From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America 12.2 (1992): 145-8.
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Estado actual de los otros conocimientos —también llamados brujería— en Montilla


“ROSAMUNDA

Es bien sabido que dentro del saco de la brujería caben muchos aspectos bien diferenciados: curanderismo, invocaciones a espíritus maléficos o benéficos con distintos fines, contacto con el Más Allá a través de personas difuntas, conocimiento, no mediatizado por los sentidos, de la naturaleza de las cosas . . .
     Gran parte de estas formas de ese conocimiento ancestral que se suele llamar brujería perviven, de una y otra forma, en la actualidad.
     La más extendida, tanto en la práctica como en seguidores, es el curanderismo. Quede bien claro que cuando aquí se habla de curanderos no se está hablando de personas con conocimientos de medicina alternativa o que usan hierbas medicinales. Se trata exclusivamente de personas que curan usando medios paranormales.
     Las especialidades más extendidas entre los curanderos locales son las verrugas y los herpes. Hay varias personas que se dedican a ello. Para las verrugas, generalmente no hay que hacer más que dar el nombre. El hombre o la mujer que tienen el don se encargan del ritual sin que el paciente tenga que intervenir.

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     Los herpes, llamados popularmente culebrillas, requieren de un ritual más elaborado. Los curan siempre mujeres. El procedimiento consiste en recitar unas oraciones secretas, que pasan de la curandera a la mujer a la que deja la gracia y suele pertenecer a la misma familia, al tiempo que se realizan unos gestos rituales sobre la herida con hojas de parra o geranio recién cortadas. El número de hojas que se emplean es impar, y el número de días que se repite el ritual también, generalmente 9 u 11. El porcentaje de curaciones es del 100%, por lo que algún médico ha enviado a su paciente directamente a la curandera, en lugar de a la farmacia.
     Aquí no hay curanderos que arrastren gran cantidad de seguidores. Sin embargo, es muy fácil encontrar seguidores de curanderos, conocidos popularmente como “sabios.” Los más conocidos son la sabia de Zuheros; el de doña Mencía, que cura las alergias mediante “injertos” de sangre del alérgico en plantas; hace unos años, la sabia de Écija, que daba remedios y consejos desde lo más profundo de su trance. En la aldea del Cañuelo hay un hombre que cura las afecciones de garganta, sobre todo las anginas, mediante la imposición de manos.
     Pero la estrella indiscutible es el “santo” Custodio de Martos. Obsérvese la diferencia de matiz en el nombre, porque no es gratuita. Los demás curan en su nombre y por su poder, sea quien sea el que lo concede. Sin embargo, Ángel Custodio —es su nombre—, cura “por delegación.” Pasa la consulta en un cortijo cerca de la Fuensanta de Martos. Arrastra multitud de seguidores que se congregan allí cada domingo desde horas antes del amanecer hasta altas horas de la noche. Sus métodos son realmente curiosos. La habitación donde recibe a los pacientes es un cuartito pequeño, con una mesa camilla y cientos de imágenes de todos los santos, entre las que abundan las imágenes de Jesús, con profusión de velas encendidas y flores naturales que vuelven sofocante el ambiente.
     Apenas escucha los relatos de los pacientes, y adivina las enfermedades o problemas que se le consultan. Da consejos sobre normas de conducta y como medicina usa el agua que el interesado recoge en la fuente de la entrada del cortijo y papel de fumar. El poder de curación de lo da el hecho de que sopla sobre el agua y estampa su firma en la portada del librillo de papel. El paciente debe ingerir una y otro a diario.
     Además de problemas de presentes, pasa consulta mediante fotografía, con el mismo notable éxito. El único pago que admite son velas y flores naturales.

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      Se asegura que recibió la gracia estando todavía en el vientre de su madre, a través de su padrino, llamado también Ángel Custodio, que la había recibido a su vez directamente de Dios Padre.
     Aviso de navegantes: quien va a visitarlo de mala fe, suele tener problemas.
     Otra de las facetas de la brujería tradicional que se sigue practicando es la magia negra. Por sorprendente que parezca, se usan las invocaciones a los espíritus malignos para causar daño a personas. En el verano de 1989 se encontraron restos de uno de estos rituales en un paraje aislado a las afueras de Montilla, en dirección O. Estaba destinado a causar la muerte a una persona. Esencialmente, estaba formado por unos círculos de piedras destinados a concentrar energía telúrica de que, reflejada por unas bolas de cristal de roca, darían en una placa de cobre sobre la que se hallaba grabado el nombre de la víctima. En otras piedras, situadas en posición estratégica, se encontraron también grabadas invocaciones y maldiciones. Hay una prueba fotográfica de ello. Quien esto escribe no va a dar más datos. Por más que repugne a las mentes racionales, incluida la suya, estas cosas funcionan, y no le haría ninguna gracia encontrarse su nombre puesto en otra placa. Se podría morir del susto.
     Hay varios practicantes de esta variedad de brujería, pero no están organizados a la manera de las sectas satánicas ni se utiliza la parafernalia que llevan aparejada. Son practicantes solitarios.
     Considerablemente menos peligrosa es la tercera variedad. Desde principios de siglo vienen funcionando en Montilla un grupo espiritista, que se basa en las enseñanzas de Allan Tarder. Este grupo, que tiene el bonito y significativo nombre de “Amor y progreso,” fue durante muchos años la bestia negra del clero local, que lo atacó a través de su prensa, en las homilías y en hojas sueltas, que, si algún día el afortunado poseedor de las mismas de digna facilitarlas, harían la delicia de cualquier investigador de historia de las mentalidades.
     En la actualidad son un grupo legalizado, federado con otras organizaciones del mismo cariz. Entre ellos ha habido personalidades de la vida montillana cuyos nombres se reservan celosamente, por razones obvias. Sus experiencias y sus creencias son más próximas a la vía mística que a cualquier tipo de magia. Ellos consideran que no tienen nada que ver con brujería o cosa parecida, y puesto que así lo afirman, así debe decirse. Se les incluye aquí porque forman parte de lo que es el otro conocimiento.

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     Sus actividades tienen una doble vertiente. Como tal grupo, se reúnen varias veces a las semana para celebrar sus sesiones y estudiar y debatir su doctrina. Son profundamente religiosos, cristianos en un sentido amplio, y entienden la vida como un camino de perfección que no concluye con la muerte. Tienen un guía espiritual con el que se comunican a través de un médium. También les ayudan personas difuntas a las que previamente han “iluminado,” ayudándoles a encontrar el camino hacia Dios después de muertas.
     Las sesiones comienzan con unos rezos, seguidos de una concentración a través de la cual el médium entra en trance y por él de comunica el espíritu guía. Generalmente es escuchado en completo silencio y no se le hacen preguntas. Finalizan tal como empezaron, con unos rezos.
     Tan importante como su vía de perfeccionamiento personal es su actuación social, esta vez a título particular y con el grado de compromiso que cada quien estime oportuno. Participan en movimientos cooperativos y sociales de base encaminados a conseguir una mayor justicia social, convencidos de que Dios ayuda a quien se ayuda a sí mismo y a sus semejantes.
     En ningún caso se les puede considerar una secta. Sus actividades son privadas, aunque no secretas, y no hacen ningún tipo de proselitismo. Están abiertos a explicar sus creencias y doctrina a cualquier persona que se las acerque de buena fe.


Fred Jehle jehle@ipfw.edu Publications of the CSA HCervantes
URL: http://www.h-net.org/~cervantes/csa/articf92/rosamund.htm