From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America
17.2 (1997): 59-79.
Copyright © 1997, The Cervantes Society of America
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ROBERT L. HATHAWAY |
nochece en una sierra
manchega donde van a cenar don Quijote y Sancho Panza, convidados de unos
cabreros. Ningún banquete cortesano: hervidos tasajos de cabra y un
tinto comarcal, los cabreros tumbados en el césped, el caballero sentado
en un dornajo vuelto al revés
(I:11)1 como silla de honor, su hambriento
escudero a pie. En esta escena de rusticidad cándida y amistosa al
caballero se le ocurre insistir en que su escudero comparta estos manjares
con él en un espíritu de compañerismo e igualdad. Sancho
empero preferiría comer a pie y a solas para no tener que pensar en
cortesías ni modales de mesa; con la testarudez tantas veces
característica de él quisiera seguir sus propias costumbres,
pero su amo le ase del brazo para bajarle a la tierra por fuerza:
Con todo eso, te has de sentar, porque a quien se humilla, Dios
le ensalza.
Aunque Cide Hamete Benengeli subraya la leve
comicidad de esta disputa los dos viajeros, con mucho donaire
y gana, embaulaban tasajo como el puño me imagino que
don Quijote entona sobriamente la frase
bíblica2; aun cuando no, el tema se
destaca por su seriedad en medio de la ligera discordia.
1 Se
identifican las citas del Quijote por parte y capítulo; no
llevan identificación las subsiguientes citas en los mismos.
2 Lucas 14:11.
Gaos erróneamente identifica el verso como el primero (I, 219, n.
36b). Estudiando la frase de Sancho vencedor de sí
mismo (II: 72) quien se [p. 59] refiere
a su amo, Fernando Romo Feito dice que se trata de una venerable sentencia
absolutamente seria inserta en un contexto cómico (256), caso
parecido a este que aquí se discute.
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Pronto el caballero coge un puñado de
las bellotas avellanadas ofrecidas de postre y, meditándolas, empieza
la larga arenga (que se pudiera muy bien escusar) sobre la Edad
de Oro, toda una añoranza de aquella soñada época
idílica cuando nunca habría sido necesaria una lección
sobre el igualitarismo: en aquel mítico entonces nadie habría
pensado en romper con la solidaridad comunitaria. Américo Castro cita
(174-75) a Juan de Mal Lara en su Filosofía vulgar: si
todo estuviese tan concertado que fuese aquello que traen los poetas de la
Edad de Oro, que guardaban sin ley, sin pena, sin algún castigo toda
justicia, yo daría por no menester las penas y jueces (fol.
102v) ni los caballeros andantes, por supuesto. Como premio de la
pacífica y alegre convivencia de todos Dios los ensalzaba, o así
deducimos de la generosidad de la primera madre quien
sin ser forzada, ofrecía, por todas partes de su fértil
y espacioso seno, lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos
que entonces la poseían. Desapareció este respeto
mutuo al nacer el afán de poseer, de adueñarse, así
para destacarse, enaltercerse; no por nada será don Fernando agigantado
en Pandafilando. Brotaron el celo de la maldita
solicitud, la amorosa
pestilencia3; por ello se
instituyó la orden de la caballería andante como defensa de
los débiles, de las acosadas.
La frase a quien se humilla, Dios
le ensalza: ¿aparece por casualidad o introduce Cervantes
un tema que está pensando reiterar por todo el Quijote, es
decir, por todo el de 1605, límite de su ambición autorial
en aquella época? Pues, ¿cómo comprobar su intento autorial?
Cualquier lector puede retorcer el texto leyéndolo según su
deseo de confirmar unas ideas preconcebidas. Espero no caer en tal error
al intentar sostener la mía: lo que cita don Quijote puede ser entendido
como una ¿o sea como la? homilía del Quijote.
* * *
3 Hay
que distinguir entre la amorosa pestilencia y el amor: En
el quijotismo, el amor es un aglutinante decisivo, pero es preciso probar
su existencia. Quien no ama a su prójimo no es digno de la comunidad
en que vive, porque esa comunidad ha sido formada por el esfuerzo de todos
y para todos. Se excluye moralmente de ella quien no es capaz de permanecer
fiel al bien común. El amor humano, al modo humano, es una vivencia
individual. Mas el amor total es la exigencia constante de la solidaridad
(Ramiro León 90-91).
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Humillarse, rendirse de buenas ganas a la voluntad,
a la moral de otro y merecer por ello premio: ¿cuántas veces
alaba Cervantes este procedimiento en su primera parte? Son varias, y
además, creo yo que Cervantes escogió concienzudamente su primera
intromisión: hace poco que don Quijote fue humillado y echado a tierra
por el fuerte brazo / asta de un gigante / molino, iniciando sus aventuras
en busca de la (falsa) gloria mundanal. Ha dejado atrás su hidalguía
de Alonso Quijano para entregarse a una vida nueva y falsa de caballero andante,
y su creador ya empieza a hacernos percibir lo grave de peligrar así
el alma. Lo irónico es que don Quijote no reconoce cuán apta
es su sentencia para sí mismo; acaso porque su propia caballería
su locura es tan recién nacida, no es capaz de darse cuenta
de su propio pecado capitalísimo, el orgullo, además de la
adoración por Dulcinea quien ya desplaza a la
Virgen.4
Sancho trata de disociarse, como excomunicarse,
en el sentido de que prefiere seguir su propia voluntad y no la de quien
es su amo y natural señor, como don Quijote
le hace recordar, diciéndole luego que comas en mi plato
y bebas por donde yo bebiere. Comer en común, beber en
común, comunión . . . El señor
compartiría su subsistencia, su sustancia con su
servidor . . . . Efectivamente, ¿cuánto
sentimiento religioso habrá insinuado en esta segunda salida de don
Quijote? Sí existe, aunque disimulado, expresado en tono menor de
momento en momento por todo el texto de 1605 y, como se reconoce generalmente,
cada vez más en el de 1615.
Sobre el tema de la verdad en el
Quijote, A. A. Parker propuso que la lección de Cervantes,
la expresa el al fin sano hidalgo: ha llegado Don Quijote, por medio
del sufrimiento y de la humillación, a darse cuenta de la verdad suprema,
que «no se ha de burlar el hombre con el alma». Creo que en esta
frase, sencilla y profunda a la vez, se cifra toda la filosofía y
toda la enseñanza que hay en el Quijote (301). Difícil
es creer que Cervantes guardara secreto este tema hasta las últimas
páginas de su obra.
4 Don
Quijote sins because he ignores, and so violates, the virtue of Prudence;
and he sins because he has been capitvated by Pride. And since Prudence is
called by St. Thomas the Queen of the Virtues and since Pride is the very
chief of the Sins, Don Quixote is a very great sinner indeed (Singleton
198). Según el Manual de
confe
ores
de Azpilcueta, la soberbia es la reyna de todos los vicios capitales
(302), pero sería más preciso decir que Quijote peca por
vanagloria, que es vicio que inclina a amar [sic]
de
ordenado
de gloria, y por gloria entendemos tambien la fama y
alabança, además por presunción, vicio,
que nos mueue a emprender obras que exceden a
nue
tras
fuerças, y ambicion, vicio que nos inclina a
de
ordenado
amor de honra (304 y 305).
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David Gitlitz ha trazado en la segunda parte del Quijote una ruta alegórica del viaje del alma hacia su salvación:
El desengaño que sólo se intima al final del primer Quijote viene a ser el gran tema del segundo, en que Don Quijote, engañado por sus libros, sus ambiciones, y su fama, pasa por una serie de aventuras alumbradoras que le hacen percibir y comprender mejor al mundo y a sí mismo. Y a la vez Cervantes nos conduce a los lectores a parecidas percepciones y comprensiones. (108)
Tampoco parece verosímil que Cervantes estrenara este tema tan sólo
hacia el final de la primera parte.
Leland H. Chambers caracteriza las dos partes
de la novela: en la primera los episodios tienen más que ver con el
mal juicio en cuanto a relaciones humanas y premios físicos, mientras
la segunda nos fija la atención en el mismo mal juicio que ahora trata
con la salud del alma, donde don Quijote equipara la caballería andante
con la santidad (318). Pero, los malos juicios de la primera (y hay muchos),
¿no peligrarían también el pleito del antiguo hidalgo
ante el Juicio Final?
En Los valores religioso-filosóficos
de El Quijote, Pedro Rueda Contreras insiste en una orientación
religiosa de toda la carrera de don Quijote: Si el caballero medieval
tenía su código de actuación terrena dirigido a que
su fama y nombre perdurasen en los hechos de armas, torneos y demás
competiciones caballerescas de la época, Don Quijote, sin renunciar
a estas actuaciones de la caballería, aspira a más: a reñir
las batallas del espíritu para ajustarlo según los mandatos
de Dios y enfocarlo al logro de esas victorias que darán una
proyección sobrenatural a su vivir y obrar cotidiano (12-13).
Unas frases antes el crítico propone que Don Quijote se siente
llamado a desplegar sus actitudes caballerescas en conformidad con un fin
alto y noble, cual es el de la gloria de Dios, a través de las acciones
que se propone realizar en pro de los menesterosos y desvalidos que serán
auxiliados por las generosas hazañas de su esforzado brazo (12).
Pero el primer narrador ofrece otro propósito: le pareció
convenible y necesario, así para el aumento de su honra como
para el servicio de su república, hacerse caballero andante,
y irse por todo el mundo con sus armas y caballo (I:1, énfasis
añadidos). Con mucha razón escribe R. M. Flores que Don
Quixote never does anything in the service of his country, and it is crystal
clear from the text that righting wrongs is not the goal, but merely the
means for Don Quixote to gain everlasting renown and fame, [. . .]
and the crown of an empire (220). No hay nada en su decisión,
ni en sus preparativos
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para la carrera, ni en el primer párrafo de la historia que él
mismo imagina de sus famosas hazañas (I:2) que sugiera una
inclinación religiosa. Es católico, sí, pero no a pies
juntillos, como tampoco lo fue su
creador.5
La perspectiva de Rueda Contreras es
hiperbólica, influenciada por su afán de espigar dudosas evidencias
en pro de sus tesis. No digo, claro, que sea errónea del todo, sólo
que es extrema, más o menos en la misma vena que los pensamientos
de Helmut Hatzfeld al investigar si era asceta o no don Quijote; Amado Alonso
respondió a Hatzfeld para corregirle su interpretación:
En el campo secular y mundano de la caballería, y no en el penitente de la ascesis, persigue don Quijote un quimérico ideal de perfección, quimérico porque siendo tal perfección caballeresca de existencia puramente literaria, pretendió don Quijote, en su extraviada fantasía, llevarla a la práctica con la serie de descalabros que conocemos. Ideal quimérico y secular, sin duda, pero sustentado en virtudes no sólo naturales, sino cristianas, cuyo sentido cristiano nunca llega a ahogar la fronda disparatada de la imaginación enferma de aquel hombre de bien. (153)
Así unos acercamientos a los textos
que se fijan en la religiosidad textual (o siquiera subtextual), además
la falta de unanimidad sobre el asunto. Sabemos que al escribir el final
de la segunda parte Cervantes estaba bien consciente de su propia mortalidad,
de la necesidad de pensar en la salud de su propia alma; acaso por esto
generalmente se percibe un crecido interés en el bien del alma, tanto
personal como textual, en la de su protagonista; a fin de cuentas hablamos
de un personaje que se basa en gran parte en las experiencias de su
autor.6
Pero la sentencia bíblica de don Quijote
no es la única nota religiosa en aquel episodio con los cabreros.
La historia del amor de Antonio por su Olalla ilustra un amor respetuoso
a la vez que la religión como un pacífico acuerdo con el rechazo
de una petición amorosa: si
5 El
que una persona profese el catolicismo no significa que apruebe todo lo
introducido en la realidad temporal de la Iglesia por el tiempo, la decadencia
o la fragilidad de los hombres que la gobiernan; Cervantes satiriza
el literalismo en la interpretación de los cánones y
la consiguiente arbitrariedad de las excomuniones, que entonces tanto se
prodigaban, como a costa suya sabía Cervantes (Moreno Báez
249).
6 Para una
comparación consúltese Eisenberg 144-51; sobre las ideas religiosas
de Cervantes véase su n. 40, 13-15.
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la zagala no quiere casarse con él, es posible que se haga
capuchino,7 que en efecto sea ensalzado por
Dios por aquella humildad, aquella decisión de no imponer su propia
voluntad en ella, su propio deseo de amante, claro eco del tema de la arenga
que como prefigura la sencilla canción a Olalla.
Al día siguiente la caballería
andante la verdadera religión del protagonista (Gitlitz
113) sufre un reto más directo. Se tropieza con el señor
Vivaldo quien le escucha explicar qué es un caballero
andante8; pronto está bien enterado
del género de locura que lo señoreaba (I:13). El
caminante pregunta por qué tales caballeros se encomiendan a su dama
cuando entran en batalla y no a Dios, como cada cristiano está
obligado a hacer en peligros semejantes.
Señor,respondió don Quijote, eso no
puede ser menos en ninguna manera, y caería en mal caso el caballero
andante que otra hiciese [. . .]. Durante como un minuto
explica la importancia de la dama y la acción de encomendarse según
los innumerables ejemplos en las historias, es decir,
basándose en los libros que forman la biblia de su nueva
vocación.9
Pero la defensa es al fondo tibia: Don
Quijote's only defense is an appeal to tradition; that is, to the fiction
which he has confused with real tradition. Weakly, he retreats to the
supposition that perhaps his heroes did pray to God as well
as to their ladies (Goodwyn 113, énfasis añadidos). Si
le faltan autoridades, le sobra imaginación: Y no se ha
de entender por esto que han de dejar de encomendarse a Dios; que tiempo
y lugar les queda para hacerlo en el discurso de la
7 Porque
insiste en el matrimonio, la canción revela uno de los conflictos
entre la manera pastoril y la moralidad de la sociedad cristiana (Sieber
189).
8 The pagan
nature of pastoral vis-à-vis the Christian roles of monk and knight-errant
is made even more explicit at the end of Don Quijote's discussion with Vivaldo.
One of the caminantes introduces a moral context: the worth of
every man's life on earth is to be measured from the viewpoint of his
death (Sieber 190).
9 No hay
que olvidar que la verdadera religión del protagonista no es el
catolicismo sino el caballerismo; Quijote rinde culto a los
caballeros andantes y no a Cristo, y los imita como si fueran santos. Su
Virgen es Dulcinea, a quien se encomienda, el que habla mal de ella es blasfemo,
etc. Sus monólogos sobre el caballerismo (II-1, 6, 17) tienen
carácter religioso (Gitlitz 113 y n.11). Bell contrasta esta
escena con la más patente religiosidad del protagonista en la Segunda
Parte: The conversation with Vivaldo [. . .] epitomizes the
way in which Quixote, while accepting the Christian standard, keeps it from
the forefront of his consciousness. In the second part, however, the sense
of a hierarchy emerges by which the religious values are supreme and chivalry
is assimilated to Christian ideals (337).
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obra. Está poco convencido el señor Vivaldo, pero
don Quijote puede esquivarse de un contraataque sobre la cuestión
religiosa porque el caminante expresa sus dudas de que todo caballero andante
esté enamorado; así el genial Cervantes abre una escotilla
de escape para uno que rebién sabe aprovecharse de ella. Sin embargo,
la larga palabrería sobre cómo no es la estirpe de Dulcinea,
tengo para mí que es su modo de gastar tiempo, el que necesita para
tratar de imaginar una más apropiada respuesta; no la encuentra y
termina por prohibir discusiones: Dulcinea es de los del Toboso
de la Mancha, linaje, aunque moderno, tal, que puede dar generoso principio
a la más ilustres familias de los venideros siglos. Y no se me replique
en esto [. . .].
Lo dijo el caminante curioso, la encomienda
caballeresca huele algo a gentilidad, pero don Quijote
no responde al tema por concentrarse en su nueva vida e historia:
Dichosa edad y siglo dichoso aquel adonde saldrán a luz
las famosas hazañas mías, dignas de entallarse en bronce,
esculpirse en mármoles y pintarse en tablas para memoria en lo futuro
[etc.] (I:2). No será por nada que repite la frase inicial
en su arenga a los cabreros, otra obra de su férvida fantasía:
Dichosa edad y siglos dichosos [. . .]
(I:11). Es lícito postular que no fue por casualidad que en aquella
escena rústica Cervantes introdujo estos pensamientos que preceden
la historia de los dos pastores librescos, Grisóstomo y
Marcela.10
En efecto don Quijote tuvo que defender la
verdadera fe religiosa de los caballeros como no desplazada por la fe en
la adorada a quien llevan en su corazón, a pesar de que en las historias
se encuentran pocas o ningunas referencias a tal encomienda (o por lo menos
el caballero parece no poder
recordarlas).11 Ha estado medio escondida
una grandísima ironía: don Quijote, al velar las armas y ser
armado en aquel patio del castillo (I:3), ignoró por
conveniencia el verdadero papel de la religión en este rito caballeresco;
véanse por ejemplo los deberes descritos en unos artículos
de Ramón Llull
10
Encontramos en esta pareja the core of a dramatic conflict in which
the dramatization of la pestilencia amorosa is carried to an extreme
of absolute polarization (Steele 7).
11 [L]os
caballeros solían empezar sus empresas por la invocación del
santo nombre de Dios y lo propio se cuenta de los caballeros andantes en
cuyas historias hubieron de describirse las costumbres del tiempo en que
vivieron ellos o sus historiadores (Clemencín 1296a); don Quijote
habría olvidado dos ejemplos de parte de Amadís.
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en la cuarta parte de su Libro de la
caballería.12 Y si Quijano nunca
leyó este Libro, sí el capítulo 59 de Tirante
el Blanco donde se encuentra todo el voto de los caballeros noveles.
Pero por burla y por escarnio fue armado caballero, y por locura y por necesidad
ha de defender sus modelos.
¿Hay otros personajes que sirven de ejemplos
de una humillación por fuerza, evidenciando así una más
extendida intromisión de nuestro tema? El seductor don Fernando es
el mejor ejemplo, su lujuria, su egocentrismo y su arrogancia de ser
segundón subrayados por aquella replicación en Pandafilando
de la Fosca Vista, un amenazante coloso e hijo prodigioso de la Edad de Hierro.
Explicó don Quijote que en la Edad de Oro no había necesidad
de rejas ni de murallas para prevenir que una joven perdiera su virginidad
por fuerza, mientras que hogaño no está segura
ninguna, aunque la oculte y cierre otro nuevo laberinto, como el de Creta
[. . .] (I:11). El nuevo
laberinto de los hacendados padres de Dorotea no sirvió
para tal defensa es decir, si de veras la quería la guapa
andaluza.
Más tarde se reanuda la historia de
este complicado caso amoroso, en la milagrosa castiventa de Juan Palomeque
a donde llegan todos los enredados. Digo milagrosa a base de
la petición del cura Pero Pérez, que don Fernando
considerase que, no acaso, como parecía, sino con singular
providencia del cielo, se habían todos juntado en lugar donde
menos ninguno pensaba (I:36, énfasis
añadido),13 intimación de la
presencia y control de Dios Creador y por demás de Cervantes
mismo como creador.14 Dorotea confronta a
su seductor con el deber de cumplir con su promesa de casarse con ella:
12 Aquella
parte enseña la manera según la cual un escudero debe
recibir la orden de caballería; se manda que el incipiente vaya
a la iglesia a rogar a Dios la noche antes del día en que ha
de ser caballero, y debe velar, y estar en oración, y en
contemplación, y oír palabras de Dios y de la orden de
caballería; por la mañana conviene que haya
sermón, en el cual se expliquen los catorce artículos en que
está fundada la fe, etc, (57-58).
13 In
Part I [. . .], the theme of love gone astray in the pastoral and
sentimental episodes shows us what can happen when romantic love of another
individual becomes the end of a person's whole existence: Grisóstomo
commits suicide, and only a miraculous conversion prevents Don Fernando
from ruining the lives of Luscinda, Dorotea, and Cardenio (Gallegos
137, énfasis añadido).
14 El
Fénix español es un hombre obsesionado por la Providencia.
Quizás alude y confía en ella tanto por los numerosos peligros
y necesidades de su azarosa vida [. . .]. Dios se preocupó
de su vida, que fue a mejor. En muchos textos sobre la Providencia
[. . .] nos demuestra su sentido cristiano de la vida
(Bañeza Román 221). Vencido don Quijote y en camino a su lugar,
reconoce ¿desengañado ya? que no hay
fortuna en el mundo, ni las cosas que en él [p.
67] suceden, buenas o malas que sean, vienen acaso, sino por particular
providencia de los cielos, y de aquí viene lo que suele decirse: que
cada uno es artífice de su ventura (II:66). Recordemos
el propósito de Alonso Quijano: Si consideramos el destino
[. . .] como un ente distinto a nosotros, esto es, como una fuerza
próxima a nuestra alma y determinante de muchos avatares propios,
los que no saben resignarse, porque carecen de fe en el Todopoderoso, pueden
enloquecerse ante la adversidad. Alonso Quijano no estaba entre los desesperados,
sino entre los que no podían desesperarse. Tenía fe y poseía
un cierto bienestar. Era inconformista porque su elevada inteligencia no
podía estarse en el conocer del latido vivencial diario de la aldea,
sino que debía medirse en la inmensidad de sus inquietudes espirituales.
La propia vida no era para él un valor conquistado, sino un privilegio
recibido que había que potenciar y merecer. La estimación del
hecho social en su parcela humana le impelía a una superación,
que él entendía como un nuevo esfuerzo en bien de todos
(Ramiro León 139-40).
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testigo será la firma que hiciste, y testigo el cielo,
a quien tú llamaste por testigo de lo que me
prometías.
Otros, incluso de nuevo el cura Pero Pérez,
repiten el ruego; el resultado es que se humilla el segundón: el
valeroso pecho de don Fernando en fin, como alimentado con ilustre
sangre se ablandó y se dejó vencer de la verdad, que
él no pudiera negar aunque quisiera. La rendición
se sobreentiende en otro sentido como aceptar la Verdad porque el sacramento,
aunque secreto, le unió irrevocablemente con Dorotea. Lo reconoce
don Fernando: no es justo que esté arrodillada a mis pies
la que yo tengo en mi alma; y si hasta aquí no he dado muestras de
lo que digo, quizá ha sido por orden del cielo, para que viendo
yo en vos la fe con que me amáis, os sepa estimar en lo que
merecéis (énfasis añadido). Estas palabras
ciertamente ilustran un ensalzamiento para quien se ha humillado al reconocer
sus deberes religiosos y sociales.
Tuvo razón Bañeza Román:
Las novelitas intercaladas en la primera parte de la obra, reiteran
la confirmación de la operación de la Providencia de Dios
(224); hace eco a esto de Allen: una de las razones fundamentales por
la inclusión en el Quijote de los cuentos intercalados es
precisamente la reiterada confirmación de la operación de la
Providencia divina en el mundo donde viven don Quijote y Sancho (258).
Sin embargo, las historias de los varios amantes sustentan de modo irónico
e indirecto la tesis de Forcione (149) de que en el Quijote Cervantes
nos recuerda que la justicia poética que gobierna el mundo de los
cuentos de hadas intercalados, desafortunadamente falta en la actualidad.
No hay siempre una intervención divina
directa, para decirlo así; puede ser más implícita,
caso del joven don Luis. Le explica
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humildemente a Juan Pérez de Viedma, el padre de su doña
Clara, por qué está tan lejos de su casa fingiéndose
ser mozo de mulas, infiel a su verdadero estado: amorosas
porfías, un negocio en que le iba la vida, la honra
y el alma (I:44, énfasis añadido). Por la benevolencia
del nuevo Oidor (también porque éste se da cuenta del posible
provecho) don Luis logra ganar dos premios: la aprobación y una promesa
de matrimonio. Este sacramento, por providencia ensalzará el buen
desarrollo de su porfiado amor inocente.
Para entender cómo es el castigo por
negar la sentencia de don Quijote, síguese poco después de
aquella escena rústica el caso de Grisóstomo. Es un hombre
que ha insistido en no humillarse nunca, que ha tratado obsesivamente de
imponerse sobre la independientísima Marcela; porque niega aceptar
las repetidas negativas se desespera y se
suicida.15 Presenciando el entierro mismo
en pleno campo y escuchando su atormentada canción, los lectores no
podemos pasar por alto la lección: la obstinación le condujo
a la autocondenación. Refuerza nuestro entendimiento el fuerte contraste
polar con Antonio, en los sentimientos inocentes los unos, exagerados
los otros y aún en el arte poética llana y sencilla
la primera canción, torcida y ampulosa la segunda.
Miremos otros variantes en el tema de la
humillación y ensalzamiento en este primer Quijote. Cardenio
recupera a la dama de su corazón, no por su propia humillación
sino de modo inactivo, es decir, la humillación de don Fernando se
la devuelve. Ruy Pérez de Viedma, soldado obediente, imaginemos que
se casará algún día con Zoraida, pero ¿cuántos
proyectaríamos un verdadero contento matrimonial, cuántos creemos
ver al capitán ensalzado por ello? De veras puede ser que el renegado
el héroe del escape y acaso la mora sean los ensalzados,
el uno por volver al seno de la Iglesia, la otra por haber cumplido con el
deseo de la Santísima Virgen. Los dos amantes de Leandra, parece que
cada uno se interesa más en mejorar su fama casándose con la
más hermosa zagala de la vecindad;
15 Jehenson
percibe el motivo: we begin to see through the Petrarchan convention
of Grisóstomo's lament to the masochism/narcissism that motivates
his suicide (25). Atrae la idea de que don Quijote no reconoce esto
por su propio narcisismo, su orgullo caballeresco; puede sugerirse
que el ataque contra los molinos/gigantes raya en masoquismo. Ciertamente
los dos se empeñan igualmente en adoptar un papel literario, pero
ni el uno (muerto) ni el otro (loco por ahora) ha entendido bien cuánto
daño implica esto. Rechazo la idea de Ziomek, de que lo
melancólico de la muerte de Grisóstomo gana nuestra
simpatía, aunque sí, Cervantes demuestra que no
hay felicidad como resultado del suicidio (17).
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ciertamente su egocentrismo no puede admitir sustitución por nadie
y un miles gloriosus los castiga huyendo con la amada.
En suma, los que se humillan son perdonados
y apremiados don Fernando, don Luis mientras los que no, los
indómitos agigantados por sus pasiones u
orgullo,16 sufren un castigo comensurado
con la gravedad de sus acciones.
Hacerse caballero andante; derrumbar el libre
albedrío de la mujer amada; encontrar la prueba absoluta de castidad
femenina, el empeño de Anselmo: tres fantasías masculinas,
y tres errores. Si lo pastoril is a male fantasy, a microcosmic image
of man's gender-inflected wish fulfillment (Jehenson 19), también
son fantasías de la misma estirpe la tentativa de encarnar la ficticia
caballería andante del medioevo a fines del siglo XVI y la búsqueda
de absolutos en lo femenino/humano. Son tres hombres destinados al fracaso,
pero don Quijote al final reconocerá su error, lo confesará
y sobrevivirá para morir cristianamente. En su comentario sobre las
leyes de la reprehensión cristiana observa Boruchoff que Las
penas más rigurosas y terminantes que sirven en todo caso para
separar al individuo, privándole de los beneficios de
la comunidad cristiana por medio de la excomunicación o, si ésta
no bastara, quitándole la vida [. . .], las reserva
la teología medieval para los que se nieguen a renunciar a las creencias
particulares a favor de las doctrinas universales que dictamina la fe
cristiana (47-48). A continuación declara que Cervantes por
lo común sigue administrando dulces amonestaciones hasta
los últimos veinte capítulos de la segunda parte del
Quijote cuando, respondiendo al falso Quijote, adopta el
rigor del hierro introducido por el Santo Oficio (49-50). Los dos casos
trágicos citados, creo yo, son ejemplos de este mismo
rigor por la gravedad de su heterodoxia.
Quijote sigue ignorando la validez de su propia
sentencia y no reconoce la obra de la Providencia aun cuando se confronta
con ella, como en el caso de Dorotea y don Fernando cuando Sancho le advierte
que la reina Micomicona ya es una dama particular:
No me maravillaría de nada deso, replicó
don Quijote; porque, si bien te acuerdas, la otra vez que aquí
estuvimos te dije yo que todo cuanto
16 Rielo
explica que queda claro que los vicios, contrario a las virtudes que
Don Quijote llama señoras [II:8], son seres deformes que se comportan
como gigantes a quien el alma no puede vencer, sino con fuerte y leal
pelea (96). Anselmo «el curioso» es otra imagen de cómo
podría ser el final de don Quijote: a pesar de los buenos consejos
de Lotario prosigue con su propósito tan obseso como Grisóstomo
y tan loco como el caballero, los tres persiguiendo una fantasía
propia.
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aquí sucedía eran cosas de encantamento, y no sería
mucho que ahora fuese lo mesmo (I:37). Nuestro protagonista sigue
refiriéndose a su falsa biblia en sus tentativas de entender la realidad,
la mundanal que todavía es la única que sigue interesándole.
Tal protección de sus fantasías continúa aun cuando
se le ofrecen los ejemplos, negativos y positivos, que podrían curarle.
Claro, esta ceguedad moral no es permanente: el pecador tiene sus derechos
de redimirse y la compasión celestial le hará posible el
perdón si se arrepiente, pero por ahora no sabe que peca, creyendo
que obra bien (Singleton 199).
Sin embargo le falta una convicción
entera:
Es evidente que [. . . los] atisbos de la verdad, se hacen más insistentes a medida que a Don Quijote se le gasta, se le va pasando la cólera que le impulsa a tantos actos descabellados en la Primera Parte; pero no hay que olvidar que las dudas aparecen en el primer capítulo de la Primera Parte, y se repiten a través de toda la obra; es decir: Don Quijote carece de certeza, de convicción, en sus momentos más o menos lúcidos. En otros momentos los de la violencia, que no son otra cosa que los accesos de su enfermedad colérica Don Quijote va convencido al encuentro del enemigo, sin vacilación de ninguna clase. (Green 115)17
Hacia el final de la primera parte (sí, donde dijo Gitlitz), parece que la luz ya ha empezado a despejarle las sombras caliginosas de su locura, pero no antes del ataque contra los disciplinantes para librar a la Virgen,18 acto insólito entre sus funestas pretensiones. Es tan puesto en socorrerla don Quijote que ni aun obedecería al rey, minúscula en el texto pero podríamos entenderlo también con mayúscula. Avanza sordo y ciego porque siente tanto las necesidades de probarse a sí mismo, de confirmar la validez de la caballería andante ante el canónigo de Toledo y de comprobar la
17 Hay
violencia intelectual en el reto del caminante y don Quijote
reacciona colérica aunque retóricamente.
18 Alonso: no
encuentro el menor indicio de que Don Quijote esté contra la Iglesia,
ni que trate de cambiar el ideal cristiano por otro antropocéntrico
que se desentienda de Dios. Sus desvaríos hieren a la razón,
no a la religión (149). También Castro: No hay
[. . .] ataques [por Cervantes] a creencias fundamentales, pero
sí punzadas a la vida eclesiástica, a los rezos, a los santos,
a los milagros debidos a la superstición, a lo que es, en suma, obra
esencialmente humana. Muchas ideas cristianas no eran, según los
humanistas, divino privilegio del catolicismo, sino construcciones de la
humana razón. Esa fue la huella de Erasmo en los más altos
espíritus de España (277).
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fuerza del brazo derecho que no pudo defenderle del ataque del lugareño
Eugenio.
¿O es posible que sí sabe
pero prefiere ignorar lo sabido, que está posponiendo la clara
divulgación de su comprensión? Confrontemos las preguntas que
irán flotando por nuestro recuerdo inmediato: ¿por qué
aceptó tan pronto don Quijote aquella voz temerosa que
pide que él y Dulcinea humillen las altas cervices al
blando yugo matrimoñesco (I:46)? ¿Por qué
no responde nada cuando Sancho identifica al cura enfrente de él y
del canónigo de Toledo (I:47)? ¿O cuando hace lo mismo, diciendo
para descargo de mi conciencia le quiero decir lo que pasa cerca
de su encantamento, que son el cura y el barbero ellos mismos
(I:48)? Que no lo son, le contesta su amo; difícilmente
desentrañaremos su verdadero sentido:
Lo que has de creer y entender es que si ellos se les parecen, como dices, debe de ser que los que me han encantado habrán tomado esa apariencia y semejanza; porque es fácil a los encantadores tomar la figura que se les antoja, y habrán tomado las destos nuestros amigos, para darte a ti ocasión de que pienses lo que piensas y ponerte en un laberinto de imaginaciones, que no aciertes a salir dél, aunque tuviese la soga de Teseo.
A mí me suena esta frase como un anticipo de otra suya significativa
en la segunda parte, después del vuelo sobre Clavileño, otro
viaje encantado: Sancho, pues vos queréis
que se os crea lo que habéis visto en el cielo, yo quiero que vos
me creáis a mí lo que vi en la cueva de Montesinos
(II:41).
Chambers observa que No clear pattern
of progress toward common sense governs the trajectory of Don Quijote's
character; instead, the very capriciousness of his responses underlines the
moral necessity for reasoned judgment at the same time that it foreshadows
the sudden recovery of lucidity by Alonso Quijano (316). Para Canfield
la vida de don Quijote es un juguete mecánico al cual Alonso Quijano
ha ido dando cuerda; cuando deja de darla, ya no funciona y se acaba el juego
por voluntad propia, una como forma de suicidio, suicidal retreat,
su última aventura (23-24 y 34). En su acercamiento filosófico
al texto cervantino García Bacca reconoce lo placentero de andarse
caballero: Don Quijote no sufre o padece de alucinaciones sensibles
y concienciales. Ni tan sólo las tiene; sino, al contrario,
se goza en ellas; y de intento, por caballero andante, se expone
a que lo sobrevengan, para mostrar el cumplimiento de su vocación
y de su profesión aun por voto de «ministro y brazos
de Dios en la
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tierra» (325).19 El sentido
lúdico de aquella carrera es inescapable pero no creo que se explique
bien el desenlace de la carrera de don Quijote sin tener muy en cuenta el
claro elemento religioso.
En efecto el plan creado por Pero Pérez
y Maese Nicolás encantar a don Quijote para llevarle
a casa para poder curarle tiende más que nada a confirmar la
locura de su antiguo vecino, a mantenerle alejado, desviado de la verdad:
Educado en la mentira por los libros, trastornando la realidad con
su arrogancia y con su ambición, Don Quijote se pasea por un mundo
de mentiras, nacidas algunas de la malicia, la bellaquería o el
egoísmo de los hombres, y otras de las buenas intenciones de sus amigos,
pero mentiras todas (Parker 297).
Los episodios en el Quijote de 1615
que ayudan a mostrarle la vía de
salvación20 son bien conocidos. Acaso
don Diego de Miranda sirve para demostrarle cómo habría podido
ser su propia vida, pero a Alonso Quijano le sobraba la imaginación
mientras a don Diego nunca le turbó la rutina. La cueva de Montesinos
representa, si no el fallo, la debilidad de las ilusiones del Caballero de
los Leones mucho antes de su llegada en Barcelona; Goodwyn señala
que aquí unas acciones del caballero evidencian cómo his
genuine religion is gaining ground with him, while his knighthood has become
a superficial ostentation which he maintains to evade the stigma of
self-contradiction (115). Gitlitz describe el impacto de su experiencia
en el caballero: después de Montesinos es un Don Quijote a quien
no le creemos totalmente su locura. Ésta parece ya una máscara
[. . .] (116). Máscara tal vez, pero le sirve bien
para desempeñar el papel que ha escogido, tan bien en su entrada al
palacio de los duques que le saludan festivamente como la flor
y nata de los caballeros andantes (II:31), saludo que otra
grandísima ironía confirma la realidad de
su ficción, o así nos lo revela Cide Hamete: aquél
fue
19
Véanse también 184-86.
20 [A]
new knowledge of self must somehow be awakened in him a self-knowledge
which comes from his own dormant reason gradually awakened (Singleton
200), o sea, Cervantes' main method of allowing this light [de la justa
razón] to shine forth is to beat down Don Quixote's pride, that greatest
of sins (202).
Algo curioso: cuando don Quijote peregrina
con Sancho a El Toboso para recibir la bendición de su tan adorada
Dulcinea, no la encuentran la noche de la llegada y salen. Por la mañana
Sancho deja a su amo en las afueras (pero bien cerca) para esperar el resultado
de su embajada. Campos y Fernández de Sevilla nota (365, n. 321) que
había fuera y cerca del pueblo una ermita de mucha
devoción y muy frecuentada de gente de toda esta tierra: la
de Nuestra Señora de los Remedios . . .
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el primer día que de todo en todo conoció y creyó ser caballero andante verdadero, y no fantástico [etc.]. En este momento las líneas divisorias entre verdad y mentira, realidad y ficción, se han esfumado por completo. He aquí otra vez las palabras de Gitlitz:
Don Quijote ha dejado la Cueva de Montesinos, el purgatorio ilusorio de encantamientos soñados, para caer en el purgatorio tangible e incontrolable del mundo de la aristocracia decadente. Es purgatorio y no infierno porque todavía admite el escape, la salvación. [. . .] Don Quijote, cuyo «pecado» es haber atrevido transformarse en caballero andante, es condenado en este purgatorio a ser caballero: a explicar sus pasados y bien conocidos actos caballerescos, a razonar como caballero, a luchar como caballero, todo dentro de un ambiente donde estos actos carecen totalmente de sentido. [. . .] Su estadía en el purgatorio ducal le tormenta, le fastidia, le cansa, y le enseña quién es y cómo es, que al fin es el mayor desengaño. (117)21
El capítulo 58 nos presenta dos momentos que ilustran bien la eficacia de la desilusión progresiva en pro de las verdades eternas. Al dejar atrás aquel purgatorio ducal don Quijote explica qué significa la libertad, uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre, expresión que implica un rechazo de cualesquiera obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recebidas [que] son ataduras que no dejan campear al ánimo libre, frase la última que hace pensar en el mismísimo libre albedrío. Y la subsiguiente conversación entre caballero y escudero es interrumpida por las imágenes de los santos, las cuales provocan identificaciones y explicaciones por don Quijote: Ellos conquistaron el cielo a fuerza de brazos, porque el cielo padece fuerza, y yo hasta agora no sé lo que conquisto a fuerza de mis trabajos [. . .]. Habla quien antes no pudo reconocer la imagen de la Virgen y cita Mateo 11:12. Para Goodwyn este nuevo encuentro y
21 El
episodio debe ser juzgado por el letor [. . .] prudente
mismo, dice Benengeli (II:24), lo cual inspira a de Armas Wilson: Readers
down the ages have decided that the Cave of Montesinos dream may be interpreted
as, among other things, a Christian allegory of the harrowing of hell; an
imitation of an Arthurian trip to Merlin's cave; an oddly malicious theatrical
farce constituting Don Quixote's revenge on Sancho; and, more recently, a
terrible pre-Freudian intuition of the hero's anguished psyche. Termina
con mucha razón: The decades to come will usher in new
interpretations from other prudentreaders (79).
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las contemplaciones hacen evidente que don Quijote ya se ha dado cuenta de
su error espiritual.22
Roque Guinart escucha todo un sermón
de don Quijote que no logra convencerle, pero sus palabras tal vez son otra
prueba textual de que el caballero ya reconoce su propia enfermedad:
saber el origen de la enfermedad es el primer paso a la
curación suena autoconsciente. ¿Ya se habría
dado don Quijote completa cuenta de que él podría ser
médico de sí mismo, que algún día no muy lejano
Alonso Quijano tendría que aparecer ante el Juicio de su Creador?
¿Debemos entender sus palabras como evidencia de un hombre que va
desvistiéndose de aquel falso papel de caballero andante, de don Quijote,
para volverse en el verdadero hidalgo manchego que por el epíteto
de el Bueno se le nombraba en su antigua vida
lugareña?23 Recordemos aquello de
las piezas de ajedrez, y los papeles y vestidos de los actores, ejemplos
del tema de aquella discusión medio religiosa con Sancho, la cual
sigue de cerca el encuentro con la carreta de actores, cuando el caballero
admite que ya sabe que es menester tocar las apariencias con
la mano para dar lugar al desengaño (I:11). Y ahora días
y capítulos después, ¿no sabrá ya que los
sueños, / sueños son?
Pregúntase Allen: ¿Sería
don Quijote la única excepción dentro de este complejo de premios
y castigos, la única víctima de una paradójica ironía
cósmica en un universo de benevolencia y justicia providencial?
Y se contesta: El mundo de la novela no admite tal quiebra en su coherencia
interna (528-29). Si el desengaño de Sancho su propia
conversión ocurre repentinamente aquella noche de la ruidosa
defensa de Barataria, para don Quijote ha sido más lento el proceso,
revelándose por sus pasos, acaso porque estaba más arraigada
y era de más larga duración la nueva carrera movida por su
quimérico ideal caballeresco (Alonso 156) y consagrada
a la
22 His
realization of his spiritual error becomes patently evident when he contemplates
the statues (116). La imaginada caballería celestial
de estos santos brota desde dentro de don Quijote mismo, nos explica Chambers:
In Part II the misuse of judgment in human affairs comes to be seen
as having to do with the health of the soul[;] it is increasingly evident
that the Knight considers the path of knight-errantry to be identified with
that of sainthood and its travails with those of the soul itself
(318).
23 Las
virtudes de don Quijote [de veras las de Alonso Quijano] se habrían
acendrado y lo habrían convertido de caballero en santo, de haber
obedecido a una aspiración directamente religiosa en vez de la
caballeresca que le obsede (Alonso 180). Para Roque, la misericordia
del cielo, y el ejemplo humano de Don Quijote, le proporcionan al desgraciado
bandolero una posible salida del círculo literalmente
vicioso en el que se encuentra (Boruchoff 52).
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dama a quien considera su inspiración si no su razón de ser.
Las lecciones correctivas, las aventuras alumbradoras (Gitlitz
108), habían de ser repetidas, amontonadas; un solo encuentro como
el de Roque tampoco bastaría. El fingido caballero necesita la paz
y silencio de su lecho de hidalgo manchego para meditar lo que se le ha pasado,
en efecto para tocar las
apariencias.24 Esta necesidad,
¿es la que provoca sus palabras a los labradores con quienes se tropieza
en ruta a su lugar?: pensamientos y sucesos tristes me hacen
parecer descortés y caminar más que de paso (II:66).
Sólo de vueltas, por voluntad y convicción propias Alonso Quijano
de nuevo, logra entender la Verdad y se rinde a la única devoción
que puede valerle y apremiarle para siempre amén. De este modo hay
un claro eco de estas palabras antes de su tercera salida: donde
está la verdad, está Dios, en cuanto a verdad
(II:3).25 Se repite aquello de don Fernando:
don Quijote se ablandó y se dejó vencer de la verdad,
que él no pudiera negar aunque quisiera
(I:36).26 El encuentro con las imágenes
de los santos prefigura de inmediato en la conversión de San Pablo
la de Quijote, la cual habría aparecido más temprano si no
se hubiera entrometido Avellaneda para estorbar el desenlace que se puede
imaginar que fue el original.27
He aquí cómo Parker explica este
final:
24 A
Roque los oficiales catalanes No le han concedido ningún espacio
para la meditación, y menos para la autorreforma. También
don Quijote ha de disociarse para contemplar, así para salvarse, pues
las penas y prohibiciones acostumbradas no valen para nada si no se
administran con la debida compasión y dignidad humanas, como también
se ve a lo largo de la Segunda Parte en el caso de las varias tentativas
de acabar por fuerza con las extravagancias de Don Quijote
(Boruchoff 52 y 53, énfasis añadido).
25 Chambers
cita lo dicho dentro de su contexto original: If light is associated
with truth, it is necessarily an attribute of God as well. For a similar
reason, the truth of history is important to man: La historia es como
cosa sagrada; porque ha de ser verdadera, y donde está la verdad
está Dios, en cuanto a verdad [. . .] (325).
Ziomek escribe que la última esperanza del caballero andante
es una buena muerte y su sentido de trascendencia consiste en renunciar a
la fama y gloria que ha adquirido (22), pero es la esperanza más
bien de Quijano.
26 Corchuelo
aprendió una parecida lección secular: Yo me contento
[. . .] de haber caído de mi burra, y de que me haya mostrado
la experiencia la verdad, de quien tan lejos estaba (II:19).
27 Sigo aquí
la interpretación de Snyder: considera que el atropello por los toros
(II:58) parece ser el fin original, roto el espíritu de don Quijote;
sólo faltan el ser vencido por el Caballero de la Blanca Luna y la
vuelta a su casa (280). La conversión de Quijote suggests a
surrender of the bravado of his chivalric persona for the quiet inner virtue
of the true imitation of the saints (286).
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El que recobre el caballero su salud mental en el lecho de muerte no es, como han creído muchos, un final meramente convencional para satisfacer las exigencias de la sátira literaria ni la señal de la derrota por quebrantamiento de la voluntad, sino que es la lógica culminación de esta transformación psicológica y moral, que ya había empezado en el primer capítulo de la segunda parte, cuando confiesa públicamente su extravío al decir: «Ni procuro que nadie me tenga por discreto, no lo siendo.» (300).28
Si Gitlitz sitúa el empiezo del
desengaño de don Quijote hacia finales de la primera parte, Parker
a principios de la segunda, he ido sugiriendo yo que podemos localizar temprano
en el Quijote de 1605 las semillas de la desilusión. Fueron
sembradas en una noche oscura del alma, allá en el patio cuando le
armaron de caballero; bajo la luz del sol, del recto entendimiento, han dado
fruto, lo suficiente para nutrir al enfermizo y curarle: the heart
of the book's religious message concerns the remnant of pagan worship surviving
in courtly love. Cervantes portrays his protagonist as developing by degrees
from vehement chivalry to sober Christianity (Goodwyn
116).29
| COLGATE UNIVERSITY |
28
Compárese Rueda Contreras: como los santos, Don Quijote
llegará a los últimos momentos con la resignación del
héroe que ha cumplido su misión, dejando a la humanidad el
supremo legado de los valores del espíritu, que por más que
el materialismo de la vida quiera postergar, siempre serán los rectores
del pensar humano y los que salven al hombre en las crisis históricas
que se ciernen sobre él con presagios de ruina y destrucción
(13).
29 Últimamente
ha expresado lo mismo Friedman: Near death, [Quijote] claims to see
the light of reason. The spiritual path replaces the earthly course, the
knightly quest, and he returns to God's text (105).
Una muy breve versión de estas páginas
fue leída en el Coloquio Internacional de la Asociación de
Cervantistas en Argamasilla de Alba, el tema Perspectivas en los estudios
cervantinos, el 12 de noviembre de 1995.
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| OBRAS CITADAS | ||
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Allen, John J. La Providencia divina en el Quijote. Cervantes. Su obra y su mundo. Actas del I Congreso Internacional sobre Cervantes. Coordinador Manuel Criado de Val. Madrid: EDI-6, 1981. 525-29.
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Azpilcueta Navarro, Martín de. Manual de
confe
ores,
y penitentes, que clara y breuemente contiene la
vniver
al,
y particular
deci
ion
de
qua
i
todas las dubdas, que en las
confe
iones
suelen occurrir de los peccados [,]
ab
oluciones,
re
tituciones,
cen
uras,
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| Fred Jehle jehle@ipfw.edu | Publications of the CSA | HCervantes |
| URL: http://www.h-net.org/~cervantes/csa/articf97/hathaway.htm | ||