From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America
12.2 (1992): 117-26.
Copyright © 1997, The Cervantes Society of America
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MICHAEL D. HASBROUCK |
uando una serie de damiselas
tratan de animar a don Quijote al mostrarse éste rendido después
de mucho baile, el largo, tendido, flaco y amarillo caballero
responde: ¡Fugite, partes adversae! (II, 62). Aunque
críticos tales como Juan Bautista Avalle-Arce y John J. Allen han
explicado que esta frase es fórmula de exorcismo tradicional
en la iglesia (Avalle-Arce II, p. 525; Allen II, p.
498),1 no se ha estudiado la importancia de
la posesión y el exorcismo en el Quijote. Tampoco se ha analizado
el papel del diablo y de Dios en la locura y aventuras del héroe,
aunque es bien sabido que la melancolía se relaciona con el diablo.
Por consiguiente, el presente trabajo mostrará las conexiones que
existen entre la posesión demoníaca, el exorcismo y los estados
mentales de don Quijote.
Cualquier examen del papel del diablo y de
Dios en el Quijote ha de tener en cuenta el pensamiento de Cervantes
sobre el tema. Siempre ambiguo en sus obras, es difícil delinear con
mucha certeza las creencias religiosas de Cervantes. Según Américo
1 Juan
Bautista Avalle-Arce, ed., Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de
la Mancha (Madrid: Alhambra, 1979) 2 vols; John J. Allen, ed., Don
Quijote de la Mancha 13a edición (Madrid: Cátedra, 1990)
2 vols. Todas las citas en el texto son de la edición de Allen.
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Castro, ofrece bastante dificultad reducir a cierto orden la actitud
de Cervantes con respecto a la religión
(245).2 Castro cree que Cervantes ni era
inquisidor ni liberal progresista, sino que era el
literato que hubo en España de carácter más abierto
a las influencias universales (255). Sin embargo, es seguro que Cervantes
poseía un alto nivel de conocimiento bíblico. Juan Antonio
Monroy ha demostrado los abundantes episodios e ideas procedentes de la Biblia
que aparecen en el
Quijote.3
En el pasado, los estudios sobre la locura
y la recuperación final de don Quijote, como los de Otis H. Green
y Daniel Heiple, se han centrado en las causas físicas, particularmente
el desequilibrio de los humores.4 El objetivo
de este estudio no es refutar dichas ideas, que son muy válidas, sino
añadir otra posible lectura del origen de la locura del héroe.
Hasta el momento no se ha explorado la
conexión entre el desequilibrio mental del protagonista y la
posesión demoníaca. Esta idea puede coexistir con la teoría
de los humores, puesto que según el Malleus maleficarum, los
diablos pueden agitar las percepciones interiores y los humores de tal modo
que lo imaginario parezca real (50).5 La Biblia,
y el Nuevo Testamento en particular, es una fuente rica de casos de
posesión demoníaca y de exorcismo. De hecho, sólo en
los evangelios se encuentran casi 50 referencias, normalmente relacionadas
con Jesucristo. Según Robert Petitpierre, algunas de las manifestaciones
de esta posesión
2
Américo Castro, El Pensamiento de Cervantes, segunda ed. por
Julio Rodríguez-Puértolas (Barcelona: Noguer, 1980).
3 Juan Antonio
Monroy, La Biblia en El Quixote, (Madrid: Suárez, 1963).
4 Otis H. Green,
El ingenioso hidalgo, Hispanic Review, 25
(1957), pp. 175-93; Daniel L. Heiple, Renaissance Medical Psychology
in Don Quixote, Ideologies and Literatures, 2 (1979),
65-72. Las teorías de Green y Heiple se concentran en el desequilibrio
de los humores y se basan en el Examen de ingenios para las sciencias,
(1575) de Juan Huarte de San Juan. Huarte de San Juan indica que un desequilibrio
de los humores, particularmente un exceso de cólera o melancolía,
puede producir una hipertrofía de las facultades imaginativas. El
desequilibrio más peligroso es la melancolía anormal que se
engendra cuando una pasión quema los otros humores y puede precipitar
la locura y eventualmente la muerte.
5 Henry Kramer
and James Sprenger, Malleus Maleficarum. Trad. y ed. por Montague
Summers (New York: Benjamin Bloom, 1970). El Malleus es una fascinante
obra que resultó de una bula del papa Inocente VIII en el año
1484. Esta bula ordenó el estudio del gran aumento en los casos de
brujería en Alemania. Así el Malleus es una obra clave
para el entendimiento del pensamiento renacentista sobre la relación
entre el hombre y los demonios.
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en el Nuevo Testamento son . . . Phantasy, falsehood,
wrong judgements and decisions and general atomization and
destructiveness, . . .
(17).6 Carlos Lisón Tolosana, en su
reciente libro Demonios y exorcismos en los Siglos de Oro, ha demostrado
que durante la época de Cervantes había una profusión
de estos fenómenos, tanto en la sociedad en general como en la
literatura.7 Cervantes mismo incluye muchos
personajes y lugares diabólicos, e incluso intercala una novela en
Los trabajos de Persiles y Sigismunda que aborda dichas
experiencias.8 Por otra parte, no hay que
dudar que Cervantes escribe durante la Contrarreforma y que su conocimiento
del tema era amplio.
La importancia de este aspecto en su época
se muestra en la publicación por la Iglesia católica del
Rituale Romanium en 1614 que establecía reglas al respecto.
Adolfo Rodewyk indica que el Rituale Romanium especifica que un exorcista
ha de ser capaz de distinguir entre los síntomas de la posesión
demoníaca y los de la melancolía
(19).9 Otra publicación eclesiástica
de la época fue el Manuale Exorcismorum también de 1614.
Según Rodewyck, algunos de los síntomas encontrados en el
Manuale son un comportamiento violento y también
. . . a great restlessness which does not permit the
person in question to remain in one place and prompts him or her to withdraw
from society (66). También afirma Rodewyk que la verdadera
posesión demoníaca incluye . . . the
appearance of the Devil as a separate, second personality aside from that
of the possessed (16). Otro síntoma que según Martin
Ebon es clave para la identificación de posesión demoníaca
es la repugnancia ante lo sagrado (93).10
Cuando una persona o aún un lugar muestra
estos síntomas, se considera que está bajo la posesión
demoníaca y se hace necesario el exorcismo. Normalmente éste
se realiza con un simple mandato al demonio para que salga en el nombre de
Dios. Según Petitpierre, cualquier cristiano, y aún no-cristiano,
puede
6 Dom
Robert Petitpierre, Exorcism: The Report of a Commission Convened by the
Bishop of Exeter, (Saffron Walden, Essex, G.B.: W. Hart & Son, 1972).
7 Carmelo Lisón
Tolosano, Demonios y exorcismos en los Siglos de Oro, (Madrid: Akal,
1990).
8 Los capítulos
21 y 22 del tercer libro del Persiles cuentan la historia de la
posesión demoníaca y exorcismo de Isabela Castrucho.
9 Adolf Rodewyck,
Possessed by Satan: The Church's Teaching on the Devil, Possession, and
Exorcism, Trad. por Martin Ebon (New York: Doubleday, 1975).
10 Martin Ebon,
The Devil's Bride, Exorcism: Past and Present, (New York: Harper &
Row, 1974).
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convertirse en exorcista con tal de que invoque el nombre de Cristo (21).
Otros dos elementos importantes del exorcismo los constituyen el agua bendita
y la señal de la cruz.(Petitpierre, 21; Rodewyck, 167.)
Después de una cuidadosa relectura del
Quijote y considerando todas estas proposiciones, surgen interesantes
paralelos entre la posesión demoníaca, el exorcismo y el estado
de don Quijote y se ve que la relación entre el diablo, Dios y don
Quixote cambia a través de la novela. En la primera parte del
Quijote las fuerzas demoníacas ejercen un control casi completo
sobre el héroe. La segunda parte, sin embargo, se caracteriza por
la lucha entre el diablo y Dios por la posesión de su alma; lucha
que gana Dios, ya que don Quijote experimenta un lento proceso de exorcismo
que termina con su liberación y su renacimiento como Alonso
Quijano, el Bueno.
En primer lugar, hay que mencionar la
conexión que se establece entre los demonios y las ideas expresadas
en las novelas caballerescas que había leído Alonso Quijano.
Esta conexión se expresa en varias ocasiones, sobre todo antes de
la purga de los libros. El cura afirma que Encomendados a Satanás
y a Barrabás sean tales libros (I, 5), y luego denuncia las
endiabladas y revueltas razones (I, 6) expuestas en el Amadís
de Grecia. Antes de la purga, la sobrina de Alonso Quijano le entrega
al cura y al barbero una escudilla de agua bendita y un hisopo al tiempo
que dice Tome vuestra merced, señor licenciado; rocíe
este aposento, no esté aquí algún encantador de los
muchos que tienen estos libros, y nos encanten, en pena de que les queremos
dar echándolos del mundo (I, 6). Esta acción de expulsar
a los demonios con la ayuda de agua bendita muestra paralelos con el exorcismo,
al mismo tiempo que la quema de los libros recuerda la quema de brujas.
Del comportamiento violento, otro síntoma
demoníaco, hay numerosos ejemplos en la primera parte del
Quijote y no es necesario enumerarlos. Sin embargo, si se combina
la violencia con la repugnancia hacia lo sagrado o lo religioso, la
posesión se hace más evidente. Después del episodio
de los molinos de viento, dos frailes benedictinos montados en mulas, un
coche, cuatro o cinco personas a caballo y dos mozos de mulas a pie tienen
la desgracia de cruzarse con don Quijote. Sancho, temiéndo que su
señor esté a punto de atacarlos, le advierte, que mire
bien lo que hace, no sea el diablo que le engañe (I, 8). Don
Quijote no presta atención al aviso y carga contra los dos
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frailes. Lo significativo es que el héroe ataca a los frailes, que
simbolizan lo religioso, y no a los que van a caballo, que debieran haberle
recordado más a los caballeros andantes. Después del ataque,
cuando don Quijote intenta hablar con las damas del coche, éstas huyen
de él haciéndose más cruces que si llevaran al
diablo a las espaldas (I, 8). Otro asalto contra figuras religiosas
ocurre cuando el caballero y su escudero se encuentran con un grupo de
clérigos que escoltan un cadáver hacia Segovia. Igual que en
el caso anterior, don Quijote los apaleó a todos y les hizo
dejar el sitio, mal de su grado, porque todos pensaron que aquél no
era hombre, sino diablo del infierno que les salía a quitar el cuerpo
muerto que en la litera llevaban (I, 19). En los dos casos se ve, pues,
no solamente violencia contra figuras religiosas, sino también la
identificación de don Quijote con el
diablo.11
Aparte de los sucesos apuntados que muestran
la relación entre don Quijote y el diablo, existen otros ejemplos
en los cuales varios personajes le asocian con el demonio. Hay una
conversación interesante que acontece en Sierra Morena. Hablando de
la penitencia de su señor, Sancho dice que está en el purgatorio,
a lo cual don Quijote responde, Mejor hicieras de llamarle infierno,
y aún peor, si hay cosa que lo sea (I, 25). A continuación,
don Quijote demuestra su amplio conocimiento de casi todo y Sancho proclama,
Digo que de verdad que es vuestra merced el mesmo diablo, y que no
hay cosa que no sepa (I, 25). Después del episodio de Sierra
Morena, el caballero y su escudero regresan a la venta donde se quedaron
antes.
Esta vez sucede la famosa batalla con los cueros
de vino y el ventero declara, Que me maten . . . si
don Quijote, o don diablo, no ha dado alguna cuchillada en alguno de los
cueros de vino tinto . . . (I, 35). Aparte de estos
ejemplos, don Quijote mismo se vincula con el demonio en dos ocasiones. En
la jaula rumbo a su pueblo, Sancho le informa que son el cura y el barbero
los que lo han encarcelado y él replica, ¿Cómo han
de ser católicos si son todos demonios que han tomado cuerpos
fantásticos para venir a hacer esto y a ponerme en este estado?
(I, 47). Es significativo que no simplemente destaque que los demonios le
han puesto en la jaula, sino que indique que son los causantes de su estado.
Cuando le sueltan, don Quijote inicia una
11
También en el capítulo 52 de la primera parte del
Quijote el protagonista ataca a la figura religiosa de penitentes.
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discusión con un cabrero que acaba en una pelea. El cabrero gana con
facilidad y nuestro héroe afirma, Hermano demonio, que
no es posible que dejes de serlo, pues has tenido valor y fuerzas para sujetar
las mías, . . . (I, 52). Es decir, en su
opinión, el demonio se convierte en el hermano que le
ha puesto en tal estado.
En el exorcismo se necesita la ayuda de Dios
para liberarse de los demonios y aquí se atisba esta posibilidad.
Cuando el barbero y el cura elaboran un plan para hacer que don Quijote regrese
a su casa, Maritornes declara que rezará un rosario para que Dios
les diese buen suceso en tan arduo y tan cristiano negocio como era el que
habían emprendido (I, 27). Sancho también le encomienda
a su señor a Dios diciendo así Dios le saque de esta
tormenta, . . . (I, 49). Cuando por fin llegan a su
pueblo, su sobrina y la criada pidieron al cielo que confundiese en
el centro del abismo a los autores de tantas mentiras y disparates
(I, 52). Estas fuerzas divinas irán cobrando cada vez más poder
a lo largo de la segunda parte del libro hasta el desenlace final con la
completa liberación de los demonios y la vuelta de Alonso Quijano.
En la primera parte se delinea, pues, una
asociación entre don Quijote y las fuerzas diabólicas, ya que
muestra muchas señales de estar poseído por el demonio. El
caballero andante carece de control sobre sus propias facultades y hasta
ataca a figuras religiosas. Además, muchos personajes, incluso él
mismo, lo equiparan con el diablo. El demonio es quien, física y
simbólicamente, le ha encarcelado en el estado que padece.
Sin embargo, la segunda parte presenta ciertas diferencias. Don Quijote aparece
mucho más reflexivo y no pierde tanto el control. También,
mientras que la primera parte contiene muy pocas dicusiones teológicas,
la segunda está repleta de ellas. En ésta aparecen
físicamente varias figuras diabólicas que pretenden provocar
a don Quijote, en un intento de mantener el control sobre él.
Se entabla así una lucha entre Dios
y el diablo que se manifiesta de muchas formas. Varios personajes se refieren
a las dos personalidades de don Quijote, lo cual, según ya mencionamos,
es otro de los síntomas de posesión. Él que lo comenta
con más frecuencia es el Caballero del Verde Gabán. Hablando
de don Quixote con su hijo dice que le (Quijote) he visto hacer cosas
del mayor loco del mundo, y decir razones tan discretas, que borran y deshacen
sus hechos; . . . (II, 18). Sancho lo describe
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así también, ¡Válate Dios por señor!
Y ¿es posible que hombre que sabe decir tales, tantas y tan buenas cosas
como aquí ha dicho, diga que ha visto los disparates imposibles que
cuenta de la cueva de Montesinos? (II, 24). De estas dos personalidades,
es la cuerda la que poco a poco recobra vigor.
Se nota también un cambio en las
encomendaciones de don Quijote: mientras que en la primera parte se encomendaba
a Dulcinea antes que a Dios, en la segunda parte es al
revés.12 Esto se ve por primera vez
en el episodio de los leones cuando . . . se fue a poner
delante del carro, encomendándose a Dios de todo corazón, y
luego a su señora Dulcinea. (II, 17). Después de este
suceso, Don Quijote nunca más se encomienda a Dulcinea antes que a
Dios.
Al hablar de exorcismo se vio que es imprescindible
pedir ayuda a Dios y ya se mencionaron dos ejemplos en la primera parte.
En la segunda, estas súplicas ocurren con mucha más frecuencia.
Antes de que don Quijote y Sancho se vayan de su pueblo, el cura suplica:
¡Dios te tenga de su mano, pobre don Quijote; que me parece que
te despeñas de la alta cumbre de tu locura hasta el profundo abismo
de tu simplicidad! (II, 1). A pesar de que Sancho consiente en irse
de escudero otra vez, no lo hace sin cierto recelo. De hecho, sugiere una
vía alternativa. Quiero decir . . . que nos
demos a ser santos, . . . Así que, señor mío,
más vale ser humilde frailecito, de cualquier orden que sea, que valiente
y andante caballero; más alcanzan con Dios dos docenas de disciplinas
que dos mil lanzadas, . . . (II, 8). Sancho cree que
Dios puede ayudarles, y a la vez, se está dando cuenta de quién
todavía controla la situación: ¡El diablo, el diablo
me ha metido en esto; que otro no! (II, 9). Es decir, el diablo y Dios
se disputarán el alma de don Quijote en el resto de la novela.
Hay otros episodios que merecen un análisis
más detallado. Resulta interesante notar, como ya se ha apuntado,
que en la segunda parte se presentan materialmente figuras diabólicas
para provocar al protagonista. El primer caso tiene lugar cuando don Quijote
y Sancho se cruzan con el carro de las Cortes de la Muerte, conducido por
el mismo diablo. Este diablo simboliza el estado de don Quijote y según
Ruth El Saffar, The Devil driven
12 En
el capítulo ocho de la primera parte don Quijote se encomienda dos
veces a Dulcinea sin mencionar a Dios. Más adelante en la primera
parte no se encomienda ni a Dulcinea ni a Dios.
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wagon portrays Don Quijote's state well, for the Devil represents those forces
that, when systematically repressed, run rampant, causing the conscious
personality no end of dismay and perplexity. The Devil feeds on the
illusion-creating capacity of the unchained ego, . . .
(95).13 Esta escena muestra que poco a poco
el héroe va liberándose de sus fantasías y de sus demonios
porque a pesar de que el diablo lo provoca, no ataca ni al diablo ni al carro.
En vez de atacar, habla con ellos, acontecimiento impensable en la primera
parte. El diablo reta a don Quijote al ver que no consigue la reacción
que esperaba de él. Ni siquiera el reto tiene efecto y don Quijote,
después de pensarlo bien, decide no responder. Progresivamente, va
recobrándo el control del que carecía en toda la primera parte.
Otra escena de importantes connotaciones es
la bajada a la Cueva de Montesinos. Juan Bautista Avalle-Arce lo concibe
como un viaje simbólico al
infierno.14 Al volver de su viaje, el héroe
cuenta que ha conocido a dos caballeros presos allí por Merlín,
el hijo del diablo. Es decir, el diablo encadena a todos los que creen en
sus propias ficciones. Al oír la fantástica historia que relata
don Quijote, Sancho nuevamente establece una brecha entre Dios y las
fantasías de su señor: Bien se estaba vuestra merced
acá arriba con su entero juicio, tal como Dios se le había
dado, hablando sentencias y dando consejos a cada paso, y no agora, contando
los mayores diparates que pueden imaginarse. (II, 23). Por eso ruega
a Dios otra vez que le ayude a su señor: ¡Oh señor,
señor, por quien Dios es, que vuestra merced mire por sí, y
vuelva por su honra, . . . (II, 23) Pero, como se
verá, el diablo todavía no ha concluido su trabajo.
La siguiente figura diabólica que aparece en la novela es el mono adivinador que, según don Quijote, está en concierto con el demonio (II, 25). En este momento habla con Sancho y le dice que sólo Dios lo sabe todo y que el diablo es el enemigo. Ante esta actitud, el diablo vuelve a sus provocaciones, y esta vez con éxito. Don Quijote demuestra que todavía no está exorcizado cuando pierde el control y ataca a los títeres destruyéndolos por completo.
13 Ruth
El Saffar, Beyond Fiction: The Recovery of the Feminine in the Novels
of Cervantes, (Los Angeles: University of California Press, 1984).
14 Juan Bautista
Avalle-Arce, Don Quijote, o la vida como obra de arte, Cuadernos
Hispano-Americanos, 242 (1970), 247-80.
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Otra figura diabólica aparece durante
la estancia del caballero y el escudero con los duques. Los duques, que han
leído la primera parte del Quixote, tienen muchas ganas de
participar en una de sus aventuras. Puesto que ahora el caballero muestra
más control sobre sí mismo, los duques deciden crear circunstancias
que le remitan a su previo mundo ficticio con el objetivo de provocar
entretenimiento. Uno de los acontecimientos que ponen en escena, muestra
al mismo diablo en el papel principal, dando órdenes para el
desencantamiento de Dulcinea. Aunque don Quijote dice que cree en el
desencantamiento, parece que el diablo va perdiendo su poder porque el de
este episodio no es ni poderoso ni muy malo. De hecho, incluso invoca a Dios
y a su conciencia. De ahí que Sancho afirme que este demonio es
hombre de bien y buen cristiano, porque, a no serlo, no jurara en Dios
y en mi conciencia. (II, 34). En todo lo que queda de la novela, don
Quijote nunca más pierde el control de sí mismo.
La gran cantidad de discusiones teológicas
de la segunda parte constituye otro aspecto que indica la preponderancia
que va adquiriendo Dios. Una de las que mejor ilustra el acercamiento de
don Quijote hacia Dios, ocurre cuando aquél le ofrece consejos a Sancho
sobre su futuro papel de gobernador. En una conversación plagada de
referencias religiosas, Sancho acaba por proclamar que más me
quiero ir Sancho al cielo que gobernador al infierno (II, 43). A lo
cual responde don Quijote que Por Dios Sancho . . . que por
solas estas últimas razones que has dicho juzgo que mereces ser gobernador
de mil ínsulas: . . . encomiéndate a
Dios, . . . (II, 43). Los demonios que habían
poseído la mente de don Quijote, poco a poco son reemplazados con
pensamientos sobre Dios.
Este hecho se manifiesta de nuevo en el episodio
con el bandido catalán, Roque Guinart. Don Quijote intenta convencer
al bandido del error de sus actividades diciéndole que: vuestra
merced está enfermo, conoce su dolencia, y el cielo, o Dios, mejor
decir, que es nuestro médico, le aplicará medicinas que le
sanen, las cuales suelen sanar poco a poco y no de repente y por
milagro; . . . (II, 60). Si el consejo se aplica a su
propia condición, se deduce que esto es precisamente lo que le está
ocurriendo. Progresivamente, Dios va curando al héroe y sólo
quedan dos episodios para completar su exorcismo.
Don Quijote y Sancho entran en Barcelona en
un día muy importante, el día de San Juan. Según las
antiguas tradiciones paganas, la noche de San Juan celebra el solsticio de
verano, en
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la cual la gente quema hogueras para ahuyentar a los espiritus malos (Frazer,
622-32).15 La siguiente noche los anfitriones
dan una gran fiesta, acontecimiento muy significativo para este estudio,
en honor del héroe. Las invitadas bailan tanto con don Quijote que
éste se desmaya de agotamiento y cuando los invitados intentan levantarle,
les grita ¡Fugite, partes adversae! (II, 62). Esta
exclamación es clave porque, según afirma Avalle-Arce y Allen,
es parte de una fórmula usada en los exorcismos (Avalle-Arce II, p.
525; Allen II, p. 498). Es decir, la combinación de las súplicas
a Dios y esta exclamación constituyen los ejes del proceso de
exorcización de don Quijote.
El último episodio para la liberación
total está relacionado con el caso más importante de exorcismo
en el Nuevo Testamento puesto que se menciona en los evangelios de Mateo,
Marcos y Lucas, en el cual Jesucristo ordena a los demonios que poseen a
un hombre que entren en una piara de cerdos. Y le rogaron todos los
demonios, diciendo: Envíenos a los cerdos para que entremos en ellos.
Y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus
immundos, entraron en los cerdos, . . . (Marcos, 5,
12-13). La relevancia de este caso radica en el paralelismo con el capítulo
68 cuando una piara de cerdos atropella a don Quijote y Sancho, y Don Quijote
reconoce que esta afrenta es pena de mi
pecado, . . . (II, 68). Esta acción se puede
considerar la etapa final del proceso de exorcismo porque poco después
don Quijote por fin llega a su pueblo y a su casa y después de dormir
muchas horas se despierta y se declara curado. Bendito sea Dios, que
tanto bien me ha hecho . . . . Ya conozco mi necedad
y el peligro en que me pusieron haberlas leído: ya por misericordia
de Dios, escarmentado en cabeza propia, las abomino (II, 74). Así
Alonso Quijano ha cerrado un círculo. El protagonista, después
de haber sido un don Quijote poseído por el demonio, ha vuelto a ser
Alonso Quijano tras someterse a un lento proceso de exorcismo.
| THE PENNSYLVANIA STATE UNIVERSITY |
15 Sir
James George Frazer, The Golden Bough: A Study in Magic and Religion,
2a ed. (New York: Macmillan, 1940).
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| Fred Jehle jehle@ipfw.edu | Publications of the CSA | HCervantes |
| URL: http://www.h-net.org/~cervantes/csa/articf92/hasbrouc.htm | ||