From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America
12.2 (1992): 63-77.
Copyright © 1992, The Cervantes Society of America
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JOSÉ LUIS ÁLVAREZ MARTÍNEZ |
ay un texto, en los primeros
momentos del Coloquio de los perros, que no deja de tener su
pizca de misterio. Cervantes nos cuenta en él cómo Nicolás
el Romo, primer amo de Berganza, lo educa como perro de presa, apto tanto
para arremeter a los toros y atraparlos por las orejas, como para ser un
buen recadero, capaz de transportar un cestillo con carne hasta la casa de
la amante de Nicolás sin permitir que nadie le arrebate su contenido
por el camino.
Una madrugada, sin embargo, Berganza contraviene
las instrucciones de su amo y permite que una moza hermosa en
extremo se quede con la carne que llevaba en el cestillo. Oigamos
cómo nos lo cuenta su protagonista: y un día que, entre
dos luces, iba yo diligente a llevar la porción, oí que me
llamaban por mi nombre desde la ventana; alcé los ojos, y vi una moza
hermosa en extremo; detúveme un poco, y ella bajó a la puerta
de la calle y me tornó a llamar; lleguéme a ella, como si fuera
a ver lo que me quería, que no fue otra cosa que quitarme lo que llevaba
en la cesta, y ponerme en su lugar un chapín viejo. Entonces dije
entre mí: la carne se ha ido a la carne. Díjome
la moza en habiéndome quitado la carne: Andad [G]avilán,
o como os llamáis, y decid a Nicolás el Romo, vuestro amo,
que no se fíe de los animales, y que del lobo un pelo, y ése
de la espuerta. Bien pudiera yo volver a quitar lo que me quitó;
pero
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no quise, por no poner mi boca jifera y sucia en aquellas manos limpias y
blancas.1
El texto no deja de ser misterioso, sobre todo
si creemos que Berganza es un auténtico perro. Ante él no nos
queda más remedio que formularnos una serie de preguntas: ¿Por
qué Berganza, que ha sido educado para llevar la espuerta a la casa
de la amiga de su amo, se deja engañar por el camino? ¿Por qué
Berganza, que ha salido un águila en el de asir a un toro por las
orejas, permite que un indefensa joven le sustraiga la carne de la espuerta?
La única hipótesis que, según
mi entender, explica, plausiblemente el texto es la de que Berganza, en estos
momentos, ha dejado de conducirse como un perro para iniciar un comportamiento
humano. Veamos en el texto cervantino qué fundamentos hay para sustentar
esta afirmación.
El que Berganza piense que la moza ventanera
es hermosa en extremo llama la atención por dos razones.
Por una parte, tales valoraciones estéticas, referidas a la mujer
parecen propias, más de un hombre que de un alano. En segundo lugar,
el adjetivo hermosa está en grado superlativo, lo que indica que el
perro de Nicolás está valorando la hermosura de la moza en
relación a la de mujeres de menor belleza. La afirmación
hermosa en extremo implica que, ya antes, el bello sexo no ha
pasado inadvertido a la erótica mirada canina de Berganza.
Desde otro punto de vista, debemos señalar
el hecho de que es la mujer hermosa quien, desde una ventana, llama la
atención de Berganza, lo cual permite al lector sospechar de la
profesión de tal dama. Son muy comunes los refranes de
la época que motejan a tales mujeres de prostitutas. Así el
Maestro Correas2 recoge éstos: Moza
que se asoma a la ventana kada rrato, kiérese vende[r] barato.
(559.a); Moza ventanera, o puta o pedera. (559.a); Muxer
en ventana, o puta o enamorada. [La puta es komún, i haze a
todos ventana; la enamorada es afizionada de uno i asómase
a vezes por verle si pasa]. (563.a); Muxer ventanera, uvas de
karrera. (563.b), es decir, está al alcance de cualquiera.
1 Miguel
de Cervantes, Novelas ejemplares, ed. de Harry Sieber (Madrid:
Cátedra, 1985), II, 304-05.
2 Gonzalo Correas,
Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627), texte établi,
annoté et présenté par Louis Combet (Burdeos: Institut
d'Études Ibériques et Ibéro-Américaines de
l'Université, 1967). Citaré por esta edición, poniendo
la página y la columna entre paréntesis.
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Sebastián de Horozco también recoge y glosa el refrán:
| Moza ventanera / puta y parlera Ay otra señal muy cierta de ser liviana la moça estar puesta y descubierta en la ventana o la puerta y que con todos retoça. Y lo que de ello se espera es lo que dice el refrán que la moça ventanera a de ser puta y parlera con quantos vienen y van.3 |
Vemos, pues, una moza, de equívoca
profesión, llamando a Berganza desde la ventana. Este alza los ojos
y se queda admirado y en suspenso: detúveme un poco. En
un primer momento la moza ventanera y perro jifero se hallan en distinto
plano; la mujer, en el plano superior porque es humana y está asomada
a la ventana, mientras que Berganza está en el plano inferior: es
perro y está en la calle.
En un segundo momento ambos niveles tienden
a equipararse:
a) Por la acción de la mujer que desciende desde la ventana hasta la puerta, la cual ya está en el mismo plano en que se encuentra el perro: Y ella bajó a la puerta de la calle y me tornó a llamar
b) Por la actitud del propio Berganza que, actúa de una forma
impropia de un perro : lleguéme a ella como si fuera a ver lo que quería.
Berganza no se aproxima a ver lo que la mujer hermosa quiere. Esto es un
pretexto. La expresión como si fuera a ver indica claramente
que el motivo que el perro tiene para acercarse hasta la moza ventanera no
es el de ver lo que quiere sino que hay otras razones que, en este momento
debe disimular o prefiere ocultar.
En este texto de nuevo nos encontramos, con
la oposición cervantina entre las apariencias y las realidades: Del
mismo modo que las intenciones de la joven no son las que a primera vista
podrían parecer tampoco Berganza se acerca por lo que en
3
Sebastián de Horozco, Teatro universal de proverbios, ed.
José Luis Alonso Hernández (Salamanca: Universidad de Salamanca,
1986), pág. 398.
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principio podría esperarse de un perro, sino que, como hemos dicho más arriba, va por razones inconfesadas y quizá, inconfesables. Tal vez la explicación de todo este misterio la podamos intuir en lo que, años después, Barrionuevo nos va a transcribir en el Aviso de 14 de noviembre de 1657:
Salí anteayer desesperado de casa, por no tener con qué poderlos sustentar, y pasando por la calle de esta mujer, me llamó desde una ventana, diciéndome allá dentro le había parecido bien, me ofreció un doblón de a cuatro si condescendía con ella y la despicaba, siendo esto por decirla yo era pobre. Era un escudo de oro el precio de cada ofensa a Dios. Gané tres, desmayando al cuarto de flaqueza y de hambre. Quísome quitar el doblón y no pudo, y a las voces llegó este alguacil que está presente, y tuvo mejores manos que ella para hacerlo.4
La similitud de ambas situaciones es, en su
planteamiento, tan asombrosa que la escena podría parecer tomada del
Coloquio de los perros, sin embargo, el desenlace es totalmente
diferente.
Berganza, recordémoslo, se acercó
como si fuera a ver lo que quería, lo cual no era lo que
él pensaba, dado que no fue otra cosa que quitarme [¡a
todo un perro de presa!] lo que llevaba en la cesta y ponerme en su lugar
un chapín viejo (304).
La moza ha utilizado sus encantos para atraer
a Berganza y robarle la carne.
Lo que la prostituta pretendía, con
su llamada, ha quedado en claro pero lo que buscaba Berganza sigue siendo
inexplicable a no ser que se acepte nuestra hipótesis de que Berganza
reacciona ante la llamada de la mujer como un hombre en lugar de como un
perro.
Esta teoría, por otra parte, explica
coherentemente la única respuesta que, en estos momentos, se le ocurre
a Berganza: Entonces dije para mí: la carne se ha ido a la
carne (304).
Berganza juega con la polisemia del término
carne, al igual que el anónimo autor lo hizo en la noche 336
de Las mil y una
4
Jerónimo de Barrionuevo, Avisos (1654-1658) (Madrid:
Colección de Escritores Castellanos, 1892-94), III, 365-66.
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noches: Los sabios dicen: Las delicias se encuentran en
tres cosas: en comer carne, en cabalgar la carne y en meter la carne en la
carne.5
Según José Luis Alonso
Hernández, en el léxico marginal del Siglo de Oro, la palabra
carne se refiere a la de la prostituta y a la prostitución misma
o a sus actividades.6
Por otra parte, en la literatura erótica
del Siglo de Oro, tal palabra tiene un claro sentido sicalíptico:
| ¿Si hay quien dé limosna a un pobre, que, si no lo masca no lo come? Señora, dadme un poquito deso que tenéis guardado, a un pobre que no ha almorzado, no por falta de apetito, que algún día me vi ahíto de lo que hoy me tiene a diente, de carne cruda y caliente, que es propio manjar de hombre. ¿Si hay quien dé limosna a un pobre, que si no lo masca, no come?7 |
El juego de palabras es irónicamente claro: la carne de la espuerta se ha ido a la carne de la prostituta, aunándose así, el robo con la lujuria,8 pecados ambos que se dan habitualmente en el Matadero de Sevilla.
5 Las
mil y una noches, trad. Juan Vernet (Barcelona: Planeta, 1990), I, 336.
6 José
Luis Alonso Hernández, Léxico del marginalismo del Siglo
de Oro (Salamanca: Universidad de Salamanca, 1976), pág. 183.
7 Pierre Alzieu,
Robert Jammes, Yvan Lissorgues, eds., Poesía erótica del
Siglo de Oro (Barcelona: Crítica, 1983), pp. 183-84.
8 En la Segunda
parte de Lazarillo de Tormes de Juan de Luna asistimos a una escena en
la que Lázaro está vigilando con un ojo la puerta de la cala
francachela que se corren dentro: Acudieron muchos galancetes, sacando
cada uno de su faltriquera, cuál una perdiz, cuál una gallina;
uno sacaba un conejo, otro un par de palominos, éste un poco de carnero,
aquél un pedazo de solomo, sin faltar quien sacase longaniza o morcilla;
tal hubo que sacó un pastel de a rela envuelto en un pañuelo,
diéronlo al cocinero, y entre tanto retozaban con las señoras,
y daban en ellas como asno en centeno verde. (Parte 2ª, cap.
14.)
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Recordemos que todos cuantos en él
trabajan, desde el menor al mayor, es gente ancha de conciencia, desalmada,
sin temer al Rey ni a su justicia; los más, amancebados; son aves
de rapiña carniceras; mantiénense ellos y sus amigas de lo
que hurtan (302).
Nos queda un pequeño detalle por precisar:
Si la carne de la espuerta estaba destinada a la amante de Nicolás
el Romo, prostituta también, Berganza podría haber dicho la
frase la carne se ha ido a la carne en anteriores viajes ¿Por
qué lo dice exclusivamente ahora? La respuesta está en que
Berganza se refiere a su propia lascivia, no a la de su amo.
La lujuria es, por lo tanto, el móvil,
inconfesable e inconfesado, que tiene Berganza para atender a la llamada
de la prostituta y, consiguientemente, es también, la única
causa del robo.
La joven ladrona, después de haber obtenido
del perro lo que quería sustituye la carne por un chapín viejo
y despide al frustrado Berganza sin más contemplaciones: Andad,
Gavilán, o como os llamáis, y decid a Nicolás el Romo,
vuestro amo, que no se fíe de los animales y que del lobo un pelo,
y ése, de la espuerta (304).
Resulta revelador el contraste que existe entre
la forma de dirigirse la moza al perro, al principio del episodio
(oí que me llamaban por mi nombre) y al final de éste
(Andad, Gavilán, o como os llamáis).
Gavilán es el nombre que el protagonista
del Coloquio tiene como perro del Matadero. La moza lo debía
de conocer sobradamente; pero ahora, cuando termina el episodio, ella se
cuestiona el que éste sea su verdadero nombre. ¿A qué
se debe tal actitud?
Pudiera ocurrir que la astuta moza se hubiese
percatado de lo anómalo del comportamiento de nuestro perro y que,
por lo tanto, dudase de que la canina (simbolizada en el nombre Gavilán)
fuera realmente la auténtica entidad de Berganza: Al vacilar en el
nombre que éste tiene como perro, realmente está poniendo en
tela de juicio, su esencia canina. Para la joven prostituta, Berganza no
debe de ser perro porque no ha reaccionado como tal, sino como cualquiera
de sus múltiples clientes.
Por otra parte, si la moza conocía a
Nicolás el Romo y a su perro Gavilán, tendría que saber
que aquél había acostumbrado
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a sus perros, tanto a que arremetiésemos a los toros y les
hiciésemos presa de las orejas (302) como a llevar una
espuerta en la boca y a defenderla de quien quitarmela quisiese. (304)
A pesar de todo lo cual, en esta madrugada, hechizado por los femeninos encantos
de la joven, se ha dejado robar la carne de la espuerta, sin oponer la más
mínima resistencia: Bien pudiera yo volver a quitar lo que me
quitó; pero no quise, por no poner mi boca jifera y sucia en aquellas
manos limpias y blancas. (305) Ésta es razón suficiente
para que la daifa concluya que no se puede fiar de los animales porque no
todos son lo que a primera vista parecen: decid a Nicolás el
Romo, vuestro amo, que no se fíe de los animales, y que de el lobo
un pelo, y ése de la espuerta (305).
En este final del episodio hay dos crípticos
mensajes que conviene desentrañar: en primer lugar, lo que quiere
decir el refrán modificado Del lobo un pelo y ése de
la espuerta y, en segundo lugar, en qué consiste la broma del
chapín, que tanto molesta a Nicolás.
Agustín G. de Amezúa, uno de
los grandes especialistas de Cervantes, en general y del Coloquio de
los perros, en particular, dice en la nota 88 de su edición
de la novela: Otro juego caprichoso y burlesco con el refrán
que raramente se lee o se dice completo: del lobo un pelo y ése
de la frente o de lobo un pelo, y ése del copete:
que son las dos formas en que suele hallarse este adagio
castellano.9 Efectivamente, el juego
que se hace con el refrán es burlesco, pero, en absoluto podemos decir
que sea caprichoso. Nada, en Cervantes, lo es.
La sentencia, en su forma íntegra, tiene
un sentido claro, que, con palabras más elegantes que las mías,
desarrolla Sebastián de Horozco en su Teatro universal de
proverbios:
Del lobo un pelo / y esse de la
frente
| Si del hombre escaso y duro no puedes mucho sacar pues que lo mucho está obscuro con lo poco que es seguro |
9 La primera
se documenta en el Refranero de don Íñigo López
de Mendoza y la segunda en Covarrubias.
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| te deves de contentar Y si tuvieses recelo acude muy prestamente no se te vaya de buelo pues dicen del lobo un pelo y esse sea de la frente. (pág. 190). |
El juego del adagio consiste en la
sustitución de la palabra frente por espuerta de modo que el pelo
de la frente del refrán, se transforma en el pelo de la espuerta,
del texto, aludiendo, por lo tanto a la carne del cestillo que transporta
Berganza.
El lobo posee una frente con escaso pelo, del
mismo modo que Nicolás (otro
lobo10) es el dueño de una espuerta,
con una porción no demasiado grande de carne.
En una primera lectura, si identificamos lobo
con jifero, podemos comprender, fácilmente, que el mensaje podría
estar dirigido al dueño del perro y que su sentido debiera de ser
más o menos éste: Nicolás, eres un lobo (ladrón,
en lenguaje de germanías) mezquino porque a mí no me haces
llegar trozos de carne o, quizá, porque no quieres ser mi
amante11 y me tienes
abandonada . . . . Ahora que me encuentro con la
ocasión me aprovecho de ella aunque sea en poca medida.
Pero se puede hacer una segunda
identificación de este tipo: lobo que tiene frente con pelo
es similar a perro que tiene espuerta con carne. La posible
identificación de lobo con perro se apoya, fundamentalmente, en tres
argumentos. En primer lugar, hay un gran parecido entre ambos animales. En
segundo lugar, en Berganza, frente y espuerta están contiguos, dado
que ésta es transportada en la boca de aquél, lo cual pudo
originar la traslación metonímica. Y, en tercer lugar, a quien
la moza, realmente, le dice el refrán trastocado es a Berganza.
Ya hemos visto, más arriba, que Cervantes
jugaba con la polisemia de la palabra carne en el texto . Recordemos que
Berganza dice que la carne (alimento) se ha ido a la carne (apetito
sexual). Para interpretar la variante del refrán que usa la moza,
deberemos seguir tomando polisémicamente la palabra carne.
10 En
lenguaje de germanías, lobo significa ladrón (Alonso
Hernández, pág. 486).
11 A partir
de la onomástica, Maurice Molho defiende la tesis de que este
Nicolás el Romo del Coloquio es impotente (Antroponimia
y cinonimia del Casamiento engañoso y Coloquio de
los perros, en Lenguaje, ideología y organización
textual en las Novelas ejemplares (Madrid: Universidad Complutense de
Madrid, 1983), pág. 87).
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En la literatura erótica del Siglo de Oro, la palabra lobo, lo mismo que la palabra carne, se utilizaban con un sentido erótico similar al que detectamos en el refrán de la prostituta:
| Antes me beséis que me destoquéis, que me tocó mi tía. . . . Antes, galán porfiado, que destoquéis mi tocado, tocad al lugar vedado do se goza el alegría, que me tocó mi tía. En destocar no seáis bobo, mas gozad del dulce robo, que si va sin carne el lobo,12 haréis que de vos me ría. Que me tocó mi tía. (Poesía erótica, pág. 95). |
De igual modo, con este mismo sentido erótico, también se conserva una versión del cantarcillo que, más adelante Berganza oye a los pastores:
| Cata el lobo dó va, Juanilla, cata el lobo dó va. Cata el lobo, Juana, que a tu hato un día dicen que quería mordelle la lana; ponte en cobro, hermana, que te morderá. Cata el lobo dó va Juanilla, cata el lobo dó va. Es tan carnicero que no hay quien le harte, ni anochece en parte sin ser agujero: si sube al otero, calársete ha. Cata el lobo dó va, Juanilla, cata el lobo dó va. (Poesía erótica, pág. 68). |
12 El
refrán quien al lobo envía, carne espera ya aparece
en el Libro de buen amor (estrofas 1328 y 1494).
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Con todos estos datos ya estamos capacitados
para entender que lo que, realmente, la joven prostituta le está diciendo
al perro es algo así como esto: (me interesa) del lobo (de
Berganza), un pelo (un poco de carne) y éste, de la espuerta (es decir;
tu carne como alimento; en ningún caso, tu carne como deseo
sexual). O, dicho de otro modo: mira, Berganza, no te hagas ilusiones
conmigo pues lo único que me interesa de ti, es la carne que llevas
en la espuerta.
Berganza, expoliado y chasqueado, retorna al
Matadero con el chapín, en lugar de la carne: me volví
a mi amo sin la porción y con el chapín. Parecióle que
volví presto, vio el chapín, imaginó la burla, sacó
uno de cachas y tiróme una puñalada (305).
¿En qué consiste la broma de la
moza que tanto molesta a Nicolás el Romo? Para desentrañarlo
deberemos acudir a los posibles significados ocultos que, para un español
del S. XVII tenía la palabra chapín. Covarrubias define tal
palabra como calzado de mujer, con suela gruesa de corcho, de cuatro
dedos o mas de alto, destinado a aumentar aparentemente la
estatura.13 De aquí se deduce
ya que existe un parecido externo entre un chapín, sobre todo si es
de badana roja, y el trozo de carne transportado por Berganza. Este será
el punto de arranque en el que se fundamenta el engaño de la daifa
sevillana. Pero la solución al problema es un poco más compleja.
El mismo Covarrubias añade otro dato que puede resultar de suma utilidad:
relaciona el uso de los chapines con la mujer casada: En muchas partes
no ponen chapines a una muger hasta día que se casa y todas las donzellas
andan en çapatillas (432.a.28). Los chapines eran un calzado
que las mujeres usaban para salir a la calle y que dejaban al entrar en casa:
Diome el manto y las chapines en llegando a casa, para que se las diese
a la criada (Juan de Luna: Segunda parte de Lazarillo, cap.
13, Rivad. T. 3, pág. 124) y, más adelante, cuando la justicia
entra en una casa en la que se estaba celebrando una auténtica bacanal,
todos huyen apresuradamente: unos dejaban los herreruelos, los otros
las espadas; ésta dejaba los chapines, aquélla el manto; de
manera que todos desaparecieron, escondiéndose cada uno lo mejor que
pudo (pág. 124).
13
Sebastián de Covarrubias Orozco, Tesoro de la lengua castellana,
o española, ed. Martín de Riquer (Barcelona: Horta, 1943),
p. 432 b8. Citaré siempre por esta edición, poniendo entre
paréntesis la página, columna y línea.
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Una de las sorprendidas en tal jolgorio, mujer
de un sastre, huye a su casa, abandonando los arreos en el campo de batalla:
Fuime a casa de la sastresa [dice el Lazarillo]; hallé la casa
revuelta, y al sastre su marido que la molía a palos, por haber venido
sola sin manto ni chapines, corriendo por la calle con más de cien
muchachos tras ella. ( pág. 125).
El chapín, tenía una doble
misión: En primer lugar impedir el contacto de las zapatillas, pantuflas
u otros calzados femeninos con el suelo, evitando así que se mancharan
con el barro y demás inmundicias que había en las calles de
las ciudades españolas. A esto alude Quevedo, en los versos finales
del soneto A las sillas de mano, cuando acompañadas de muchos
gentilhombres :
| Una silla es pobreza de una boda pues empeñada en oro y en vidrieras, antes la honra que el chapín enloda.14 |
La segunda finalidad de los chapines era conseguir que las mujeres pareciesen más altas. Esto fue motivo suficiente para que se satirizara su uso. De este modo, Quevedo, en el Romance titulado Instrucción y documento para el Noviciado de la Corte dice:
| Altas mujeres verás, pero son como colmenas: la mitad huecas y corcho, y lo demás miel y cera (pág. 898). |
Así los chapines simbolizan el engaño de las mujeres que, mediante los afeites y la indumentaria pretenden aparentar lo que no son:
| Entre mentiras de corcho y embelecos de vestidos la mujer casi se queda a las orillas en lío. |
Lope de Vega clava también el aguijón de su sátira sobre la costumbre femenina de usar dicho calzado:
14 Francisco
de Quevedo, Poesía original completa, ed. de José Manuel
Blecua (Barcelona: Planeta, 1981), pág. 547.
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| Si los chapines le ves, mira que no hay serafín con tanto corcho en los pies. Fue discreción del primero, que en los pies corcho les puso: símbolo el más verdadero, pues su edificio compuso sobre cimiento ligero.15 |
Desde otro punto de vista, este calzado, no
solamente tiene la función de resguardar los pies de las damas de
las inmundicias de la calle sino también de las miradas indiscretas
de los viandantes.
Sin embargo, a veces, algunas mujeres descocadas,
aprovechándose de que llueve o de que suben a un coche, los lucen,
aunque esto no resulte demasiado honesto. Así Lope escribe:
| Si hay lodos, fingen limpieza y el chapín, no digo el pie como en la tienda se ve, bajos son, pero es bajeza.16 |
Aunque las españolas de nuestro Siglo de Oro no tenían inconveniente en lucir generosamente los hombros y gran parte de los pechos, sí debían ocultar celosamente los pies. Esta costumbre convertía los pies de las damas en zonas altamente voluptuosas y, de aquí que, el calzado femenino estuviera, asimismo, fuertemente erotizado.17 Quevedo, en el romance satírico titulado Dama cortesana lamentándose de su pobreza y diciendo la causa, hace una relación de las zonas eróticas que ocultan las faldas:
| y levantando las faldas que le han alzado otras veces,
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15 Lope
de Vega, Triunfo de la humildad y soberbia vencida, apud Miguel
Herrero, Oficios populares en la sociedad de Lope (Madrid: Castalia,
1977), pág. 212.
16 Lope de Vega,
La discordia en los casados, Obras de Lope de Vega. Publicadas
por la Real Academia Española. (Madrid, Tip. de la Rev. de Arch.,
Bibl. y Museos, 1916, T. 2, Acto Nº 2, pág. 140.
17 Sobre el
erotismo del pie en el Siglo de Oro, véase A. David Kossoff, El
pie desnudo: Cervantes y Lope, Homenaje a William L. Fichter
[Madrid: Castalia, 1971), pp. 381-86.
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| descubrió dos pies pequeños horros de todo juanete; piernas de buena persona y proporcionado vientre, y entre muslos torneados el sepulcro del deleite (Quevedo, pág. 980). |
Mme. D'Aulnoy, en su Relación del viaje de España, comenta,
hablando de la indumentaria femenina: Estas faldas son tan largas por
delante y por los lados, que arrastran siempre mucho, y jamás arrastran
por detrás. Las llevan a flor de tierra; pero prefieren tropezar al
andar, a fin de que no se pueda ver sus pies, que es la parte del cuerpo
que oculta más cuidadosamente. Tan fuertemente erotizada debía
estar tal parte del cuerpo femenino que, según ella, había
una costumbre erótica que hoy día nos resulta asombrosa: He
oído decir que, después que una dama ha tenido con un caballero
todas las complacencias posibles, enseñándole el pie es como
le confiesa su ternura, siendo lo que se llama último
favor.18
Un siglo después, el dominico padre
Labat recoge la misma costumbre: Las mujeres que van a pie por las
calles jamás se recogen sus faldas ni sus guardapiés por mucho
barro que haya; es más decente recoger un pie de barro y de
porquerías que dejar ver la punta del pie, porque una mujer que deja
ver su pie a un hombre le declara por eso que está dispuesta a concederle
los últimos favores. Por otra parte, los españoles tienen ciertas
reglas de proporción con relación a los pies, que son tan
ridículas que sería desagradable para mí el
referirlas.19
En nuestro Siglo de Oro, el chapín,
lo mismo que otros calzados femeninos, tenían unas connotaciones
eróticas que nos podrían pasar inadvertidas en la actualidad.
Esto explica chistes y poesías satíricas del tipo de estos
dos epigramas de Baltasar Alcázar que recoge Bartolomé José
Gallardo en su Ensayo de una biblioteca de libros raros y
curiosos:20
18 Mme.
D'Aulnoy: Relation du voyage d'Espagne, ed. Foulché Delbosch***,
Revue Hispanique, 67 (1926), págs. 153-569. Existe traducción
castellana en: José García Mercadal, Viajes de extranjeros
por España (Madrid: Aguilar, 1962), T. II, 1015.
19 Cito por
García Mercadal, III, 1705.
20 Ensayo
de una biblioteca de libros raros y curiosos formado en los apuntamientos
de don Bartolomé José Gallardo, (Madrid: Rivadeneyra, 1863).
Cito por la edición facsimilar de la Editorial Gredos (Madrid,
1968).
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| Hurtaron a Madalena Sus chapines y jervillas, Brama y hace maravillas De su cuerpo con la pena. Mas dará por bien hurtados las jervillas y chapines dándoles un par de botines de los que llaman cerrados.(Gallardo, I, 95.) |
El carácter erótico que, en nuestro
Siglo de Oro tenía la expresión dar botín
cerrado lo señala claramente el Maestro Correas quien, en su
Vocabulario de refranes y frases proverbiales, recoge: Dar
botín zerrado: hazer con muxer. ( 679.b).
La protagonista del segundo de los poemitas
de Baltasar Alcázar es una tal Dorotea:
| Tus botines, Dorotea, Tienen ya la flor gastada. Dáselos a tu criada Que ya lo merece y desea. Dáselos de buena gana, Que a ti no te ha de faltar, Pues que los suelen dar A pares cada semana. (Gallardo, I, 95). |
La moza del Coloquio, con la red
barredera de su hermosura atrae hacia sí al incauto Berganza para
robarle el contenido del cestillo y trocarle la carne por un chapín
viejo, prenda femenina, usada, inservible y de fuerte carga erótica.
El perro piensa, para sí mismo, que
la carne se ha ido a la carne; es decir, el trozo de carne de la espuerta
ha caído en manos de una ninfa sevillana quien la ha sustituido por
un objeto de carácter fetichista que, en primer lugar, se parece
externamente a un trozo de carne y, en segundo lugar, alude simbólicamente
a la otra carne, la de la lujuria (tanto del amo como del perro). Y así,
si la carne se ha ido a la carne, como piensa Berganza, también la
carne se ha quedado en el lugar de la carne como quiso indicar la moza sevillana
en su simbólico mensaje. En conclusión, se puede afirmar que
el chapín era un indumento femenino de claras connotaciones eróticas
en la época y que, en la literatura satírica aparecía
como símbolo del engaño femenino.
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| 12.2 (1992) | Berganza y la moza ventanera | 77 |
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Este chapín que le adjudican a Berganza es viejo y este hecho, lo mismo que el de no hallarse en uso, parece que está aludiendo metonímicamente a una antigua amante abandonada (moza ventanera o puta o pedera) de Nicolás el Romo que, por serlo, no solo conocería al matarife y a su perro, por sus respectivos nombres, sino que estaría al corriente, también, de los cotidianos viajes del can y de lo que contenía la espuerta que llevaba en la boca.
Nicolás el Romo considera que ha sido
engañado por el perro. La pieza de carne no ha ido a parar a manos
de la amante actual del jifero sino que ha quedado en manos de otra mujer.
La burla, sin embargo, sobre todo, se refiere al chasqueado Berganza, al
que, literalmente, la moza ventanera ha puesto en chapines, lo que, según
explica el Diccionario de autoridades es: Phrase con que en
estilo familiar se explica elevar a uno a grado superior y a puesto y dignidad
decorosa sin concurrir en él los méritos que le corresponden
para ello.
Desde este punto de vista, entendemos otro
de los aspectos del mensaje de la malintencionada moza: Berganza, por un
momento, se ha autoelevado al grado humano y ha salido trasquilado. Se ha
metido en camisa de once varas y, por ello, ha estado a punto de perder la
vida. El error de comportarse como un hombre normal ha sido la causa, de
la mofa de la moza y de la agresión de Nicolás. De ahora en
adelante Berganza será un perro avisado.
Esto puede explicar el cuidado con que Berganza
va a actuar, cuando más adelante sea el perro sabio, en el
Hospital de Montilla o las precauciones que tomarán ambos perros la
gozosa noche de su diálogo.
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| Fred Jehle jehle@ipfw.edu | Publications of the CSA | HCervantes |
| URL: http://www.h-net.org/~cervantes/csa/articf92/alvarez.htm | ||