From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America
17.2 (1997): 25-58.
Copyright © 1997, The Cervantes Society of America
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JULIO RODRÍGUEZ-LUIS |
| Para José María Casasayas |
a probablemente desmedida
ambición de este ensayo es examinar la expresión por parte
de Cervantes, en El casamiento engañoso y Coloquio de los perros,
de su concepción del mundo y del arte narrativo. Pero antes quisiera
explorar la manera como suele nuestro autor comunicarnos sus opiniones, la
cual implica una decidida voluntad de autorrepresentación. No se trata
de la representación de la propia
biografía,1 sino de la expresión
de opiniones que, porque parecen exclusivas de Cervantes, también
sirven para representarlo, tan vivamente como los prólogos a ambos
Quijotes, las Novelas ejemplares, y Persiles y Sigismunda.
En el Coloquio nuestro autor manifiesta
su visión del mundo y del arte narrativo, de forma más
explícita que en otros textos, a través de los comentarios
de los dialogantes, los cuales reflejan, a su vez, experiencias vitales,
algunas de las cuales intuimos que se hallan representadas parcialmente en
la historia. La profecía de la bruja Camacha, donde culmina, pues
encierra la clave de la humanidad de los canes, el episodio por eso mismo
reconocido desde siempre como
1 Esta
ha sido examinada a menudo, siendo la experiencia como cautivo
(Quijote, I, 39-41, La española inglesa, El amante liberal,
Los baños de Argel, El trato de Argel) la que más
atención ha recibido. Ver, por ejemplo, Juan Bautista Avalle-Arce,
La captura (Cervantes y la autobiografía), Nuevos
deslindes cervantinos (Barcelona: Ariel, 1975): 277-333.
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el más significativo del
Coloquio,2 le sirve a Cervantes para
sintetizar su concepción de la vida humana; el final de la novela
vuelve a la profecía para relacionar su sentido con el valor de la
obra artística. Se trata, por lo tanto, de algo diferente a la
autorrepresentación que lleva a cabo Cervantes en el Viaje del
Parnaso, el único de sus textos, aparte de los prólogos,
que emplea un discurso narrativo de tipo
autodiegético3, y en el prólogo
del Persiles el más personal de todos, puesto que no
trata de la obra que se supone destinado a presentar, o a las varias
representaciones de porciones de su biografía, como estudiante, soldado,
cautivo, habitante de Sevilla, que aparecen por toda su obra, pero especialmente
en la novelística, y más específicamente en las Novelas
ejemplares y en el Persiles, cuya variedad de acción y
abundancia de personajes facilita si no es que exige del novelista la
reproducción de la propia experiencia vital en la historia que
narra.
La expresión de su visión del
mundo que desarrolla Cervantes en sus narraciones, y la autorrepresentación
que implica, dependen de su manera de narrar. En la obra novelística
de Cervantes se observa una relación muy peculiar, por su modernidad
respecto a la época en que tiene lugar, del autor con el lector, al
cual las voces de aquél hablando como tal, o a través de los
personajes, parece a menudo que se estuviera dirigiendo directamente, por
el modo como le comunica sus ideas y opiniones sobre esto y aquello:
2 Dice
Amezúa: Entre todos los episodios del Coloquio de los
perros hay uno tan vivo, sobresaliente y realista que logra destacarse
por maravilloso modo entre todos sus hermanos, en el conjunto general de
la novela ([1912] 153; [1958] 451).
3 Esta obra,
aunque no es una autobiografía, contiene una representación
autobiográfica de su autor. Ver Canavaggio (1981) 29-41, y Elias L.
Rivers, Cervantes' Journey to Parnassus, MLN, 85 (1970):
243-48, y Genres and Voices in the Viaje del Parnaso, On
Cervantes: Essays for L. A. Murillo, ed. James A. Parr (Newark, Delaware:
Juan de la Cuesta, 1991): 207-25. El Saffar cree que Cervantes se resiste
a emplear la primera persona por mucho tiempo: en los prólogos al
Quijote introduce a un amigo (I) y pasa a narrar
anécdotas (II); en el del Persiles también introduce
un interlocutor. En sus novelas picarescas, y no obstante que la
autobiográfica era la estructura típica del género,
el protagonista-narrador aparece situado en relación a un interlocutor.
Todo lo cual demuestra para la crítica el absorbente interés
de Cervantes en el Otro, es decir, el marginado, lo reprimido,
y su cuestionamiento de the autonomy of the self, the absolutisms of
language and the univocity of cultural codings ([1988] 191). Vale notar
que a todo novelista le interesa siempre el otro y lo
otro, los seres que quiere representar y sus circunstancias.
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Ahora he hallado ser verdadero, dijo Mahamut, lo que suele decirse que lo que se sabe sentir, se sabe decir, puesto que algunas veces el sentimiento enmudece la lengua (Amante liberal, 173);4 Yo pienso, Ricaredo, que en vuestra discreción se han ordenado estas vistas, y no se os diga que han sido acertadas, pues sabemos que así suele matar una súbita alegría como mata una tristeza (Española inglesa,265); creyendo que le daba cosa que le forzase la voluntad a quererla, como si hubiese en el mundo yerbas, encantos ni palabras suficientes a forzar el libre albedrío (Licenciado, 294); que siempre los ricos que dan en liberales hallan quien canonice sus desafueros y califique por buenos sus malos gustos (Fuerza de la sangre, 314); el dolor de una misma manera ata y desata la lengua del afligido: unas veces exagerando su mal, para que se le crean; otras veces no diciéndole, porque no se le remedien (ibid., 316); justo es y bueno que los hijos obedezcan a sus padres en cuanto les mandaren; pero también es conveniente y mejor que los padres den a sus hijos el estado de que más gustaren, y pues el del matrimonio es nudo que no le desata sino la muerte, bien será que sus lazos sean iguales y de unos mismos hilos fabricados. La virtud, la nobleza, la discreción y los bienes de la fortuna, bien pueden alegrar el entendimiento de aquel a quien le cupieron en suerte con su esposa. Pero que la fealdad della alegre los ojos del esposo, paréceme imposible (ibid., 326); que tan pesada carga es la riqueza al que no está usado a tenerla ni sabe usar della, como lo es la pobreza al que continuo la tiene. Cuidados acarrean el oro y cuidados la falta dél; pero los unos se remedian con alcanzar alguna mediana cantidad, y los otros se aumentan mientras más parte se alcanzan (Celoso, 335); que esta fuerza tiene la hermosura, que, en un punto, en un momento, lleva tras sí el deseo de quien la mira y la conoce: y cuando descubre o promete alguna vía de alcanzarse y gozarse, enciende con poderosa vehemencia el alma de quien la contempla (Dos doncellas, 444); que como el hacer mal viene de natural cosecha, fácilmente se aprende el hacerle (Coloquio, 516); por ser prerrogativa de la hermosura que siempre se le tenga respeto (ibid., 518); que no es buena la murmuración, aunque haga reír a muchos, si mata a uno (ibid., 520); porque no hay mayor, ni más sotil ladrón, que el doméstico, y así mueren muchos más de los confiados que de los recatados; pero el daño está en que es imposible que puedan pasar bien las gentes en el mundo, si no se fía y se confía (ibid., 524).
4 Novelas
ejemplares, ed. Julio Rodríguez-Luis, Clásicos Taurus (Madrid:
Taurus, 1994). Todas las citas de las Novelas provienen de esta
edición.
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Los ejemplos de este comentar
característicamente cervantino que se pudieran extraer del
Coloquio son, por efecto del constante opinar por parte de los perros,
más que los que hallamos en otras Novelas. También el
Quijote, naturalmente, abunda en manifestaciones de ese comentar con
el lector sobre las implicaciones morales de determinados aspectos de la
historia narrada; en el de 1605, a partir, sobre todo, del final del episodio
de Marcela, cuando la acción va a disminuir drásticamente en
relación al diálogo, y la amistad entre hidalgo y escudero
se ahonda.5 Que tal manera de reflexionar
fue siempre una constante de la narración cervantina, se comprueba
al hallar ejemplos de ella en la primera obra publicada de nuestro autor,
La Galatea: por ser cosa ya averiguada que a los tristes
imaginativos corazones ninguna cosa les es de mayor gusto que la
soledad,6 que no hay cosa más
escusada, y aun perdida, que contar el miserable sus desdichas a quien tiene
el pecho colmo de contentos (36); porque amor y deseo son dos
cosas diferentes, que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea
se ama (II, 58).
Se trata de comentarios provocados por ciertos
acontecimientos de la acción que se acaba de narrar. Podemos
considerarlos, por lo tanto, como subproductos de la acción, cuyo
curso subsiguiente no afectan, pues son independientes de, por más
que sean sugeridos por la historia misma: por ejemplo, el comentario citado
antes del protagonista de La fuerza de la sangre sobre la elección
de esposa, aunque contribuya, considerado retrospectivamente, a que acepte
a Leocadia, no influye en la conclusión de la novela del modo que
lo hace la estratagema de la madre del personaje que provoca sus comentarios,
cuando le da el retrato de una mujer muy fea como perteneciente a la esposa
que le han escogido. Esas reflexiones
5 Algunos
ejemplos: que la hermosura en la mujer honesta es como el fuego apartado
o como la espada aguda, que ni él quema ni ella corta a quienes a
ellos no se acerca (El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha,
ed. Luis Andrés Murillo, Clásicos Castalia [Madrid: Castalia,
1978] I: 186); que la boca sin muelas es como molino sin piedra, y
en mucho más se ha de estimar un diente que un diamante (227);
[el oficio de alcahuete] es oficio de discretos y necesarísimo
en la república bien ordenada, y que no le debía ejercer sino
gente muy bien nacida, etc. ( . . . ) Aunque
bien sé que no hay hechizos en el mundo que puedan mover y forzar
la voluntad, como algunos simples piensan; que es libre nuestro albedrío,
y no hay yerba ni encanto que lo fuerce (269); Dios hay en el
cielo, que no se descuida de castigar al malo, ni de premiar al bueno, y
no es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros hombres, no
yéndoles nada en ello (273).
6 La
Galatea, ed. Juan Bautista Avalle-Arce, Clásicos Castellanos (Madrid:
Espasa-Calpe, 1968) I: 30.
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provienen del autor en cuanto tal, cuya experiencia vital, más la
visión del mundo derivada de ella, reflejan. Porque ciertas situaciones
de la acción que está narrando tocan más directamente
que otras su concepción del universo, Cervantes va a expresar ésta
en relación al hecho en cuestión, y va a hacerlo de una manera
peculiarísima, como si conversara con el lector, como si éste,
en lugar de a la distancia que la impresión y distribución
del libro crean, se hallase cerca de él; con lo que parece un deseo
de comunicar a quien lo lee opiniones suyas bien meditadas. Esos comentarios
interrumpen brevemente la acción narrativa, pero con un resultado
positivo, pues van creando una relación entre autor y lector,
independiente de la historia que el uno narra y el otro lee, que concluirá
estableciendo un vínculo muy estrecho entre ambos: quien haya leído
a Cervantes con atención, reciprocando, de hecho, la que él
nos presta, reconocerá siempre su voz.
Repárese en que esos comentarios no
son de tipo didáctico, puesto que no pretenden instruir, como en el
caso de la literatura así llamada; en tanto que en el tipo de
reflexión característico de Cervantes, es la historia la que,
espontáneamente, sugiere o urge al autor a compartir con nosotros
cierta opinión, nunca con un fin prescriptivo. Tampoco suelen ser
los juicios emitidos de tipo tradicional o convencional, como es tan frecuente
en la literatura didáctica, y hallamos también en Cervantes:
compárese, por ejemplo, la reflexión antes citada sobre el
ser rico, en El celoso extremeño, y lo que en la misma obra
se dice sobre las dueñas: ¡O dueñas, nacidas y usadas
en el mundo para perdición de mil recatadas y buenas intenciones!,
etc. (361). Estos apóstrofes expresan una opinión muy corriente
en la época, la cual Cervantes, sin duda, compartía; el otro
comentario expresa una opinión muy personal suya, la cual nos dirige
en un tono muy diferente, pues no se propone ni juzgar al personaje que la
provoca, ni adoctrinar al lector, sino hacerlo partícipe de una
conclusión respecto a la naturaleza humana producto de su experiencia
del mundo.
Repasando la literatura narrativa anterior,
contemporánea de, e incluso posterior a la cervantina, hallo apenas
alguna manifestación del tipo de reflexión examinado. Cuando
autor y personajes comentan sobre los sucesos de la trama es en un tono
diferente:
¡Que yerro es el preguntar en las
cosas que parecen manifiestas!7; mas
digo que quien mas en ello [el hombre] se fia, mas homicida
7 Juan
de Flores, Grimalte y Gradissa, ed. Pamela Waley (London: Tamesis,
1971): 14.
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es de si misma . . . . Pero ¿quien quita a
Fortuna que no use de su officio? Que de las cosas que como enemigos fuyr
deliberamos, en aquellas muy mas presto nos dexa caher (15); Pues
tomad buen esfuerzo contra la mudable Fortuna, la qual a los mas prosperos
pone en mayores peligros, y depues que lo alto suele muy pronto abaxar. No
menos exalza los mas miseros (24); que muchas vezes la piedad
responde cuando firmeza llama a sus
puertas . . . . ¡O señores, si bien
lo miramos, cuántos bienes recebimos de quien siempre nos quexamos!
La soledad causa desesperación algunas vezes, donde nuestras amigas
siempre nos socorren8; ¡Oh
amor, qué de cosas niegas que deseas! Bien haya quien te
entiende9; aunque hay hombres
que antes de los agravios no aman, sirviéndoles de apetito lo que
a otros de aborrecimiento (45); aunque doña Isidora era
de más edad que el novio, contra el parecer de Aristóteles
y otros filósofos
antiguos10; la causa porque las
pastoras olvidamos no es otra sino la misma porque de vosotros somos olvidadas.
Son cosas que el amor haze y deshaze; cosas que los tiempos y los lugares
las mueven o les ponen silencio; mas no por defecto del entendimiento de
las mugeres11.
Me parece que las diferencias entre estas
reflexiones y las cervantinas saltan a la vista, y resultan, básicamente,
de la relativa cercanía espiritual de los autores a sus propios
comentarios, mucho mayor en el caso de Cervantes; mucho menos mediada, en
su caso, por los lugares comunes de la filosofía, en cuanto al contenido,
y por convenciones retóricas en la forma. Porque los hechos que las
provocan lo han tocado de más cerca y, por lo tanto, involucran
directamente la propia visión del mundo, las reflexiones cervantinas
son también más originales. Lo cual no implica que Cervantes
no acuda nunca al saber tradicional, según hacen constantemente Zayas,
Lope, Montemayor, San Pedro o Juan de Flores, y él mismo en
La Galatea, en particular, pero lo característico de
sus reflexiones es su
8 Diego
de San Pedro, Obras completas, I, Tractado de amores de Arnalte
y Lucenda. Sermón, ed. Keith Whinnom, Clásicos Castalia
(Madrid: Castalia, 1973): 178. Un poco antes hallo un comentario más
próximo en tono a los cervantinos: porque ya tú sabes
que el desconfiar consuela, y el entretener enlaza (108).
9 Lope de Vega,
Novelas a Marcia Leonarda, ed. Francisco Rico (Madrid: Alianza Editorial,
1968): 33.
10 Doña
María de Zayas y Sotomayor. Novelas amorosas y ejemplares,
ed. Agustín G. de Amezúa (Madrid: Artes Gráficas, 1948):
146.
11 Jorge de
Montemayor, Los siete libros de la Diana, ed. Enrique Moreno Báez
(Madrid: Real Academia Española, Biblioteca Selecta de Clásicos
Españoles, 1955): 44.
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carácter personal: son suyas propias, no imitadas ni
hurtadas; lo mismo que las Novelas ejemplares (85).
En un prólogo a una edición de
las Novelas, Borges, quien escribió algunas páginas
memorables sobre Cervantes, dice:
Cabe sospechar . . . que para los lectores contemporáneos, el agrado de estas ficciones no reside en la fábula, ni en los atisbos psicológicos, ni en sus pinturas de la vida española en los tiempos de Felipe III. Reside en la manera de Cervantes; casi diríamos, en la voz de Cervantes. El Marco Bruto de Quevedo, las Empresas y la Corona Gótica de Saavedra Fajardo son ilustres ejemplos de estilo escrito;el de Cervantes, cuando no lo perturban vanas ambiciones retóricas, da la impresión de oral (10).
Un poco más adelante, Borges afirma que, según los preceptos de la retórica, no hay estilo más deficiente que el de Cervantes12; a esos defectos, sin embargo, los anula o los atempera cierto encanto esencial, cualidad ésta que escapa enteramente al análisis. Y de nuevo compara el estilo cervantino con el de otros clásicos, antiguos y modernos: mientras que algunos de ellos (Chesterton, Quevedo, Virgilio) son integralmente susceptibles de análisis retórico; otros (Shakespeare, De Quincey) abarcan zonas refractarias a todo examen; los hay que
no son analíticamente justificables. No hay una de sus frases, revisadas, que no sea corregible . . . sin embargo, así incriminado el texto es eficacísimo, aunque no sepamos por qué. A esa categoría de escritores que no puede explicar la mera razón pertenece Miguel de Cervantes (10-11).
Implícito en las observaciones de Borges está la celebración de la modernidad de nuestro autor. Porque, dado que ésta se define en gran medida por el rechazo de la retórica tradicional, el que el estilo de Cervantes no sea analizable retóricamente del mismo modo que los de Quevedo o Saavedra Fajardo, ya sea ello consecuencia de un acto deliberado, instintivo, o incluso de la ignorancia de esos
12
Abunda en repeticiones, en languideces, en hiatos, en errores de
construcción, en ociosos o perjudiciales epítetos, en cambio
de propósito (ibid.). Esta curiosa convicción de que
el estilo cervantino es defectuoso ya la expresó Borges en el ensayo
La supersticiosa ética del lector, de
Discusión (1932), y proviene de dos admirados autores, a quienes
cita allí, Lugones, y Paul Groussac. Ver Julio Rodríguez-Luis,
Nota adicional sobre Borges y el Quijote, NRFH
39, 2 (1991): 1067-1070; p. 1070, y El Quijote según
Borges, NRFH, 36, 1 (1988): 477-500.
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preceptos (de acuerdo con la tesis del ingenio lego), lo sitúa
del lado de acá de la frontera que separa las maneras de narrar antiguas
de las modernas. En lo cual juega un papel fundamental la oralidad del estilo
cervantino que nota Borges, en cuanto que la lengua escrita, a medida que
nos acercamos a la modernidad, va a representar cada vez con mayor frecuencia
la oral, tanto la de los seres que se supone que los personajes representan
(los personajes cervantinos hablan constantemente, y de un modo bastante
natural), como la del autor.
Me parece que lo que admiró a Borges
en lo que llama el estilo y la manera de Cervantes,
el inexplicable encanto especial y la cualidad oral
de la narración cervantina, es precisamente el modo como nuestro autor
se dirige a menudo a sus lectores para comunicarles sus opiniones. Los estilos
que Borges llama escritos e integralmente susceptibles
de análisis, son también máú fáciles
de imitar y menos individuales; el estilo casi oral de Cervantes
resulta, por esa naturaleza, única y cambiante, como la de la voz
humana, siempre reconocible y muy difícil de imitar. La mención
por Borges del nombre de Mahamut (No nos conmueven Mahamut [11]),
cuya reflexión a propósito de la historia del amante
liberal, cité antes, sugiere que le ha llamado la atención
el tipo de comentario que me ocupa. Es más, me atrevería a
afirmar que es su presencia relativamente frecuente en el Quijote
y las Novelas (las obras de Cervantes que Borges conocía) la
que ha provocado sus observaciones sobre la peculiaridad del estilo cervantino,
cuya relativa oralidad debió sorprenderlo en relación
al tono de los otros escritores españoles clásicos que había
frecuentado, y el cual es a menudo, cuando se trata de comentar sobre la
conducta humana, eminentemente
didáctico.13
El paradigma de cuanto vengo diciendo respecto
a la manera cervantina de comunicarnos sus pensamientos es el ensayo
de Montaigne, quien hace del análisis de las propias ideas respecto
a todo cuanto le interesa, el objeto principal de su escritura. De ahí
la palabra essai: ensayo, intento; en lugar de un producto final,
lo que interesa al ensayo es el camino que conduce a él. En el curso
de ese camino, el escritor va construyendo un verdadero autorretrato: nos
13 Angel
Rosenblat, en La lengua del Quijote (Madrid: Gredos, 1971)
demuestra como Cervantes aspira ante todo a desarrollar un lenguaje natural,
donde el buen gusto (la discreción) no obstruya nunca la
fácil comprensión de lo que se dice. La segunda parte del libro
prueba exhaustivamente que la gran mayoría de las llamadas
incorrecciones de Cervantes, provienen de lecturas pedantes o
que conocen mal la literatura del período (ver a propósito
mi n. 12).
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va a decir no lo que ha hecho lo cual constituiría una autobiografía, sino quién y cómo es.14 El modelo del ensayo es la conversación, la cual Montaigne estima como el medio más útil de activar el pensamiento y extraerle sus mejores frutos, pues en el curso del diálogo que en su caso es consigo mismo, a través del intercambio de ideas y opiniones, éstas se afinan y enriquecen.15 Cervantes, quien no había leído a Montaigne, no escribió ensayos, ni tampoco es el objeto de su reflexión ella misma, ya que escribe novelas, cuyo destinatario inmediato es un lector interesado en la acción que tiene lugar en aquéllas. No obstante, comparte con Montaigne aspectos esenciales de su visión del mundo, y también la aspiración a la naturalidad (dice éste en su prólogo al lector: Je veus qu'on m'y voie en ma façon simple, naturelle et ordinaire, sans contantion et artifice [9]), la cual incluye en ambos escritores el estilo (ver n. 13 sobre la llaneza de la lengua cervantina). Dentro del marco de esa naturalidad que gobierna su obra narrativa, y que hace que el diálogo sea en ella tan efectivo, por realista, Cervantes va también en ciertas ocasiones, como Montaigne, desde una perspectiva intelectual y en un tono muy parecidos al suyo, a comentar, bien como narrador externo, o por boca de sus personajes, sobre las repercusiones morales de los hechos que describe. Quien haya leído a ambos autores, no podrá haber dejado de notar qué parecida es la voz de Cervantes a la de Montaigne en esos momentos en los que nos habla, como a un amigo, por encima de, separándose de la historia, pero no para juzgar prescriptivamente lo que sucede en ella, sino para acercarlo a su propia experiencia. La ausencia de didacticismo, la naturalidad o espontaneidad del tono, el modo como ambos autores insertan su persona misma Montaigne explícita, Cervantes indirectamente en la reflexión, son, además, manifestaciones de su modernidad respecto a los estilos de escribir y las maneras de pensar de la época, que es el final del Renacimiento (Montaigne, nacido en 1533, era 14 años mayor que Cervantes, y murió 20 años antes).16
14 Ver
al respecto, Michel Beaujour, Poetics of the Literary Self-Protrait (Miroirs
d'encre, 1980), Trad. Yara Milos (New York: New York University Press,
1991): 3.
15
L'occasion, la compaignie, le branle mesme de ma voix tire plus de
mon esprit que je n'y trouve lors que je le sonde et employe à part
moy (Montaigne, Oeuvres complètes, ed. Albert Thibaudet
y Maurice Rat, Bibliothèque de la Pléiade [Paris: Gallimard,
1967], libro 1, cap. 10: 41); citado parcialmente por Nerlich 269.
16 Castro compara
muy a menudo las ideas filosóficas de Cervantes a las de Montaigne,
señalando las coincidencias entre ambas. Según Castro, si
nuestro autor hubiese reunido en un haz doctrinal sus preocupaciones morales,
no sé [p. 34] cuál habría
sido la trascendencia de su creación; pero sí que en ningún
momento habría sido inferior su ética a la de Montaigne, Lipsio
o cualquier otro gran moralista del Renacimiento ([1972] 347). La
bibliografía cervantina de Murillo menciona sólo dos textos
que comparan a ambos autores (Miguel de Cervantes, Don Quijote de la
Mancha, III, Bibliografía fundamental, preparada por Luis
Andrés Murillo, Clásicos Castalia [Madrid: Castalia, 1978]:
66 y 73). Drake incluye otros cuatro (Dana B. Drake, Don Quixote
[1894-1970]. A Selective, Annotated Bibliography I [Univ of North Carolina,
Department of Romance Languages, North Carolina Studies in the Romance Languages
and Literatures, 1974]; II [Miami: Ediciones Universal, 1978]). Nerlich menciona
a Montaigne varias veces, respecto a la naturaleza del lenguaje, los usos
de la memoria, lo impredecible del curso del pensamiento, el diálogo
como estímulo de éste (253, 264, 269, 281), conceptos que el
Coloquio ilustra.
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La estructura dialógica del
Coloquio facilita, de acuerdo con lo que se dijo respecto a la
conversación, el tipo de comentario que caracteriza el modo cervantino
de narrar, y que, por lo tanto, es especialmente frecuente allí. La
novela carece de narrador extradiegético, el cual se retira tan pronto
como el licenciado abre el cartapacio que contiene el coloquio de los perros,
y sólo reaparece una vez concluido éste. El desdoblamiento
del autor en las voces de los dos canes equivale, de hecho, a hablar consigo
mismo, al modo que lo hace Montaigne.
La novela del Csto-Col tiene que ser
una de las últimas que compuso Cervantes; entendiendo por ello que
es posterior al Primer Quijote. De hecho, y teniendo en cuenta que
las Novelas ejemplares aparecieron en 1613, y el Segundo
Quijote dos años después, y uno antes de la muerte de
su autor de modo que la composición de aquél debe ser
contemporánea de la de algunas Novelas, o al menos de su
revisión, es muy probable que la última de las
Novelas sea también una de las últimas narraciones que
escribió Cervantes. Esto es lo que concluía William C. Atkinson
hace casi cincuenta años en su estudio de la evolución de Cervantes
como narrador. Examinando las siete novelas que la crítica solía
llamar realistas, Atkinson ve en ellas una evolución en
dirección del cuento moderno, la cual culmina en la novela del
Casamiento engañoso, a simple fable . . . of
the biter bit [written] for grown-ups who can take the vicissitudes of life
with a shrug of their shoulders; if they cannot, this tale may help them
to, and that is exemplariness enough (206-207). Sin embargo, la novela
que sigue a la del Casamiento, la del Coloquio de los perros,
no va a desarrollar lo aprendido en la que la precede (que podría
resumirse como la construcción de una narración amena basada
en la más estricta verosimilitud). Lo que deseaba Cervantes
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hacer sobre todas las cosas en cuanto escritor no cabía dentro de ese marco, ya que era to range far and wide over the whole field of human experience. De ahí que acuda a un nuevo medio artístico, el diálogo a la manera del de Luciano, que, al hacer depender la acción en lugar del narrador extradiegético, del diálogo, reduced the narrative to present comment on past experience (207). Atkinson describe el Coloquio como
a fascinating commentary on life and its teachings, it is a masterpiece of acute observation and fine writing, it gives us, among so much else, the membra disjecta of a most suggestive treatise of Cervantes' own on the literary art, it is the one writing of Cervantes that, after the Quijote, we could least bear not to have: but it is not a short story (208).17
La tesis que sobre la evolución de Cervantes propuso El Saffar veinticinco años después de la de Atkinson, se opone diametralmente a la de éste, pues afirma que nuestro autor rechaza en sus últimos años el realismo por una concepción idealizante de la narrativa. La crítica basa su conclusión, por una parte, en las similaridades entre las Novelas que estima tardías (Las dos doncellas, El amante liberal, La fuerza de la sangre, La señora Cornelia, y La española inglesa), y el Segundo Quijote y el Persiles, en el contexto de la influencia ejercida por Heliodorus sobre Cervantes, y por otra en su creencia en que nuestro autor, en el curso de su evolución espiritual, rechaza el perspectivismo, el individualismo, y la percepción del mundo como caótico que caracterizan el Primer Quijote y muchas Novelas.18 Entwistle, en su clásica introducción a la obra de Cervantes, expresa una opinión parecida a la de El Saffar respecto a la evolución de aquél como narrador, que divide en tres etapas. En la última de ellas (la primera comprende los textos que presentan una acción virtuosa como modelo a imitar; la segunda, vicios que deben
17 Y
no lo es precisamente por lo mucho que se parece al Quijote, como
el mismo Atkinson sugiere al igualar ambas obras dentro de la producción
cervantina: ambas son diálogos, el vehículo más apropiado
(ver lo dicho antes respecto a Montaigne) para comentar sobre la experiencia
humana, propósito que correspondía mejor a las preocupaciones
de la época que el de escribir novelas psicológicas.
18 Cervantes
rediscovered beyond individual uncertainties a benign transcendent
reality the perfection of which could not include the deliberate maintenance
of man in an ambiguous condition ([1974] 164). Debido a lo cual, sus
personajes comprenderán que the liberty of flight which they
have so cherished is illusory and that true liberty can come only through
acceptance of a reality beyond the self (163).
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evitarse), aunque la veracidad de las obras se apoya todavía en la realidad observada por su autor, éste se ha rebelado against the tyranny of fact, buscando a more plastic manner, in which more of the success of the tale should be due to the ingenious combinations effected by the author (Entwistle [1969] 97). Agrega el crítico que se ha llamado a esta actitud creativeness, y que ella conduce al Persiles y a las quejas de Cervantes en el Segundo Quijote (cap. 44) de que teniendo habilidad, suficiencia y entendimiento para tratar del universo todo (ed. cit. II: 366), tenga que contener su imaginación constantemente (ibid.). Entwistle menciona como ejemplos del tercer período La española inglesa, La ilustre fregona donde se hallan manifestaciones de la manera característica del período anterior y La gitanilla. Mientras que para El saffar el último período de la producción novelística de Cervantes expresaba una culminación de su arte, para Entwistle quien incluye entre las que estima como las novelas tardías de Cervantes, otras que las que considera El Saffar en la misma categoría esas obras son inferiores a las precedentes: The novels of the third sort lie on a descending parabola of genius (97); The plots become more important . . . but they tend to be conventional and to be concluded with too great a complaisance (98). El propósito es proveer honest recreation, con la consecuencia de que los retratos de personajes carecen de la vitalidad de los de los Sevillan rascals, y que también la lengua se empobrece, with a notable loss of dialogue (ibid.) lo cual, hay que aclarar, no se aplica a La gitanilla. La conclusión es que, tras habernos dado Rinconete y Cortadillo y el Coloquio, Cervantes tenía derecho a ofrecernos este otro plato: Such things are to be enjoyed with thankfulness as well as the vivacity, immediacy, bustle, and veracity of the great period (99).19
19 En
un artículo aparecido un año después de
Cervantes, Entwistle repite en parte lo que decía en el
capítulo Laboratory del libro de 1940 a tratar de las
novelas cervantinas que incluyen, además de las
Ejemplares, las que son parte de otros libros. Ahora La española
inglesa es un ejemplo de overlapping styles ([1941] 106).
El segundo período es el de la plenitud, por el realismo de las historias
y el uso del diálogo (ibid.). La gitanilla es la obra típica
del tercer estilo, con su mezcla de realismo e idealismo, que comparten La
española inglesa y La ilustre fregona: The third
manner thus overlaps the second for several years, but it is quite distinct.
It shows that the author had wearied of observation and longed to liberate
his creative fancy, even at the cost of reality. He wished to shape plots
and evolve characters at will. His ageing mind was more tolerant, and more
ready to promote peace and felicity. Aunque las obras mencionadas no
tengan la fuerza de Rinconete, tenemos que agradecer que el autor
del Coloquio tuviese aún bastante ingenio para crear La
gitanilla (108).
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Lo mismo que Atkinson, El Saffar sitúa al Coloquio al final de un proceso evolutivo que para ella, sin embargo, conduce al romance (en la acepción inglesa de narración heroica o fabulosa, defendida por Sobejano [1978] para los libros caballerescos, de pastores, etc.): Csto-Col marca the turning point, chronologically, between the pre-1606 novelas and those that were written later between the realistic and the idealistic tales ([1974] 167). Cuando Peralta
praises the manuscript [el coloquio perruno] not for its credibility, but rather for its artifice and invention, we see Cervantes tracing the steps which led him out of realism, out of a sense of desperation with his unsuccessful past, and into a vision of himself, as artist, liberated from that past, and liberating, at the same time, his fantasy for fuller explorations of the now boundless realm of imaginative literature (ibid.).
En el artículo recién mencionado, Sobejano propone, con argumentos muy persuasivos, que novela y romance coexistían en el espíritu de Cervantes, para quien ambas formas, y sus correspondientes direcciones (realismo, idealismo), pudieron ser opciones compatibles (73); escoger una u otra dirección depende de la condición o situación social del autor y del lector que aquél espera tener (75).20 Al concluir que Cervantes cambió drásticamente de enfoque en 1606, El Saffar convierte obras compuestas con unos pocos años de anterioridad a esa fecha (Rinconete y Cortadillo, probablemente, el Primer Quijote) en primerizas en relación a las escritas entre 1606 y la muerte de nuestro autor tan sólo diez años después. Pero sucede también que el proceso que describe la crítica en Cervantes, de la novela (realista) al romance, va en contra del seguido por la narrativa en las literaturas europeas como ella misma observa, las técnicas empleadas por Cervantes en el Quijote de 1605 (y, por extensión, en las Novelas realistas) son más modernas que las que usa en las obras que cree fueron las últimas que compuso (165) de suerte que cuando El Saffar afirma que el rechazo por Cervantes del realismo por el idealismo, es similar a la trayectoria seguida por Shakespeare, Galdós, Flaubert, Mann, Conrad, y Proust (xvi),
20 El
crítico celebra el modo hasta ahora [el más] profundo
y matizado como El Saffar distingue entre tipos narrativos (69),
pero también critica el que, olvidando el género al que pertenecen
las Novelas, trata de separar dentro de la colección novelas
de romances, basándose en aspectos secundarios supuestamente
diferenciales (74).
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confunde procesos diferentes, los unos espirituales, los otros narrativos.
Es posible que algunos de esos novelistas hayan pasado de estados de
struggle and despair a una aspiración toward
transcendence (ibid.), y que, como dice en la conclusión, Mann
concibiese el mundo como ordenado después de haberlo descrito como
caótico, o que Conrad aspirase a la serenidad (166), pero cuando en
las obras de esos novelistas, y en las de otros como Flaubert y Galdós,
ocurre un rechazo de la técnica realista, no hay que atribuirla a
una crisis espiritual necesariamente, pues se trata de narradores que escriben
hacia el final del proceso en dirección al realismo psicológico
iniciado precisamente por Cervantes, y el cual es muy probable que les pareciese
para esas fechas agotado. (No entiendo, francamente, el papel de Proust en
esa lista; en cuanto a Shsakespeare [166. n. 7], podemos asumir también
en él la coexistencia de intereses estéticos opuestos que
describía Sobejano en Cervantes.)
Aunque difieren en el modo de situar al
Coloquio dentro de la obra de Cervantes, tanto Atkinson como El Saffar
lo ven como la culminación de una serie de experimentos con el arte
de la ficción, posición en la que coincide Entwistle,
indirectamente, cuando celebra esta novela como ejemplo de la madurez
artística de su autor.21 Nótese
que también Pabst reconocía la extraordinaria importancia de
la novela doble, desde otra perspectiva, al sugerir que confería sobre
la colección cierta unidad: el desengaño, que el crítico
interpretaba como el tema fundamental de Csto-Col, provee,
retroactivamente, el marco de las
Novelas.22
Paréceme que prueba la situación
tardía del Coloquio en la cronología de la obra de
Cervantes, el obvio interés de éste en esa novela en expresar
tantas cuantas sean posibles de sus opiniones e ideas. El yo cervantino que
la lectura cuidadosa del Coloquio nos permite recomponer no es su
yo biográfico aunque algunos incidentes y episodios de su vida
se reflejen en el texto por el vehículo que provee la variadísima
experiencia biográfica de Berganza, sino
21 El
Saffar no discute la tesis de Entwistle sobre la evolución de Cervantes,
aunque lo cita a menudo a propósito de las fechas propuestas para
las Novelas, y una última vez para decir que en Cervantes,
the Exemplary Novelist, se inclina a la idea de que es imposible establecer
una evolución sobre la base de los estilos de las novelas cervantinas,
pues both idealistic and realistic tales were being written in roughly
the same period ([1974] 172, n. 9). Aunque notando la superposición
de los estilos en la escritura de las Novelas, Entwistle observa una
evolución en Cervantes como novelista.
22 Walter Pabst,
La novela corta en la teoría y en la creación literaria,
trad. Rafael de la Vega (Madrid: Gredos, 1972): 241-245.
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principalmente lo que podría llamarse su yo intelectual, la estructura
de ideas y actitudes vitales que, destiladas de la experiencia biográfica
directa o indirecta, pero también de la lectura, han ido constituyendo
la visión cervantina del mundo; una especie de autorretrato cuyos
detalles, observados de cerca, recuerdan el tipo de reflexión
típico de los essais de Montaigne. En esa visión la
literatura ocupa, naturalmente, un papel esencial, de modo que la novela
que cierra las Ejemplares va a tratar de ella, en relación
a la composición de la obra literaria y a su papel en el mundo y para
Cervantes mismo. El primer aspecto es el que más atención ha
solido llamar: la tipología del cuento que hace Cipión;
críticas a la digresión; observaciones sobre el orden de la
narración, y sobre la literatura pastoril, dramática y épica.
Esos comentarios expresan el deseo del escritor al final de su carrera de
reflexionar sobre el discurso narrativo y sobre géneros literarios
a los que él mismo ha contribuido, todo lo cual ve ahora desde la
perspectiva de una producción literaria cuyo proceso se aproxima a
su fin (también Borges, por ejemplo, en dos de sus últimos
cuentos de su período fantástico, La otra muerte y La
búsqueda de Averroes, reflexiona sobre la composición misma
de la narración fantástica, de hecho deconstruyéndola).
Pero más importante aún es lo que la novela doble de
Csto-Col nos dice respecto al valor y la función de la literatura
en el mundo y a cómo interpreta Cervantes la propia obra.
El alférez de Csto-Col posee
en cuanto narrador una importancia inusitada: A poco de comenzada la novela
del Casamiento engañoso, Campuzano se convierte en narrador
homodiegético (a partir del párrafo que comienza Pues
un día [499], posición que mantiene durante la mitad
de la obra (hasta que Peralta dice Bien grande fue [506], y se
presenta luego como el que ha narrado el coloquio perruno. El alférez
ocupa pues una posición única dentro de la obra cervantina,
en cuanto personaje que narra, primero un episodio el más
importante, sin duda de su vida, en relatar el cual ocupa por más
tiempo el papel de narrador homodiegético que ningún otro personaje
de las Novelas, y en seguida como autor de una de las novelas más
largas de la colección (sólo La gitanilla la excede
en longitud, por un par de páginas).
Para El Saffar, Campuzano puede narrar la historia
de sus fracasos y debilidades only because he has gained a perspective
which allows him to dissociate himself from them ([1974] 69); he
has overcome the weaknesses of the character who bears his name; [he]
has transcended the version of himself that appears in the Casamiento
engañoso (70), por medio de la escritura del coloquio, el
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cual lo salva de su pasado (72). En otro texto, la crítica
interpreta el Coloquio como un sueño de Campuzano, donde éste
se ve a sí mismo como Berganza. La corrupción de la que da
fe el perro en su relato, paralela la del alférez; ambos, sin embargo,
find the promise of [their] salvation in the very pit of [their]
degradation ([1976] 86), de modo que ni el perro que cuenta su propia
historia ni el alférez que narra la de su casamiento, son ya los mismos
que habían sido, el primero porque se ha puesto a servir a Dios (83),
el segundo porque se ha convertido en escritor: Campuzano entrusts
his autobiography [¿la de Berganza?] to Peralta. Then he must wait
. . . for another narrator . . . [to] make it available
to another reading public (86).
En su estudio de Csto-Col, Forcione
concluye que la novela ofrece una visión (del mundo, de la vida)
terribly confining ([1984] 234). Sin embargo, o a pesar de su
realismo, su pesimismo, y las abominaciones que presenta, concluye brindando
al lector an experience of release . . . through purgation
(ibid.). Lo que hace esto posible es la capacidad del discurso para producir
una auto-transformación que, independientemente del hecho de la
imperfección del mundo, constituye the central miracle of the
Christian life (235). Esa especie de liberación
interior se trasmite también al lector, según lo expresa
la primera persona que lee el Coloquio, el licenciado Peralta, cuando,
estimulado por lo que ha leído, no obstante el negativismo de la pintura
que contiene y que el crítico define como the imprisoning
vision of lawlessness (ibid.) vuelve a la vida renovado
o transformado por la experiencia de la lectura (ibid.), y tras elogiar el
artificio del Coloquio y la invención, le propone a su
autor ir a recrear los ojos del cuerpo, pues ya he recreado los del
entendimiento (575).
Para Nerlich, cuando Forcione dice que los
temas de la confesión, la muerte espiritual, y la resurrección
juegan un papel importante en la novela del Casamiento engañoso
(Forcione 140), se acerca a la clave de la novela doble, pero sin verla ([1989]
305). La creación por
Campuzano / Cervantes (306) de los perros hablantes y del mundo
que sus narraciones (en realidad de la de uno de ellos, Berganza) pintan,
equivale, ya que la primera cualidad que el creador les da a sus criaturas
es la palabra, a la creación del universo (In principio erat
Verbum). Ese es el principio que estructura la obra (ibid.). De
ser originalmente verbo, los canes pasan a ser carne,
y por ello (según Nerlich, de acuerdo con el Evangelio de San Juan),
son también lux in tenebris, cualidad que representa en el
texto el que Cipión y Berganza lleven las linternas de los frailes
mendicantes (306). Forcione veía en Csto-Col la huella de los
libros de milagros;
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Nerlich interpreta la novela como un Auto de la
Pasión (ibid.): Campuzano ha concebido su obra desde una
suerte de tumba (el lecho donde, sudando, trataba de curarse la sífilis
una enfermedad entonces mortal, la cual ha adquirido como resultado
de su matrimonio con la muerte (doña Estefanía), y el abandono
de la movilidad del soldado para aposentarse en una casa que es en realidad
un espejismo (307-309). El alférez renace a través de la palabra,
que ofrece la posibilidad de establecer cierto orden en el caso del juego
de bolos que es la vida (311). A partir de esa conclusión, Nerlich,
con típico rigor científico germánico, se dedica a demostrar
que Berganza pasa durante su vida por las doce estaciones de la Pasión
(las estaciones, capítulos o aventuras de su vida que
narra Berganza son diez), la cual, aunque de tipo laico, concluye también
en una crucifixión del espíritu humano presenciada por cuatro
evangelistas (el alquimista, el poeta, el matemático y el arbitrista
a quienes Berganza escucha una noche). Esta estructura creada por Cervantes
forma explica Nerlich una cruz flanqueada por los donantes de
esa especie de cuadro filosófico (pp. 311-319).
A mi ver, estas interpretaciones de la escritura
del Coloquio como expresión del papel redentor de la literatura,
y más específicamente respecto al protagonista de El casamiento
engañoso, son acertadas, pero también yerran en la medida
en que sus propios imperativos ideológicos las llevan a exagerar,
como hacen El Saffar y Nerlich, el aspecto redentorista del valor de la
literatura (el segundo asumiendo incluso que el Coloquio es una nueva
versión de la Pasión de Cristo), o bien el pesimismo del creador
de las historias de Campuzano y de Berganza
(Forcione).23 Con lo cual se corre el peligro
de olvidarnos, al hacer hincapié en esos factores, de otros, igualmente
importantes para entender el sentido de Csto-Col, que caracterizan
el discurso del autuor de las historias de Campuzano y de Berganza. Es el
papel de Cervantes en todo ello el que me interesa esclarecer.
Para interpretar correctamente el sentido de
Csto-Col es menester partir de su relación con la biografía
de su autor, la cual refleja, pero de la que también se aparta
drásticamente. En los prólogos al Quijote de 1615 y
a las Novelas, y en el Viaje del Parnaso, Cervantes expresó
su orgullo por haber luchado en la batalla de Lepanto. En la
23 Castro
parece estar de acuerdo en que a Campuzano lo redime la literatura: El
héroe picaresco no puede abandonar su mezquina psicología;
el alférez Campuzano, ofuscado un momento, vuelve al plano de la dignidad
y nos refiere el elevado coloquio de Cipión y Berganza, que no
habría podido ocupar la retentiva de ningún Guzmán de
Alfarache ([1972] 234).
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novela del Licenciado Vidriera, y en el discurso de las armas y las
letras (Quijote I, caps. 37-38) contrasta los oficios de soldado y
de letrado entendiendo por éste el de licenciado en leyes. Para
don Quijote, el primer oficio resulta muy superior al segundo, por su valor
para la sociedad lo mismo que por la satisfación personal que ofrece,
precisamente a causa de los trabajos que ocasiona; juicio que es escuchado
por sus compañeros de cena muy seriamente. En Lcdo, Tomás
Rodaja, quien había tenido, de muy joven, algún contacto con
la vida soldadesca, bien que como viajero, acompañando a su amigo
el capitán Valdivia, decide, en vista de que, una vez recuperada la
cordura, la fama de loco no le permite ganarse la vida como
letrado, hacerse soldado, y como tal gana también fama.
Csto-Col pinta, en sentido inverso (de las armas a las letras), una
situación parecida, pero de ninguna manera similar, pues el alférez
Campuzano no se transforma en otro licenciado, como su amigo Peralta, sino
en escritor que es lo que se sugiere que Rodaja hubiese preferido ser
(Su principal estudio fue de leyes, pero en lo que más se mostraba
era en letras humanas[286]), de haberle apremiado menos la necesidad
de ganarse la vida. Aun y si su única obra es la Primera Parte del
Coloquio de los perros, Campuzano poseía el talento y la
inclinación para convertirse en escritor profesional, según
indica el comentario de Peralta al saber que ha escrito lo que hablaron los
canes: de muy buena gana oiré ese coloquio, que por ser escrito
y notado del buen ingenio del señor alférez, ya le juzgo por
bueno (510); juicio que confirma la lectura del texto:
paréceme que está tan bien compuesto, etc. (575).
Estos comentarios sugieren, de hecho, que Peralta conoce otras manifestaciones
del ingenio de su amigo como escritor, o se sorprendería de
saber que ha compuesto el diálogo de marras. Su elogio de éste
representa el reconocimiento del talento de Campuzano por la sección
de la sociedad autorizada, por poseer títulos universitarios, para
emitir juicios de valor sobre las obras literarias; es decir, Peralta juega
un papel equivalente al de quienes leen el texto de las Novelas para
aprobarlas. Todo lo cual apoya el que identifiquemos al alférez
con el soldado de aficiones literarias Miguel de Cervantes, quien una vez
dado de baja en el ejército trata de dedicarse a escribir.
La carrera militar del alférez, sin
embargo, no parece desempeñar ningún papel en su vida, mientras
que en la de su creador era constante objeto de orgullo. Aunque el licenciado
se asombra de encontrar al alférez en Valladolid, pues lo hacía
en Flandes (498), el comentario con el que Campuzano comienza la historia
de su casamiento Bien se acordará v.m.
. . . como yo hacía en esta ciudad
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camarada con el capitán Pedro de Herrera, que está ahora en
Flandes (499), y la referencia a su alojamiento aquella
posada de la Solana, donde vivíamos (ibid.) sugieren que
pasa tanto tiempo por lo menos en Valladolid donde debía estar
entonces la corte (ésta permaneció allí entre 1601 y
1606), vivió Cervantes de 1604 a 1606, y tienen lugar también
parte de la acción de Lcdo y el desencanto final de Rodaja
y su decisión de hacerse soldado, mientras seguía allí
la corte, como en Flandes u otros frentes de batalla. Campuzano no
es, por lo tanto, un soldado activo, como Valdivia, el amigo de Tomás
Rodaja, sino activo a ratos solamente, y muy dado al cultivo de su ingenio,
algo a lo que, naturalmente, no se presta la actividad militar.
El matrimonio del alférez recuerda,
inevitablemente, el matrimonio de Cervantes, no porque Catalina de Salazar
compartiese las características morales o la edad de doña
Estefanía de Caicedo (treinta años tenía ésta,
o diez más que Catalina al casarse con Cervantes), sino porque su
riqueza resultó a la larga tan ilusoria como la de doña
Estefanía. No quiero aventurarme por este inseguro terreno de
suposiciones, sino tan sólo sugerir que a nuestro autor pudo haberlo
atraído de su futura esposa, aparte de cualidades físicas que
desconocemos, su apariencia de heredera rica, lo mismo que quizá a
ella la atrajo de ese hombre casi 20 años mayor en edad, su pasado
militar y la al parecer segura gloria literaria que la composición
de un romance (la Galatea), cierta fama como poeta, y posiblemente
el éxito de dos obras teatrales (la Numancia y El trato
de Argel) parecía augurarle. Sin embargo, pasarían más
de 20 años, desde el matrimonio, en diciembre de 1584, y la
publicación de la Galatea, en marzo de 1585, hasta que Miguel
de Cervantes se convirtiese en un escritor verdaderamente famoso, con la
aparición del primer Quijote en 1605. Entretanto, la fortuna
de Catalina, de la que se marido fue administrador a partir de 1586,
resultó nula, debido a las muchas deudas contraídas por su
padre, ya difunto.24 Sea como fuere, la
residencia de Cervantes en Esquivias, el pueblo de su esposa, no duró
mucho. En 1587, tras otorgarle a su cónyuge un poder notarial, se
marcha a Sevilla, y
24 El
valor total del patrimonio de Catalina de Salazar al momento de casarse era
de unos 400 ducados (Canavaggio [1990] 138). Doña Estefanía
le dice al alférez que el menaje de su casa vale 2,500 escudos (501).
Si se trata en ambos casos de monedas de oro, su valor era muy similar
(Canavaggio 315). Por el primer Quijote, Cervantes recibió
1,500 reales (ibid. 205), una moneda muy inferior en valor al ducado y al
escudo (más o menos equivalente a un dólar, mientras que el
ducado equivale $36.50: ibid. 315).
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no hay constancia de su presencia nuevamente en Esquivias hasta 1602. Será
sólo a partir de 1604 que la pareja vivirá junta la mayor parte
del tiempo, comenzando por su residencia en Valladolid, donde Cervantes aguarda
la publicación de su novela por el librero Robles, que ha abierto
una tienda en la nueva capital.25 La casa
donde vivían los Cervantes estaba situada a aproximadamente una manzana
de distancia del hospital de la Resurrección, donde el alférez
Campuzano, convaleciendo de la sífilis, ha escuchado el diálogo
canino. Csto-Col está íntimamente ligado a la estancia
de Cervantes en Valladolid, donde debió ser
concebido26 o hasta escrito en ese
caso, pienso que parcialmente o en forma de borrador. Un año después
de haberse instalado allí, nuestro autor se ve mezclado en un desagradable
incidente provocado por el asesinato de un caballero a la puerta de la casa
donde vive, y a causa de lo cual salen a relucir los enredos amorosos de
sus hermanas y de su propia hija, los escabrosos negocios en que él
mismo estaba metido, y su afición al juego.
Un casamiento por medio del cual quizá
esperaba Cervantes obtener la seguridad económica necesaria para dedicarse
a escribir, pero que fracasa en cuanto tal proyecto, y no se restablece sino
veinte años más tarde, cuando la fama literaria que quizá
encandiló a Catalina de Salazar en 1584, está por fin a punto
de iluminar a nuestro héroe; una vida plagada de dificultades materiales
las cuales no cesan ni aun con la llegada de la fama; la proximidad a la
propia vivienda donde la fatalidad (el proceso por el asesinato de Ezpeleta)
continúa persiguiéndolo, del Hospital de la Resurrección,
con un nombre que, aunque directamente alusivo a la historia de Jesucristo,
invita a que se lo interprete también simbólicamente respecto
a condiciones físicas como la que padecía Campuzano,
y de la cual se cree curado (ver 508), y también espirituales.
En vista de tales circunstancias, resulta tentador imaginar que Cervantes
concibiera el representarse a sí mismo por medio de la creación
de una especie
25 Daniel
Eisenberg, en su reseña de la biografía cervantina de Canavaggio,
cuestiona la afirmación de éste sobre que Cervantes se hubiese
mudado a Valladolid para darle publicidad a su libro. También dice
que no hay razón para calificar de sospechosos sus negocios (Canavaggio
225) (Cervantes, 12, 1 [1992]: 119-24;
121). Es también posible que Cervantes estuviese en la nueva capital
para responder a nuevos cargos de la Contaduría del Reino, la cual
lo había mandado arrestar en 1603. Canavaggio imagina que evitaría
a los contadores, los cuales, por su parte, tenían asuntos más
importantes de que ocuparse (200).
26 Sobre ello
hay cierta unanimidad entre los críticos: ver El Saffar (1974) 62,
n.1.
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de ex-soldado, medio literato además, cuyas aspiraciones a alcanzar el bienestar material fracasan, pero quien, no obstante las vicisitudes que lo frecuentan, ve finalmente triunfar sus ambiciones intelectuales: el primer Coloquio, lo mismo que el Quijote de 1605, es más que bueno; las segundas partes del diálogo canino y de la historia del hidalgo, y otras obras por publicarse, confirmarán el buen ingenio del antiguo soldado.27 En relación a los trabajos materiales pasados, y al tiempo transcurrido desde sus primeros éxitos literarios, lo que le sucede ahora a Cervantes en 1605 es una suerte de resurrección.28 Estoy pues en desacuerdo con quienes creen que después del éxito del Quijote, Cervantes no podría haber escrito obra tan pesimista como el Coloquio: ésta, como sostiene la propia El Saffar, la que menciona a Amezúa al respecto,29 expresa el poder regenerador de la literatura respecto a un mundo sobre cuya naturaleza sería ingenuo
27 Sobejano
rechaza de plano el hacer la salvación del alférez Campuzano
por la palabra . . . equivalente a la de Cervantes por su obra
creativa . . . hacer de este personaje, hundido en una burla de
la que es objeto y sujeto a un tiempo, un portavoz de Cervantes porque prometa
a su amigo contarle otro coloquio . . . es una suposición
desproporcionada (71). La oposición del crítico a esa
identificación creo que se debe a que la ve como dependiente,
exclusivamente del Csto-Col, en lugar de extender lo conseguido allí
por su autor, a la obra entera de Cervantes. Dice Johnson: maybe this
[Csto-Col] is Cervantes' final or most detailed or most profound statement
about the artist (i.e. himself) in society (Carroll B. Johnson, Of
Witches and Bitches: Gender, Marginality and Discourse in El casamiento
engañoso y Coloquio de los perros, Cervantes, 11, 2 [1991]:
7-25; 9).
28 Los nombres
Campuzano y Cervantes tienen el mismo número de letras. Fred Abrams,
en Cervantes' Berganza-Cipión anagrams in El coloquio de
los perros (Names, 24 [1976]: 325-326) postula que el nombre
de Berganza es un anagrama del de Cervantes (Bergan / Cervan), y el de su
interlocutor, del del preceptista Pinciano, quien suponemos que influyó
mucho en nuestro autor. Ello sugeriría, de ser cierto, que los nombres
de los perros fueron inventados por Cervantes. Aunque la crítica ha
tendido a asumir, a partir de las investigaciones de Amezúa, que los
perros existieron realmente, con todo y sus nombres (p.e., El Saffar [1974]
70), aquél no ofrece prueba documental alguna de que los nombres de
los perros fuesen en efecto Cipión y Berganza;
de hecho, sobre sus nombres, da como referencia El casamiento
engañoso ([1912] 77). La existencia del hermano limosnero
Mahudes sí está documentada, y, por lo que se desprende de
la descripción de Amezúa, también el que lo
acompañaban dos perros en su tarea ([1958] 411-412).
29 El Saffar
(1974) 62, n.1. Amezúa piensa que después del éxito
del Quijote o no se hubiera escrito el Coloquio, o su
espíritu y tono hubieran sido muy distintos ([1958] 399). El
Saffar menciona también a Castro, pero lo que éste dice en
realidad es que las Novelas que aquélla considera tardías
y que para Castro son ingenuas, de modo que de ellas y
del Persiles se hablaría mucho menos si su autor no hubiese
compuesto el Quijote, El celoso extremeño, Rinconete y el
[p. 46] Coloquio de los perros
son el producto del deseo de Cervantes de hacerse respetable,
de modo que se convierte ¿temporalmente? en un mesurado
conservador ([1967] 466-467).
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asumir que el escritor había cambiado de opinión sólo
porque al fin una obra suya obtenía el éxito. Además,
y como trataré de demostrar en seguida, el Coloquio no es,
a fin de cuentas, una obra pesimista.
Ni Forcione ni Nerlich proponen identificar
la resurrección por la escritura del alférez Campuzano
con el éxito literario de su creador, pero resulta obvio de las lecturas
del Coloquio por ambos críticos que la capacidad que celebran
del discurso literario para superar el desorden del mundo, aunque se refiere
específicamente a lo logrado por Cervantes en el Coloquio,
implica su obra entera, y a él mismo por ello. Propongo, sin embargo,
que veamos la resurrección de Campuzano desde una perspectiva
diferente a la adoptada por Nerlich, Forcione, e (indirectamente) por El
Saffar. Parto de la relación entre la profecía camacha y lo
que el final del Coloquio sugiere respecto a la concepción
cervantina de la literatura como herramienta para representar y para interpretar
el mundo; concepción que se opone a la que respecto al poder regenerador
del discurso literario acabamos de examinar.
La clave para entender lo que Cervantes se
propone decirnos con la novela que cierra las Ejemplares, se halla
en la profecía de la bruja Camacha sobre la naturaleza de los perros
hablantes:
| Volverán en su forma verdadera, cuando vieren con presta diligencia derribar los soberbios levantados, y alzar a los humildes abatidos, con poderosa mano para hacerlo (552).30 |
30 La
importancia del encuentro entre Berganza y su tía bruja,
ha sido examinada por muchos críticos. Waley cree que el episodio
de la Cañizares es crucial no sólo en relación al
Col, sino también al Csto, como ejemplo especialmente
llamativo de la inmoralidad de las que el alférez y el resto de la
humanidad son culpables (Waley 206). El Saffar nota que el episodio es el
centro de la historia del perro, pues sigue a sus servicios a cinco amos,
y será seguida por servicios a otros cinco (Berganza, sin embargo,
conoce a la Cañizares cuando sirve al soldado, de modo que, aunque
su contacto con ella está desarrollado en gran detalle, no equivale
al servicio a otro amo), y que es the most fully developed of all the
stories Berganza tells and the only one that mediates between his past as
a dog and his present ability to speak. In addition, it is the only narration
that duplicates the method of presentation of the story in which it is
contained (porque se trata de una historia dentro de otra) ([1974]
64; 63).
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La mucha atención que la narración de Berganza presta a la bruja está justificada con creces por la profecía que explica la condición humana del hablante y, por extensión, de su interlocutor y, consecuentemente, el que puedan hablar. De ahí que varias veces el narrador aluda, en el curso de su relato, a ese encuentro clarificador.31 Para Forcione, el oráculo de la bruja constituye la principal de las parodias de las convenciones del romance que desarrollan el tema central del Coloquio el poder del mal (44), pues invierte la conclusión tradicional donde las peripecias del héroe terminan en una anagnórisis triunfante. Amezúa había señaldo ya como la fuente de los versos en cuestión un pasaje de la Eneida, la profecía de Anchises en el canto VI (parcere subiecis et debellare superbos: ten piedad [perdona a] de los humildes [subyugados, subalterns] y vence [subyuga, somete, humilla] a los arrogantes);32 Avalle-Arce, por su parte, notaba también la huella en la profecía de un pasaje del Evangelio de San Lucas (1:51-52): Hizo valentía con su brazo: esparció a los soberbios del pensamiento de su corazón. Desthronó a los poderosos, y ensalzó a los humildes;33 algo que ya había señalado Waley: the line of the Magnificat Deposuit potentes de sede, et exaltavit humiles seems a less recondite source (211) que el verso de Virgilio. Forcione hace hincapié en cómo ambos textos se hallaban entre los más venerados por la cultura en la que se formó Cervantes, trayendo así al Coloquio two sacred historical moments (45), y menciona la reaparición de la profecía virgiliana en la Gerusalemme liberata, del Tasso, y en Paradise Lost, de Milton (ibid., n. 45).34
31 Ver
al respecto El Saffar (1976) 60-61.
32 Amezúa
juzga el pasaje muy oscuro, cree que se propone hacer burla de
pronósticos y otros engendros astrológicos (del
tipo de las profecías que aparecen en el Quijote, I, 46, y
II, 39), y nota que Cervantes era muy aficionado a la profecía virgiliana,
pues la repite en el Quijote, I, 52 (ed. cit. 601), y en II, 18 (176-177),
y 52 (435) ([1912] 621). También nota Amezúa que el emplear
las palabras con un sentido alegórico era frecuente en la literatura
religiosa, pero no en la profana: el Pinciano aconsejaba que de usar una
palabra con reservas, se declarara en seguida su significado
para no dejar al lector a oscuras (655 n. 302).
33 El nuevo
testamento, traducido al español de la Vulgata latina por el Rmo.
P. Phelipe Scio de S. Miguel (Barcelona: Antonio Bergnes, 1837): 54.
Ver Novelas ejemplares, III, ed. Juan Bautista Avalle-Arce, Clásicos
Castalia (Madrid: Castalia, 1982): 294, n. 236.
34 Para el
crítico, el nacimiento de los perros de una mujer, y la conclusión
que hipócritamente pretende sacar de ello la autora del hechizo, Camacha:
así [p. 49] que este perruno parto
de otra parte viene, y algún misterio contiene (552) (Forcione
cree equivocadamente que es la Montiela, la madre de los perros, quien habla:
the bewilderment of his mother . . . the suggestion of a
supernatural consort (this doggish birth comes from another source
[than my man]) . . . [46]. ), alude irónicamente
al nacimiento de Cristo. La interpretación de la profecía como
alusiva a un juego de bolos, es, with its suggestions of aimlessness
and irrational fatality . . . characteristic of Cervantes' demonic
lower worlds (ibid.). El oráculo es el centro del
Coloquio, a través del cual alcanzamos the supreme moment
of anticlimax in the story . . . . Parody at this
point expands to activate religious as well as literary codes [;] [the]
climatic collapse [is surrounded] with the corrosive energies that
are always released by the violation of the sacred (47).
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Ya provenga del verso virgiliano o de los Evangelios, o lo más probable de ambos, la profecía expresa un deseo tan antiguo como la consciencia de las desigualdades sociales,35 que es lo mismo que decir, tan antiguo como las primeras sociedades capitalistas; deseo que el primer cristianismo, por ser la religión de los oprimidos, incorporó a su prédica haciéndolo quizá su mayor atractivo. Es precisamente con esa esperanza de los pobres abatidos de verse algún día en el lugar de los ricos soberbios con la que juega Cervantes, y digo que juega porque la interpretación que hacen los perros hablantes de la profecía aparentemente relativa a su nacimiento, es claramente irónica. Antes de que Berganza, una vez concluida la narración de cuanto tiene que ver con la bruja Cañizares, pase a contar lo que le sucedió con el siguiente grupo social con el que convivió, se impone, como le explica su amigo, decidir si puede ser cierto lo dicho por la bruja. Lo cual es, de entrada, imposible, puesto que cuanto tiene que ver con brujería, como cosa del demonio, son embelecos, mentiras o apariencias (ibid.) producidas por él. Este axioma exige dudar de la realidad del caso portentoso de que ellos, aunque perros, hablen como entres de razón, hasta tanto que el suceso [resultado] dél nos muestre lo que conviene que creamos (ibid.). Y como ello depende de la verdad del oráculo, Cipión se pone inmediatamente a analizarlo. Interpretado en su sentido alegórico, el cual sentido no quiere decir lo que la letra suena, sino otra cosa que, aunque diferente, le haga semejanza (560), lo dicho por la bruja significa que los que ayer estaban en la cumbre de la rueda de la fortuna, hoy están hollados y abatidos . . . y tenidos en poco, mientras que otros que hace muy poco eran lo que hoy día llamamos masa (no tenían deste mundo otra parte que servir en él de número que acrecentase el de las gentes), están ahora mismo
35 Dice
El Saffar: the prophecy . . . predicts that the dogs will
become men again when social justice is restored ([1974] 77).
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encumbradísimos. Lo cual ellos han visto suceder a menudo sin ningún
efecto. El sentido de la profecía debe ser pues el literal
(561), concluye Cipión.
Lo más significativo al respecto es
que el perro sabio, al evitar cualquier mención de la mano
poderosa de la que depende el cumplimiento de lo previsto por el
oráculo, ignora su sentido utópico, el cual expresa una promesa
de redención cuyos destinatarios los pobres de la
tierra del verso de
Martí36 interpretaban
literalmente, para concluir que la profecía se refiere
a un juego de bolos, el cual también han presenciado muchas veces
ambos canes sin convertirse en hombres. Pero llamar a ese sentido de la
profecía literal, resulta del todo arbitrario, siendo
como es más alegórico (los bolos caídos son humildes
abatidos, los que están en pie, soberbios levantados)
que el primer sentido que explica Cipión, el cual, porque expresa
una realidad social (algunos ricos dejan de serlo; algunos pobres pasan a
ser ricos) se acerca más a lo literal. Ese sentido es, naturalmente,
independiente de la promesa evangélica, y no afecta para nada la suerte
de los humildes como grupo. Con un guiño del ojo al lector atento,
el autor del Coloquio nos dice, por boca de Cipión primero,
y en seguida también por la de Berganza, quien acepta sin discutirla
la interpretación de su amigo de la dos veces enunciada (primero por
Berganza en su relato, después por Cipión al interpretarla)
profecía, y cuya existencia se había ya anunciado varias veces
(ver n. 31), que nos olvidemos de ella, pues es una superchería. Es
la importancia de este comentario sobre el mundo, uno de los de más
alcance de los muchos que ha ido haciendo Cervantes a través de su
obra como sus implicaciones, que en seguida examinaré,
demuestran lo que hace que, en lugar de expresarlo del modo que lo
hemos escuchado comentar sobre innúmeros aspectos de la conducta humana,
oculte su trascendencia negándola. De otro modo ésta
interrumpiría demasiado drásticamente el fluir de la
narración: lo que sigue quedaría afectado por esa revelación;
el Coloquio dejaría de ser obra de entretenimiento para pasar
a serlo solamente de enseñanza.
Aunque gracias al ocultamiento del verdadero
sentido de la profecía camacha, Berganza puede proseguir animadamente
con el relato de su vida sin volver a mencionar aquélla, el sentido
del oráculo reaparece, indirectamente, en las anécdotas que
le cuenta a su amigo y quizá hermano para concluir su relato. Cuando
trata de trasmitirle
36 Con
los pobres de la tierra / Quiero yo mi suerte echar (José
Martí, Versos sencillos [1891], III).
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al corregidor de la ciudad la solución que ofrecía un enfermo del hospital para evitar la prostitución de las mozas en Valladolid, le salen de la boca, en lugar de palabras, ladridos, de modo que los criados lo echan de la sala a golpes; la perrilla faldera de una dama, valida de la posición que le da el afecto de su ama, se lanza contra él y lo muerde. A lo cual reacciona Cipión sorprendiéndose, en el primer caso, de que Berganza se queje de que su buena intención (574) haya sido castigada, en primer lugar, porque no hay que dar consejo a quien no lo pide, pero especialmente y esto lo que nos lleva de vuelta a la profecía porque
nunca el consejo del pobre, por bueno que sea, fue admitido; ni el pobre humilde ha de tener presunción de aconsejar a los grandes y a los que piensan que se lo saben todo. La sabiduría en el pobre está asombrada, que la necesidad y miseria son las sombras y nubes que la escurecen; y si acaso se descubre, la juzgan por tontedad y la tratan con menosprecio.
En cuanto a la perrilla, es como los hombrecillos que a la sombra de
sus amos se atreven a ser insolentes, sin tener en realidad
prendas (574) propias.
Esas anécdotas, especie de colofón
de la novela, ilustran el sentido de la profecía. Al principio del
Coloquio, los perros se admiran de ser capaces de hablar no obstante
su naturaleza. No se aclara cuánto tiempo hace que los canes poseen
ese don, pero el que Berganza haya tratado de hablarle al corregidor, sugiere
que la merced (513) del habla no ha sobrevenido inmediatamente
antes de que los perros empiecen a dialogar; el que le salgan entonces en
lugar de palabras, ladridos, indica que esa capacidad no es permanente (el
perro dice que va a hablar lo más que pudiere, porque
no sé cuándo me volverán a pedir este bien, que por
prestado tengo [515]). Aun más importante es lo que el mismo
episodio revela respecto a la posesión por los canes del raciocinio
independientemente del habla. El que Cipión diga que siempre deseó
hablar desde que tuve fuerzas para roer un hueso,
para decir cosas que depositaba en la memoria [ibid.], sugiere
que siempre poseyó la capacidad de organizar los recuerdos de modo
de trasmitirlos a otros. De hecho, lo que más sorprende a Cipión
es el que ambos perros sean capaces de razonar:
y viene a ser mayor este milagro en que no solamente hablamos, sino en que hablamos con discurso, como si fuéramos capaces de razón, estando tan sin ella, que la diferencia que hay del animal bruto al hombre es ser el hombre animal racional, y el bruto irracional (513).
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Resulta, por lo tanto, que estos perros son animales racionales, algo que
el don del habla que misteriosamente han recibido hace de pronto explícito
(Cervantes intuye que el habla y el raciocinio están íntimamente
ligados; hoy día sabemos que el segundo no se desarrolla si el ser
humano no está en contacto desde su nacimiento con el
discurso para emplear el término con el que se refiere
a la palabra como expresión de un pensamiento racional, el propio
Cipión). Tratando de explicarse no el que sean él y Cipión
capaces de hablar, sino el que tengan uso de razón, Berganza recuerda
las virtudes que se suelen elogiar de los canes: un natural distinto
[instinto], tan vivo y tan agudo en muchas cosas, que da indicios y señales
de faltar poco para mostrar que tenemos un no sé qué de
entendimento capaz de discurso (513). A lo cual Cipión agrega
la famosa fidelidad canina, además de la memoria y el
agradecimiento (ibid.) de los perros. Berganza insiste en ello, pero
concluye haciendo hincapié en el entendimiento (514) de
los perros, sólo inferior al del elefante; en lo cual está
Cipión de acuerdo, sólo que lo que más le llama la
atención es que, siendo animales, puedan hablar. El ser racionales
y, además capaces del habla que permite expresar esa capacidad discursiva,
hace de estos canes hombres excepto por la apariencia. La profecía
de la bruja promete remediar precisamente ese problema, sólo que para
que ello tenga lugar, deberá antes sobrevenir una transformación
del orden social y económico tan drástica que resulta
utópica; de ahí que se la identifique con una suerte de
establecimiento del reino de los cielos en la tierra, gracias
a una mano poderosa.
Nada nos permite presumir que Cervantes dudara
de la existencia del poseedor de tal mano, el dios del cristianismo,
pero resulta obvio, al mismo tiempo, que estaba convencido de que su
intervención para alterar la estructura social, no tendría
nunca lugar en vida de los canes, que es lo mismo que decir, de los (seres
humanos) pobres; de ahí, o para evitar el tener que enunciar
conclusión tan pesimista y hasta herética, que
Cipión la ignore deliberadamente, y concluya interpretando como el
verdadero sentido del oráculo el literal, según
él, aunque es en realidad metafórico, el más banal
posible. La base para la identificación del hombre con el perro es
que aquél, aunque posee raciocinio y el habla, se comporta a menudo
animalmente, en tanto que la inteligencia del perro, su identificación
con sus amos y participación en la vida de éstos, le confiere
la especie de cualidad humana que le ha valido la denominación de
el mejor amigo del hombre. Al mismo tiempo, la lealtad a toda
prueba del perro, elogiada al menos desde Homero (el Argos de Ulises), lo
sitúa en un plano moralmente superior al del amo que sirve. Waley,
por ejemplo, compara a Campuzano con Berganza,
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concluyendo que su materialismo (206) contrasta con la actitud moral de Berganza
(207).37 Por otra parte, la existencia es,
para algunos hombres, debido al orden económico y social imperante,
una vida de perros,38 como el
propio Cervantes, siempre endeudado, a menudo mintiendo respecto a su
situación social, perseguido por la justicia a veces
injustamente incluso después de haber alcanzado la fama literaria,
sabía de sobra por la propia experiencia.
Los abatidos los pobres,
la mayoría de la humanidad son también, o incluso
primeramente, según el orden de la frase en la profecía,
humildes. El exaltado elogio que de esa virtud hace Berganza
demuestra, por el modo como es introducido, su importancia precisamente para
los pobres:
A lo que me preguntaste del orden que tenía para entrar con amo, digo, que ya tú sabes que la humildad es la basa y fundamento de todas virtudes, y que sin ella no hay alguna que lo sea. Ella allana inconvenientes, vence dificultades (525).
El modo como los perros halagan a quien han escogido para amo y que incluye hasta limpiarle los zapatos con la lengua, indica que tienen que exagerar la humildad, la virtud que mejor se aviene con la pobreza, y que caracteriza a los canes como especie, si quieren que les sea de provecho. De cualquier modo, la humildad es la virtud favorita de Dios: para entrar a servir a Dios, el más pobre es más rico,
37 La
crítica cita a Parker (Valor actual del humanismo español
[Madrid, 1952]: 20) sobre la razón de que el Col emplee a los
perros para juzgar a los hombres: los hombres aparentan ser veraces,
leales y honrados. Puesto que no lo son, y puesto que hay bondad en la
naturaleza, la virtud natural ha de buscarse en los animales. Los perros,
y no los hombres, dan ejemplo de honradez, de lealtad, y de fidelidad en
el amor (Waley 204, n.). También Murillo celebra la lealtad,
fidelidad e innato sentido del bien de Berganza que es la base de his
canine virtue (Murillo 184). Lord Byron dijo de su perro que poseía
all the Virtues of Man without his Vices (cit. por Marjorie Garber,
Dog Days, The New Yorker, July 8, 1996, 72).
38 El idioma
castellano abunda en expresiones que aluden a aspectos reprobables de la
conducta humana con la imagen del perro. El diccionario contiene las siguientes:
nombre que las gentes de ciertas religiones daban a las de otras por
afrenta y desprecio . . . Persona
despreciable . . . . dar perro a uno
. . . Hacerle esperar mucho tiempo o causarle otra vejación.
dar perro muerto . . . Hacer alguna burla o engaño
bastante pesado . . . . de perro, o
perros . . . Dícese de lo que es sumamente molesto
o desagradable . . . morir uno como un perro
. . . Morir sin dar señales de
arrepentimiento . . . . tratar a uno como a
un perro . . . Maltratarle, despreciarle (Diccionario
de la lengua española, vigésima edición, t. II [Madrid:
Espasa-Calpe, 1989]: 1048).
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el más humilde de mejor linaje (ibid.). El hombre humilde (por
pobre) es pues un perro al que el orden de las cosas le impide desarrollar
su humanidad plenamente, trascender su condición de
bruto.39
Las afirmaciones que hace Cipión
inmediatamente antes de poner fin a [su] plática representan,
sin embargo, un rayo de luz en relación a su oscura interpretación
del oráculo de la bruja. A pesar de que la transformación por
obra divina del orden social nunca tendrá lugar, la virtud y
el buen entendimiento [porque] siempre es una y siempre es uno, desnudo o
vestido, solo o acompañado, serán reconocidos,
independientemente de la estimación de las gentes, por
la realidad verdadera de lo que merece y vale (574) es
decir, una norma universal. Con esa fe puede el pobre continuar llevando
se vida de perro. Que el buen entendimiento es reconocido
lo demuestra la buena acogida del Coloquio del alférez por
el licenciado: está tan bien compuesto, que puede el señor
alférez pasar adelante con el segundo; suficiente para que se
anime aquél a continuarlo sin pretender ya, por cierto, que
es realidad en lugar de ficción: sin ponerme más en disputas
con v.m. si hablaron los perros o no (575), dice Campuzano.
La celebración del artificio
e invención del coloquio va unida a un sentimiento de
placer: vámonos al Espolón [un paseo de Valladolid, cercano
al hospital de la Resurrección] a recrear los ojos del cuerpo, pues
ya he recreado los del entendimiento
(ibid.).40 Ese recreo del
entendimiento nos obliga a considerar lo tratado en el diálogo
de los perros como concebido para, ante todo, entretener. Aunque el destinatario
de este texto sea no sólo el espíritu de su lector como
podría serlo en el caso de tantas otras Novelas, sino
más
39 Cree
Waley que el sentido del verso del Magnificat que en su opinión
imitó Cervantes en la profecía, sugiere que el hombre puede
superar su animalidad by realisation and acceptance of his
redemption (211). Esta interpretación, al poner todo el
énfasis en tal esfuerzo, ignora que la recuperación por los
perros de su humanidad depende, según la profecía, de Dios.
40 Para Murillo
This participation in the work of art which is the act of reading (and
that Cervantes represents in Peralta's reading of the manuscript on
a separate level of reality) is ultimately, then, the exemplary nature of
art itself, that allows us an insight into life, an aesthetic comprehension
of life, on the sole condition that we suspend our actual participation in
life (a través de la solitude and detachment which permits
them [Berganza y Cipión] to discuss openly and uninhibitedly the social
world of man) . . . The deliberate calm,
the anticlimactic note, of the final scene of the collection of twelve novels
underscores this exemplary effect of art (185).
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específicamente su intelecto, dada la importancia de los temas tratados por los perros sabios, de su crítica de tantos aspectos de la sociedad, y de su reflexión sobre la condición humana, de lo que se trata a la postre es de recrear. Lo cual nos lleva al Prólogo al lector de las Novelas. Cervantes explica allí que lo que se propuso con ellas es ofrecer al público (poner el la plaza de nuestra república [84]) una obra de entretenimiento (una mesa de trucos [juego parecido al billar], donde cada uno pueda llegar a entretenerse, sin daño de barras [sin perjudicar a nadie], digo sin daño del alma ni del cuerpo, porque los ejercicios honestos y agradables, antes aprovechan que dañan [ibid.]). La afirmación que sigue a ésta es aun más enfática respecto al propósito de la obra de recrear:
Sí, que no siempre se está en los templos; no siempre se ocupan los oratorios; no siempre se asiste a los negocios, por calificados que sean. Horas hay de recreación, donde el afligido espíritu descanse. Para este efecto se plantan las alamedas, se buscan las fuentes, se allanan las cuestas y se cultivan con curiosidad los jardines (85).
La prueba material de la necesidad para el hombre de recrearse que
recuerda directamente la invitación de Paralta a Campuzano a pasear
justifica que se la satisfaga también por vía de la literatura,
según se proponen hacer las Novelas. Es menester recordar
aquí el modo como Boccaccio, en el epílogo del
Decamerón, defiende la materia mundana y el lenguaje libre
de sus novelle, las cuales were told neither in church
. . . nor in the schools of philosophers . . . nor in
any place where either church-men or philosophers were present. They were
told in gardens, in a place designed for
pleasure.41
Lo que Boccaccio, el primer narrador moderno,
está expresando con esas afirmaciones, y Cervantes, unos 250 años
más tarde, confirma en el prólogo y en las palabras finales
de la última de las narraciones de la colección que tanto iba
a contribuir al desarrollo de la novela moderna, es el rechazo por parte
de la literatura de ficción de la necesidad de subordinarse a un
propósito didáctico. La noción del deleitar
aprovechando, que había presidido la evolución de la
literatura de ficción, se ha definido, para el momento en que aparecen
las Novelas ejemplares, del lado del verbo de la
frase.42 Dice el Pinciano,
41 Boccaccio,
The Decameron, trad. G. H. McWilliam (Penguin Books, 1977): 830.
42 Waley ve
el Col como esencialmente didáctico: The moral intention
claimed in the preface for each and all of the Novelas ejemplares
. . . is nowhere so overt and of such wide appliction as in the
Coloquio de los perros (203). Murillo [p.
55] señala que el Col pertenece a una tradición
la del diálogo filosófico eminentemente didáctica
(176), a la cual añade un elemento original la caracterización
de los dialogantes.
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Con tal que la acción sea deleitosa, la tal fábula no
ha de ser condenada (cit. por Atkinson, 196); uno de los censores de
las Novelas, Fray Diego de Hortigosa, halla en ellas, ante todo,
cosas de mucho entretinimiento, y también, naturalmente,
avisos y sentencias de mucho provecho (77); otro, Fray Juan Bautista,
también antepone a cualquier otra la capacidad de las historias que
ha examinado de entretener: la verdadera eutropelia [burlas graciosas
y sin perjucio para nadie, honesto
entretenimiento]43 está en estas Novelas,
porque entretienen con su novedad, enseñan con sus ejemplos a huir
vicios y seguir virtudes (75), y el rey, en fin, por la pluma de
algún secretario, afirma que es el de las Ejemplares libro
de honestísimo entretenimiento (81), frase donde el
énfasis cae del todo del lado del entretenimiento, al que lo honesto
la intención didáctica simplemente califica.
La composición del enjundioso coloquio
de los perros por el alférez que todo lo ha perdido, desde las galas
falsas con que engañaba a otros hasta el pelo mismo, expresa cómo
la capacidad de producir textos literarios tiene un efecto liberador respecto
a la miseria de la condición humana, empezando por la de Cervantes
mismo. Pero liberar no equivale, nótese, a regenerar. El que puedan
hablar algunas veces no altera la condición canina de
Cipión y de Berganza, como tampoco el haber transcrito su diálogo
cura al alférez por más que él así lo
crea de la enfermedad que al cabo lo destruirá, o el gran
entendimiento y hasta el éxito literario salvan de la pobreza y las
preocupaciones que conlleva al creador del coloquio. Lo que sí consiguen
es distraerlo de la consciencia de esas y otras independientes de la
pobreza mezquindades y trabajos consustanciales a la condición
humana, lo mismo que a su transcriptor, Campuzano, de la de su humillación,
y a los perros, sus protagonistas, de su animalidad. El producto final de
ese acto de creación / distracción, Csto-Col, va a
43 Hart
señala que la eutrapelia significa un alejarse temporalmente de las
graves preocupaciones y un prepararse para volver a ellas con renovada fuerza.
The concept of eutrapelia thus dissolves the apparent opposition in
the familiar Horatian doctrine that poetry should be both pleasant and morally
beneficial: poetry is beneficial because it gives pleasure (Thomas
R. Hart, Cervantes' Exemplary Fictions. A Study of the Novelas
ejemplares [Lexington, Kentucky: The University Press of Kentucky,
1993]: 15-16).
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distraer a su lector de la consciencia de la propia condición canina, de acuerdo con lo que hemos visto que es el propóstio de la literatura, sólo que, al mismo tiempo que nos entretiene, al menos el Coloquio también re-crea nuestro entendimiento, por medio del deleite en la descripción de la realidad y el lúcido comentario sobre ella.
| UNIVERSITY OF WISCONSIN-MILWAUKEE |
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| PRINCIPALES AUTORES Y TEXTOS CITADOS | ||
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Amezúa y Mayo, Agustín G., ed. El casamiento engañoso
y el Coloquio de los perros. Madrid: Bailly-Bailliere, 1912.
.Cervantes, creador de la novela corta española. Introducción a la edición crítica y comentada de las Novelas ejemplares. T. II. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1958.
Atkinson, William C. Cervantes, El Pinciano, and the Novelas ejemplares. Hispanic Review 16 (1948): 189-208.
Borges, Jorge Luis. Nota preliminar. Novelas ejemplares. Por Miguel de Cervantes. Buenos Aires: Emecé, 1946: 9-11.
Canavaggio, Jean. La dimensión autobiográfica del Viaje del Parnaso. Cervantes 1, 1-2 (1981): 29-41.
. Cervantes. Trans. J. R. Jones. New York: W. W. Norton, 1990.
Castro, Américo. El pensamiento de Cervantes. Barcelona: Noguer, 1972.
. La ejemplaridad de las novelas cervantinas. Hacia
Cervantes. Madrid: Taurus, 1967:
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El Saffar, Ruth. Novel to Romance: A Study of Cervantes's Novelas ejemplares. Baltimore: The Johns Hopkins UP, 1974.
. Cervantes. El casamiento engañoso and El coloquio de los perros. London: Grant & Cutler, 1976.
. The Woman at the Border: Some Thoughts on Cervantes and Autobiography. Autobiography in Early Modern Spain. Ed. Nicholas Spadaccini and Jenaro Talens. Minneapolis: The Prisma Institute, 1988: 191-214.
Entwistle, William J. Cervantes (1940). Oxford at the Clarendon Press, 1969.
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| 58 | JULIO RODRÍGUEZ-LUIS | Cervantes |
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. Cervantes, the Exemplary Novelist. Hispanic Review 9 (1941): 103-109.
Forcione, Alban K. Cervantes and the Mystery of Lawlessness: A Study of El casamiento engañoso y El coloquio de los perros. Princeton: Princeton UP, 1984.
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Prepared with the help of Sue Dirrim |
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| Fred Jehle jehle@ipfw.edu | Publications of the CSA | HCervantes |
| URL: http://www.h-net.org/~cervantes/csa/articf97/rodrigue.htm | ||