, aunque tienen dos almas, no tienen más de una voluntad [. . .] así el marido es participante de la deshonra de la mujer, por ser una mesma cosa con ella (Quijote 410-411).
Análogo a la pasión amorosa, el pasaje bíblico es interiorizado por Anselmo hasta tal punto que se reconoce él mismo en Camila a la hora de observar el encuentro de ella con el amigo, encuentro destinado a probar la fidelidad de la esposa:
Escondido, pues, Anselmo, con aquel sobresalto que se puede imaginar que tendría el que esperaba ver por sus ojos hacer notomía de las entrañas de su honra, íbase a pique de perder el sumo bien que él pensaba que tenía en su querida Camila (Quijote 429).
Anselmo espera ver que Lotario haga notomía de las entrañas de su honra, esto es, espera ver el examen y la disecación de su propio honor a través de la notomía que practique el amigo en las entrañas de Camila, y por ende, en la honra de la mujer, quien, vía el sacramento del matrimonio, es carne de su carne. La conversión en la persona amada3, según Villalobos, es causa de infinidad de
2 Sobran
ejemplos de la enajenación de la voluntad. Escojo unos cuantos:
Camila no tenía otro gusto ni otra voluntad que la que él
quería que tuviese (Quijote 400). No se desmandaban
sus pensamientos [de Leonora] a salir de las paredes de su casa, ni su voluntad
deseaba otra cosa más de aquella que la de su marido quería.
Carrizales decide rogar a Leonora que después de mis días,
que serán bien breves, disponga su voluntad, pues lo podrá
hacer sin fuerza, a casarse con aquel mozo, a quien nunca ofendieron las
canas de este lastimado viejo; y así verá que, si viviendo,
jamás salí un punto de lo que pude pensar ser su gusto, en
la muerte hago lo mismo, y quiero que le tenga con el que ella debe de querer
tanto (Novela del celoso 184 y 219).
3 En Tres
miradas a la Novela del Curioso impertinente, analizo el
desdoblamiento de Anselmo en Lotario, identificación amorosa que,
desde la perspectiva de Villalobos, se hace manifiesta en la siguiente
puntualización del narrador: andaban tan a una sus voluntades,
que no había concertado reloj que así lo anduviese
(Quijote 399).
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desatinos4, así por ejemplo,
la curiosidad impertinente de Anselmo, producto de un antojo
o deseo estraño cuya etiología remite el crítico
Harry Sieber5, con evidente tino, al Examen
de ingenios.
El desatino de Carrizales es de signo opuesto
al de Anselmo, pues la estrategia del viejo celoso consiste, no en ofrecer
a la esposa, sino en encerrarla de tal manera que la angustia del anciano
lo orilla a emparedarse él también, con lo cual se asimila
a Leonora.
En el Sumario de la medicina, Villalobos
define el amor hereos como imaginación corrupta que engaña
a las otras potencias del alma y a los sentidos imponiéndoles
imágenes idealizadas de la persona deseada. Así, pierde su
juicio el entendimiento y el corazón su sosiego (Algunas obras
322-323). La misma tesis fue desarrollada por el médico en las
Sentencias:
[La] imaginativa adolesce algunas veces de un género de locura que se llama alienacion [. . .] fórmase allí la imágen falsa, causada segun la hechura y fuerza del humor que allí se pone [. . .] y segun es la imágen falsa que allí se pone, así le toma la tema y la alienacion á este loco6 [. . .]. Los enamorados son desta materia: que la imágen de su amiga tienen siempre figurada y fija dentro de sus pensamientos, por donde no pueden ocupar jamás la imaginacion en otra cosa [. . .] antes procuran con todas sus fuerzas de meterse mas adentro en la pasion, y confirmar su dolencia con mayores causas [. . .] los enamorados tienen ajena la imaginacion, y la voluntad con ella [. . .] (Curiosidades 488-489).
Juan Luis Vives parece hacerse eco de estas observaciones cuando dice que ningún descanso o reposo ni alivio hallan los enamorados, quienes, no menos durmiendo que velando, siguen a la triste imaginación (Instrucción 120). Por ello previene a la mujer cristiana en lo concerniente al poder de las palabras en cuanto formadoras de imágenes que someten la voluntad y perturban el entendimiento: No debes más dar oído, ni más crédito a un amador que darías a un encantador o hechicero. Líneas abajo, Vives fustiga
4 Nótese el uso de la misma palabra en este terceto:
| Yo he abierto en mis Novelas un camino |
| por do la lengua castellana puede |
| mostrar con propiedad un desatino |
| (El viaje del Parnaso 81). |
5 Véase
Sieber (1-8); asimismo, Huarte de San Juan (480 y ss.).
6 En palabras
de Villalobos, el amador es loco de atar. A este respecto,
recuérdese que el propio Anselmo reconoce ante Lotario su falta de
juicio: llegará mi alegría por tu solicitud al grado
que ha llegado mi descontento por mi locura (Quijote 402).
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la vanidad femenina: No quieras tampoco ser querida por esta vía,
ni te goces que alguno pierda el seso por ti (Instrucción
123 y 130). A ojos vistas, Camila se desentiende de la instrucción
del humanista: Lotario acometió a su presunción con las
alabanzas de su hermosura, porque no hay cosa que más presto rinda
y allane las encastilladas torres de la vanidad de las hermosas que la mesma
vanidad, puesta en las lenguas de la adulación. [. . .]
Lloró, rogó, ofreció, aduló, porfió y
fingió Lotario con tantos sentimientos, con muestras de tantas veras,
que dio al través con el recato de Camila (Quijote
419).
El tema de la imaginación alienada formulado
por Villalobos preocupaba a Vives al punto de moverlo a dictar una
instrucción cuyos términos anticipan la psicología
diferencial característica del Examen de ingenios: Asimismo
la doncella, para bien casarse, vale más que el marido oiga hablar
de ella, que no que la vea, porque los ingenios y juicios de los hombres
son diversos (Instrucción 145). Ahora es Carrizales quien
desoye a Vives, pues rinde su voluntad a la imagen de una doncella
puesta a una ventana. Pero el caso del viejo viene a ser extremo toda vez
que su natural condición lo hace padecer aun sin
estar casado, pues con sólo la imaginación de serlo le comenzaban
a ofender los celos, a fatigar las sospechas y a sobresaltar las
imaginaciones (Novela del celoso 179). Desde la perspectiva
de Villalobos, la imaginación compulsiva y sobresaltada de Carrizales
lo convierte, incluso antes de conocer a Leonora, en
loco7 o enfermo de amor, lo cual nos hace
evocar a don Quijote.
Hasta aquí, he seguido linealmente el
texto de Villalobos, cuyas etapas son las siguientes: clasificación
del amor, pérdida de la
7 En un
texto dedicado a cosas morales (Tractado Segundo de Los Problemas
de Villalobos) y mediante otra argumentación, el médico
y polígrafo discurre sobre la pasión amorosa de los hombres
viejos, lo cual atañe sólo a Carrizales: Gran locura
es la del viejo que se casa con la mujer moza, porque hace locura cuando
se casa y hace otras muchas despues de casado. Hace locura cuando se casa
[. . .] porque es una determinacion hecha por el desconcertado
apetito de los sentidos corporales [. . .]. Y hace locuras
después de casado por efecto de unos celos ingobernables cuyo origen,
en parte, es el siguiente: E viendo su mujer galana y hermosa (que
tales las escogen ellos cuando les toma esta locura), y sabiendo cierto que
ha de gozar della muy poco tiempo, y que por ventura tiene él amistad
y conversacion con el que la gozará despues de sus dias, y que entonces
ella pensará que escapa de las uñas del diablo, y todo el amor
que dejó de tener con él (aunque ge lo mostraba fingido) lo
acrescentará y doblará con el otro marido. Cuando él
imaginare todo esto (que no habrá momento que no le pasen por la
fantasía cien mil turbulencias mayores que estas), ¿qué
sentirá el triste, ó qué sosiego podrá tener?
(Curiosidades 420).
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voluntad, conversión en la persona amada y corrupción de la
potencia imaginativa, causa, esta última, de la locura de los enamorados.
En este punto, Capítulo VII de las Sentencias, hacen su
aparición los celos, tema al cual Cervantes dedicó nada menos
que tres novelas8, un entremés y un
romance.
Según Villalobos, si el amador sigue
el proceso de sus amores, tiende a concentrarse en que la persona amada lo
ame de modo recíproco porque entonces ambas voluntades se hacen una
y cada uno de los amadores goza su mitad y no queda ninguno del todo
perdido y deshecho. En tal estado como este son los finos y muy
lastimeros celos (Curiosidades
490)9. Es extensa la enumeración de
los síntomas, y la descripción de los mismos gana en detalles
gracias al impulso poético que, a un tiempo, exhibe y contiene nuestro
médico.
Destaco los síntomas que hacen más
al caso (Curiosidades 490). Vaciamiento [. . .] del
pecho: Anselmo desea probar la fidelidad de la esposa para poder
decir que está colmo el vacío de mis deseos
(Quijote 403). Torcer del cuerpo [. . .] desordenadas
vueltas y locos meneos: apenas dio el sí de esposo,
Carrizales comenzó sin causa alguna a temblar (Novela
del celoso 180). Bravas ondas y [. . .] gran tempestad
de los pensamientos con los vientos contrarios de la fortuna, que unas veces
se trastumban en lo mas hondo de la mar: cuando se propuso guardar
la hacienda y proceder recatadamente con las mujeres, es decir, cuando
pasaba consigo esta tormenta Felipo de Carrizales [. . .] tornó
a soplar el viento, impeliendo con [. . .] fuerza los
navíos, sin dejarle sosegar un punto [los pensamientos]
en mitad de las ondas del mar (Novela del celoso 176-178).
Mortales escándalos y discordias del alma consigo misma
[. . .] que quiere lo que no quiere [. . .] cuando mas
se encubre, se descubre mas: no sé qué días
a esta parte [confiesa Anselmo a Lotario] me fatiga y aprieta un deseo tan
estraño y tan fuera del uso común de otros, que yo me maravillo
de mí mismo, y me culpo y me riño a solas, y procuro callarlo
y encubrirlo de mis proprios pensamientos (Quijote 402).
8 Maurice
Molho ha demostrado, pienso yo, que la Novela del celoso extremeño
de 1613, aunque está basada en el Manuscrito Porras, es obra
autónoma dadas las profundas diferencias de sentido que hay entre
ambos textos (743-792).
9 Juan Luis Vives
coincide con Villalobos también en este punto: El verdadero
amor [. . .] mas bien se desvanece con los celos, a no ser tal
que vaya unido con la concupiscencia [. . .] o cuando un amigo
envidia la bienquerencia de su amigo para gozar de ella él solo
(Tratado del alma 1297-1298). Esta precisión sobre la envidia
del amigo corresponde a todas luces al caso de Lotario.
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Es interesante destacar que las siguientes
observaciones de Villalobos (Curiosidades 490), cabalmente aplicables
a las novelas cervantinas, presentan notables correspondencias con las
observaciones que Vives hace sobre el amor y los celos en el Tratado del
alma (1298) y en Instrucción de la mujer cristiana (118,
121 y 127-128). Villalobos: los celos causan discordias del alma consigo
misma; Vives: Los celos generan desasosiego en el alma.
Villalobos: las discordias íntimas nascen dentro de la opinion,
conformes á la cualidad de los amores y celos y á la condicion
del paciente; Vives: El estado de ánimo y la opinión
de cada uno son causas que aumentan o disminuyen los celos. Villalobos:
si la mujer agora despega y aparta su voluntad para darla y enajenarla
en otro, este queda del todo perdido [. . .] captivo en poder de
captiva; Vives: dolores y rabia [. . .] nacen de verlo
[al amado] enajenado, quiero decir, cuando ves en poder de otra al que tú
quisiste. Villalobos: el amador pierde el tiempo y la hacienda,
y la honra y el cuerpo y el alma; Vives: el amor consume la
hacienda, abrevia la vida, daña el ánima, al cuerpo
y a la honra. Sobra decir que, por obra de la locura de amor y de
los finos y muy lastimeros celos, Anselmo y Carrizales abreviaron
sus días, perdieron la hacienda, destruyeron sus cuerpos y murieron
deshonrados, pero no sabemos si sus almas se condenaron, pues los narradores
cervantinos dan cuenta de sus postreros arrepentimientos. En mi opinión,
es aquí donde Cervantes se aparta de los tratados de filosofía
natural y moral con la finalidad de proponer una ejemplaridad novelesca
inédita.
En el Capítulo VIII de las
Sentencias, se asevera que el celoso enloquece de tres
temas10; a saber, el amor, el miedo y la
ira. Visto ya el primer tema, paso al segundo (Curiosidades 490).
El celoso teme perder á su amiga; de este gran
temor11 nacen otros muchos, así el
10 Para
Vives, los celos corresponden a la tercera clase de envidia
(Tratado 1296). Sin mencionar a Vives, Maurice Molho trae a cuento
el catecismo de Jerónimo de Ripalda, quien define la envidia como
tristeza del bien ajeno; luego, desde una perspectiva
contemporánea, aplica las siguientes ideas al caso de Carrizales:
La envidia, según Melanie Klein, es ese sentimiento de tristeza
que sobrecoge al sujeto porque otro posee o goza de un objeto deseable. Los
celos no son sino un caso de envidia fundado en una perturbación de
la relación de objeto. En otros términos, los celos nacen,
en la teoría kleiniana, de la tristeza que inspira la posesión
por el Otro del más deseable de los bienes: el Seno materno
(782).
11 La
imaginación compulsiva y sobresaltada de Carrizales antes de conocer
a Leonora le produce celos y, consecuentemente, miedo: y en
viniéndole este pensamiento [contraer matrimonio], le sobresaltaba
un tan gran miedo, que así se le desbarataba y deshacía como
hace a la niebla el viento (Novela del celoso 179).
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miedo a los sastres: la primera muestra que dio de su
condición celosa [Carrizales] fue no querer que sastre alguno tomase
la medida a su esposa de los muchos vestidos que pensaba hacerle. Miedo
a fiestas y regocijos [. . .] y misas y romerías:
Carrizales prometió a las mujeres de su casa que los días
de fiesta, todos, sin faltar ninguno, irían a oír misa; pero
tan de mañana, que apenas tuviese la luz lugar de verlas. Otro
más es el miedo relativo a ventanas abiertas y entreabiertas:
Carrizales cerró todas las ventanas que miraban a la calle,
y dióles vista al cielo, y lo mismo hizo de todas las otras de casa
(Novela del celoso 180, 182 y 180 respectivamente).
Juan Luis Vives (Tratado 1298) describe
así la actitud temerosa del celoso: capta todos los rumores,
todos los airecillos, se apodera de ellos, los amplía y agiganta,
envolviendo a cada uno en la más alevosa de las
calumnias12. Pero es en
Instrucción de la mujer cristiana donde pareciera amplificar
y convertir la enumeración de temores formulada por Villalobos en
catálogo de prevenciones útil a la castidad de las mujeres,
catálogo que aplica minuciosamente el desasosegado Carrizales. Confronte
el lector curioso ambos textos en lo concerniente a alimentación,
compañía, función de las dueñas, salidas, miradas
y ventanas13, música, bailes,
elección de marido e identificación de la honra femenina con
la hacienda. Resultan tan semejantes las precauciones de Carrizales a las
instrucciones de Vives, que la desventura del viejo celoso puede entenderse
como resultado de una aplicación imperfecta de dichas instrucciones.
Asimismo, es posible ver la ejemplaridad inédita de la novela como
la distancia crítica que el narrador toma respecto del castigo reclamado
por Vives contra las mujeres que incumplen con el deber de la castidad.
La ira es el tercer tema por el cual los celosos
enloquecen. Se trata de una ira no ejecutable ni vengable, una
ira, escribe Villalobos,
12 No
dice otra cosa el narrador cervantino: [el amante] da infalible
crédito a cualquier sospecha que [. . .] le venga
(Quijote 426).
13 Nótese
la importancia que otorgan Vives y Cervantes a las ventanas en relación
a la mirada. Los santos escritores y maestros del humano vivir, dicen
que la muerte entra (como por unas ventanas) en el alma por los sentidos;
San Jerónimo quiere que toda ande cubierta la doncella menos
los ojos para ver el camino; la doncella debe vivir teniendo
siempre ojo a las cosas del cielo (Instrucción 70, 97
y 96). Por su parte, Carrizales cerró todas las ventanas que
miraban a la calle, y dióles vista al cielo, y lo mismo hizo de todas
las otras de casa; levantó las paredes de las azoteas
de tal manera que el que entraba en la casa había de mirar al cielo
por línea recta, sin que pudiesen ver otra cosa (Novela del
celoso 180 y 181). Sobre el mismo tema, Maurice Molho comenta que la
desgracia de Carrizales está en su misma contradicción: un
hombre desconfiado de sus propias ventanas se enamora de una moza ventanera
(752).
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llamada en la física frenesís ó manía,
términos, estos últimos, aplicables a los personajes cervantinos
vía el uso que de ellos se hace en el Examen de ingenios,
según muestra Mauricio de Iriarte (319-320). Dicha ira, concluye
Villalobos, ha hecho perder muchas vidas y destruido grandes ciudades
y reinos, segun que habrás visto y leido por las historias
(Curiosidades 490-491). Y no es otro sino Juan Luis Vives quien se
demora en contar a la mujer cristiana esas historias truculentas
(Instrucción 125). De su lado, los narradores cervantinos
también asocian la ira a los celos: una vez enamorado, Lotario se
encuentra ciego de la celosa rabia que las entrañas le roía,
muriendo por vengarse de Camila (Quijote 426). Y Carrizales,
ante el espectáculo de Leonora dormida en brazos de Loaysa, experimenta
una ira no ejecutable ni vengable: aunque la cólera hizo su
natural oficio [. . .] pudo tanto el dolor que no le dejó
tomar aliento, y, con todo eso, determinó sacar las manchas
de su honra con sangre de sus dos enemigos, y aun con toda aquella de toda
la gente de su casa, pero le apretó el corazón
tanto el dolor y la angustia que, sin ser poderoso a otra cosa, se dejó
caer desmayado sobre el lecho (Novela del celoso 214-215).
Amarillo, consumido y seco, Anselmo tampoco habría sido
capaz de ejecutar ninguna honrosa venganza.
Aludo, por último, al tema de la muerte.
Aun se ha dado el caso de que el celoso haya puesto manos violentas
en su misma persona, advierte Juan Luis Vives (Tratado 1298).
Pero antes que él, Villalobos, al glosar un poema
propio14, había discurrido sobre dos
géneros de muerte, una dulce y otra amarga, la cual afirma el
médico siega las vidas de aquellos que mueren en servicio
del diablo. ¿Quiénes son tales? Los avaros, los que trabajan
por la honra, los envidiosos, los enamorados carnales y los celosos.
Víctimas todos ellos de sus pasiones, al caer en
desesperación terminan quitándose la propia vida
(Curiosidades 456).
Los decesos de Carrizales y Anselmo son, sí,
muertes post errorem, como observa Marcel Bataillon (254 y ss.); más
aún, muertes post melancholiam, según muestra Otis Green
(189) al aplicar las lecciones de Huarte de San Juan a las novelas cervantinas.
Pero antes que eso son suicidios, como infiere Maurice
Molho15 y, mucho antes,
14 Se
trata de la Canción con su glosa, la cual figura en el Libro
intitulado Los Problemas de Villalobos [. . .], ya
antes citado (Curiosidades 455 y ss.).
15 Molho se
refiere específicamente a Carrizales, y lo hace de este modo: Morir
del propio veneno, y más proclamándolo en público
parlamento, es un casi suicidio en forma de muerte natural (791).
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pronosticaba, ya lo notamos, el médico Francisco de Villalobos. ¿O
de qué otra manera puede llamarse a esa renuncia omnímoda,
al dejarse morir que encarnan el curioso impertinente y el celoso
extremeño?
Todo lo dicho me hace concluir que Cervantes,
después de consultar directa o indirectamente diversos tratados de
filosofía natural y moral, más o menos imbricados entre
sí16, se dio a la tarea de componer
personajes novelescos en cuya enfermedad concurren locura, amor y celos.
Luego, examinó las leyes humanas y divinas del matrimonio a través
de los desatinos de esos personajes, desatinos que iluminan, no los pecados
de los malos maridos, sino el sufrimiento de dos enfermos ejemplares.
| UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE GUERRERO, MÉXICO |
16 Al
margen de las ya mencionadas, otras correspondencias entre las obras aludidas
de Villalobos y Vives se hallan en el tono homilético y en las referencias
a Aristóteles, Ovidio y Séneca. Villalobos, como Huarte de
San Juan, funda sus tesis en las obras de Aristóteles, Hipócrates
y Galeno. Para la influencia que ejerció la obra de Vives, particularmente
De anima et vita, en Examen de ingenios, véase Iriarte
(177, 192 y ss.).
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| OBRAS CITADAS | ||
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Bataillon, Marcel. Cervantes y el matrimonio cristiano, Varia lección de clásicos españoles. Trad. José Pérez Riesco. Madrid: Gredos, 1964.
Cervantes, Miguel de. El viaje del Parnaso, Obras Completas. Ed. Angel Valbuena Prat. 14a ed. Madrid: Aguilar, 1965.
. Novela del celoso extremeño, Novelas ejemplares II. Ed. Juan Bautista Avalle-Arce. 3a ed. Madrid: Castalia, 1986. 3 tomos.
. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha I. Ed. Luis Andrés Murillo. 5a ed. Madrid: Castalia, 1987. 3 tomos.
Green, Otis H. El ingenioso hidalgo. Hispanic Review 25 (1957): 175-193.
Huarte de San Juan, Juan. Examen de ingenios. Ed. Guillermo Serés. Madrid: Cátedra, 1989.
Illades, Gustavo. Tres miradas a la Novela del Curioso impertinente. Medievalia 12 (1992): 12-22.
Iriarte, Mauricio de. El doctor Huarte de San Juan y su Examen de Ingenios. Contribución a la historia de la Psicología Diferencial. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1948.
Molho, Maurice. Aproximación al Celoso extremeño. Nueva Revista de Filología Hispánica XXXVIII, 2 (1990): 743-792.
Sieber, Harry. On Juan Huarte de San Juan and Anselmo's locura in El curioso impertinente. Revista Hispánica Moderna XXXVI, 1-2 (1970-1971): 1-8.
Villalobos, Francisco de. Algunas obras. Madrid: Sociedad de Bibliófilos Españoles, 1886.
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| 112 | GUSTAVO ILLADES AGUIAR | Cervantes |
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. Curiosidades bibliográficas. Biblioteca de Autores Españoles 36. Madrid: Atlas, 1950.
Vives, Juan Luis. Instrucción de la mujer cristiana. 3a ed. Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1944.
. Tratado del alma (De anima et vita), Obras Completas II. Ed. y Trad. Lorenzo Riber. Madrid: Aguilar, 1948. 2 tomos.
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| Fred Jehle jehle@ipfw.edu | Publications of the CSA | HCervantes |
| URL: http://www.h-net.org/~cervantes/csa/articf99/illades.htm | ||