From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America 1.1-2 (1981): 43-50.
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El Ur-Quijote: Nueva hipótesis


LUIS ANDRÉS MURILLO

ENTRE La Galatea y el Quijote de 1605 median los veinte años de reflexión e intensidad creadora en que se formó como novelista Cervantes.* El Quijote es el producto más directo y obvio de este período de gestación artística al que sin duda pertenecen también algunas de las Novelas ejemplares (sus primeras redacciones, digamos), tanto de las ‘realistas,’ como Rinconete y Cortadillo, como de las ‘idealistas.’ Ningún aspecto del Quijote nos parece más novedoso, imprevisible, dentro de la evolución artística de Cervantes en esta etapa decisiva que la reducción cómica del idealismo caballeresco.
     Resultó lógico suponer que la génesis de esta idea cómica y nuclear en el arte de Cervantes se encontraba en los capítulos iniciales del libro inmortal (capítulos 1 a 9) donde transparentaba su ‘plan primitivo,’ y de ahí que se conjeturara que esta parte del libro había existido en algún borrador o redacción, desde luego perdido para siempre, en forma de ‘novela corta.’ Hasta la fecha esta suposición ha entrado en las explicaciones de críticos y eruditos de muy distinta índole.1 En ocasiones a esta hipotética ‘novela corta’ se le ha dado el nombre de ‘Ur-Quijote’ o sea ‘el Quijote más primitivo de que cabe hablar,’ y hay quien ha supuesto que fue la obra escrita por Cervantes

     *Esta ponencia fue leída en una sesión del VII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, Venecia, agosto, 1980.
     1 La mayor parte se ha recogido en: Erwin Koppen, “Gab es einen ‘Ur Quijote’? Zu einer Hypothese der Cervantes-Philologie,” Romanistisches Jahrbuch, 27 (1976), 330-340.

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en una cárcel, “donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación.” La hipótesis que propongo ahora no tiene que ver con esta suposición sobre el ‘plan primitivo’ del Quijote o el proceso de su elaboración como parodia extensa del libro caballeresco. Dudo, por otro lado, que pueda aplicarse a esta ‘novela corta’ o ‘plan primitivo’ el título de ‘Ur-Quijote.’ Supongamos que una ‘novela ejemplar’ o corta sobre el hidalgo manchego, devorador de libros de caballerías, se hubiese engendrado en la cárcel sevillana o cualquier otra en 1597: ¿se establece así que esta obra había de ser la versión más primitiva del libro de 1605? ¿No hay otra parte del libro que por su contenido y fechas históricas se remonte a 1589 o 1590? Me refiero al relato del capitán cautivo en forma autobiográfica, interpolado en el episodio de la venta. El relato mismo ocupa los capítulos 39, 40 y 41, pero el capitán y Zoraida llegan a la venta en el capítulo 37 y desde luego aparecen en las escenas en que se reúnen el capitán Ruy Pérez y su hermano el oidor. En mi libro sobre el tiempo en el Quijote2 he propuesto que las figuras del capitán y Zoraida en la venta pertenecen a una etapa bastante avanzada en la elaboración del libro de 1605 (idea que luego han apoyado los trabajos de R. M. Flores),3 pero que el relato mismo (es decir, caps. 39, 40, 41) tuvo que escribirse en su mayor parte mucho antes, probablemente en 1589 o 1590. La nueva hipótesis que propongo es que, por la muy extraña pareja que forman la mora Zoraida y el capitán Ruy Pérez, el relato del cautivo bien pudo ser el verdadero e hipotético ‘Ur-Quijote.’
     El relato mismo puede dividirse o estudiarse en varias secciones o partes. Aquí me interesa sólo señalar que todo él se divide en dos distintas partes, separadas por un pasaje-eje en el que se menciona al propio Cervantes. A sus oyentes en la venta dice el capitán: “Este hará veinte y dos años que salí de casa de mi padre . . .” (I, 39, 475). Por las fechas históricas que luego menciona el personaje, se deduce que ello fue en el año 1567. En Lepanto fue hecho cautivo, 1571; como esclavo al remo estuvo en el asalto de los turcos a Túnez y la pérdida de la Goleta, 1574. A partir de ésta no menciona más fechas y se supone que fue traído de Constantinopla a Argel en 1575 o 1577.

     2 L. A. Murilo, The Golden Dial. Temporal Configuration in ‘Don Quijote’  (Oxford: Dolphin, 1975), capítulo 3. Las citas (indicando Parte, capítulo, página) son de mi edición del Quijote (Madrid: Castalia, 1978, 3 tomos).
     3 R. M. Flores, “Cervantes at Work: The Writing of Don Quixote, Part I,” Journal of Hispanic Philology, 3 (1979), 135-160. Véase pp. 150-152.


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Ahora bien: su fuga a España ha sido en este año —el mismo en que lo narro—, y por tanto queda un intervalo de casi quince años del que no se dice casi nada. Según el hilo narrativo, durante este intervalo de muchos años el capitán Ruy Pérez dejó de ser el joven soldado de los hechos históricos que narra en la primera parte y se convirtió en el prisionero tristemente resignado a su cautiverio. Es decir que para entender la relación entre ellos, hay que verlo a él con todos los años de su cautiverio a cuestas y a Zoraida como la joven y milagrosa intercesora que lo libertó.
     La primera parte, es, pues, un relato histórico desde 1567 a 1575 y está basada en la experiencia del propio Cervantes o en sus recuerdos personales de las campañas de Lepanto, Túnez, la Goleta y luego Argel. Esta parte termina con la vuelta de la armada turca a Constantinopla en 1574. Se hace la transición de la primera a la segunda parte en el pasaje en que narra la muerte de su primer amo, el Uchalí, y su cautiverio bajo el nuevo amo, Azán Agá, que lo trajo a Argel. (El histórico Hasan Basa llegó a Argel como rey en 1577.) Para guardar el mínimo de verosimilitud histórica el intervalo de tiempo narrado tiene que ser catorce años. De esto nos ocuparemos más adelante. El cambio de amos concedió la suerte de ser traído a Argel y que, dejando de ser esclavo al remo, fuera encerrado en un baño entre ‘los caballeros’ y gente de rescate. Contando las crueldades de Azán Agá (que fue desde luego el amo de Cervantes en Argel) recuerda el caso del soldado Saavedra: “Sólo libró bien con él un soldado español llamado tal de Saavedra, el cual, con haber hecho cosas que quedarán en la memoria de aquellas gentes por muchos años, y todas por alcanzar libertad . . . y si no fuera porque el tiempo no da lugar, yo dijera ahora algo de lo que este soldado hizo, que fuera parte para entreteneros y admiraros harto mejor que con el cuento de mi historia . . .” (I, 40, 486).
     La segunda parte empieza en seguida, cuando, encerrado en el baño, levanta los ojos a una ventana en la muralla y ve la mano de una mujer. Lo demás —todo lo demás del relato— la intriga de la fuga con Zoraida y su llegada a España, se desarrolla en los meses y días inmediatamente anteriores a su llegada a la venta en el cap. 37. La segunda parte está centrada en una figura legendaria. En su estudio Jaime Oliver Asín pensó establecer que se trataba de la leyenda histórica de ‘la hija de Agi Morato,’ leyenda y cuento de amor surgido en el Argel conocido por Cervantes entre 1575 y 1580, ya que se hablaba en aquella ciudad del baño y la ventana donde, se creía, la rica


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mora se había comunicado con el español a quien propuso fugarse a tierra cristiana.4 Pero como casi toda leyenda llamada así ‘histórica,’ lo que ésta tiene de histórico son sólo los nombres de algunas personas y lugares, pues todo lo demás corresponde y obedece a una configuración mítica y legendaria. En un libro reciente y de suma importancia, Francisco Márquez Villanueva ha mostrado que la leyenda argelina es otra versión de la leyenda caballeresca (y motivo folklórico) de la princesa sarracena que enamorada del prisionero cristiano consigue su liberación y se fuga con él. Esta leyenda, además, se ha combinado con las leyendas marianas y con otras de la liberación de un cautivo por medios mágicos o sobrenaturales. 5 El histórico Agi Morato, o Hayyi Murad, fue un renegado eslavo; su hija por las dos ramas de sus abuelos fue nieta de cristianos. Pero en el relato del cautivo no aparece Agi Morato como renegado. Al contrario, por razones artísticas, aparece como inconfundible mahometano, fanático enemigo de cristianos, que lanza maldiciones sobre su hija al ser abandonado por ella. Su figura tiene que ser la del padre benévolo y, sin embargo, intransigente en su fe islámica, ya que al abandonarlo se entrega su hija a los brazos del cautivo español, a quien ha escogido para reemplazarlo, por preferencia personal o por intercesión de la Virgen. Es decir que toda la envoltura idealizante de Zoraida, su magnetismo, belleza, riqueza, castidad, devoción a la Virgen, se explica por su aspecto legendario.
     Al entrar en la venta, ella y el capitán forman un retrato que lo destaca: recuerdan a José y la Virgen María. Camina la mora en un jumento y quien la acompaña por su edad parece más bien su padre que su futuro marido. “Era el hombre de robusto y agraciado talle, de edad de poco más de cuarenta años” (I, 37, 461). La edad del capitán (22 años después de haberse separado de su padre y hermanos) coincide con la que el propio Cervantes tenía en 1590. El día 21 de mayo de este año dictó y firmó Cervantes el conocido Memorial que empieza: “Miguel de cerbantes sahauedra dice que ha seruido a V. M. muchos años en las jornadas de mar y tierra que se han ofrescido de

     4 Jaime Oliver Asín, “La hija de Agi Morato en la obra de Cervantes,” Boletín de la Real Acadernia Española, 27 (1947-8), 245-333.
     5 Francisco Márquez Villanueva, Personajes y temas del “Quijote” (Madrid: Taurus, 1975), pp. 77-146. También Jean Canavaggio ha puesto en su sitio la relativa historicidad de las figuras de Agi Morato y su hija en el cuento del cautivo y en la comedia Los baños de Argel, en Cervantès dramaturge, un thèâtre à naître (Presses Universitaires de France, 1977), pp. 73-76.


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veinte y dos años a esta parte, particularmente en la Batalla Naual, donde le dieron muchas heridas, de las quales perdió vna mano de un arcabuçaco —y el año siguiente fue a Nauarino y despues a la de Tunez y a la goleta . . . .”6 Me parece manifiesto que Cervantes redactaba el relato del cautivo en 1589 o 1590. Desde luego, el aspecto autobiográfico del relato en lo que se refiere a Cervantes es bien sabido y estudiado: pero ha quedado aclarar que para que el año 1589 sea el año en que el capitán vuelve a España con Zoraida (cumpliéndose así los 22 años de que habla) tiene que haber ocurrido un intervalo de unos quince años entre la llegada del cautivo a Argel (desde Constantinopla) y su liberación, es decir, entre las dos partes del relato.7 En la vida de Cervantes este intervalo de quince años corresponde a los años desde que fue llevado cautivo a Argel en septiembre de 1575 y la fecha en que firmó el Memorial citado arriba, recordando sus jornadas de servicio militar. Mi suposición es, pues, que el relato del cautivo fue redactado por 1589 o algunos años antes. De ser así, el relato sería anterior cronológicamente a todo lo demás del Quijote de 1605 y al más temprano borrador de cualquier ‘novela ejemplar.’ Desde luego, estas fechas y coincidencias nos permiten suponer que sólo el relato —la parte autobiográfica— pudo estar escrito para 1590. La escena en que llegan a la venta y las demás en que intervienen los dos en las aventuras de don Quijote, ya hemos dicho, pertenecen a una etapa muy avanzada en la elaboración del libro de 1605. El retrato inicial en que se menciona la edad del capitán debió escribirse en 1604. ¿Hay que afirmar, por tanto, que la pareja extraña y el contraste de edad que forman el hombre de cuarenta años y la doncella mora se resolvió o concretizó en la imaginación de Cervantes en el proceso mismo de interpolar el relato en su nueva obra en 1604? Creo que sí. Las escenas en la venta, después de todo, sirven como marco al relato mismo; completan, precisan y aclaran la relación entre el capitán y Zoraida: el cautivo liberado y la señora que lo ha redimido.
     Mi hipótesis es que el capitán cautivo y Zoraida son, si no la primera, sí la más primitiva o temprana versión por parte de Cervantes

     6 Luis Astrana Marín, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra (Madrid: Reus, 1948-58), IV, 454-456.
      7 Lo indiqué en The Golden Dial, pp. 71-74, 94, 114, donde propuse (Cap. 3) una cronología hipotética para la redacción de los distintos episodios de la obra de 1605. Véase también John J. Allen, “Autobiografía y ficción: El relato del capitán cautivo,” Anales Cervantinos, 15 (1978), 149-155.


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del hidalgo amante y servidor de una muchacha exótica, el primer esbozo de la relación don Quijote-Dulcinea, y por tanto que el relato autobiográfico con su marco que lo designa así es el verdadero ‘Ur Quijote.’ No pretendo establecer que el capitán y Zoraida sean los materiales, fuentes o modelos de que derivan Quijote y Dulcinea. Propongo que son una pareja paralela o análoga en que Cervantes primero trazó en su imaginación el nexo entre un hidalgo solterón, maduro de edad, enamorado idólatra de una muchacha exótica, ideal, en una etapa temprana de su evolución como novelista o narrador y que luego en otra etapa sucesiva invirtió cómicamente en Quijote-Dulcinea. El que Cervantes haya interpolado el relato en el libro del hidalgo Quijote fue su manera artística de comprobarlo. Creo que éste es en parte el sentido de la declaración del cautivo, al concluir su relato, de que acompaña a Zoraida “sirviéndola yo hasta agora de padre y escudero, y no de esposo” (I, 41, 513). Sostengo, además, que la relación y amor entre el hombre maduro de edad o viejo y una muchacha llegó a ser, a partir del Quijote, casi la predilecta de Cervantes, sobre todo en novelas.
     El capitán desciende de una familia hidalga de las montañas de León. Ha sufrido los largos años de penoso cautiverio sin comunicarse con su familia. Su nobleza y heroico valor le valieron para ascender al rango de capitán de infantería. Cuenta que en Constantinopla probó “mil maneras” de escapar, pero no divulga ninguno de sus proyectos. El sentido de sus aclaraciones es que su triste esperanza se volvió en heroica resignación.

. . . vine de Constantinopla, algo contento, por estar tan cerca de Espana, no porque pensase escribir a nadie el desdichado suceso mío, sino por ver si me era más favorable la suerte en Argel que en Constantinopla, donde ya había probado mil maneras de huirme, y ninguna tuvo sazón ni ventura; y pensaba en Argel buscar otros medios de alcanzar lo que tanto deseaba, porque jamás me desamparó la esperanza de tener libertad; y cuando en lo que fabricaba, pensaba y ponía por obra no correspondía el suceso a la intención, luego, sin abandonarme, fingía y buscaba otra esperanza que me sustentase, aunque fuese débil y flaca. Con esto entretenía la vida, encerrado en una prisión o casa que los turcos llaman baño . . . .

     Es decir que no intentó ni una sola vez huir de Argel. Su pasividad, no la enérgica diligencia, le valdrá. Su prueba ha sido no la de intentar huir, aunque fracasase (el caso de Cervantes, desde luego), sino la resignación heroica, sin perder la esperanza de libertad, porque así la intervención de Zoraida será casi milagrosa. No por ningún


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esfuerzo suyo esperaba conseguir la libertad. Capitán de probada valentía, pero hidalgo pobre, se resignó a pasar los años de cautiverio entre “la gente de rescate” en el baño donde se guardaban los esclavos de Azán Agá. ¿Cuántos años ha pasado así? ¿Dos? ¿Doce? ¿Quince? En estos años de resignación pasiva fue envejeciendo.

     Yo, pues, era uno de los de rescate; que como se supo que era capitán, puesto que dije mi poca posibilidad y falta de hacienda, no aprovechó nada para que no me pusiesen en el número de los caballeros y gente de rescate. Pusiéronme una cadena, más por señal de rescate que por guardarme con ella, y así pasaba la vida en aquel baño, con otros muchos caballeros y gente principal, senalados y tenidos por de rescate. (I, 40, 485-6) [Luego sigue el pasaje sobre Agá y el soldado llamado “tal de Saavedra.”]

     En el libro a que he aludido, Márquez Villanueva insiste en la figura triste y melancólica que forma Ruy Pérez, mísero y ya casi viejo, al lado de Zoraida y se pregunta si en efecto el relato llega a ser una ‘historia de amor.’ El relato no es ‘historia de amor’ como tampoco ‘novela de amor.’ Es, técnicamente, un cuento (así lo llama Cervantes) de liberación del cautivo por intercesión milagrosa, si no divina. Por ser cuento (inglés, tale) la relación amorosa entre el capitán y Zoraida como nexo psicológico, moral o sentimental está subordinado al sentido ideal de su liberación, o mejor dicho, su redención. En términos críticos, la estrategia del cuento-relato es unir y justificar como históricamente ‘verdadero’ un enlace harto legendario dentro de un relato autobiográfico. Si el retrato de Zoraida parece en él sumamente idealizado es porque así la concibe el capitán. Su veneración de ella es el amor, la sumisión, y el agradecimiento debido a una deidad.
     Zoraida es esencialmente una creación legendaria, tal vez la única figura netamente legendaria de la pluma de Cervantes. Así se explica su intensa pero cándida fe en la religión cristiana. Su amor a la Virgen inspira su devoción cristiana y la obliga a elegir entre los cautivos españoles al que la llevará a tierras cristianas. Muchacha mora, exótica y opulenta, separada de los suyos por ser preferida de la Virgen, abandona y traiciona a su padre por el empeño de su nueva fe, pero en el español tendrá un nuevo protector paternal. La iniciativa había de venir de ella, pues es el instrumento señalado por la Virgen para redimir al español. Su empeño, enérgica voluntad y vehemencia calculadora son todo lo opuesto a la pasividad y triste y lastimosa resignación de él. La polaridad entre ellos subraya lo milagroso del caso. La verosimilitud de sus motivos y acciones es la operacion de lo milagroso en la esfera moral de lo humano. Zoraida es


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rica, hermosa, devota, casta. Su belleza y espiritualidad infunden veneración e incitan el amor en los hombres sin despertar el deseo sexual. Su maravilloso tesoro tampoco despierta la codicia de los españoles. Esta muchacha, vestida lujosamente y cubierta de joyas, oro, perlas, diamantes, se muestra ante Ruy Pérez y los españoles preparada para huir: “me parecía que tenía delante de mí una deidad del cielo, venida a la tierra para mi gusto y para mi remedio” (I, 41, 497). Tanto su entereza espiritual como su pureza virginal (guardada inviolable a través de riesgos y peligros) son cualidades que le pertenecen por su esencia legendaria. En los cautivos españoles —son cuatro ‘caballeros,’ doce hombres que sirven de remeros y el renegado— su mera presencia inspira una lealtad y confianza ideales e indispensables para efectuar una fuga de Argel, infestada de informadores, renegados y traidores. Su nombre significa “Pléyades,” ‘estrella’ (imagen que repite el cautivo) que guía a los cautivos a la libertad.
     Mi hipótesis es que al concebir al hidalgo enloquecido por lectura de libros caballerescos, Cervantes fue trazando esta misma línea ascendente-idealista, sólo que para el ingenioso hidalgo, soñador de heroicas empresas (soltero, pobre, aislado en su aldea y frisando los cincuenta años) ya no existía la posibilidad de un amor factible entre él y la muchacha exótica, ya que la figura femenina no cambiaba de edad; ella siguió siendo la doncella radiante de belleza adolescente. Llegó, pues, el momento en que se invirtió la relación entre ellos de seria en cómica, de idealista a realista, por ser imposible sostenerla como natural entre iguales. En Dulcinea —alias Aldonza Lorenzo— el exotismo de una princesa mora, rica y bella, se ha invertido en el recuerdo del hidalgo en el de una moza labradora que conoció hacía algunos doce años (I, 25, 311), “de buen parecer,” a lo mejor morisca por ser tobosina. ‘La hija de Lorenzo Corchuelo’ es solo el pretexto sobre el que Quijote inventa la imagen de la señora de sus pensamientos: lejana, fría, cruel, inaccesible, o mejor dicho, inexistente. Convertida en pura imagen, es la dama que inspira en su pecho la exaltación guerrera y el ardor caballeresco, y en su brazo temible, la fuerza. Aún más: así se cumplía con el requisito del amor cortés a lo caballeresco: se guardaba la sospecha de una relación ilícita. Se concedía la sugestión de que el amor entre Quijote y su señora era ilícito por la juventud de ella, ya que podía ser él su padre. La mujer, pues, dejó de ser de carne y hueso para complicarse psicológica y moralmente en ficción-imagen, en lo que hoy vale llamar materia novelística.


UNIVERSITY OF CALIFORNIA, BERKLEY


Fred Jehle jehle@ipfw.edu Publications of the CSA HCervantes
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