From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America
11.2 (1991): 27-34.
Copyright © 1991, The Cervantes Society of America
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JOSÉ F. MARTÍN |
N EL EPISODIO
de la liberación de los galeotes se narra la rebelión de
éstos y de don Quijote contra las guardas, y cómo cae después
el mismo don Quijote cuando pretende controlar a los galeotes mandándolos
a presentarse ante Dulcinea. Paralelamente a esta trama, Cervantes desarrolla
una segunda rebelión a nivel del discurso, invirtiendo la relación
de poder de la sociedad oficial. En este episodio los discursos de las figuras
socialmente marginales, bajo la protección del narrador, se valen
de estrategias estructurales y lingüísticas para dotarse de autoridad
y de poder sobre los discursos de tendencia monoglósica y centralista.
Así, la derrota de las guardas y la posterior derrota de don Quijote
no ocurren sólo al nivel de la trama, sino que también ocurren
a nivel del discurso. Partiendo de la idea básica bajtiniana de que
todo discurso está ideológicamente
condicionado1, este trabajo pretende estudiar
la forma en la que Cervantes subvierte los discursos monoglósicos,
a partir del
1 Every
word/discourse betrays the ideology of its speaker . . .
Every speaker, therefore, is an ideologue and every utterance an
ideologeme (Bakhtin 429).
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análisis de las relaciones de poder contenidas en el discurso y en
su estructura2.
Ya el título del capítulo De
la libertad que dió don Quijote á muchos desdichados que, mal
de su grado, los llevaban donde no quisieran ir (I.22, 288) indica
que el centro narrativo de la historia no está ocupado por figuras
socialmente valoradas, sino por aquellas que la cultura oficial relega al
margen de la sociedad: el loco y el
delincuente3. El narrador presenta el acto
de don Quijote como una liberación, y a los galeotes como pobres
desdichados merecedores de compasión. Además, omite
tanto el hecho de que don Quijote deja escapar delincuentes como el que lo
hace a costa de atacar a las guardas del Rey. Todas estas estrategias discursivas
del narrador: omisión de las figuras socialmente centrales,
colocación de figuras marginales en primer plano, valoración
positiva del acto realizado por don Quijote, y aproximación
empática, se suman para hacer destacar lo marginal sobre lo central,
valorizándolo4.
La tendencia del narrador a valorizar lo marginal
también se advierte en el contraste existente entre la descripción
de los galeotes y la de las guardas. Para el narrador, los galeotes son seres
individuales, pues se detiene a dar detalles particulares de la apariencia
y carácter de los condenados. Por otro lado, cuando el narrador se
ocupa de las guardas tan sólo se refiere a ellas de una manera vaga
llamándolas una de las guardas (I.22, 289-290). Además
de dotar a los galeotes de un grado de definición que le niega a las
guardas, continúa mostrándoles la empatía que ya se
revelaba en el título. Del cuarto galeote dice que le tuvo Sancho
tanta compasión, que sacó un real de á cuatro
del seno y se lo dió de limosna (I.22, 291). La estima del narrador
hacia este galeote condenado por alcahuete y hechicero le hace
llamarlo buen viejo y describirlo como a un patriarca de
venerable rostro, con una barba blanca que le pasaba del pecho
2
Language is both a mirror of society and a major factor influencing,
affecting, and even transforming social relationships (Kramarae 265).
3 Los factores
próximos o afines al yo se destacan en la cognición, y se
subjetivan antes que los periféricos al ego: Se prefiere como
sujeto oracional el factor más estimado por el hablante y el dominante
en un sentido emocional (Engelkamp 207).
4 En el discurso
dominante de la sociedad oficial ocurre precisamente lo opuesto: las figuras
marginales se omiten o se objetifican, negándoseles la capacidad de
ser sujetos, y se definen por oposición a lo dominante con valores
negativos (Giles 279-282).
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(I.22, 291). De esta forma, el narrador se aproxima a los galeotes al
individualizarlos y mostrarles empatía, mientras que distancia a las
guardas refiriéndose a ellas de forma vaga y abstracta. Este proceso
crea un contraste donde lo marginal se convierte en figura por su proximidad
al hablante y lo central en fondo por la distanciación,
valorizándose así lo marginal.
Dentro del marco general del discurso del narrador,
se insertan los discursos de los demás personajes. Las guardas se
definen como protectores del discurso oficial desde el comienzo del
capítulo, al resistirse a informar a don Quijote, permitiéndole
hablar con los galeotes sólo tras desacreditar de lleno su discurso.
Dice una de las guardas: vuestra merced llegue y se lo pregunte á
ellos mesmos, que ellos lo dirán si quisieren; que sí
querrán, porque es gente que recibe gusto de hacer y decir
bellaquerías (I.22, 289). Para las guardas, el discurso de los
galeotes es el discurso del otro y lo definen como un discurso
opuesto al discurso dominante5.
En oposición al centralismo
monoglósico y a al consecuente devaluación de lo marginal surge
el discurso de don Quijote y los galeotes, que se dotan a sí mismos
de autoridad para desplazar al discurso centralista de las guardas. La primera
subversión de la monoglosia ocurre por medio de la hibridización
del lenguaje. Ejemplo de esto es el diálogo donde los personajes discuten
los significados de varias palabras. Dice uno de los galeotes:
Este, señor, va por canario, digo, por músico y cantor.
Pues ¿cómo? replicó don Quijote. ¿Por músicos y cantores van también a galeras?
Sí, señor respondió el galeote; que no hay peor cosa que cantar en el ansia.
Antes he yo oído decir dijo don Quijote que quien canta, sus males espanta.
Acá es al revés dijo el galeote; que quien canta una vez, llora toda su vida.
No lo entiendo dio don Quijote.
Mas una de las guardas dijo:
5 El narrador
usa la individualización característica del discurso
dominante cuando se refiere al grupo social en control elevar a los
galeotes, contraponiéndola a la generalización
característica del discurso acerca de los dominados para
devaluar a las guardas: The dominated have no individuality or singularity,
and particularities attributed to their group suffice to define them
completely (Kramarae 46).
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Señor caballero, cantar en el ansia se dice entre esta gente non santa confesar en el tormento (I.22, 290).
La multiplicidad de sentidos relativiza el lenguaje. La idea de un significante
para un solo significado se pierde, impidiendo así que el discurso
dominante se considere un reflejo directo y único de una realidad
también única6.
Sobre esta base lingüística, se
construye otra estrategia sociocultural por medio del uso de refranes. Los
refranes hacen patente la existencia de lo marginal como otro elemento social
más, con una visión propia de la realidad, y con valores y
autoridad internos. En el pasaje citado, Don Quijote hace referencia a la
sabiduría popular a través de un refrán:
. . . quien canta, sus males espanta y los galeotes
le responden con un refrán inverso: Acá es al
revés . . . que quien canta una vez, llora toda su vida.
La sabiduría del hampa aconseja no cantar, puesto que en su mundo,
en vez de espantar males, los crea. La introducción de este
anti-refrán descubre una nueva dimensión en el
discurso de los galeotes: éstos poseen una cultura igual a la existente
entre el pueblo del que provienen los refranes de don Quijote y Sancho, pero
opuesta. Al hacer referencia a la sabiduría marginal, el discurso
de los galeotes reivindica una fuente de autoridad propia e independiente
de la cultura oficial.
Al discurso subversivo de los galeotes se
añade el de don Quijote, que realiza dos funciones opuestas: inicialmente
forma parte del discurso marginal y se opone a las guardas, pero al vencerlas,
se constituye en figura centralista y pretende imponer su voluntad. Ya desde
el principio del capítulo se ve que su discurso tiene cierto poder
sobre las guardas, cuando añadió tantas y tan comedidas
razones para moverlos a que le dijesen lo que deseaba . . .
que obtuvo por fin permiso para hablar con los galeotes (I.22, 289). La actividad
subversiva de don Quijote lo lleva a cuestionar abiertamente el discurso
oficial. Al encontrarse con Ginés de Pasamonte duda de la
explicación que le dan las guardas sobre el trato de este galeote:
Preguntó don Quijote que cómo iba aquel hombre con tantas prisiones más que los otros. Respondióle la guarda: porque tenía aquél solo más delitos que todos los otros juntos, y que era tan atrevido y tan grande bellaco, que aunque le llevaban de aquella manera, no iban seguros dél, sino que temían que
6
language not only expresses an intended world view but also functions
to make all other modes of thought impossible (Giles 282).
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se les había de huir.
¿Qué delitos puede tener dijo don Quijote, si no han merecido más pena que echalle á las galeras (I.22, 294)?
El discurso de las guardas no es para don Quijote un reflejo de la realidad,
puesto que hay mucha distancia entre los delitos de Ginés y su castigo.
Las palabras de don Quijote erosionan el valor del discurso oficial de las
guardas, y demuestran que se resiste a asimilar pasivamente el lenguaje
monoglósico7.
Más adelante en el capítulo,
don Quijote se adscribe poder sirviéndose del ennoblecimiento que
le brinda el estilo oratorio8. Este estilo
contiene en sí elementos de autoridad, ya que implica que el hablante
domina un campo del conocimiento, coloca al hablante en una posición
central sobre los demás individuos, y suspende el discurso de los
otros, reduciendo su grado de participación a la escucha. Don Quijote
utiliza este recurso en su monólogo sobre los beneficios de la
alcahuetería para la república, y al final, cuando decide liberar
a los galeotes, y lanza su monólogo sobre la justicia. Aparte de la
autoridad que le brinda la estructura oratoria, los monólogos de don
Quijote también le dan autoridad por el papel social que se adscribe.
En su primer monólogo, don Quijote se descubre como legislador, ordenando
su república imaginaria (en la que curiosamente decide hacer a los
alcahuetes generales de galeras). En su segundo monólogo, sobrepasa
su discurso político con un discurso jurídico-religioso.
Aquí, don Quijote apela a la autoridad suprema, la justicia divina,
de la que él es representante y ejecutor.
El tercer y último discurso que compite
por el poder en el capítulo es el de Ginés de Pasamonte. De
la misma forma en la que don Quijote ha ido demostrando su autoridad y
erosionando la de las guardas, al aparecer Ginés en el capítulo
se crea otra tensión de poder. Las primeras palabras de Ginés
son para defender su nombre y establecer su autoridad:
Señor comisario dijo entonces el galeote,váyase poco á poco, y no andemos ahora á deslindar nombres y sobrenombres.
7
. . . discourse as well is oriented toward an understanding
that is responsive . . . Responsive understanding
is a fundamental force, one that participates in the formulation of the
discourse, and it is moreover an active understanding, one that discourse
senses as resistance or support enriching the discourse (Bakhtin
280-281).
8 When
discourse is ennobled it is elevated, made less accessible, more
literary and better ordered. Ennobled language always presumes
some privilege and exercises some social control (Bakhtin 427).
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Ginés me llamo, y no Ginesillo, y Pasamonte es mi alcurnia, y no Parapilla, como voacé dice; y cada uno se dé una vuelta á la redonda, y no hará poco (I.22, 294).
Ginés es consciente del intento de desvalorizarlo y le hace frente
rechazando el discurso de la guarda y afianzando el suyo propio, que hasta
tiene dejes de nobleza. El atrevimiento de Ginés es insólito:
pese a estar a la merced del comisario, lo amenaza. Como don Quijote, Ginés
destaca por hacer uso de un discurso distinto del que le permite su
situación. Ginés adopta un discurso de tipo dominante con el
que pretende controlar tanto el discurso de otros como su comportamiento.
Hasta aquí, los personajes marginales
de Ginés y don Quijote se combinan para subvertir el discurso de las
guardas y se presentan como poderes en competencia con el poder oficial de
éstas. En cambio, cuando don Quijote vence a las guardas y éstas
huyen, se realiza un cambio de alianzas. Don Quijote pretende ocupar el espacio
dejado por las guardas y someter a los galeotes a su voluntad, mandándoles
adonde estaba Dulcinea. El caballero intenta obligarlos a una empresa tan
descabellada como imposible, y es ahora Ginés el encargado de desvalorizar
el discurso de don Quijote, poniendo en duda su sensatez. Dice Ginés:
. . . pero pensar que hemos de volver ahora á las ollas de Egipto, digo, á tomar nuestra cadena, y á ponernos en camino del Toboso, es pensar que es ahora noche, que aún no son las diez del día, y es pedir á nosotros eso como pedir peras al olmo (I.22, 299).
Don Quijote se ha colocado en una posición jerárquicamente superior a los galeotes y similar a las de los guardas: les impone las cadenas y los manda. Esta igualación de posiciones conlleva una igualación de discursos, puesto que cuando don Quijote se enfada, procura rebajar a Ginés de la misma forma en que el comisario lo había hecho anteriormente, cambiándole el nombre a Ginés y reforzando su autoridad. Dice don Quijote a Ginés: don hijo de la puta, don Ginesillo de Paropillo, o como os llamáis habéis de ir vos solo, rabo entre piernas, con toda la cadena á cuestas (I.22, 299). Ahora es don Quijote la autoridad centralista contra la que se levantan los otros poderes existentes en el capítulo, y como los demás, acaba dando con sus huesos en tierra.
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Según lo expuesto hasta aquí, el episodio de la liberación de los galeotes erosiona todas las fuentes de autoritarismo discursivo. En él, las palabras pierden su sentido único y el lenguaje deja de ser un mero reflejo de la realidad. Con la erosión del lenguaje monoglósico también sufre el poder del cual parte este lenguaje. Lenguaje e ideología van unidos, y los hablantes del discurso monoglósico caen como cae su discurso. El antijerarquismo heteroglósico del capítulo se crea a partir de la combinación de discursos monoglósicos en pugna. Lo absurdo del discurso monoglósico que se postula único se resalta cuando Cervantes hace confluir los discursos absolutistas del poder oficial y del marginado en un mismo espacio dialógico, enseñándonos varios discursos donde supuestamente sólo puede existir uno. Todos participan en la pugna consecuente, subvirtiendo los discursos centralistas con la complicidad del narrador9. En lugar del discurso centralista al que destruye, Cervantes no nos ofrece otro sustitutorio: hacer esto sería desandar lo andado y cambiar un modelo autoritario por otro, como pretendía hacer don Quijote. Lo que hace Cervantes es crear una estructura sin centro; un mundo donde los discursos monoglósicos reinan y son derrocados sucesivamente, puesto que este proceso es en sí la única alternativa que no se constituye a su vez en fuente de autoritarismo.
| UNIVERSITY OF CALIFORNIA, IRVINE |
9 Esta
subversión de discursos autoritarios es similar a la que realiza el
payaso descrito por Bajtin. Es un proceso descentralizador en el que no se
substituye un centro por otro, todo es periferia: . . . the
heteroglossia of the clown sounded forth, ridiculing all languages
and dialects, . . . where there was no language-center at all
. . . where all languages were masks and where no language could
claim to be an authentic, incontestable face (Bakhtin 272).
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| OBRAS CITADAS | ||
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Bakhtin, Mikhail. The Dialogic Imagination. Austin: Texas UP, 1990.
Cervantes, Miguel de. Don Quijote de la Mancha. Ed. A. Cardona de Gibert y E. Rodríguez Vilanova. Barcelona: Bruguera, 1978.
Engelkamp, J. Psicolingüística. Madrid: Gredos, 1981.
Giles, H. et al. Handbook of Language and Social Psychology. New York: John Wiley & Sons, 1990.
Kramarae, C. et al. Language and Power. California: SAGE, 1984.
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Digitized with the help of Contessa Marion |
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| Fred Jehle jehle@ipfw.edu | Publications of the CSA | HCervantes |
| URL: http://www.h-net.org/~cervantes/csa/articf91/martin.htm | ||