From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America
18.2 (1998): 158-69.
Copyright © 1998, The Cervantes Society of America
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EDUARDO URBINA |
n el marco de la
celebración del aniversario cervantino, que tanto ha dado que hablar
y hacer a críticos, escritores y políticos, resulta sin duda
apropiado examinar ciertas historias sobre Cervantes y sus verdades, si bien
hemos de reconocer por anticipado que del Mio Cid al JFK de
Oliver Stone, donde esté una buena mentira que se quite una mala verdad,
pace Ginés de Pasamonte. Me interesa en particular considerar
la antítesis historia-ficción y su relación con el concepto
de verdad y lo verdadero, el conocimiento y uso de los hechos históricos
y su disposición en el proceso de la escritura-lectura, centrándome
en la consideración comparativa del gusto y provecho de dos obras
histórico-literarias sobre la vida de Cervantes: Un esclavo llamado
Cervantes de Fernando Arrabal (1996) y The Death and Life of Miguel
de Cervantes de Stephen Marlowe (1991,
1996).1
1 Fernando
Arrabal, Un esclavo llamado Cervantes (Madrid: Espasa, 1996); Stephen
Marlowe, The Death and Life of Miguel de Cervantes: a Novel (New York:
Arcade Publishing, 1996). Fue publicada primero en Inglaterra (London:
Bloomsbury, 1991) y ha sido traducida al castellano por José Luis
Fernández Villanueva, Vida (y muertes) de Cervantes (Barcelona:
Plaza Janés, 1995).
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Decía un chico de mi pueblo, de cuyo
nombre nunca puedo acordarme, que eso de inventar historias por miedo a la
vida era más antiguo que Dios. Un tanto más en serio, resulta
obligado apuntar que lo de la verdad de la vida y obra cervantinas ha de
quedar anclado fundamentalmente al pensamiento de Américo Castro y
a la labor documental de Luis Astrana Marín; sin que tengamos de momento,
sin embargo, ni una biografía crítica ni una edición
crítica de las obras completas de Cervantes. Por otro lado, pensando
en lo que dijo o dejó por decir Aristóteles en relación
con lo cómico, la épica y los estilos, el trabajo de Alexander
Parker sobre la verdad en el Quijote y el ya clásico estudio
de Anthony Close sobre la aproximación romántica nos parecen
ejes seguros del debate en torno a la verdad de la ficción y la verdadera
historia de Cervantes, a los que remito al curioso
lector.2 Haría falta, sin embargo,
un trabajo paralelo al de Bruce Wardropper (Don Quixote: Story
or History?) dedicado a esta misma cuestión pero en el ámbito
de la vida y biografías de Cervantes y sus verdades.
La relación entre historia,
historiografía y verdad viene siendo en los últimos años,
por otra parte, asunto de considerable y renovado interés entre los
eruditos. En particular, tres estudios recientes de A. Close, M. Gaylord
y J. Parr3 atajan desde diferentes ángulos
la intersección de la verdad y lo verdadero en nuestro campo;
cuestión que ya preocupó y dio que escribir magistrales
páginas a otro gran
2 Me refiero
a El concepto de la verdad en el Quijote, Revista de
Filología Española 32 (1948): 287-305, y a The Romantic
Approach to Don Quixote; a Critical History of the Romantic Tradition
in Quixote Criticism (Cambridge: Cambridge UP, 1978). Ver ahora
asimismo de Anthony J. Close, La crítica del Quijote
desde 1925 hasta ahora, en Cervantes (Alcalá de Henares:
Centro de Estudios Cervantinos, 1995) 311-33 y el estudio monográfico
de José Montero Reguera, El Quijote y la crítica
contemporánea (Alcalá de Henares: Centro de Estudios
Cervantinos, 1997).
3 Anthony Close,
Cervantes's Aesthetics of Comic Fiction and his Concept of la
verdad de la historia. Modern Language Review 89 (1994):
88-106; Mary M. Gaylord, The True History of Early Modern Writing in
Spanish: Some American Reflections, Modern Language Quarterly
57 (1996): 213-25; y James A. Parr, The Janus-Like Discourse of the
Renaissance Storyteller: Fact and Fiction in Lazarillo de Tormes and
Don Quijote, Brave New Words: Studies in Spanish Golden Age
Literature, ed. Edward H. Friedman y Catherine Larson (New Orleans: UP
of the South, 1996) 103-11. Sobre la historia y sus verdades, véanse
asimismo la tesis doctoral de Maria E. Mayer, El detalle de una
historia verdadera: Don Quijote y Bernal Díaz,
(U of Southern California, 1994); Michael McGaha, Hacia la verdadera
historia del cautivo Miguel de Cervantes, Revista Canadiense de
Estudios Hispánicos 20 (1996): 540-46; y Helena Percas de Ponsetti,
¿Quién era Belerma? Revista Hispánica
Moderna 49 (1996) [1997]: 375-92.
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lector con miras de historiador en sus ficciones, Jorge Luis Borges, como
veremos enseguida.
Jean Canavaggio, en su elegante y mesurada
biografía la cual, por cierto, contiene más preguntas
que un programa de Jeopardy y más signos de interrogación
que el registro de la inclusa advierte que explicar a Cervantes es
aventura arriesgada; arriesgada sí, pero también tan enormemente
atractiva como obligada. Con todo, nos movemos, mejor dicho, se mueven
historiadores y biógrafos en terreno movedizo, y como
el propio Canavaggio exclama, abrumado ante los numerosos misterios, silencios
y lagunas que plagan la vida de Cervantes, aún en 1997,
¡cuántas oscuridades todavía!
(14).4 Se imponen, pues, por obligación
académica, la investigación, el análisis, la prudencia
y el silencio, por un lado, pero también por otro, y con más
fuerza, la curiosidad, la conjetura, la imaginación y el mito. De
momento, escribir sobre Cervantes, sobre su vida y persona, resulta a la
vez prematuro e imperativo; en el mejor de los casos, el de Canavaggio, confiesa
querer limitarse a contar a Cervantes volviendo a los textos,
con el énfasis en el contar, en la historia con minúscula,
para buscar en la obra al menos, sino en el hombre, cuanto sea susceptible
de iluminarlo (14). Se aspira, entonces, modestamente, no a descubrir
su figura sino a construir el perfil del escritor, ya que como admite Canavaggio
con indudable tacto e inteligencia, describir una vida es también
construirla (16).
Estas puntualizaciones nos llevan a la
consideración bipolar del tratamiento de la vida y misterios cervantinos
en Arrabal y Marlowe. Entre ellos enumeramos, siguiendo a Canavaggio, a manera
de itinerario: lo sucedido en la infancia y adolescencia de Cervantes, su
educación y sus etapas de silencio; las motivaciones de su viaje a
Italia, enlistamiento militar, matrimonio y relación con Catalina;
su sorprendente superviviencia en Argel; su tardío retorno al mundo
de las letras; sus amores; sus encarcelamientos y rivalidades; y la génesis
de sus obras, en particular la concepción del Quijote. Ante
tal panorama, no ha de extrañar que resulte todavía aventurado
el perfilar la figura o adelantar el pensamiento de un hombre cuya existencia,
vida y experiencias apenas conocemos.
Arrabal, inventor de la literatura pánico,
se propone con toda tranquilidad el descifrar de una estocada el misterio
conjunto de la vida y obra de Cervantes, sin mayores problemas. Claro que
se ha
4 Cito
en adelante por la traducción castellana de Mauro Armiño,
Cervantes (Madrid: Espasa Calpe, 1987). Acaba de aparecer una nueva
edición corregida y ampliada (1997).
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quedado un tanto corto, y pretendiendo esclarecer misterios y descubrir verdades
termina causando verdadero pánico; lo cual nos lleva a pensar en Sancho
y aquello de que del dicho al hecho va mucho trecho, aunque
quizás debamos invertir el orden y afirmar que en cuanto a la historia
y sus conjuntos, del hecho al dicho va un gran trecho también,
aunque mucho más profundo e interesante. Todo lo cual nos hace recordar,
además, lo afirmado por el propio Cervantes cuando en las
postrimerías de la segunda parte del Quijote, a raíz
del descubrimiento de la historia del vecino de Tordesillas, con su
correspondiente dosis de ironía, pone en boca del verdadero don Quijote
la siguiente observación: las historias fingidas tanto tienen
de buenas y de deleitables cuanto se llegan a la verdad o la semejanza della,
y las verdaderas, tanto son mejores cuanto son más verdaderas
(II.62, 521). 5
Quien sin duda aprendió mejor esta
lección fue el cervantino Borges, y así nos vienen al recuerdo
a su vez las palabras finales de la historia doblemente mentirosa de Emma
Zunz, aceptada como verdad porque La historia era increíble,
en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero
era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el
odio . . . . Sólo eras falsas las
circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios
(155).6 Magnífica lectura la de Borges;
poderosa y ejemplar lección sobre la frontera entre la realidad y
la ficción, sobre historias verdaderas y la verdad de la historia,
que nos lleva a reconocer y admirar la magia total de la obra de Cervantes.
Por ello, quizás por ignorancia parcial, quizás por coincidencia
feliz, he llegado a creer que ninguna otra historia de Borges ilumina mejor
el quehacer y sentido de la obra de Cervantes que Emma Zunz,
lección y modelo ejemplar que Arrabal debería haber asimilado
antes de emprender su aventura
biográfica.7
5 Cito
por la edición de Luis A. Murillo (Madrid: Castalia, 1978).
6 Cito por la
edición de Marcos Ricardo Barnatán en Narraciones (Madrid:
Cátedra, 1980).
7 Sobre Emma
Zunz nos han alumbrado el camino los siguientes estudios: Nicolás
Álvarez, La simplicidad de los hechos: realidad e ironía
en Emma Zunz, La Chispa '83: Selected Proceedings,
ed. Gilberto Paolini (New Orleans: Tulane U, 1983) 27-33; Antonio Armisen,
Emma Zunz: sobre la lectura, los modelos y los límites
del relato, Formas breves del relato, ed. Yves-Rene Fonquerne
(Madrid: Casa de Velázquez, 1986) 297-308; Josefina Ludmer, Las
justicias de Emma, Cuadernos Hispanoamericanos 505-507 (julio-sept.
1992): 473-80; Alberto Julián Pérez, Historia y ficción
en la literatura hispanoamericana, Alba de América: revista
literaria 10. 18-19 (1992); 155-60; Edna Aizenberg, Feminism and
Kabbalism: Borges's Emma Zunz, Crítica
Hispánica 15 (1993): 11-19; y [p. 162]
Bella Brodzki, She was unable not to think: Borges' Emma
Zunzand the Female Subject, MLN 100.2 (1985): 330-47.
Sobre Borges y Cervantes véanse ahora Lelia Madrid, Cervantes y
Borges (Madrid: Pliegos, 1987); Julio O. Chiappini, Borges y
Cervantes (Rosario, Argentina: Zeus, 1995) y Michael Wood, Invisible
Works: Cervantes Reads Borges and Nabokov, Cervantes and the Modernists:
The Question of Influence, ed. Edwin Williamson (London: Tamesis, 1994)
29-41.
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Realidad y ficción, vida e historia, hechos y misterios se dan la mano en la inversión borgiana del modelo detectivesco para dar con una solución tan falsa como definitiva sobre la verdad de la ficción: la supremacía de la imaginación, de la ficcionalidad sobre los hechos. Hablando de lo que apenas sé nada, me parece Emma Zunz una historia ejemplar, un ejemplo de la ficción suprema, de la superación de los límites de la verdad y de que no hay más verdad que la que se crea cuidadosa, apasionada y delicadamente, palabra por palabra, como hicieran Cervantes, Borges y Emma. La verdad de una vida no se deriva, como inocentemente piensa Arrabal, de un misterio por desentrañar o del descubrimiento de una clave final; por el contrario, la verdad de una vida, y más aún la de una vida hecha ficción, ha de ser en principio inaccesible, increíble y misteriosa, para que la ficción misma, su relato, nos revele la razón de la sinrazón como historia verdadera. Lo que Borges pone en evidencia en Emma Zunz, como Cervantes había hecho en el Coloquio de los perros, es la posible validez y aceptación como verdad de la mentira, es decir, el triunfo de la ficción sobre la verdad, de la imaginación sobre la experiencia; cosa que ni Ginés de Pasamonte ni Fernando Arrabal lograron comprender. Recordemos las palabras finales de Cipión: Señor alférez, no volvamos más a esa disputa; yo alcanzo el artificio del coloquio y la invención, y basta. Llevado por las imposiciones de un pánico tardío y de un deseo de asombrar anacrónico y trasnochado, se le escapa a Arrabal en su pretenciosa sicobiografía esta verdad sobre el arte de la ficción y su verdad. Mejor hubiera sido conformarse con la mentira, bella y placentera, como lo han hecho con mayor mérito y provecho, además de Marlowe, Bruno Frank y Juan Eslava en sus respectivas novelas biográficas.8 Lo otro, lo simple y lo escueto, lo seguro y académico pertenece, nos pertenece, a nosotros los cervantistas, y ésa es nuestra condena.
8 Juan
Eslava Galán, El comedido hidalgo (Barcelona: Planeta, 1994).
Ha vuelto a ser publicada la novela biográfica de Bruno Frank,
Cervantes: la novela de un genio (Barcelona: Edhasa, 1995), (Amsterdam,
1934), trad. inglesa, A Man Called Cervantes (New York: Viking Press,
1935).
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Borges reconoce, como Cervantes, la necesidad
de crear e impartir una ilusión de verdad en la ficción misma,
más allá de la verdad original de los hechos; los cuales son
en sí por una parte vulgares y por otra irrepetibles. La verdad de
la historia estriba para Cervantes, y para Borges, en la creación
de lo posible maravilloso, en la autentificación y autenticidad de
lo narrado, y no en la verdad de los hechos, si es que éstos pueden
escapar su obligada expresión ficcional como historia. Luego, en
último término, figura la primacía de lo creado, de
la creación sobre el creador, la lección del triunfo de la
ficción sobre la realidad. Y finalmente llegamos a comprender con
Borges que no hay más misterio, ni más verdad que el de la
misma creación como proceso y como realización de un deseo
imaginativo de orden y afirmación universal.
Arrabal, en su vida novelesca, escrita en un
estilo deliberadamente arcaico, entremezclando notas biográficas
personales y haciendo alarde de un fuera de lugar asombroso, se propone nada
más y nada menos que cuadrar el círculo y dar el golpe
desentrañando la verdad, la historia verdadera de Cervantes, a saber:
el misterio de sus relaciones personales con su hermana Andrea, el porqué
de su salida de España en 1569, el cómo y porqué de
su empleo en Italia al servicio del joven cardenal Acquaviva, y el por qué,
en fin, de todo su ser y existencia, y por supuesto, el efecto final de tales
descubrimientos en el sentido de su obra literaria. Como fácilmente
puede anticiparse, queda esta empresa también guardada para otro,
si lo hay, y no para el atrevido Arrabal, que ingenuamente llega a creer,
a estas alturas, haber descubierto la piedra filosofal cervantina.
Cabe observar, que hoy por hoy, corriendo los
tiempos que corren, a nadie asusta ni asombra el espectro supuestamente
descubierto por Arrabal de la posible homosexualidad de Cervantes, cuestión
que viene siendo objeto de diversas especulaciones más o menos
críticas por parte de L. Combet y R. Rossi, sin mencionar las incursiones
en el subconsciente y análisis psicoanalítico de personajes
de ficción por parte de Carroll B. Johnson, Ruth El Saffar, Diana
de Armas Wilson, Paul Julian Smith, Anne J. Cruz y Henry Sullivan, por mencionar
los más notables y notorios
practicantes.9
9 Véanse
Carroll B. Johnson, Madness and Lust: a Psychoanalytic Approach to
Don Quixote (Berkeley: U of California P, 1983); los estudios reunidos en
Quixotic Desire: Psychoanalytic Perspectives on Cervantes, eds. Ruth
El Saffar y Diana de Armas Wilson (Ithaca: Cornell UP, 1993), y más
recientemente Anne J. Cruz, Feminism, Psychoanalysis, and the Search
for the M/Other in Early Modern Spain, Indiana Journal of Hispanic
Literatures 8 (1996): 31-54, así como Henry Sullivan, Grotesque
Purgatory: A Study of Cervantes's Don Quixote, Part II (University
Park: The Pennsylvania State UP, 1996).
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Lo más alarmante del caso es que leyendo
la obra de Arrabal, el propio lector descubre asombrado que, si bien se mira,
nada tiene de nuevo y nada ha quedado, como se pretende, desentrañado.
Tanto el documento en que se basa Arrabal para emprender su imaginario viaje
biográfico como las posibles conjeturas que razonablemente pudieran
hacerse a partir del mismo, o han sido hechas ya con mejor tiento o son de
carácter estrictamente abierto y especulativo, sin que por ello se
pueda basar en las mismas la construcción de toda una teoría
sobre el vivir y pensar cervantinos. Es más, el insistir de nuevo
en el carácter converso de la familia de los Cervantes y en su pecado
nefando, como claves de su constante persecución y temor, sin alguna
nueva prueba que confirme tal creencia, es del todo inaceptable. Al mismo
tiempo, el concluir categóricamente que el documento de 1569 (descubierto
en Simancas en 1820) ordenando su captura y la pérdida de la mano
diestra por su reyerta con Antonio de Sigura, es razón y evidencia
del pecado nefando que le hizo huir aterrado y
horrorizado (15) a Italia y que le dejará traumatizado toda
su vida, supone una sinrazón considerable; más aún,
cuando para ello, invirtiendo direcciones se utilizan fuera de contexto citas
escogidas de las obras para probar lo afirmado sobre la vida. Arrabal insiste
ingenuamente en que en la vida de Cervantes no hay misterio, lo cual es cierto,
ahora bien, no porque sus descabelladas sinrazones descubran la razón,
la verdad, sobre la vida y obra de Cervantes, sino simplemente porque de
la sinrazón no puede llegarse a la razón, por mucho estilo
arcaico o florituras poéticas que se le añadan. Por ejemplo,
acostumbra Arrabal a cerrar cada capítulo con observaciones de este
tipo: Vasta zona de sombra en paisaje de ceniza, velada por telarañas
colgadas de la sinrazón (17); otra, Hubiera querido ser
Miguel el enamorado de las suelas de brisa. Hubiera deseado plantar su albergue
en el firmamento para pavonearse gozoso con las estrellas (158); y
otra, Como pájaro en libertad, Cervantes vagabundeaba con los
puños en los bolsillos y seducía a las vírgenes locas
del gineceo (199). Esto, en mi tierra, como diría Sancho, es
querer estar al plato y a las tajadas.
Remontándose al siglo XIV, Arrabal saca
a relucir, tratando de pasar por novedad o descubrimiento lo que es parte
de la pura especulación novelesca, las raíces judías
del tatarabuelo de Cervantes, Pedro Díaz de Cervantes, de su bisabuelo
paterno, el médico cirujano de Córdoba, don Juan Luis de
Torreblanca. Del comentario documental se salta abruptamente a la expresión
de la observación íntima y literaria: Miguelito Cervantes
que al nacer en la calle de la Imagen gimoteaba en su cunita, pero hubiera
llorado de haber
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sabido lo que la vida le tenía deparado (30). De esto sólo
hay un paso a la total interpretación del sentido de las obras de
Cervantes, donde según Arrabal, Cervantes trató de sustituir
la tolerancia a la virulencia (32). Se trata, descubrimos con asombro
propio, de la fuerza de la sangre, de un destino controlador y feroz, y de
un Cervantes siempre perseguido, temeroso y liberal. He aquí evidenciado
a guisa de originalidad el más común de los lugares comunes:
la locura de desear descubrir la verdad, el secreto, la razón de una
vida a partir de creencias y deseos, de supuestos y conjeturas con pretensiones
históricas.
Más dignas de consideración,
ya que al fin y al cabo entran con mayor propiedad en el campo de lo
crítico y lo interpretativo, son las observaciones un tanto exageradas
de Arrabal sobre la relación entre Cervantes y Feliciano de Silva,
a quien considera, sin quedarse corto, su más admirado
maestro (145) y el escritor más citado y más y
mejor leído por Cervantes (136). Saltando con típica
libertad creativa de los imaginados laberintos, infiernos y edenes
de sexualidad (124) descubiertos y frecuentados por el joven Cervantes
de la mano del gracioso bailarín Alonso Getino de Guzmán, su
Chanfalla, al comentario textual de los hechos, Arrabal analiza, precisamente
a propósito de la cita sobre la razón de la
sinrazón, el doble lenguaje de Feliciano de Silva, uno repleto
de sorpresas y fulgurantes enseñanzas (140). En lugar
de reconocer la renuncia a través de la parodia de la extravagancia
y ambigüedad de las razones que enloquecieron al hidalgo manchego, Arrabal
entusiásticamente defiende las lecciones aprendidas del autor de la
Segunda Celestina, a quien considera el primer novelista de
la lengua española (154); lecciones de estilo, razón
y vida que habían de arraigar profundamente en la obra de Cervantes,
según afirma.
No me atrevo, ni creo que merezca la pena,
insistir más en los saltos y atropellos, licencias y exageraciones
de Arrabal, por lo que me conformo de momento con lo dicho y paso a Marlowe
y al comentario de la ejemplaridad que encierra su lectura y recreación
del mundo y vida de Cervantes en conexión con el tema que nos ocupa.
Mucho me temo que no vaya a poder hacer justicia
a la rica y compleja novela de Marlowe. Algo se habrá de quedar en
el tintero, pero confío en que no sea la verdad de su magnífica
historia. En principio, quisiera adelantar una distinción básica
que determina lo que sigue: mientras Arrabal pretende haber hallado una prueba
documental en la que basar las construcciones de la verdad de su historia,
Marlowe construye un mundo de ficción en torno a los hechos documentados
sobre la vida de Cervantes a fin de crear una historia
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verdadera. En el contexto de lo observado anteriormente sobre Borges, y la
misma práctica cervantina, ni que decir tiene que la novela de Marlowe
representa un nivel de verdad superior en todo a lo aportado por la
sicobiografía de Arrabal.
Tal como indica su título Death
and Life la obra de Marlowe está dividida en dos partes:
en la primera se relata el período entre su nacimiento y su rescate
de Argel, donde es ahorcado como castigo de su último intento de huida
y rescatado in extremis por el mago Cide Hamete, mientras que la segunda
incluye desde su regreso a España en 1580 hasta 1616 la cual
termina no en muerte sino en la inmortalidad del relato de su propia historia.
Las últimas palabras de la novela, Tell me, Miguel, what comes
next (495), remiten al lector al principio de la historia. Se trata
pues de una inversión irónica a través de la cual el
autor se propone señalar dos épocas marcadamente distintas
separadas por un evento de carácter redentivo, la muerte
de Cervantes en Argel; la cual da paso a su vida como escritor y creador.
La primera parte se caracteriza por la oscuridad, el sufrimiento y el silencio,
mientras que en la segunda Cervantes encuentra no sólo su voz, sino
que renacido aspira a la fama y a la inmortalidad como hombre de letras.
Resulta vital para lograr el efecto de verdad
antes aludido en Emma Zunz el que Marlowe haga de Cervantes el
narrador de su propia historia. Se nos ofrece una seudoautobiografía
novelesca en la que se dan cita no sólo las personas históricas,
familiares y sucesos asociados con la vida de Cervantes, sino que también
da cabida a personajes de ficción tales como Cide Hamete, Aldonza
y Zoraida, en papeles histórico-novelescos que permiten al autor completar
vacíos y lagunas de manera altamente satisfactoria. El juego re-creativo
lo completa la inclusión de personajes históricos como Lope
de Vega y Shakespeare con los que Cervantes se encuentra y con quienes dialoga
sobre su arte y el teatro, así como los apartes y confesiones directas
del narrador Cervantes sobre los misterios de su propia existencia y los
hechos que aún el mismo desconoce. El conjunto, quizás con
la excepción de sus andanzas como espía, es verosímil
y convincente y tiene como mágico resultado la creación de
una historia fingida pero deleitable en cuanto llega a la verdad o
la semejanza de ella, como aconsejara don Quijote. Aun comparando su
lectura a la excelente biografía de Canavaggio, uno tiene la
sensación de estar en presencia de algo vivo y auténtico, ¿el
verdadero Cervantes?, en lugar de la concatenación un tanto fría
de hechos y detalles, conjeturas y preguntas que tipifican y limitan toda
biografía histórica digna de ese nombre. Como observara Carlos
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Fuentes en una ocasión, y que Marlowe cita en un epígrafe inicial,
Art gives life to what history killed [El arte da vida a lo que
la historia mata].
Como no se trata de resumir la intrincada trama
de la novela 495 páginas en total cuya lectura recomiendo,
me limito a analizar dos aspectos de la misma particularmente pertinentes
para nuestros fines y comparación en torno a la verdad de la historia
y la creación de historias verdaderas. Me refiero a 1) la recreación
de personas y personajes históricos en la novela y 2) la discusión
autoconsciente en la narración de la relación entre historia
y ficción, vida y escritura.
En cuanto al primero de estos dos aspectos,
su presentación es doble: personas históricas se convierten
en personajes en el ámbito de la ficción novelesca a fin de
ejercer un control narrativo que permite al narrador hacer uso de la sátira
y la ironía desde la perspectiva de un poder autorial casi omnisciente
basado en el hecho de que la historia es contada por Cervantes después
de muerto pero conociendo, gracias a Cide Hamete, las opiniones futuras de
lectores y críticos sobre su vida y obra. Tal sucede en sus fascinantes
encuentros y diálogos con Torcuato Tasso, Lope, Christopher Marlowe
y Shakespeare, pero más crucial y extensamente con personas familiares
como sus hermanos Rodrigo y Juan; éste último personaje clave
en la novela, conocido con el apodo de el oscuro, aparece y
desaparece continuamente y actúa como protector de Cervantes. Aún
más reveladores y sugestivos son sus diálogos y relaciones
con Andrea y Catalina, a través de los cuales llegamos a descubrir
y a conocer si no la verdad, al menos lo verdadero de sus historias: la
pasión real de Cervantes por Andrea, parte esencial de la primera
parte, queda eliminada en la segunda con el descubrimiento tardío
de que Andrea no fue en realidad su hermana, aunque actúe todavía
como leitmotif hasta el final. En cuanto a Catalina, descubrimos que
de una relación franca sexual se pasa a la impotencia y a la abstinencia
luego, quedando ambas mujeres fundidas, carne y espíritu, al ser superadas
por una tercera mujer, Micaela, derivada en parte de Zoraida, cautiva a quien
conoció en Argel cuando se hacía pasar por un muchacho de doce
años.
En cuanto al segundo aspecto antes apuntado,
Marlowe se hace consciente del debate sobre las dos cuestiones vitales que
han alimentado tanto a críticos como a historiadores en años
recientes en relación con la vida y obra de Cervantes, es decir, lo
que cierto crítico denomina the twin headwaters de su
vida: la sangre de converso y la homosexualidad (185). Admite y hace uso
de la primera condición aunque sin derivar de ella, como hace Arrabal,
un sentido de
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angustia vital; de hecho, a pesar de numerosas referencias al asunto, éstas
se concentran principalmente en las preocupaciones y tribulaciones de sus
antepasados. Es condición que sin duda afecta las aspiraciones y acciones
de Cervantes, pero no las determina ni controla totalmente. Por encima de
tal causa y principio se levanta siempre su obsesión amorosa con Andrea,
inspiradora y constante, y su condición vital y redentiva como
storyteller o ráwi, que habrá de ser en definitiva
la base y razón de su vida, fama y salvación.
Marlowe, o mejor dicho, Cervantes mismo confronta
y se ocupa de negar por completo las historias con respecto a
su sospechosa sexualidad, en particular durante su cautiverio y sus experiencias
y supervivencia en Argel como esclavo. Víctima sensible de la
extraordinaria hermosura y atractivo de Andrea, Cervantes no llega nunca
a consumar su incestuosa pasión, de la cual queda luego liberado con
el descubrimiento de la verdadera identidad de su hermana, así como
gracias a la reaparición de la última mujer de su vida, Micaela,
en quien reconoce fundidos todos sus intereses, tanto físicos, emocionales
como literarios. Cervantes hace frente y responde a críticos y expertos,
y hasta se burla de uno, de cuyo nombre sin duda no quiere acordarse, quien
considera la obscene servitude to Hassan Pasha . . . one
of the twin headwaters of that bitter stream from which Cervantes's tragicomic
worldview would flow . . . (185), y como el prologista
de la Segunda Parte del Quijote, con indignación y tristeza,
responde que la pasó en solitario encadenado desnudo a una roca, I
hardly knew the depraved Dey (185). Mientras en otro lugar en la misma
vena, añade con cierto desprecio que nos atañe considerar,
How diligently they build their case, those Cervantes experts who would
see me less as a Don Quixote than as a Don Juan . . .
(181).
Más adelante, y gracias al poder de
Cide Hamete de conocer el futuro, descubrimos que Cervantes hasta ha coleccionado
una lista de las suposiciones y conjeturas de sus biógrafos y expertos
sobre los misterios y enigmas de su vida. Su respuesta es simple y definitiva:
Holy Virgin! I'm only a simple storyteller (261). Regresando
a sus twin headwaters y al anónimo crítico en busca
de razones para explicar su genio creativo quizás uno de
nosotros Cervantes se pregunta con cierta indignación, But
did the critic, falling back on the old standby Repressed Sexual Tension,
have to assume it could be found in my Algerian captivity and smugly look
no further? (345).
Jugando con la verdad y la mentira,
mordiéndose la cola, el Cervantes narrador de Marlowe declara no saber
qué le pasó durante casi cuatro años de su vida entre
1599 y 1603, haciendo verdadera así
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una verdad meramente histórica y remitiendo toda posible explicación
o conjetura no ya al misterio, sino a la ignorancia y el silencio o
lo desnarrado, como diría algún crítico de hoy en día.
Gracias a esta confesada ausencia de historia y de ficción, Cervantes
se permite, como don Quijote en la cueva, un sueño que le traslada
a la página de un libro en el que trabaja Cide Hamete, donde se enfrenta
al caballero de los espejos y vuela en Clavileño, el verdadero
Clavileño. Esta asociación e identificación con el mundo
de ficción de su propia creación concede a su Historia, la
historia de su muerte y vida, un carácter especialmente lúdico
a la vez que un aire de autenticidad paradójico y muy cervantino,
si se me permite la circularidad. Durante las últimas páginas
de su novela, Marlowe hace regresar una y otra vez a Cervantes a su
condición como creador, narrador, ráwi, y a considerar
metaficcionalmente el carácter de su Historia como historia,
writing about writing y the writer as God; lo cual
contribuye a dar la sensación de que de verdad este Cervantes es el
verdadero Cervantes. A manera de confesión y como última prueba,
Cervantes nos descubre el secreto un tanto borgiano de su triunfo como autor;
algo maravilloso pasa cuando se logra escribir lo que se quiere escribir;
y es que la historia se hace parte del mundo real, becomes so real
that everything that happens in its pages would have happened in exactly
the same way if the writer had never even lived (456).
Esperaba con inocente confianza que llegado
a este punto, sin necesidad de reiterar o subrayar nada, y declarando a Stephen
Marlowe vencedor de esta batalla entre historias, que el propio Cervantes,
su Cervantes, apareciera también en mis sueños para revelarme
alguna última verdad. No sucedió así, por lo que me
veo obligado al concluir, aunque sé que es inexcusable, a hacer uso
de una doble cita del otro Cervantes, el Cervantes del Quijote y el
Persiles, por muy ficticio que sea, para autentificar y autorizar
lo hasta aquí observado:
no todas las cosas que suceden son buenas para contadas, y podrían pasar sin serlo y sin quedar menoscabada la historia: acciones hay que, por grandes, deben de callarse, y otras que, por bajas, no deben decirse . . . . (Persiles III)Otras algunas menudencias había que advertir, pero todas son de poca importancia y que no hacen caso a la verdadera relación de la historia; que ninguna es mala como sea verdadera. (DQ I.9,131)
| TEXAS A&M UNIVERSITY |
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| Fred Jehle jehle@ipfw.edu | Publications of the CSA | HCervantes |
| URL: http://www.h-net.org/~cervantes/csa/articf98/urbina.htm | ||